25 de agosto de 2009

Adivina, adivinanza: es española, no es ciega y no tiene balanza





Carlos Tena




inSurGente 25 de Agosto de 2009


Se intuía desde hace lustros, pero si alguien dudaba de que la ideología que prima en este país, paraíso, entre otras delicias, del odio, la incultura, la venganza, la corrupción y la cobardía uniformada, es el franquismo más rastrero, también queda patente que la justicia no descansa ya en los códigos, sino en la peculiar forma con la que los jueces interpretan los aberrantes artículos que en ellos aparecen, porque así lo aprobaron las Cortes del Caudillo, o sea del Borbón.

En pleno siglo XXI, la Audiencia Nacional (Tribunal de Orden Público) o el Tribunal Supremo (en el Constitucional aún queda un gramo de deontología), son copias, calcos idénticos a la misma tropelía con la que el régimen anterior castigó a los demócratas, por lo que no resulta descabellado afirmar que, dado que la carrera judicial en España, como la militar, acostumbra a ser nido de castas y linajes de raigambre conservadora (de conservar privilegios, se entiende), la injusticia se reparte desproporcionadamente contra los enemigos de este nuevo Orden Mundial, pero resulta un bálsamo para quienes aún exhiben, pública e impúdicamente, fotos de Franco.

Veamos algún otro ejemplo. Las autoridades judiciales persiguen a los miembros de organizaciones antifascistas, a los propios colectivos, pero no a aquellos que proclaman su fidelidad a ideologías totalitarias; prohíben manifestaciones donde se clama por la independencia, consultas sobre la autodeterminación (para el Borbón, preguntar esas cosas al pueblo es delito), y todo ello no porque la legislación lo decrete (la libertad de expresión es un derecho inalienable), sino porque el poder político así lo ordena desde La Zarzuela (violentando la voluntad de los escasos jueces honestos, que se juegan el cargo), dejando al desnudo la total sumisión a su majestad de la Dama de la Balanza y la Venda sobre los ojos. Nada más plausible que la definición patentada por el alcalde de Puerto Real, acerca de ese ciudadano, en unas memorables declaraciones. Las autoridades judiciales, además, suspenden conciertos, recitales y fiestas populares, porque se exhiben carteles que llevan el nombre y rostro de reclusos, concediendo permiso a los uniformados para masacrar de forma intolerable e indiscriminada a la población, como en Gernika hace unos días.


Pero esos mismos jueces, sin ningún sentido del recato y la honestidad, ciscándose en los códigos que guardan en sus librerías, en los derechos humanos y en la propia Constitución, autorizan las exhibiciones de Falange Española, en cuyo seno existen sicarios y bandoleros de todo pelaje, además de decenas de procesados por todo tipo de delitos: homicidio, robo, tráfico de drogas, de armas, agresiones, vandalismo y otras lindezas. El noble pueblo catalán tendrá que tragarse la parada de los nazis, que desfilarán contra el Estatut catalán, sin que los Mossos d’Esquadra (algunos de ellos tan fanáticos como quienes enarbolan los símbolos siniestros de aquella dictadura) hagan otra cosa que pedirles, con una sonrisa y una palmadita en la espalda, que no armen mucha bronca, o si agreden a algún transeúnte, que sea a un adulto entre 21 y 70 años. Del resto, o sea de las mujeres y los niños se ocupan sus colegas de la policía autonómica vasca, que son capaces, rompiendo el récord Guinnes de la miseria moral, de soltarle un culatazo en pleno rostro a un ciudadano de 72 años, amén de detener a adolescentes de 13 años y molerlos a golpes, porque estaba en posesión de algunas fotos de presos.



