22 de diciembre de 2008

Cayo Lara: "Plantearemos un referéndum sobre la Corona si hay reforma de la Constitución"


Cayo Lara: "Plantearemos un referéndum sobre la Corona si hay reforma de la Constitución"
"Aquí no estamos de comparsas del PSOE. Hay que marcar distancias". El nuevo coordinador general de IU apuesta por una alternativa "con los pies en el suelo", que no pretenda "pedir la luna"


Sucede cada tres, cuatro minutos. Una vibración. Un mensaje SMS, una llamada, otra. Y otra. El móvil de Cayo Lara Moya (Argamasilla de Alba, Ciudad Real, 1952), un Sony Ericsson “sencillito”, se remueve incesante en la mesa oval del despacho del nuevo coordinador general de Izquierda Unida. Apenas han pasado unos días desde que el pasado 14 de diciembre el Consejo Político Federal (CPF) le ungiera como líder, por un 55% de los votos.

Ya está somatizando el cambio, admite, digiriendo su mudanza personal: “Es una transición tremenda, imagínate, de coordinador desde 2000 de una federación pequeña, Castilla-La Mancha, a coordinador nacional. Todavía estoy aprendiendo el salto de discurso, desde la política regional a la estatal e incluso la internacional... Y luego está la presión de la gente, las llamadas constantes, los medios. Mi móvil ya no puede más”.

Lara conversa con paso lento, sin desdibujar su sonrisa, afanándose en imbricar la política de corazón. Por eso no desembucha párrafos rotundos, concisos, densos. Pasa de una idea a otra, como si cada una de ellas fuese un hipervínculo que condujese a la tesis siguiente.

Lara, durante 12 años alcalde de su pueblo, de 7.000 habitantes, defiende la “honradez” de los políticos. También la “austeridad y la ética”. Y pone cuatro ejemplos. Uno, su lucha contra el constructor Francisco Hernando, Paco El Pocero. Dos, la campaña de 2007 que se hizo en moto y por toda La Mancha. Tres, el generoso regalo que devolvió al empresario Juan Abelló cuando era regidor. Cuatro, el sueldo que se impuso en los últimos dos años, de 1.500 euros netos al mes. “Ahora será algo más alto. Poco más, lo justo para cubrir la diferencia del coste de la vida en Madrid, aunque no pretendo pasar toda la semana en la capital. No quiero perder mis raíces”, silabea. Tampoco a su familia, su mujer y sus dos hijos, Cintia y Olmo. Ni sus amigos, ni sus compañeros del sindicato agrario COAG.

¿Qué tal la digestión del triunfo?

Algo descolocado. El día del Consejo estaba nervioso, no tanto por ver si salía coordinador, sino porque era la culminación de un proceso, la comprobación de que todos éramos capaces de acordar una dirección compartida. A mí, la popularidad... La acepto, pero no me gusta. Que salga a la calle y me paren, aunque sea con afecto... me incomoda, porque me siento un hombre espectáculo.

¿Siente ya en sus manos el poder?

No, no me veo poderoso. Tengo una concepción distinta del poder. Soy un tipo normal, corriente, de la calle.

Su mayoría se sustenta gracias a un pacto con Ángel Pérez, el hombre fuerte de la federación madrileña, adversario íntimo de Enrique de Santiago. ¿No teme que el acuerdo salte a la mínima, que sea inestable su poder?

Entramos en un tiempo distinto y mi talante es profundamente conciliador. Me quemaré buscando los consensos. No me preocupan las familias, sí que no haya injerencia en las federaciones. Si hay roces, habrá que procurar el entendimiento. No concibo una IU enfrentada o dividida.

Pero hubo táctica, estrategia.

Con el 43% que obtuvo nuestra lista en la IX Asamblea, necesitábamos trabar alianzas. Primero, perseguir el acuerdo del 80%. No fue posible, pero sí forjamos una ejecutiva colectiva, aunque no paritaria, porque no quisimos vetar los nombres que ofertaran las otras familias. Quizá no es la forma ideal de montar una dirección, cierto. Y durante la negociación, Madrid decidió no apoyar a Eberhard Grosske, que encarnaba a la cúpula saliente. A fin de cuentas, la Nacional II no era un movimiento político como tal.

¿Ganar con un 55% no significa, cuando menos, que hay dos culturas diferentes dentro de IU?

Habría fractura si nosotros, como vencedores, hubiésemos formado una dirección monocolor, situando al resto de IU en la oposición. Eso se acabó. Nada de eso ha pasado.

¿Valora como un “acto de generosidad” que los ‘gasparistas’ retirasen a Grosske en el CPF?

Hicieron sus cuentas y vieron qué posibilidades tenían. Pero sí, es un gesto que ayuda muchísimo a la distensión en IU. Claro que lo valoro.

¿Podemos decir que han ganado los ‘blandos’ de cada sector? ¿Los que querían acordar, no romper?

Ha vencido quienes querían la cohesión, que IU no reventara.

¿Y había muchos que buscaban lo contrario, que estallara?

Lo importante es que hoy no queda nadie que quiera dinamitarla. Incluso los apáticos se han puesto las pilas. Ha triunfado la posición de aquellos que han escuchado qué nos pedían las bases: el pacto.

Ganó la moderación, por tanto.

Ganó la voluntad de encuentro, en la política y en la nueva ejecutiva.

