20 de diciembre de 2008

Iglesia, fascismo y represión




Iglesia, fascismo y represión
Ya desde el 14 de abril de 1931 la Iglesia Católica se manifestó abiertamente contraria a la II República Española. Las figuras de los cardenales Segura y Gomá se convirtieron en el eje del fundamentalismo católico español antirepublicano. Otras personalidades destacadas del clericalismo se significaron por su actividad contra la República. Eugenio Vegas Latapié, fundador de Acción Católica, estuvo implicado en varios intentos de atentados en el Parlamento y contra la figura del presidente de la República Manuel Azaña.Con el golpe de Estado de los militares traidores en 1936, la Iglesia se declara a favor de los golpistas y les presta con entusiasmo todo su apoyo moral, ideológico, material y humano. El obispo de Teruel (beatificado en 1995) pedía el voto en febrero de 1936 para las derechas “por Dios y por España”, organizando y financiando al comienzo de la guerra un grupo de guerrilleros fascistas en las sierras de Albarracín. En la Carta colectiva de los Obispos españoles (subscrita por 43 obispos y 5 vicarios capitulares) a los obispos de todo el mundo con motivo de la Guerra de España, firmada el 1 de julio de 1937, por la que se confirmó el apoyo definitivo de la jerarquía de la Iglesia española al bando franquista, los obispos dicen tener consuelo de poder decir que "al morir sancionados por la Ley, en su inmensa mayoría nuestros comunistas se han reconciliado con el Dios de sus padres. En Mallorca han muerto impenitentes sólo un 2 por ciento, en las regiones del sur no más de un 20 por ciento. Es una prueba del engaño de que ha sido víctima nuestro pueblo". Y decía el Obispo Miralles de Mallorca: "Sólo un 10 por ciento de estos amados hijos nuestros han rehusado los santos sacramentos antes de ser fusilados por nuestros buenos oficiales". El cardenal Gomá dijo en Budapest, durante el Congreso Eucarístico celebrado en aquella ciudad en mayo de 1938: "Paz, sí. Pero cuando no quede un adversario vivo". Este apoyo continuó durante la ejecución de las terribles operaciones de represión de los sublevados contra los fieles al gobierno legal y dio cobertura ética y sirvió de justificación a las atrocidades cometidas en los campos de concentración, en las prisiones y en las cárceles por los franquistas y los en su campaña de exterminio de los contrarios. Estas actuaciones criminales de la Iglesia Católica figuran en textos de decenas de páginas web y en cientos de trabajos, investigaciones y tesis publicados en losúltimos años. En muchos de ellos podemos leer, entre otros muchos ejemplos, los referidos a actuaciones de miembros de la Iglesia durante el desarrollo de la Guerra. Así:

“El cura de Valderas (León), con su pistola al cinto, marcaba los objetivos a eliminar por las escuadras de la muerte de los sublevados. En los tres primeros días del golpe y con la colaboración del sacerdote, la represión en este pueblo se llevó por delante a unas 120 personas”.

“El cura de Zafra (Badajoz), Juan Galán Bermejo, alcanzó fama de sanguinario. Cuenta Peter Wyden en su libro “La guerra apasionada": ”Luciano Zainos, de once ańos,con sus padres y cinco hermanos estaba entre el centenar de aterrorizados ciudadanos que buscaron refugio en el sótano de la catedral. Al asomarse para echar un vistazo, Luciano vio cómo los legionarios entraban al asalto pasando las gruesas puertas tachonadas de gruesos clavos, iban a la caza de presa oculta en la iglesia. Juan Galán Bermejo, que había sido el cura de Zafra (Badajoz) y ahora capellán de la 11ª bandera del 2º Regimiento, estaba entre los asaltantes. Descubrió a un miliciano escondido en un confesionario y lo mató con su pistola, no era ésta la primera de las ejecuciones privadas del padre Galán, que estaba orgulloso de todas. Pocos días más tarde, en el despacho del gobernador civil de Badajoz, Antonio Bahamonde, de la comandancia del general Queipo de LLano, le pidió al padre que le dejase ver la pistola que había usadoen la catedral. Galán la mostró y dijo: "Aquí está. Esta pistola ha librado al mundo de más de un centenar de revolucionarios". El cura de Zafra se encargó de marcar a quienes debían matar. A preguntas de Marcel Dany, de la Agencia Hava, el cura de Zafra respondía que“to davía no hemos tenido tiempo de legislar cómo y de qué manera se rá exterminado el marxismo en Es paña; por eso, todos los procedi mientos de exterminio de estas ratas son buenos. Y Dios, en su inmenso poder y sabiduría, los aplaudirá”. El cura Juan Galán siempre portaba una pistola de do tación sobre la sotana, y fue el eje cutor directo de unos 750 asesinatos”.