Rudolf Ares, Consejero de Palizas y Agresiones del gobierno vasco, precisa, como muchos de los miembros de su mesnada rojinegra, unos cuantos psicólogos que intenten encontrar la solución a esa espiral esquizoide, donde rebuznan encantados mentes prodigiosas como la suya, o la de Patxi López, aberración política del siglo XXI, sólo superado por Carlos Iturgaiz. Claro que lo más doloroso, aunque no extraño en los tiempos asesinos que vivimos, es la venia y bendición de este tipo de vapuleos indiscriminados, por parte de determinados submarinos socialistas introducidos en el seno de Ezker Batua, ya que no hace muchos días esa formación minúscula condenaba las amenazas a la txupinera de la Aste Nagusia, en Bilbo, o emplazaba al ejecutivo vasco a que argumentara la más reciente prohibición, que impidió que la izquierda independentista pudiera manifestarse, solicitando algo tan sano como el derecho de autodeterminación. Por desgracia, la real politik que practica la familia Madrazo, camina entre la tímida protesta y la comprensión más rastrera por los vetos, las pelotas de goma, la sangre y la intimidación a la ciudadanía, que practican los valientes descerebrados de la Ertzaintza. Hay una frase de John Lennon que les viene como caída del cielo: “Se ocultan para hacer el amor, se esconden con vergüenza para recibir cariño, pero exhiben su rabia y su violencia a plena luz del día”.



Como digo al comienzo de este breve escrito, si la obediencia al Rey Borbón-Franco estaba ya clara, ahora se nos muestra en todo su esplendor: la política del palo y el veto, el bate y la porra, siguen aplicándose para superar al miserable general, persiguiendo a quienes denuncian la deshonra de esa España que se ríe de los verdaderos demócratas. El nuevo Caudillo manipula la justicia, la prensa, el ejército; su cobardía y ruindad imperan sobre esta lamentable España, que impone a golpes una más que artificial unidad. Mientras la violencia doméstica preocupa y llena la programación de las TV del mundo, la que los cuerpos de policía municipales, nacionales y autonómicos se esconde, se hurta a la población, se disculpa, se jalea a quienes descargan porrazos, se condena a las víctimas.



Esa lamentable España, que es grande sólo para el abuso, el crimen y la estupidez. Esa España que no será jamás libre hasta que el franquismo y su rey sean desterrados definitivamente. Esa España a la que apasionadamente mandó a la mierda un ciudadano tan brillante, honesto y valiente como fue Pepe Rubianes. Esa España en la que más del 35% de quienes declaran impuestos (casi seis millones de personas), defiende, aconseja y practica el fraude fiscal. Tal vez sea la única forma que tiene el pueblo para protestar por los abusos.



La otra España, la que algunos sueñan, se avergonzaría de su pasado reciente, pediría perdón por los crímenes cometidos, tendería la mano a los opositores, enviaría a prisión a jueces como el que ha autorizado el desfile del virulento rebaño falangista, preguntaría a los pueblos para que ellos decidieran su futuro, se vincularía políticamente al resultado de esas consultas, colocaría el libro de la asignatura Educación para la Ciudadanía en todos los colegios, escuelas, universidades, ayuntamientos y centros culturales del territorio que así lo quisieran, no financiaría a la multinacional Conferencia Episcopal S.A., entregaría medios de comunicación de titularidad pública a todos los colectivos ciudadanos, de todas las tendencias políticas, desterrando el odio y la furia, convirtiéndose al fin en un país para todos, diverso, plural, pacífico, verdaderamente libre, independiente y respetado. No es así, por desgracia.



Y ya que el poder judicial hiede a franquismo, aliento a esos profesionales del mazo y la toga, a los que ocultan su veneración por la prisión, a quienes se ríen del habeas corpus, a los que niegan los malos tratos y bestialidades que se comenten en comisarías y cuartelillos, denunciadas desde 2004 por el jurista Theo van Boven, Relator de Naciones Unidas para la prevención contra la tortura (existen informes de la ONU donde se dice que en España se tortura de forma más que esporádica), a los que conspiran en los pasillos de las audiencias y juzgados para encarcelar las ideas, les animo, digo, a que repasen la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, para darse cuenta de las aberraciones profesionales que están cometiendo en nombre de una dama, con una venda sobre los ojos y una balanza en la mano. Pero a la española, la han despojado de ambas.