Hubo una lectura casi unánime del Consejo Político Federal: que con su victoria el PCE recuperaba el liderazgo de IU. ¿Se imprime así un acento distinto?

Que mi lista recibiera el 43% y ganase la coordinación no significa que el PCE controle IU. De este proceso emergen dos identidades parejas e indisolubles de la federación: el claro giro a la izquierda y la unidad interna. Enfatizamos nuestra posición a la izquierda de un PSOE entregado al neoliberalismo más puro en lo económico. En la pasada legislatura, en cambio, sí había una cierta supeditación a los socialistas que la asamblea ha enderezado. Y digo antes, no ahora, porque Gaspar está haciendo un trabajo correctísimo.

¿Pero cómo exhibirá autonomía frente a los suyos del PCE? Dijo que las familias habían muerto.

Mi partido se supedita a IU. La democracia funcionará de forma radical, y se respetarán todas las decisiones. El coordinador, además, refleja la postura mayoritaria, no opina.

¿No le costará dejarse ver? ¿No le puede eclipsar Llamazares?

No es complejo separar las funciones. Gaspar cumplirá su papel de embajador, de acuerdo con el programa electoral y las conclusiones de la asamblea. IU beberá de la sociedad y sus quejas y él las canalizará como diputado en el Congreso.

¿Cómo se visualizará ese giro a la izquierda al que se ha referido?

En lo concreto. En la refundación que completaremos en 18 meses, debemos encontrarnos con movimientos sociales y políticos de izquierdas, alternativos y combativos, pero con los pies en el suelo. No vamos a pedir la luna sólo por estar en la oposición. No exigiremos, por ejemplo, que se renacionalice Repsol, sí que se pueda rescatar un 20% de la compañía. IU, pues, tiene un proyecto sólido, creíble. Siempre digo que la política se hace con calculadora. Pensemos a qué se podrían haber destinado los 5.600 millones que ha costado el cheque de los 400 euros, o los 4.500 millones de la reforma fiscal que entró en vigor en 2007, o los 1.800 millones que no recaudará el Estado desde 2009 por la supresión del Impuesto de Patrimonio a un millón de declarantes. Mucho se podría hacer para desplegar la Ley de Dependencia o generar empleo.

Identifica a PP y PSOE con el neoliberalismo. ¿Están en la misma orilla? ¿Tiene IU una ansiedad por diferenciarse de los socialistas?

Según qué temas. El PP abomina de la memoria histórica. El PSOE, no, aunque no nos satisfaga al cien por cien la ley. No pasa nada si no nos entendemos en todo. Por ejemplo, es vergonzoso que el PP rebasase por la izquierda al Gobierno al exigir que el Estado garantice que los 50.000 millones para el rescate de la banca lleguen a pymes y familias. El mundo al revés: el PSOE defendiendo a los banqueros y el PP apoyando prácticas socialdemócratas. No se trata de simplificar y decir que PP y PSOE son iguales. Con el Gobierno estaremos en políticas de izquierda. Con sus medidas neoliberales, nos tendrá enfrente.

Es decir, no tenderán cordones sanitarios contra el PSOE.

Sería una barbaridad, muy poco racional. Si el PP plantease subir el salario mínimo a mil euros, como decimos en IU, ¿no lo apoyaríamos?

¿Entienden que la Iglesia ha ganado la batalla al Gobierno?

Sí, el Ejecutivo se ha supeditado a la jerarquía católica, ha claudicado, no se ha armado de la valentía prometida en 2004 en asuntos como el aborto. Y estos obispos están aún en el nacionalcatolicismo. El PSOE no cumple con la Constitución al no sacar los crucifijos de las escuelas. Que la Iglesia predique lo que guste, pero que no interfiera en temas de Estado.

¿Por qué se ha rendido el PSOE?

Imagino que por oportunismo.

¿Se le acabó a los socialistas su sangre de izquierdas? En su 37º Congreso prometieron medidas sociales muy en la línea de IU.

Juzgaré los hechos, pero hoy imperan en el PSOE las posiciones más conservadoras. Sólo hay que ver a José Bono o las políticas anticrisis.

¿Tiene previsto reunirse con José Luis Rodríguez Zapatero?

No lo sé. Lo dirimiremos en la ejecutiva. Lo más probable es que pidamos un encuentro con PSOE, PP, Iniciativa per Catalunya Verds [ICV]...

¿Rechaza cualquier voluntad de influencia en el Ejecutivo? Ese guiño guió la pasada legislatura.

Yo le decía a Gaspar que si el Gobierno quería pactar con IU sus Presupuestos, debíamos poder decidir sobre importantes partidas y visualizar en los medios públicos qué conquistas se han logrado. Aquí no estamos de comparsa del PSOE. Hay que marcar distancias. Se puede hacer girar al Ejecutivo si nuestros votos son necesarios. ¿Qué sucede? Que partidos tan patriotas como PP y PSOE se niegan a modificar una ley electoral poco representativa, que nos condena, con 970.000 votos, a tener dos diputados, uno de ICV. ¿No pueden cambiarla para no tener que depender tanto de los partidos nacionalistas?

¿Nunca aceptaría entrar en el “área de Gobierno”? Lo pedía Llamazares en la pasada campaña.

