26 de agosto de 2009

El problema no es Dios sino la Iglesia








El Imperio se expande con la ayuda de la Iglesia Católica Romana.
Dios será lo que será según cada cual crea, piense o sienta a lo largo de su vida, pero la Iglesia Católica Romana no ofrece lugar a dudas. Es un organismo allegado al poder que nació del trasvase de las primigenias creencias cristianas a una religión gestada según las conveniencias del Imperio Romano. Y ahí ha seguido siempre más, al servicio de los emperadores, los reyes y las gentes poderosas que en todos los tiempos han ocupado la cumbre de la pirámide social.

Por si alguien no lo tenía suficientemente claro, no paran de darse día a día sucesos en los que la vergüenza cae sobre esa internacional del pensamiento único religioso que con sede en el Vaticano actúa en todo el mundo a través de sus embajadas y su bien organizada red de servidores y voluntariado diversos. El último de estos acontecimientos es la reciente declaración del cardenal Jorge Urosa Sabino, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, que a propósito de la nueva Ley Orgánica de Educación surgida en Venezuela el pasado 15 de agosto, con tono melodramático afirma que «Dios se fue de la escuela». Pues no, que no se confunda su eminencia, que Dios no se va a ir de parte alguna. Quienes se van a ir de la escuela son los clérigos y su equipo de difusión de su doctrina católica clasista y antidemocrática.

La actuación de la derecha católica venezolana con su máxima autoridad al frente no deja lugar a muchas dudas referente a de qué parte está la Iglesia Católica Romana. Resonaban todavía en el aire las ignominiosas declaraciones del cardenal Oscar Rodríguez Madariaga en favor de los golpistas hondureños, las cuales nos trajeron a la memoria las ya lejanas actuaciones de tantos ilustres prelados en América Latina y tantas otras partes del mundo donde a punta de bala los ejércitos se habían adueñado del poder para proteger a las clases sociales más privilegiadas y someter a la población pobre rebelde. Estas recientes actuaciones de la jerarquía católica en Honduras y Venezuela no dejan duda alguna de que el Vaticano sigue alineado al lado de la máxima potencia mundial los EE.UU. de América del Norte, como bien sentado lo dejó Su Santidad Juan Pablo II.

Hogaño como antaño el Imperio se expande con la ayuda de la Iglesia Católica Romana. Que nadie me salga con el cuento de que no es la Iglesia sino la jerarquía eclesiástica, porque le responderé que ésta nada puede sin toda la población católica que le da soporte. «Iglesia somos todos» suelen decir las buenas gentes interponiéndose como escudos humanos para defender a su Santa Madre Iglesia cuando sienten que se la acusa. Pues sí, razón tienen; Iglesia son también ustedes y tan culpables por tanto como los de más arriba, ya que sin su incondicional apoyo esos hombres ambiciosos, cuyo discurso falaz cala en tantas pobres mentes en todo el mundo, no tendrían ningún poder.

No es Dios ni el cielo lo que les mueve a ellos y a quienes les dan apoyo, sino su afán de privilegio social y de dominio de su identidad religiosa sobre las demás. El Dios del Jesús de los evangelios y el que la misma Iglesia Católica predica, no necesita de militares golpistas, ni de gobiernos de derechas. Quienes de todo eso necesitan son los ricos del mundo, los que establecen las normas sociales y con todos los medios a su alcance las imponen sobre los demás. Esos sí que necesitan llevar a cabo acciones políticas y militares y campañas catequéticas a lo largo y ancho del planeta Tierra.

Señoras y señores de la derecha católica, dejen ya de una vez por siempre de sembrar esa semilla de discordia y agresión que tanto tiempo llevan cultivando. Deténganse a pensar un poco desde una perspectiva ética y humana. Acallen su ambición y contemplen el sufrimiento que esa doctrina imperialista ha esparcido por todo el mundo y sigue esparciendo. Y si algún ápice de compasión les queda dentro del alma, plantéense si deben seguir dándole soporte.

Atrévanse a cuestionar a sus “pastores” eclesiásticos y su endiablada actividad política. Y si alguna duda les queda acerca de su bondad, echen mano de la Biblia y vean que dice: «por sus hechos los conoceréis». Pues ahí están los hechos. Saquen sus conclusiones.

Pep Castello para Kaosenlared