29 de noviembre de 2008

Frente vasco en 1937:Elorrio objetivo de los fascistas



Mola estaba decidido a terminar con la resistencia vasca. Ya no concebía más retrasos de ningún tipo. El golpe debía de ser rápido, contundente y eficaz. Sin embargo, el mes de abril no empezó a su gusto. Las constantes lluvias -se llegó a afirmar que hasta el cielo se había aliado con los rojos- retrasaron el ataque deseado. Por fin, el 20 de abril, «el general Mola -según narró el corresponsal de guerra G.L. Steer- desató la ofensiva que había estado preparando las tres últimas semanas. Se les dijo a los italianos que podían avanzar». Dos fueron los frentes de ataque elegidos: la colina del Tellamendi y el Inchorta, barrera natural en el camino hacia Elgueta. Elorrio era el objetivo más importante para los fascistas ya que su toma les permitiría un avance rápido hasta llegar a Durango. Todo estaba preparado hasta el más mínimo detalle. La aviación, alemana e italiana principalmente, se encontraba lista para barrer las posiciones más adelantadas del ejército vasco. Tras ellos, llegarían las tropas rebeldes ansiosas por copar las líneas de defensa republicanas.

Las primeras oleadas de aviones fascistas lanzaron sus bombas sobre las trincheras abiertas en el Tellamendi. Gudaris y milicianos se protegieron como pudieron ante un enemigo que desde el aire controlaba todas sus posiciones y movimientos. Las constantes pasadas de los cazas ametrallando todas las líneas republicanas provocaron una auténtica escabechina. No había forma de protegerse. Por su parte, la infantería rebelde avanzaba tranquila sabedora de que la aviación cumplía a la perfección con su trabajo de limpieza. El resto fue demasiado fácil. Aterrados, las milicias defensoras se dieron a la fuga. Sabían -era lo que habían oído- que los fascistas mataban a todo aquel combatiente que cogieran con las armas en la mano. ¿Acaso podían hacer otra cosa? Al mediodía del 20 de abril, la bandera roja y gualda ondeaba en lo más alto de la colina del Tellamendi. El camino hacia Elorrio estaba prácticamente libre.

La siguiente oleada de aviones -24 bombarderos- se lanzó sobre los Inchortas. En su ataque no «podían ver otra cosa que las viejas trincheras rectilíneas y la cumbre del monte donde sabían, por experiencia, que tenía que haber vascos». Una vez localizado el blanco dieron rienda suelta a las ametralladoras. Tres ráfagas casi seguidas estremecieron el cielo y la tierra. Las bombas cayeron una tras otra de forma violenta y estruendosa y las balas de gran calibre barrían cada palmo del suelo. Sin embargo, «no murió ni un solo hombre. Ni uno solo». Las trincheras estaban vacías. No había nadie a quien destruir. ¿Dónde se encontraba el batallón Martiartu encargado de defender esa posición? Estaba allí mismo, a la espera de la infantería rebelde. Sin embargo, y a diferencia de los batallones que había defendido las posiciones del Tellamendi, el Martiartu, adaptó su acción estratégica a la que los atacantes utilizaban en su avance.

El comandante Beldarrain

El responsable de ese nuevo concepto en la defensa fue el comandante Beldarrain, hombre pequeño y callado que antes de la guerra había sido tornero. Él había llegado a la conclusión de que buena parte de la eficacia de los bombardeos enemigos estribaba en la ignorancia de muchos de los oficiales que manifestaban sus miedos delante de la tropa. De ese modo el pánico cundía antes de que los aviones se acercaran a sus posiciones. Sin embargo, para Beldarrain la clave estaba en cambiar el sistema de defensa. Así, en los Inchortas lo que hizo fue abandonar todas las viejas fortificaciones al mismo tiempo que «fueron rellenadas hasta la mitad para que continuaran engañando a la tropa enemiga». Justo detrás de esas líneas, hizo construir «nuevas defensas, entrelazadas e irregulares, que se cubrían unas a otras en filas paralelas y en sesgo».

Todas las posiciones defensivas que diseñó se camuflaron de forma casi perfecta. Cubrió los sacos y las alambradas con hierba hasta conseguir que las defensas fueran invisibles desde el aire. Al mismo tiempo se construyeron túneles para permitir el movimiento de tropas y levantó puestos de observación. De esa forma consiguió que los Inchortas fueran el único lugar perfectamente preparado para hacer frente a los novedosos ataques fascistas. «Él fue el único comandante -narró Steer- que se dio cuenta de que los vascos no disponían de hombres suficientes para defender un frente continuo de 189 kilómetros en terreno accidentado y que las cumbres de las montañas no eran posiciones ideales si los senderos de los pinares a sus pies estaban desguarnecidos». De ahí que ordenase bloquear con minas todos los pasos por los que podían penetrar los tanques.

Inexpugnables

La inteligencia de Beldarrain hizo que los aviadores alemanes creyeran que los Inchortas estaban despejados. Así que el ataque de la infantería, tras el previo barrido de la artillería, no se hizo esperar. La sorpresa les llegó cuando los hombres del Beldarrain les salieron al paso. Con rápidos movimientos y golpes certeros frenaron el avance de los soldados rebeldes entre los que cundió el desconcierto y el pánico. ¿Quién les atacaba? No tenía que haber nadie. ¿Dónde estaban? Sus intentos de avanzar fracasaban una y otra vez al mismo tiempo que el número de bajas entre sus líneas crecía de forma considerable (24 bajas entre los oficiales y 303 entre la tropa, de las que 45 fueron mortales). Definitivamente, «Elgueta y los Inchortas eran inexpugnables».

Ante la imposibilidad de doblegar estas posiciones, las tropas de Mola concentraron todo su esfuerzo en el flanco abierto por el Tellamendi para avanzar hacia Elorrio. Los constantes bombardeos unidos a la desmoralización de las milicias vascas comandadas por oficiales sin moral ni ganas suficientes provocaron un claro retroceso en las líneas de defensa. Desesperado, el alto mando ordenó a sus soldados retroceder hasta posiciones cercanas al cinturón defensivo de Bilbao. Estaban convencidos de que era inexpugnable. Quizá por eso nadie dudó en retroceder. Por su parte, Beldarrain también recibió la orden de replegarse. La aviación fascista golpeaba insistentemente todas las posiciones.

Finalmente, el 24 de abril el frente vasco se vino abajo. Todo el límite entre Vizcaya y Guipúzcoa había caído en manos de los rebeldes. Sólo les quedaba ya progresar hacia Bilbao y entrar allí de forma triunfal.

Foro por la Memoria de Córdoba pide la creación de una Fiscalía para la Memoria Histórica



Foro por la Memoria de Córdoba pide la creación de una Fiscalía para la Memoria Histórica


Que coordine en todo el territorio español, la búsqueda de desaparecidos, con todas las garantías jurídicas y técnicas que sean necesarias.




El Foro por la Memoria de Córdoba pidió la urgente "creación de una Fiscalía para la Memoria Histórica, que coordine y dirija, en nombre del Estado en todo el territorio español, la búsqueda de desaparecidos, con todas las garantías jurídicas y técnicas que sean necesarias".

A través de un comunicado, dicho foro explicó que "la recuperación material y la rehabilitación moral y legal de las víctimas del franquismo no puede trasladarse a la iniciativa privada de las familias, ni quedar en mano de los jueces territoriales".

Por el contrario, a juicio del Foro por la Memoria de Córdoba, el cumplimiento de dichos objetivos se corresponde con "un deber público, que afecta a la misma esencia del régimen democrático y en consecuencia debe ser asumida por el poder político".