También en Badajoz, “el cura Isidro Lombas (o Lomba) Méndez participó en la represión, pues elaboraba las listas de quienes aún vivían y había que de tener para llevarlos a la Plaza de Toros. Según puede leerse en un artículo de investigación de Alfredo Disfeito, Andreu García Ribera y Federico Pérez-Galdós publicado en el periódico EL OTRO PAÍS), “aquellas ejecuciones (decía Yagüe), eran gratamente presenciadas por res petables y 'piadosas' damas”, según escri bió Martínez Bande en La marcha sobre Madrid; también aplaudían “los jovencitos de San Luis, eclesiásticos, virtuosos frailes y monjas de alba-toca”. “Las ametralladoras no paraban. Hasta tal punto que, varias veces, fueron reemplazados los ti­radores. Entre los que nunca faltaban, el cura Isidro Lombas Méndez un gran cazador de rojos...”.

En Navarra, según se recoge en el libro “Navarra 1936. De la esperanza al Horror” editado por Altafaylla, “muchos de los que iban a ser fusilados eran llevados ante el párroco Antonio Ona para ser confesados. Uno de ellos, Julio Pérez , concejal de UGT, resultó malherido tras una penosa huida. Mientras estaba en el hospital, su madre, asidua al confesionario de Antonio Ona , intercedió ante su hijo aunque sólo obtuvo unas palabras que el párroco solía emplear en otros casos: "Mira hija, si lo matan ahora irá al cielo. Si no lo matan, volverá a la andadas y se condenará. ¿Qué mejor momento para morir que ahora que está confesado?". En ese mismo libro se cuenta cómo Ona partió al frente donde "anduvo luciendo pistola y uniforme de campaña". Al poco tiempo fue nombrados canónigo de Pamplona y en 1956 ascendió a Obispo de Mondoñedo.

El que más tarde fuera obispo de Bilbao, Antonio Añoveros, llevó a cabo la labor de confesor en la matanza de las Bardenas, según relata Galo Vierge en su obra Los culpables (Pamiela).

El cura de Obanos (Navarra), Santos Beguiristáin, participó activamente en la lucha contra los vecinos republicanos de Azagra y destacó por su afición a elaborar listas . Los fusilados (71) los catalogaba como "muertos por el peso de la justicia".

También es reseñable la historia del entonces párroco de Egüés. Al parecer, por una mera razón de disputa personal (el médico prefería ir a misa a otro pueblo de al lado con cuyo párroco jugaba a cartas) delató a este profesional llegado de Bilbao. Comenzada la guerra un día vinieron a buscar al médico con una orden de detención. Ëste logró saber que detrás de la denuncia estaba el cura.

El cura Fermín Izurdiaga (Pamplona, 1905 -1981), sacerdote, poeta, orador y periodista, fue falangista y fundador de "Arriba España" y de "Jerarquía.Revista negra de la Falange". En su primer ejemplar quedaba claro el ideario del periódico: "¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas. ¡Camarada! ¡Por Dios y por la Patria!". Tras la Guerra Civil, el diario continuó como divulgador de las consignas del falangismo. Izurdiaga participó en muchos actos de exaltación fascista y era conocido por sus encendidas alocuciones

Un capellán castrense entró en los barrios obreros sevillanos de La Macarena con la columna de legionarios y falangistas “a sangre y fuego”. También el cura de Rociana (Huelva) insistía repetidamente para que se fusilara a más gente en su pueblo, porque las 200 que ya habían asesinado le parecían pocas. Existen además numerosos testimonios de curas disparando ametralladoras desde los tejados en el libro “Historias orales de la guerra civil” de Bullón de Mendoza, A. y de Diego, A.

Y tampoco debemos olvidar el papel que voluntariamente se asignaron a sí mismos muchos sacerdotes durante la represión de postguerra. Por ejemplo:

“En la cárcel franquista de la isla de San Simón, Galicia, un cura con su pistola al cinto se encargaba de administrar justicia y ésta no era divina precisamente”.

Más conocido fue el caso del cura del penal de Ocaña era conocido como el “cura verdugo” porque era el encargado de dar los tiros de gracia. Así puede leerse en los versos de Miguel Hernández, escritos a hurtadillas en 1941 la cárcel de Ocaña poco antes de que lo dejaran morir:

JESÚS MONZÓN, LA OVEJA ROJA



Nació el seno de una familia burguesa y acomodada de Pamplona (Navarra). Su padre, Cipriano Monzón, era médico, originario de Marcilla. La posición social de su familia le permitió trabar íntima amistad con personas de todo el espectro político. Estudió con los jesuitas en Tudela y luego obtuvo el título de abogado en Zaragoza. Durante su etapa universitaria, entró en contacto con el marxismo e ingresó en el Partido Comunista de España. Finalizados sus estudios, volvió a Navarra, donde fue uno de los creadores de la primera agrupación navarra del PCE. Se casó con Aurora Gómez Urrutia, perteneciente al entorno de Izquierda Republicana, con la que tuvo un hijo, Sergio. La muerte de su hijo provocaría la separación entre ambos. Monzón estaría unido sentimentalmente a otras tres mujeres a lo largo de su vida, para volver con Aurora tras ser excardelado en 1959.
A finales de 1932 ingresó como escribiente en la Diputación. Máximo responsable del comunismo en Navarra (pequeño pero muy activo), desde 1934, en 1935 organizó una huelga general de la construcción junto a los sindicatos carlistas. Tras la creación del Frente Popular, Monzón fue el candidato comunista en las candidaturas del Frente Popular Navarro en las elecciones a las Cortes y de compromisarios para la elección del presidente de la República en el año 1936. Tras las primeras, en las que el triunfo global del Frente Popular se vio confrontado con el copo de la representación navarra por el Bloque de Derechas, encabezó el asalto al Palacio de la Diputación en marzo de 1936, pistola en mano para forzar la designación de una gestora de la diputación afín al Frente Popular (la diputación en funciones había sido elegida en febrero de 1935, tras una ley promulgada por Rafael Aizpún, entonces ministro de Justicia, y la destitución de todos los concejales izquierdistas —los diputados debían ser elegidos por los concejales de cada merindad— en noviembre de 1934 por parte del gobierno radical-cedista por su supuesta participación en los hechos revolucionarios de octubre de 1934, que no tuvieron apenas repercusión en Navarra).1 Los asaltantes lograron salir, pero Monzón fue detenido. Por la tarde una manifestación de apoyo termina en incidentes frente a la sede del Diario de Navarra donde se produjo la muerte de dos personas por disparos, una mujer y un joven de 16 años. A pesar de la acción en la que participó Monzón, la gestora no fue destituida, puesto que la ley que lo decretaba, aprobada en julio de 1936 no llegó a entrar en vigor. En marzo de 1936, Monzón es nombrado presidente del Frente Popular Navarro.
Cuando se produjo la sublevación militar que en Pamplona estaba prevista para el 19 de julio, un amigo carlista, Francisco Lizarza (hermano del conspirador Antonio de Lizarza), le cobijo en su casa del Segundo Ensanche, lo que le evitó convertirse en una de las víctimas de la represión por parte de los sublevados en Navarra.
Logró huir a Francia pasando de ahí al Euskadi republicano (diciembre de 1936), donde fue nombrado fiscal del Tribunal Popular del Gobierno Vasco. Intentó también organizar a los militantes locales del PCE. Sin embargo, el Frente Norte cayó antes de que lograse alcanzar su objetivo. A la caída de Bilbao pasó a Francia y de ahí volvió a la España republicana por Cataluña, donde puso en pie una columna vasconavarra que se integró en el Ejército Popular. Casi inmediatamente, fue nombrado por el gobierno Negrín, primero gobernador civil de Albacete (13 de julio de 1937), e inmediatamente después, de Alicante (18 de julio). Fue gobernador civil de Alicante hasta 1938, cuando fue nombrado gobernador civil de Cuenca (25 de mayo).2 (como gobernador civil de Alicante intervino para que Antonio de Lizarza, que estaba recluido en Madrid, pudiera pasar a la zona franquista).3 En los últimos meses de la guerra, Juan Negrín le ofreció el cargo de subsecretario del Ministerio de Defensa. Sin embargo, el golpe de Estado del coronel Casado, le impide tomar posesión y Monzón, junto con otros líderes comunistas como Dolores Ibárruri, tiene que abandonar el país hacia Orán (7 de marzo), en la Argelia francesa. Desde ahí pasa a Francia y participa en la organización de la evacuación de refugiados hacia Sudamérica y la Unión Soviética. A diferencia de la dirección del PCE, Monzón permaneció en Francia tratando de reorganizar el PCE y organizando la resistencia de los refugiados españoles contra la ocupación nazi de Francia, junto con Manuel Azcárate y Gabriel León Trilla, la llamada Agrupación de Guerrilleros Españoles, bajo control comunista, que llegaría .
Monzón creó la Unión Nacional intentando unir a sectores monárquicos y democráticos de la derecha con la izquierda republicana y comunista para derribar a Francisco Franco.
Posteriormente, tras la Segunda Guerra Mundial en que la llamada Agrupación de Guerrilleros Españoles que había luchado contra los nazis y participado en la lucha de Francia, se había convertido en un ejército de 10.000 hombres,4 incluida una brigada vasca del PNV. Este ejército realizó la Invasión del Valle de Arán en que entre 4.0005 y 7.0006 guerrilleros cruzaron los Pirineos, pero sin llegar a crear un territorio liberado. Esta invasión mal planificada y pésimamente ejecutada, fue desbaratada fácilmente por el Ejército español. Monzón retornó a Francia, donde sufrió la desautorización de Santiago Carrillo. Según Enrique Líster hubiera sido ejecutado por la dirección del PCE, si no llega a ser detenido en Barcelona.
Monzón pasa por las cárceles de Barcelona, Bilbao y El Dueso esperando una condena a muerte por su responsabilidad con los maquis. . Por la intercensión de Garicano Goñi, Aranzadi y otros amigos, Monzón es condenado a 30 años de cárcel. Fue indultado a finales de 1959, trasladándose a México donde vivía su exmujer.