La cuestión es el programa, el qué se va a negociar. Si lo que se ofrece está en consonancia con parte de nuestras propuestas, ¿por qué no?

En la IX Asamblea proclamaron que IU es “anticapitalista, federal, republicana...”. ¿Se prima el programa de máximos, se pierde cierto pragmatismo, acción?

No, pretendemos alternativas reales. Nos llamamos republicanos, sí. La República quizá no esté entre las prioridades de los ciudadanos, pero tampoco debe reducirse la cuestión a garantizar que las mujeres accedan al trono. Es curioso que los que no defienden la igualdad del voto defienden con ardor la igualdad en la sucesión a la Corona. IU plantea una sociedad republicana, y eso es algo más que poner una bandera tricolor y quitar a un rey. Hay valores que tienen que incorporarse. La Constitución de 1931, en su artículo 6, renunciaba a la guerra “como instrumento de política nacional”. Eso también es República. Hoy es un insulto, un esperpento, que la Carta Magna reconozca el derecho al trabajo cuando hay 200.000 parados más al mes, o que asuma un derecho a la vivienda que no existe. Hablamos de una democracia de calidad, la res publica. La primacía de lo público frente al abuso de lo privado. No es una utopía.

¿Quiere decir que intensificarán su lucha a favor de la República?

No debe ser una línea prioritaria en IU, pues lo urgente es la crisis, pero sí ha de alzarse como una línea de trabajo clara, creando cultura.

¿Plantearían el cambio de la forma de gobierno si se abriese paso la reforma constitucional?

Sí, claramente. Defendemos con nitidez un referéndum Monarquía-República. Las encuestas ayudan... ¿Qué problema subyace? Que la idea de República se liga a destrucción por los 40 años de franquismo.

Con respecto al PP, ¿aprecia algún cambio de actitud?

Está en una posición de partido atrapalotodo. Apunta a todo, con o sin coherencia. No se puede estar en política en una contradicción permanente. Que explique cómo quiere bajar impuestos y aumentar los servicios. Igual con su deseo de defenestrar al presidente de la Federación de Municipios y Provincias. Desacredito que se insulte a los votantes de un partido, pero Pedro Castro ha pedido disculpas mil veces. Tendría sentido que dimitiera si no cumpliera con sus compromisos con los ayuntamientos. No es así.

¿Observa una deriva del PP en la política antiterrorista por ANV?

Utiliza este asunto de forma sucia y partidista. El acta es de los concejales, sólo de ellos, y para que se expulse, han de delinquir. Si unos ediles no condenan un atentado, por muy grave que sea, ¿disolvemos a toda la corporación? Eso asestaría un golpe terrible a la democracia.

Aún es pronto, pero ¿qué posición defenderá usted para las elecciones vascas y europeas? ¿Qué alianzas perjudican y cuáles benefician a IU federal?

No lo hemos diseñado. Ahora bien, soy el coordinador de todos, y no opinaré para inclinar la balanza.

¿Pero los pactos de Ezker Batua con el PNV o la convergencia con ICV les castiga o les premia?

Buscaremos las alianzas que más beneficien al proyecto de IU.

¿Y todas han beneficiado?

Tengo una duda razonable con la lista a las europeas que presentamos en 2004, cuando concurrimos con ICV. Voté en contra. Luego resultó que el número dos, el eurodiputado de Iniciativa [Raül Romeva], se fue al Grupo de los Verdes, no al de la Izquierda Unitaria Europea.

Por tanto, ¿no está a favor de que se repita la alianza con ICV?

No estuve a favor en 2004. No quiero anticipar qué haremos ahora.

¿Ha pensado competir en las generales? Dijo que su cargo no se liga “necesariamente” a los comicios de 2012.

No, claro que no.

¿Será usted, Rosa Aguilar...?

No hagamos futuribles. Aún no.

¿Fue un calentón amenazar en el CPF con una huelga general?

No, ni calentón ni algo premeditado. Dije lo que dije: que de seguir así el Gobierno, con esta política de ayudar a los banqueros a tapar sus agujeros y no generar empleo ni liquidez, los sindicatos deberían reflexionar si conviene convocar una huelga general para presionar al Gobierno y al poder económico.

¿Hay condiciones ya para eso?

Que lo decidan los sindicatos. Pero el camino que llevamos no puede aguantar demasiado tiempo.

¿Los sindicatos están dormidos? ¿Falta un puñetazo en la mesa?

No soy quién para darles mensajes. Tampoco haremos un mundo si no compartimos criterio. Ellos son perfectamente soberanos.

¿Se ve como una síntesis superadora de los dos últimos coordinadores generales, Julio Anguita y Gaspar Llamazares?

Julio ha sido nuestro mejor líder, una de las personas más brillantes de IU, del que aprendí a hacer política en lo concreto. Ha sido siempre respetuoso con la federación, incluso después de irse. Gaspar es más frío, distante, muy trabajador. Ambos vivieron momentos distintos y visiones distintas de la política.

‘Anguitistas’, ‘gasparistas’... ¿Habrá al final ‘laristas’?

[Ríe] No... ¿Pero qué es eso?



DESDE UNIDAD CIVICA NAVARRA POR LA REPUBLICA

UN FELIZ AÑO NUEVO CON

+ LIBERTAD
+ IGUALDAD
+FRATERNIDAD
Y + REPUBLICA
EN EL 2009...

