12 de diciembre de 2008

Clara Campoamor



CLARA CAMPOAMOR(Madrid, 1888 - Lausanne, 1972)



Conocida como "la sufragista española", la apasionante vida de Clara Campoamor cubre una serie de etapas en la lucha por la emancipación y liberación de la mujer en la historia moderna de España.
Nacida en el seno de una modesta familia, de origen montañés, su esfuerzo y trabajo la llevó a licenciarse en derecho, a sus treinta y seis años y a ejercer esta profesión, en la destacó junto a su compañera Victoria Kent. "... en el orden personal me he formado en lucha abierta, sola, privada de ayudas y sin buscar apoyo en ningún clan. He trabajado primero manualmente, después en la Administración del Estado, ingresando más tarde, por oposición, en el profesorado, y simultaneando estos trabajos con los particulares y periodísticos, laboré en La Tribuna, Nuevo Heraldo, El Sol y El Tiempo, y colaboré en otros. En esa etapa hice mis estudios de Derecho y en 1925 comencé a ejercer la profesión de abogado". (El voto femenino y yo).

Desde la fecha, 1925, desarrolló una intensa actividad jurídica. En 1928 funda con compañeras de otros paises europeos la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas, que todavía pervive con sede en París y trabaja junto a Victoria Kent y Matilde Huici en el Tribunal de Menores.

Según La voz de la mujer, es la primera mujer que interviene ante el tribunal Supremo. En mayo de 1931 es elegida secretaria de actas de la Asociación Española de Derecho Internacional y a partir de 1932, una vez aprobada la Ley de Divorcio en las Cortes - debate parlamentario en el que intervino intensamente -dedicó la mayor parte de su actividad a este tipo de causas, llevando adelante dos casos muy célebres en aquellos años : el divorcio de la escritora Concha Espina, de su marido Ramón de la Serna y Cueto, y el de Josefina Blanco, esposa del gran escritor don Ramón María del Valle-Inclán.

Perteneció al Ateneo de Madrid desde 1916 y asidua a su biblioteca y sus siempre interesantes debates, encabezó una manifestación, en 1926 como representante del Grupo Femenino del Ateneo, oponiéndose a la política seguida en Marruecos.

Colabora, en estos últimos años de la dictadura, en el diario La Libertad, en una sección propia titulada Mujeres de hoy, donde analiza y cuenta las vidas de figuras femeninas. En 1930, contribuye a fundar la Liga Femenina Española por la Paz. Con Azaña forma parte de la junta directiva del Ateneo de Madrid y se declara republicana. "¿Monarquía o República?, le pregunta un periódico. "República, República siempre" - contesta -. Me parece la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos. Y en muchos casos la más adecuada a la situación de un país especificamente considerado, verbigracia, España".

Proclamada la República abandona Acción republicana y se pasa a las filas del lerruxismo, consiguiendo un acta de diputada por Madrid en junio de 1931. Forma parte de la comisión que redacta la Carta Magna republicana y es la primera mujer que habla en las Cortes Españolas, defendiendo sus tesis sobre un nuevo feminismo. Era el 1 de septiembre de 1931.

Clara Campoamor no podía imaginar la larga batalla que debería librar para conseguir el voto femenino. El 30 de septiembre comenzó el debate, en el que mantuvo vivas discusiones con Victoria Kent.

España se convertía así en la primera nación latina que otorgaba igualdad de derechos al hombre y a la mujer. Pero ¿adónde se dirigía el voto femenino?. La realidad es que en las elecciones de 1933, tanto Clara Campoamor como Victoria Kent perderían sus escaños y solo cuatro mujeres saldrían elegidas, tres del Partido socialista y una de la Ceda. Lerroux la nombra entonces Directora General de Beneficencia y Asuntos Sociales.

Su postura ante la revolución de Asturias la lleva a enfrentamientos con los radicales y abandona el partido. Solicita entonces su ingreso en las filas de Izquierda Republicana, que le es negado y abandona Madrid el 16 de agostpo de 1936. Se instala en Lausanne donde escribe y publica en francés su libro La revolution espagnole vue par une republicaine. Marcha después a la Argentina, donde trabaja en empresas editoriales hasta 1955.

Todos sus intentos de radicarse en España fracasan. Su nombre figura en las listas de los republicanos proscritos por el franquismo y decide quedarse en Lausanne, donde fallece el 30 de abril de 1972. Sus restos descansan en el cementerio de Polloe, en San Sebastián.

Espíritu fuerte y decidido, Clara Campoamor siempre quiso figurar en los órganos de dirección de los partidos. De ahí debe provenir la frase despectiva de Jiménez de Asúa, que la calificó como "descarada trepadora". Partidaria de que la actuación de la mujer debía invadir todo el campo político la atrajo enemigos. Su defensa aparece en su libro El voto femenino yo. Mi pecado mortal, que vio la luz en la primavera de 1936.

¿Cómo era eso de ‘Estado aconfesional’?


¿Cómo era eso de ‘Estado aconfesional’?

