8 de agosto de 2009

"JOSÉ OTANO, CURA DE LERGA FUSILADO POR FRANCO"




Xabier Lasa, Jesús Txasko y Patxi Zabaleta (Aralar)



Hace unas semanas se celebró en la catedral nueva de Vitoria-Gasteiz un funeral en memoria de los doce sacerdotes vascos fusilados por los franquistas. Acudieron, además de muchos familiares, amigos y personas preocupadas por la memoria histórica, los obispos de Donostia, Bilbao y Gasteiz. Uno de los doce sacerdotes vascos fusilados fue don José Otano Mikeliz, nacido en Lerga, el 30 de marzo de 1898, el cual pertenecía a la congregación de los corazonistas. Sirvan estas líneas para su memoria y reconocimiento desde su Navarra natal.
El acto religioso de Vitoria-Gasteiz no tuvo otro carácter que el de la reivindicación de la memoria. Ninguna petición de venganza, ninguna reclamación de justicia, ninguna palabra de odio y ninguna petición de reparación. Memoria y reconocimiento para la conciliación. Por ello no podemos marginar en el olvido al entrañable navarro que fue José Otano Mikeliz, un hombre brillante en sus estudios y de gran capacidad oratoria, además de fino músico.

Se conservan numerosas piezas, tanto compuestas, como armonizadas o recopiladas por él, a pesar de haber sido fusilado a los 38 años. Había aprendido perfectamente el euskara, además del francés y otras lenguas. Defendía con entusiasmo la utilización de la lengua, que habiendo sido la de sus antepasados la había hecho propia; hasta el extremo de que la mayoría de las letras de sus composiciones están en euskara.

Según su biografía pudo haberse marchado de Donostia, donde residía cuando fue tomada por los sublevados, tal como le aconsejaron, pero prefirió quedarse, alegando que él no había hecho mal a nadie. Fue apresado en el propio convento en el que residía el 12 de octubre de 1936, llevado a la cárcel de Ondarreta y conducido al paredón junto al cementerio de Hernani el 23 de octubre de 1936.

Aunque no fue juzgado y por lo tanto no se le dio el derecho a defenderse y ni siquiera a ser oído, se les permitió al grupo que iba a ser fusilado el poderse confesar y comulgar antes de la descarga mortal. José Otano Mikeliz supo perfectamente quién le había delatado, el cual obviamente no le era extraño ni lejano. Uno de los pocos encargos y mensajes, que dejó a través del confesor, fue precisamente que le perdonaba a su delator .