SEGUIREMOS EN LA LUCHA

La conspiración: nazificar España




La conspiración: nazificar España



La nazificación de España comenzó a prepararse seis años antes de la rebelión militar. En 1930 se instaló en Lisboa el primer comisionado del nazismo para la península Ibérica, un tal Friedhelm Burbach, enviado de Hitler, que le ordenó aglutinar a los alemanes residentes de España y Portugal en torno al nuevo ideario nazi y buscar amigos y alianzas entre los anticomunistas y católicos de cualquier color político. En la primavera de 1933, Walter Zuchristian, un empleado de la empresa Siemens en Madrid, fue nombrado jefe del partido nazi en España. El 12 de junio del mismo año, Zuchristian dirigió una carta a Burbach en la que ya mostraba inquietantes planes de futuro: “Estamos esperando nuestra oportunidad. Por ahora nos mantenemos quietos, preparando todo para estar en condiciones de obrar cuando la oportunidad se presente. Todo parece indicar que el pueblo está cansado del régimen de izquierda y va a sacudirlo pronto. No se desespere, nuestras Ogs (secciones locales nazis por toda España) están listas para cuando llegue ese momento”.



La ocasión soñada por los nazis pudo llegar después de las elecciones de noviembre de 1933, cuando la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) se erigió en el partido con más diputados en el Congreso. Fue entonces cuando Zuchristian giró una circular a los grupos locales de su partido para ordenar el establecimiento de conexiones con los elementos más extremistas de la CEDA y su líder, José M.ª Gil Robles, que fue invitado al congreso nazi de Nüremberg. Los nazis estaban complacidos por la buena sintonía de la CEDA con militares como Goded o Franco, los artífices de la brutal represión sobre los mineros asturianos en octubre de 1934. El día 18 de aquel mes, Zuchristian anotó: “Han sido reprimidos en la forma debida”. Entonces, la presencia nazi creció sin parar: en noviembre de 1934 tenían 22 oficinas de representación y en 1936, poco antes de la sublevación, ya eran 163 por toda España. Sin embargo, Zuchristian fue relevado por Eric Schnaus, un agente de la Gestapo que debía reorganizar el nazismo asentado en suelo español. El 8 de enero de 1936, a seis semanas de unas nuevas elecciones en España que darían la victoria a los partidos de izquierda, Schnaus se olió el resultado y ordenó a todas las secciones locales poner a buen recaudo documentación oficial hasta nuevo aviso y, “en el caso que sea necesario suspender toda correspondencia, recibirá un telegrama diciendo ‘Contrato firmado. Juan’, de manera que al recibirlo debe usted suspender toda comunicación hasta nueva orden. Esta carta deberá ser destruida inmediatamente”. Aunque las copias españolas del mensaje anterior fueron destruidas, como se ordenaba en él, ahora ha sido posible encontrar la enviada a Berlín.



Pero el 27 de marzo, Schnaus, convencido de que la conspiración contra la República podía estar cerca y triunfar, se dirigió a la dirección de la Gestapo en Berlín, donde prometió “poner las secciones de España listas para atacar”. Desde Alemania se mandó acelerar los contactos con los sectores políticos y militares contrarios al gobierno de Madrid. A partir de aquel momento, los futuros protagonistas del alzamiento serían mencionados en las comunicaciones secretas como “clientes”, como se constata en una nueva circular de Schnaus a los jefes nazis en España: “Los informes sobre nuestros competidores demuestran que sus directores se encuentran divididos respecto del nuevo método de manufactura (…) Por esta razón tiene especial interés para nosotros mandar instrucciones adecuadas a nuestros agentes y a nuestros clientes con el fin de que estén preparados a hacer frente a cualquier situación”. Fue entonces cuando entró en juego el hábil Hans Hellermann, a quien Schnaus confió la misión de servir a sus clientes.



El siniestro Servicio de Control Portuario

En 1935 la Organización para el Extranjero del partido nazi, dirigida por Ernst Wilhelm Bohle, creó el Departamento Central del Servicio de Control Portuario. Se trataba de una organización policial secreta que cubría la actividad de la Gestapo (policía secreta alemana) fuera de las fronteras del Reich y que siempre funcionó al margen de la embajada y de los consulados. La existencia en España de este oscuro organismo aparece en un documento desclasificado por los norteamericanos, con fecha de 29 de diciembre de 1945, cuyo contenido determinó las principales misiones que Himmler encomendó al Servicio de Control Portuario en España que dirigía Hans Hellermann.



Su misión era vigilar los asuntos económicos de la península Ibérica con países extranjeros; organizar un servicio de contrabando de armas y material de propaganda; establecer una red de empresas españolas y portuguesas que, una vez terminada la guerra, permitiría hacer importaciones de otros continentes, y, por último, la perversa misión de ejecutar las sentencias de tribunales nacionalsocialistas secretos creados por Himmler para juzgar cuestiones de disciplina de los residentes alemanes en la Península que se negaron a obedecer órdenes de la Gestapo. Se da por hecho que está misión implicó el secuestro y el asesinato.



Según documentos encontrados en la sede de Import Business Hellermann & Philippi, el Servicio de Control Portuario en España tuvo en nómina, oficialmente, a 45 agentes, además de centenares de colaboradores, entre ellos representantes comerciales de empresas de navegación. Para evitar problemas con las autoridades españolas, los sueldos de los agentes del servicio policial nazi eran asumidos por dichas empresas. Es el caso de Paul Riger y Siegfred Wolf, que, en mayo de 1935, fueron contratados por la compa-ñía Baquera, Kusche y Martin, SA.