Héctor Rojo Letón



La decisión judicial de retirar los crucifijos de un colegio de Valladolid vuelve a demostrar el peso que la Iglesia católica mantiene en espacio públicos, tras 30 años de la declaración de aconfesionalidad del Estado.
La necesidad de la separación entre Iglesia y Estado ha vuelto a quedar en evidencia. Treinta años después de la aprobación de la aconfesionalidad del Estado, esta es una tarea pendiente. “Se estaban incumpliendo los artículos 14 y 16.1 de la Constitución, como se refleja en la sentencia: ‘El Estado no puede adherirse ni prestar su respaldo a ningún credo religioso ya que no debe existir confusión alguna entre los fines religiosos y los fines estatales”, explica Fernando Pastor, uno de los impulsores de la denuncia que realizó la Asociación Cultural Escuela Laica (ACEL) para que los crucifijos no se mantuvieran en el colegio público Macías Picavea de Valladolid.


Martín León Barreto


Una sentencia que se hizo pública días antes de las celebraciones del 30º aniversario de la Constitución. Una demostración de la influencia que, más de 30 años después de finalizar el régimen nacionalcatolicista, mantiene la religión católica en el Estado español. A pesar de la resolución del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 2 de Valladolid estos crucifijos continúan en su sitio. Al igual que en el colegio Isabel La Católica de dicha localidad, donde existe otra denuncia similar.

“La Junta de Castilla y León había decidido no recurrir, pero según nos han filtrado, tras una reunión con el Arzobispado y algunos miembros de los sectores religiosos más integristas, han cambiado de posición”, denuncia Pastor. No es la primera vez que la escuela se rebela ante la simbología religiosa. Desde 2004 más de 50 organizaciones se han reunido en la campaña ‘Por una escuela laica: Religión fuera de la escuela’, entre ellas la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, que exige “la retirada de todo tipo de simbología religiosa de las instalaciones de los centros educativos públicos, para garantizar los derechos de todo el alumnado”.

Es muy “difícil saber si en alguno de los 16.000 centros escolares no universitarios de titularidad pública existen. A no ser que haya una denuncia de por medio”, aclara Francisco Delgado, presidente de Europa Laica.

Más allá de los colegios


Los privilegios de la Iglesia llegan también fuera de las aulas, y eso que con ella están relacionados el 80% de los centros concertados. La lista se alarga hasta su presencia en el Ejército, los beneficios fiscales o la jura ante la Biblia de altos cargos gubernamentales. “La sentencia de Valladolid ha de servir de punto de partida para un proceso de ‘desclericalización’ de la sociedad española. No sólo debe afectar a a las escuelas, también tanto a la escasa neutralidad del Estado en cuanto a la exhibición de iconos religiosos en el espacio público, como a las fuentes de financiación de las iglesias.

No olvidemos que en estos días comenzaremos a ver belenes en delegaciones de Hacienda o ayuntamientos, por ejemplo. Pero al mayor obstáculo al que nos enfrentamos en esta supuesta democracia es el concordato con el Vaticano”, denuncia Paco Miñarro, coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FIdA). “¿Símbolos religiosos en edificios públicos? Ni de coña. ¡Denúncialos!”, es la campaña que esta asociación acaba de iniciar en el blog nosimbolos.blogspot.com.

Pero no siempre es la Iglesia la que acude a los organismos públicos. Los máximos representantes políticos también presiden procesiones y actos religiosos, al igual que miembros de la policía o militares, y todavía persisten los funerales católicos de Estado. “Los miembros de la corporación municipal de Zaragoza, por ejemplo, están obligados por un reglamento de protocolo a asistir a actos solemnes como la celebración del Corpus o del Viernes Santo”, explica Antonio Aramayona de Movimiento Hacia un Estado Laico.

Una postura también defendida desde sectores confesionales para evitar polémicas. “Abogamos por un ‘pacto por la laicidad’ entre confesiones religiosas y el Estado que regule todas estas situaciones”, explica Raquel Mallavibarrena, de Somos Iglesia, colectivo que también forma parte de Redes Cristianas que en septiembre denunciaba en el Manifiesto por la Laicidad “la actual presencia de la religión confesional católica en el sistema educativo y en la escuela pública y concertada” y que defiende la laicidad escolar.

El PSOE mira para otro lado Aunque los socialistas de Castilla y León exigieron inmediatamente a la Junta que aplicara la resolución judicial, la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, apostaba por respetar la autonomía de cada centro para decidir sobre la presencia o retirada de los símbolos religiosos de los colegios públicos, en contra de la sentencia hecha pública unos días antes en Valladolid. “El PSOE mantiene una continua doble moral. Se considera laicista, pero no quiere suscitar la tormenta de una polémica. Le tiene pánico a la Iglesia porque tiene una estructura diseñada para movilizar a masas, y mucha experiencia en hacerlo”, explica Mila Carrero, de Cáceres Laica.

Y mientras, la Iglesia sigue a lo suyo. Tras ser reelegidos los máximos representantes en la XCII asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española, su portavoz, Juan Antonio Martínez, afirmaba: “La presencia de los símbolos religiosos en la vida pública es una garantía de libertad frente al totalitarismo”. Una postura que Miñarro incluye en el ‘laicismo inclusivo’ que considera “la identificación del crucifijo con una ‘herencia cultural y filosófica’ europea”.

“Una corriente mayoritaria en el aparato del PSOE que está abierta a la colaboración con las diversas iglesias. Pero este ‘multiconfesionalismo’ no tardará en mostrar sus deficiencias”, denuncia el coordinador de FIdA. Aunque en 30 años la aconfesionalidad no ha logrado imponerse a una de las rémoras de la herencia franquista.