12 de marzo de 2009

Obispos...rostro de cemento armado




Gustavo Vidal

Mientras escribo estas líneas, los obispos se preparan para arrebatar a los españoles un histórico espacio verde.

Con el rechazo indignado de los vecinos, y sin el apoyo de la oposición, el Ayuntamiento de Madrid ha acordado regalar 25.000 metros cuadrados de suelo a la iglesia católica para la construcción de un minivaticano. Así, una de las zonas más bellas de Madrid, Las Vistillas, cambiará su rostro natural por el de cemento armado de los obispos.

E, inevitablemente, surge la pregunta: ¿Por qué no se compran ellos unos terrenos con su dinero y, luego, construyen lo que les apetezca? Muy al contrario, los españoles tendremos que financiar el minué de sotanas y escapularios en pleno centro de la capital.

Esta cesión de suelo al Arzobispado evidencia los privilegios a favor de la iglesia católica por parte de las Administraciones públicas. Y esta cesión de suelo no es única. Como afirmó recientemente Fernando Delgado, Presidente de Europa Laica, “se dan cesiones públicas a mansalva”.

De este modo, la iglesia católica recibe miles de millones en forma de suelo. Esta riqueza, que pertenece a todos los ciudadanos, acaba en el bolsillo de quienes se han opuesto rabiosamente a la ley del divorcio, la del aborto, la ampliación del matrimonio a otros colectivos, la investigación con células embrionarias, la muerte digna, la educación para la ciudadanía…

Sí, millones de euros en forma de suelo son regalados a quienes lucharon para que un matrimonio que no se soporta tuviera que resignarse a la infelicidad.

Sí, millones de euros en forma de suelo son regalados a quienes conspiran en sacristías y despachos contra la investigación con células embrionarias que pueden curar enfermedades como el temible Parkinson, la diabetes, procesos degenerativos, coronarios, medulares (paralíticos, tetrapléjicos, etc.).

Si, millones de euros en forma de suelo son regalados a quienes, durante siglos, impusieron sus criterios en las aulas y adoctrinaron a niños y niñas.
Hoy los católicos siguen gozando de toda libertad y posibilidades para que sus hijos reciban lecciones de religión católica. Y, a pesar de esto, los obispos braman para que no se imparta una enseñanza no confesional, abierta a los valores constitucionales.

Tristemente conocida es su oposición a Educación para la ciudadanía que, lejos de adoctrinar o imponer, busca formar ciudadanos libres, tolerantes y de criterio abierto.

Y esto, precisamente esto, es lo que ellos temen.

Acostumbrados durante siglos a imponer sus dogmas, rabian como lobos hambrientos ante cualquier hilacho de librepensamiento. Tienen la guerra perdida. Y lo saben. Pero no porque un Gobierno lo ordene, sino por la evolución de la conciencia social.

Lo anterior los impele a dar coletazos de rabia. Desgraciadamente, en sus coletazos de rabia rebañan millones de euros que pertenecen al conjunto de los ciudadanos. Millones de euros que podrían emplearse en guarderías, colegios, pensiones, instalaciones deportivas y recreativas, locales para la juventud… en su lugar, si nadie lo remedia, contemplaremos un minivaticano y un desfile multicolor de mitras y sotanas por el centro de Madrid.