Los nazis alentaron a Franco





Los nazis alentaron a Franco
El Magazine ha localizado documentos excepcionales conservados en archivos de Amsterdam y de Estados Unidos que relatan maniobras de los nazis en España para alentar y organizar el golpe de Estado militar de 1936 contra la República


Hitler ofreció a Franco toda la ayuda necesaria durante la guerra civil española, pero antes promovió el golpe de Estado contra el gobierno republicano que desembocó en el fratricidio bélico. El hallazgo de documentos desconocidos relativos a las actividades clandestinas del partido nazi en España anteriores a julio de 1936 ofrece una nueva visión del levantamiento militar. Los movimientos conspiradores de los representantes en suelo español del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP), es decir, de los nazis enviados a nuestro país y principalmente de su misterioso y discretísimo jefe en España, Hans Hellermann, demuestran que Berlín estuvo detrás del golpe de Estado contra la II República, un régimen que la Alemania que empezaba a construir el puzzle del III Reich necesitaba destruir. Hitler precisaba una España pronazi y profascista, y las pruebas indican que desde fechas tan tempranas como 1930 se esforzó para que así fuera.



Hans Hellermann, el hombre que canalizaría el impulso nazi a favor del alzamiento, fue un personaje tan oscuro como escurridizo ya que siempre actuó por orden directa de Heinrich Himmler, jefe supremo de la policía alemana, y por lo tanto de Adolf Hitler y a espaldas de la embajada y de los consulados oficiales alemanes. Su biografía y su trayectoria salen a la luz después de la búsqueda y el hallazgo de su Berfonalfragebogen o ficha personal en los archivos nazis de Alemania. Además, un informe confidencial elaborado por los servicios secretos estadounidenses el 29 de diciembre de 1945 con el fin de evaluar la participación de este oscuro ejecutor del III Reich completa el dibujo del hombre que, sin delatarse, extendió el nazismo en España. El Magazine ha localizado estos y otros documentos excepcionales perdidos entre los miles de papeles perfectamente conservados en un archivo de Amsterdam y en otro de Estados Unidos que relatan maniobras desconocidas de los nazis en España los meses previos a la Guerra Civil.



Nacido en 1909 en Schwelm, Westfalia, Hans Willi Hellermann se involucró desde joven en el movimiento nazi. “Se hizo miembro del NSDAP en diciembre de 1929 como socio número 186.721. En 1932 se convirtió en SA.Stabsführer en Schwelm”, es decir, jefe de las fuerzas de asalto paramilitares del partido en su ciudad, según el informe oficial y secreto de Estados Unidos.

Enfrentado a su padre por motivos ideológicos, en diciembre de 1933 viajó a España por orden de Himmler, concretamente a Barcelona.



Soltero, de metro setenta y seis centímetros de estatura y con ojos azules, según se puede leer en su ficha política hallada en Berlín, Hellermann tenía ante sí, a los 26 años, el gran reto de su vida. Desde su cargo de jefe local del partido nazi en Barcelona, bajo la tapadera de la empresa de importación y exportación Import Business Hellermann & Philippi, situada en la calle Avinyó, que jamás llevó a cabo ninguna iniciativa comercial, Hellermann intensificó las siniestras actividades del llamado Servicio de Control Portuario, denominación ambigua que escondía las inconfesables labores de una policía secreta nazi que secuestraba compatriotas o judíos en España y en su caso los juzgaba y asesinaba.

Al mismo tiempo, Hellermann realizó buenos contactos con militares y falangistas españoles (“clientes”, en sus mensajes en clave dirigidos al partido nazi en Alemania) cuya identidad aparece en los documentos desclasificados ahora.



Según una investigación de la OSS estadounidense (la Oficina de Servicios Estratégicos, el precedente de la CIA) elaborada en diciembre de 1945 con datos hallados en Berlín, Hellermann “ayudó a organizar la Gestapo, la Falange y el alzamiento de Franco en España” y fue el hombre de enlace entre el partido nazi en Alemania y los fascistas en España. De este modo, la Barcelona republicana, autonómica y antifascista albergó, sin que nunca llegara a ser descubierto, el centro de agitación pronazi más importante de España .



Tan eficiente se mostró Hellermann en su labor que, en abril de 1936, a tres meses del alzamiento, Eric Schnaus, el agente de la Gestapo enviado a España para tejer la red de centros nazis por todo el país, propuso a Hellermann como su sucesor en el cargo de Landesgruppenleiter o jefe del partido en España. Berlín ratificó el nombramiento, y Hellermann aceptó con entusiasmo.



Con este activo nazi al frente, el golpe contra la República se aceleró. El 24 de abril de 1936, Hans Hellermann viajó urgentemente a Berlín bajo el pretexto de llevar “documentos y sacas oficiales de la embajada”. Una vez en Alemania se entrevistó con Heinrich Himmler, jefe supremo de la policía alemana, de quien recibió instrucciones concretas: ayudar a los militares profascistas a poner fin a la República española.



