21 de diciembre de 2008

Dejad que la República se acerque a mí


Dejad que la República se acerque a mí





Tras la experiencia del día 6 en Madrid se hace necesario abrir un período de reflexión y autocrítica del movimiento republicano. No vale decir que este año teníamos los elementos en contra: crisis, que impide el desplazamiento a la capital del reino, puente, ni más ni menos que como todos los años, lluvia, hay unos adminículos llamados paraguas que van muy bien para ello. En que valoramos la República, no merece un día de nuestro tiempo libre (del que lo tuviera), no merece mojarnos un poco, una cantidad de dinero asumible si está bien organizado. Madrid estaba desierto por la mañana debían estar todos en sus casas viendo por televisión programas alusivos a los fastos conmemorativos del 30 aniversario de la Constitución de 1978. Porque a las cinco de la tarde era imposible dar un paso por el centro, era una marea humana de tal calibre que te empujaba hacia tiendas de todo tipo llenas de alegres consumidores aborígenes y foráneos, que se empeñaban en hacerse fotos a diestro y siniestro. Quizá el año que viene se tendrá que anunciar el evento en los tour operadores extranjeros bajo el lema: “Vive una experiencia de otro tiempo: manifestación contra la Constitución, recorrido antimonárquico y republicano”, cervezas gratis tras los parlamentos finales. Seguro que igual entonces llegábamos a los cinco mil, que los optimistas dijeron que éramos ese día. Desde la autocomplacencia no iremos muy lejos, desde el análisis crítico seguramente sí.



Ahora ya estamos en otra fase, pasó lo de salir un día con la bandera como un acto de protesta o de recuerdo, lo que tenemos por delante es un trabajo serio de conquista de la Tercera República. La monarquía no se caerá, tiene unos buenos cimientos franquistas y unas buenas vigas proporcionadas por la pseudodemocracia, sobre todo, por parte de la supuesta izquierda, defensora a ultranza del régimen real. Ya ha dicho Zapatero que la Constitución no se toca, o sea, que nace, no crece y no muere, y tampoco sigue el criterio de la materia, por lo que la transformación no va a ser necesaria teniendo en cuenta que Letizia no hace más que parir hembras.

La piedra angular del problema del movimiento republicano es que no llegamos a la sociedad. Y uno se pregunta como es posible si tenemos un caldo de cultivo perfecto, una dosis de crisis a lo 29, una desfachatez hiriente de una Casa Real que se hace subir el sueldo mientras muchos ya no pueden pagar sus hipotecas, esas cosas primarias que todo el mundo puede observar y que convierte a los vividores reales en seres no tan simpáticos y campechanos. Y a todo esto la población más concienciada va siendo testigo de decisiones del poder judicial que poco tienen que ver con un Estado de Derecho, de recortes democráticos, de decretos reales que vienen a poner losas sobre la recuperación de la memoria de los luchadores antifranquistas y de las víctimas de la dictadura militar, de ataques feroces de la Iglesia desde sus púlpitos y sus ondas a la laicidad, ya les parece excesivo nuestro triste estado aconfesional y pisotean con soberbia al que no participa de su integrismo, actuando como cuarto poder.

Y tras el cuarto viene el quinto: los medios de comunicación de masas al servicio del sistema y de sí mismos, que obran en nuestra contra. Primero por la celeridad con que caducan las noticias. Pasamos a tal velocidad de un tema a otro que ninguno acaba por hacer mella en la población, ni tan siquiera los millones de parados que tenemos y los que vendrán, mientras en las calles protestamos cuatro gatos alumbrados por las luces navideñas acompañados del hit parade, consume ahora paga luego. Nadie se acuerda ya de Garzón, de las declaraciones de la reina, de las víctimas de conflictos en los que algo tenemos que ver… Segundo, el boicot de estos mismos medios a ciertos temas, no sólo por omisión sino por acción. La protesta estudiantil queda reducida a cuatro antisistema con rastas y piercings, que no saben ni lo que quieren, ni lo que dicen. Vamos, que unos universitarios que no se han movido durante demasiados años deciden encerrarse porque se aburren en casa de sus padres, ya que no pueden acceder a la suya propia, y no porque el proceso de privatización de la enseñanza superior, que ya se está produciendo, amenaza con convertirla en un centro experimental para las empresas, que pondrán su dinero para obtener aquellos productos que sean rentables en el mercado, llevándose por delante el concepto de cultura y varios títulos, que por falta de rentabilidad mercantil pasaran a la historia. O que cuando hay manifestaciones sólo saquen las piedras y las vallas y no pregunten al trabajador que siente ante la posible pérdida de su puesto de trabajo. Ya somos un territorio de servicios, pero si sólo nos quedamos en eso, cuando dejemos de ser un destino apreciado por nuestros visitantes, nos quedaremos en una situación insostenible con unas ciudades convertidas en decorados donde el turista era el amo y el que pagaba impuestos un figurante.

