30 de junio de 2009

Polonia borra la memoria de las Brigadas Internacionales




(Colpisa, 27-06-2009)


Un colectivo denuncia la destrucción en Poznan del monumento al general Walter, que luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil española

Las huellas de la Guerra Civil española en Polonia desaparecen poco a poco porque la inmensa mayoría de los refugiados españoles que escogieron Polonia para escapar de la represión franquista, así como los polacos que lucharon como miembros de las Brigadas Internacionales en el bando republicano, han fallecido. Pero también porque ni las autoridades polacas ni las españolas han puesto interés alguno por mantener encendida la memoria de quienes lucharon contra los sublevados del 18 de Julio de 1936.

El anterior gobierno ultraconservador de Jaroslaw Kaczynski llevó a cabo una auténtica caza de brujas contra el reducido grupo de brigadistas internacionales polacos que aún vivía. Tras las elecciones de 2007, la situación no ha variado, y muchos sectores sociales y políticos polacos ven en los brigadistas un símbolo del poder comunista que durante más de 40 años sometió al país.

Símbolos de la Guerra Civil española como las Brigadas Internacionales o el exilio republicano apenas existen ya. Edward Skrzypczak, portavoz del Movimiento Civil para la Protección del Patrimonio de la Izquierda y de los Monumentos en la región de Wielkopolska, se reunió hace unos días con representantes de la Embajada de España en Varsovia para informar de la destrucción en Poznan del monumento al general Karol Swierczewski, conocido como Walter, que entre 1936 y 1938 participó en la Guerra Civil española como miembro de las Brigadas Internacionales.



Militar comunista

El monumento al general Walter, amigo del escritor estadounidense Ernest Hemingway, fue realizado por la escultora Anna Krzymanska y tenía un “alto valor histórico y artístico”, según Skrzypczak. El pasado 25 de abril fue el escenario de un acto de homenaje al militar, en el que se leyó una carta de apoyo del vicepresidente del Parlamento europeo, el socialista español Miguel Ángel Martínez.

Pero no hubo manera. Hace unos días, las máquinas excavadoras acabaron con el monumento. En palabras de Skrzypczak, su destrucción es “un error” y un “acto de barbarie”, y demuestra “la falta de sensibilidad de las autoridades polacas y el escaso respeto por el pasado”.

Karol Swierczewski nació en el seno de una familia de artesanos en la Varsovia de 1897, bajo dominación rusa. Durante la Primera Guerra Mundial, Walter, con sólo 18 años, fue evacuado a Rusia, donde se unió a los bolcheviques que en 1917 tomaron el poder en Moscú. Después ingresó en el Ejército Rojo. Durante la Guerra Civil española se hizo cargo de distintos órganos dirigentes de las Brigadas Internacionales y a finales de diciembre de 1936 mandó la XIV Brigada Internacional La Marsellesa (franceses y belgas).

Participó, junto a la XIII Brigada Dombrowski (polacos y húngaros), en operaciones militares en Andalucía y el 15 de febrero de 1937, en plena batalla del Jarama, le fue entregado el mando de una importante división. Ascendió en el organigrama de las Brigadas Internacionales y participó en batallas como las de Brunete, Belchite y Teruel.

Tras su salida de España, Walter, que estaba en posesión de la más alta condecoración de la II República española, la Placa Laureada de Madrid, desempeñó diversas responsabilidades militares. Murió en marzo de 1947 en una emboscada llevada a cabo por el Ejército Insurgente Ucraniano, integrado por nacionalistas de la minoría ucraniana en Polonia.

Fue declarado Héroe de Polonia y su imagen aparecería en billetes y monedas de dicho país. La XIII Brigada Internacional Dombrowski, que se organizó en diciembre de 1936 en los pueblos de Tarazona de la Mancha, Mahora, Villanueva de la Jara y Quintanar del Rey con los batallones ‘Louise Michel’, ‘Tchapaiev’, ‘Henri Vuillemin’ y una compañía balcánica, desempeñó un papel muy importante en el frente de Aragón, Extremadura y Andalucía y resistió con entereza a los ataques de los sublevados franquistas, a pesar de sufrir mucha bajas.