De vuelta a Barcelona, Hellermann ordenó a los principales jefes nazis de las secciones locales de España que acudieran a visitarle con el fin de transmitirles las órdenes de Berlín. Para ello les envió el siguiente mensaje en clave: “La llegada de la estación de verano representa para usted también el problema de completar sus existencias. El señor Hellermann, que acaba de regresar de un viaje a Alemania, trae ofertas de toda clase, en las que usted seguramente estará interesado. Como sólo tenemos unas cuantas muestras del nuevo surtido de mercancías que representamos en esta agencia, le estaremos muy agradecidos si se sirve venir a visitarnos. En espera de su respuesta, quedamos a su disposición. Con camaradería alemana. ¡Heil Hitler!”.



Como resultado de la invitación, entre el 15 y el 20 de mayo de 1936, Hellermann se reunió con los 32 líderes más importantes de todos los grupos locales nazis de España y les dio las instrucciones que traía de Berlín. Los documentos desclasificados consultados en Holanda, Alemania y Estados Unidos constatan que durante las semanas previas al alzamiento hubo frecuentes encuentros de estos nazis con falangistas y carlistas en varias ciudades españolas. De hecho, consta que dos mil quinientos hombres, perfectamente disciplinados, estaban listos para el día de la rebelión, según se desprende de documentos alemanes procedentes de la falsa empresa de Hellermann en Barcelona que están archivados en Amsterdam.



Existen referencias documentales precisas de que Hans Hellermann contó con la amistad de un ingeniero del Ministerio de Aviación, que le puso en contacto con los jefes militares de la Ciudad Condal. También tuvo la complicidad de otro nazi establecido en Barcelona, Schubert, ingeniero diplomado, jefe del grupo de aviación del Frente del Trabajo Alemán, que impartió cursos a los fascistas españoles.



Pero el contacto clave de Hellermann fue Luis López Varela, capitán de la quinta batería del regimiento de artillería de Montaña n.º 1, con guarnición en Barcelona, cerca del puerto y de la propia empresa de Hellermann. Hombre de confianza del general Mola, Luis López Varela fue uno de los cabecillas de la Unión Militar Española (UME) en Cataluña. La UME era una organización clandestina del ejército creada a principios de 1934 que adquirió mayor fuerza después de las elecciones de febrero de 1936, cuando se enrolaron en ella muchos generales antirrepublicanos como Mola, Franco, Goded o Fanjul. La UME y la Falange planearon posicionarse contra la República y no dudaron en firmar un documento en el que se comprometían a secundar un alzamiento militar.



Si la ayuda alemana durante la guerra sería decisiva en el triunfo final de Franco, cabe recordar que el alzamiento militar fue inicialmente sofocado en Barcelona. En agosto de 1936, Luis López Varela y otros miembros de la UME fueron sometidos a consejo de guerra por rebeldía y fusilados. Hans Hellermann, buscado por las milicias populares y por la policía de la Generalitat, se fue a Alemania, donde fue recibido personalmente por Hitler.

Hitler dio la orden de impulsar el golpe



Si Hans Hellermann auspició el ruido de sables en España desde Barcelona, en el norte de África Franco contó con la colaboración de Johannes Bernhardt, jefe local del partido nazi en Tetuán, que conoció al general en 1935, y de Adolf Langenheim, jefe del partido nazi en Marruecos, también conocido de Franco por las mismas fechas. Ambos consiguieron que un mensaje del general, en el que pedía la ayuda precisa para su guerra contra la República, fuera atendido por Adolf Hitler el 22 de julio de 1936 durante el Festival de Bayreuth en honor de Richard Wagner.



Tras leer el mensaje de Franco y hablar aquel mismo día con los emisarios nazis portadores de la carta, Hitler ordenó en el mismo Bayreuth que se procediera a activar la ayuda logística y militar que precisaba el futuro Caudillo. El mariscal Hermann Göering se encargó personalmente

–hay abundante documentación que así lo prueba– de que se montasen inmediatamente las sociedades mercantiles necesarias para canalizar la ayuda del nazismo a Franco y más tarde ocultar el inmenso aparato de guerra alemán que se desplegaría en España durante la II Guerra Mundial. Además, los aviones que Franco solicitaba para el transporte de tropas partieron de inmediato desde Alemania. Las empresas creadas fueron, primero, la Hispano-Marroquí (Hisma), nombre que se atribuye a Franco, y luego, la Sociedad Financiera Industrial (Sofindus). Según un detallado documento desclasificado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, encontrado en las oficinas de la Auslandsorganisation de Berlín, el 2 de agosto llegó a Sevilla el primer avión de transporte y, en cortos intervalos, 24 aeronaves más, así como el transporte de tropas desde Tetuán a Jerez de la Frontera y Sevilla a través de cuatro vuelos diarios de cada avión, con 25 o 30 soldados completamente equipados por vuelo.



Otro documento nazi, hallado por el FBI al final de la II Guerra Mundial en la sede central de Sofindus en Madrid, confirma que desde el primer momento del alzamiento los alemanes se encargaron de enlazar telefónicamente los centros de mando militar de las fuerzas nacionales, lo que implica una confianza total entre nazis y sublevados.



La documentación guardada en los archivos citados en este reportaje muestra que el apoyo nazi fue determinante para que Franco no viera colapsada su ofensiva y perdiera la guerra ya en septiembre de 1936, según consta en un memorándum secreto alemán de la AO (departamento exterior del partido nazi) archivado en Estados Unidos.