Tenemos que luchar contra muchos elementos, los partidos políticos pro-monárquicos de izquierda y derecha, los republicanos de la derecha reaccionaria que son bastantes, los que tendrían que defender la república y no lo hacen, los que renunciaron a ella y ahora la retoman como muleta política en un período de convalecencia agónico. Contra los sindicatos mayoritarios, barreras de contención de las reivindicaciones de los trabajadores, cuya fuerza ya no es la que era, actuando como buenos perros servidores de la patronal y del gobierno. Contra una población atontada por años de consumismo en un mundo de supuesta bonanza económica, espejismo propiciado por los bajos tipos de interés, que les hizo creer a todos que pertenecían a la clase media sin haberlo sido nunca.

El sistema no puede convertir esta coyuntura, en principio favorable a la causa republicana, en un período de depresión ciudadana donde el que lo está perdiendo todo se de al antidepresivo que marque la farmacéutica de turno, que no deja de ampliar beneficios a costa de nuestra desgracia. Un ejército de invisibles dopados que no opongan resistencia. Tenemos que conseguir que este período sea de enfado, de reivindicación, de pataleo, de denuncia, de lucha ordenada y organizada hacia un fin concreto, un período de revuelta para no perder lo que nos queda de este invento socialdemócrata del estado del bienestar, que todo el mundo aprecia. Porque el dinero de nuestros impuestos va a salvar a las entidades bancarias, que embargan los pisos de los parados y que cierran las líneas de crédito a las empresas que tienen posibilidades de seguir a flote llevándolas a la bajada de persiana.

Y aquí viene la autocrítica, cómo es que no llega el mensaje republicano de progreso, plural, unitario y laico a la sociedad, pues porque en realidad ese mensaje no existe, no lo hemos creado todavía.

La población no nos puede ver como un fenómeno sectario, ligado a opciones políticas muy concretas que se manifiestan con un lenguaje que la mayoría de la gente no reconoce porque no es lo que oyen en los programas de televisión o de radio. La gente que lee la prensa del minuto en trenes, metros y autobuses, por desgracia no leen a Marx, lo del muro les suena a Pink Floyd, los más jóvenes no conocen ni las películas de espías sobre la guerra fría, 1917 no es nada para ellos y tampoco 1931, no conocen la historia, ni las consignas de las luchas obreras de los 70, no quieren ser llamados obreros, ni aspiran a la igualdad entre seres humanos sino a comprarse un buen coche o a que su hijo salga en la tele, y aunque parezca que llevo esto al extremo, esta es la descripción de una parte muy amplia de la sociedad. Tenemos por delante una labor pedagógica que va a tener que comenzar con lecciones muy simples: tú vives mal, el rey vive muy bien a tu costa, echemos al rey, tú puede que no vivas mejor, pero te librarás de un parásito.

No podemos hacer esto solos, son muchos los enemigos, pero más las víctimas del neoliberalismo, del capitalismo salvaje, de la ley del beneficio. No lo hará una parte de la izquierda que se empeña en poner calificativos a una república, que si queremos verla algún día tendrá que dejar ciertos aspectos para más adelante. La primera premisa es hablar de que república es sinónimo de democracia plena, en un estado en que la monarquía vino impuesta por un dictador, que dinamitó la legalidad vigente en el año 36. Este proyecto pro-república tiene que tener sus puertas abiertas a todos, tiene que ser un Frente, porque sino no se hará realidad nunca.

No hablemos de república burguesa aunque en ese proyecto vaya a estar la pequeña y mediana burguesía progresista, que es necesaria; no desdeñemos a los que ejercen las llamadas profesiones liberales y que se sitúan en el marco de la izquierda; no hablemos de anarquismo con desprecio, porque como antimonárquicos también tienen su sitio; no hablemos de independentistas con miedo, porque son buenos compañeros de viaje con todo el derecho a ver cumplidas sus aspiraciones; no desdeñemos a la intelectualidad o al mundo de las artes, porque aunque sean malos tiempos para la lírica, serán estupendos voceros de la causa; abramos nuestro discurso a la población emigrante, hagámosle saber que nosotros defenderemos su opción a expresarse en las urnas; abramos las puertas a pacifistas porque la nuestra será una república de la no intervención y de la paz; dejemos pasar a los ecologistas porque nuestra república será sostenible y velará por sus ciudadanos protegiéndolos de la amenaza de las actuales centrales nucleares obsoletas; y podríamos seguir con muchos otros colectivos como el de defensa del mundo animal. Todos los que crean en un proyecto democrático de avances y conquistas sociales y laborales, de libertad y derecho a decidir, laico, de una profunda ética política, serán hombros imprescindibles para este proyecto, que no se puede posponer más.

Trabajemos por la unidad, por la pluralidad y hagámoslo poniendo muy pocos puntos sobre la mesa, los de consenso, para poder avanzar todos juntos. Que la Tricolor esté allí donde haya una causa justa que defender, que la gente la reconozca como una bandera solidaria y activa, el cambio necesario de verdad, no la que se ondea el 14 de abril celebrando efemérides que a algunos les suena en su desmemoria a la prehistoria, la república es hoy y es mañana.



Dejemos que la República se acerque a todos.