El Magazine ha localizado documentos excepcionales conservados en archivos de Amsterdam y de Estados Unidos que relatan maniobras de los nazis en España para alentar y organizar el golpe de Estado militar de 1936 contra la República
(Magazine Digital, 21-12-2008)

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Aeropuerto de Barajas (Madrid), mayo de 1939


Texto de Eduardo Martín de Pozuelo y Jordi Finestres



Hitler ofreció a Franco toda la ayuda necesaria durante la guerra civil española, pero antes promovió el golpe de Estado contra el gobierno republicano que desembocó en el fratricidio bélico. El hallazgo de documentos desconocidos relativos a las actividades clandestinas del partido nazi en España anteriores a julio de 1936 ofrece una nueva visión del levantamiento militar. Los movimientos conspiradores de los representantes en suelo español del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP), es decir, de los nazis enviados a nuestro país y principalmente de su misterioso y discretísimo jefe en España, Hans Hellermann, demuestran que Berlín estuvo detrás del golpe de Estado contra la II República, un régimen que la Alemania que empezaba a construir el puzzle del III Reich necesitaba destruir. Hitler precisaba una España pronazi y profascista, y las pruebas indican que desde fechas tan tempranas como 1930 se esforzó para que así fuera.



Hans Hellermann, el hombre que canalizaría el impulso nazi a favor del alzamiento, fue un personaje tan oscuro como escurridizo ya que siempre actuó por orden directa de Heinrich Himmler, jefe supremo de la policía alemana, y por lo tanto de Adolf Hitler y a espaldas de la embajada y de los consulados oficiales alemanes. Su biografía y su trayectoria salen a la luz después de la búsqueda y el hallazgo de su Berfonalfragebogen o ficha personal en los archivos nazis de Alemania. Además, un informe confidencial elaborado por los servicios secretos estadounidenses el 29 de diciembre de 1945 con el fin de evaluar la participación de este oscuro ejecutor del III Reich completa el dibujo del hombre que, sin delatarse, extendió el nazismo en España. El Magazine ha localizado estos y otros documentos excepcionales perdidos entre los miles de papeles perfectamente conservados en un archivo de Amsterdam y en otro de Estados Unidos que relatan maniobras desconocidas de los nazis en España los meses previos a la Guerra Civil.



Nacido en 1909 en Schwelm, Westfalia, Hans Willi Hellermann se involucró desde joven en el movimiento nazi. “Se hizo miembro del NSDAP en diciembre de 1929 como socio número 186.721. En 1932 se convirtió en SA.Stabsführer en Schwelm”, es decir, jefe de las fuerzas de asalto paramilitares del partido en su ciudad, según el informe oficial y secreto de Estados Unidos.

Enfrentado a su padre por motivos ideológicos, en diciembre de 1933 viajó a España por orden de Himmler, concretamente a Barcelona.



Soltero, de metro setenta y seis centímetros de estatura y con ojos azules, según se puede leer en su ficha política hallada en Berlín, Hellermann tenía ante sí, a los 26 años, el gran reto de su vida. Desde su cargo de jefe local del partido nazi en Barcelona, bajo la tapadera de la empresa de importación y exportación Import Business Hellermann & Philippi, situada en la calle Avinyó, que jamás llevó a cabo ninguna iniciativa comercial, Hellermann intensificó las siniestras actividades del llamado Servicio de Control Portuario, denominación ambigua que escondía las inconfesables labores de una policía secreta nazi que secuestraba compatriotas o judíos en España y en su caso los juzgaba y asesinaba.

Al mismo tiempo, Hellermann realizó buenos contactos con militares y falangistas españoles (“clientes”, en sus mensajes en clave dirigidos al partido nazi en Alemania) cuya identidad aparece en los documentos desclasificados ahora.



Según una investigación de la OSS estadounidense (la Oficina de Servicios Estratégicos, el precedente de la CIA) elaborada en diciembre de 1945 con datos hallados en Berlín, Hellermann “ayudó a organizar la Gestapo, la Falange y el alzamiento de Franco en España” y fue el hombre de enlace entre el partido nazi en Alemania y los fascistas en España. De este modo, la Barcelona republicana, autonómica y antifascista albergó, sin que nunca llegara a ser descubierto, el centro de agitación pronazi más importante de España .



Tan eficiente se mostró Hellermann en su labor que, en abril de 1936, a tres meses del alzamiento, Eric Schnaus, el agente de la Gestapo enviado a España para tejer la red de centros nazis por todo el país, propuso a Hellermann como su sucesor en el cargo de Landesgruppenleiter o jefe del partido en España. Berlín ratificó el nombramiento, y Hellermann aceptó con entusiasmo.



Con este activo nazi al frente, el golpe contra la República se aceleró. El 24 de abril de 1936, Hans Hellermann viajó urgentemente a Berlín bajo el pretexto de llevar “documentos y sacas oficiales de la embajada”. Una vez en Alemania se entrevistó con Heinrich Himmler, jefe supremo de la policía alemana, de quien recibió instrucciones concretas: ayudar a los militares profascistas a poner fin a la República española.



De vuelta a Barcelona, Hellermann ordenó a los principales jefes nazis de las secciones locales de España que acudieran a visitarle con el fin de transmitirles las órdenes de Berlín. Para ello les envió el siguiente mensaje en clave: “La llegada de la estación de verano representa para usted también el problema de completar sus existencias. El señor Hellermann, que acaba de regresar de un viaje a Alemania, trae ofertas de toda clase, en las que usted seguramente estará interesado. Como sólo tenemos unas cuantas muestras del nuevo surtido de mercancías que representamos en esta agencia, le estaremos muy agradecidos si se sirve venir a visitarnos. En espera de su respuesta, quedamos a su disposición. Con camaradería alemana. ¡Heil Hitler!”.



Como resultado de la invitación, entre el 15 y el 20 de mayo de 1936, Hellermann se reunió con los 32 líderes más importantes de todos los grupos locales nazis de España y les dio las instrucciones que traía de Berlín. Los documentos desclasificados consultados en Holanda, Alemania y Estados Unidos constatan que durante las semanas previas al alzamiento hubo frecuentes encuentros de estos nazis con falangistas y carlistas en varias ciudades españolas. De hecho, consta que dos mil quinientos hombres, perfectamente disciplinados, estaban listos para el día de la rebelión, según se desprende de documentos alemanes procedentes de la falsa empresa de Hellermann en Barcelona que están archivados en Amsterdam.



Existen referencias documentales precisas de que Hans Hellermann contó con la amistad de un ingeniero del Ministerio de Aviación, que le puso en contacto con los jefes militares de la Ciudad Condal. También tuvo la complicidad de otro nazi establecido en Barcelona, Schubert, ingeniero diplomado, jefe del grupo de aviación del Frente del Trabajo Alemán, que impartió cursos a los fascistas españoles.



Pero el contacto clave de Hellermann fue Luis López Varela, capitán de la quinta batería del regimiento de artillería de Montaña n.º 1, con guarnición en Barcelona, cerca del puerto y de la propia empresa de Hellermann. Hombre de confianza del general Mola, Luis López Varela fue uno de los cabecillas de la Unión Militar Española (UME) en Cataluña. La UME era una organización clandestina del ejército creada a principios de 1934 que adquirió mayor fuerza después de las elecciones de febrero de 1936, cuando se enrolaron en ella muchos generales antirrepublicanos como Mola, Franco, Goded o Fanjul. La UME y la Falange planearon posicionarse contra la República y no dudaron en firmar un documento en el que se comprometían a secundar un alzamiento militar.



Si la ayuda alemana durante la guerra sería decisiva en el triunfo final de Franco, cabe recordar que el alzamiento militar fue inicialmente sofocado en Barcelona. En agosto de 1936, Luis López Varela y otros miembros de la UME fueron sometidos a consejo de guerra por rebeldía y fusilados. Hans Hellermann, buscado por las milicias populares y por la policía de la Generalitat, se fue a Alemania, donde fue recibido personalmente por Hitler.

Hitler dio la orden de impulsar el golpe



Si Hans Hellermann auspició el ruido de sables en España desde Barcelona, en el norte de África Franco contó con la colaboración de Johannes Bernhardt, jefe local del partido nazi en Tetuán, que conoció al general en 1935, y de Adolf Langenheim, jefe del partido nazi en Marruecos, también conocido de Franco por las mismas fechas. Ambos consiguieron que un mensaje del general, en el que pedía la ayuda precisa para su guerra contra la República, fuera atendido por Adolf Hitler el 22 de julio de 1936 durante el Festival de Bayreuth en honor de Richard Wagner.



Tras leer el mensaje de Franco y hablar aquel mismo día con los emisarios nazis portadores de la carta, Hitler ordenó en el mismo Bayreuth que se procediera a activar la ayuda logística y militar que precisaba el futuro Caudillo. El mariscal Hermann Göering se encargó personalmente

–hay abundante documentación que así lo prueba– de que se montasen inmediatamente las sociedades mercantiles necesarias para canalizar la ayuda del nazismo a Franco y más tarde ocultar el inmenso aparato de guerra alemán que se desplegaría en España durante la II Guerra Mundial. Además, los aviones que Franco solicitaba para el transporte de tropas partieron de inmediato desde Alemania. Las empresas creadas fueron, primero, la Hispano-Marroquí (Hisma), nombre que se atribuye a Franco, y luego, la Sociedad Financiera Industrial (Sofindus). Según un detallado documento desclasificado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, encontrado en las oficinas de la Auslandsorganisation de Berlín, el 2 de agosto llegó a Sevilla el primer avión de transporte y, en cortos intervalos, 24 aeronaves más, así como el transporte de tropas desde Tetuán a Jerez de la Frontera y Sevilla a través de cuatro vuelos diarios de cada avión, con 25 o 30 soldados completamente equipados por vuelo.



Otro documento nazi, hallado por el FBI al final de la II Guerra Mundial en la sede central de Sofindus en Madrid, confirma que desde el primer momento del alzamiento los alemanes se encargaron de enlazar telefónicamente los centros de mando militar de las fuerzas nacionales, lo que implica una confianza total entre nazis y sublevados.



La documentación guardada en los archivos citados en este reportaje muestra que el apoyo nazi fue determinante para que Franco no viera colapsada su ofensiva y perdiera la guerra ya en septiembre de 1936, según consta en un memorándum secreto alemán de la AO (departamento exterior del partido nazi) archivado en Estados Unidos.