2 de noviembre de 2009

El PSOE rectifica: Juan Negrín y Julia Álvarez vuelven a sus filas





LA emoción y los nervios se vivían por igual el pasado 24 de octubre en lo que los socialistas denominan la planta noble de la sede socialista de Ferraz. Quienes allí esperaban sabían de la importancia simbólica del momento, la reintegración de 36 militantes a las filas del PSOE. No era sólo devolver un carnet de una militancia arrebatada en 1946 como consecuencia de los cismas fratricidas del PSOE de postguerra, era, como destacó el responsable de la Fundación Pablo Iglesias, Alfonso Guerra, "rectificar un error y asumir una injusticia" que había dejado marginada de la memoria socialista y de la historia a 36 personas durante 63 años que dejaron su vida luchando por un ideal y que habían sido desbancados por las luchas intestinas propiciadas por Indalecio Prieto.

Entre ellas se encontraba la navarra Julia Álvarez Resano, primera mujer en la historia española en ser gobernadora civil, cuyo olvido fue tal que en 1982 el PSOE de Felipe González se lanzó a anunciar que Rosa de Lima Manzano era la primera mujer gobernadora. No sólo no se acordaron de Álvarez Resano, tampoco de Carmen Caamaño, posterior a ella y que ocupó ese cargo en los últimos días de la Guerra Civil.


Entre todos los familiares que esperaban la llegada de Alfonso Guerra y de la secretaria general Leire Pajín se mascullaba una pregunta interior que acabó saliendo al exterior. El PSOE los readmitía, sí, pero "¿querrían estos 36 militantes, encabezados por su cabeza más visible el catedrático Juan Negrín, reintegrarse en el PSOE?" La duda era más que evidente. Después de 63 años, la nieta del que fuera último presidente del gobierno de la Segunda República, Carmen Negrín, tenía sus dudas y en el discurso preparado, pero que cambió a última hora, recordaba que "hasta hace muy poco el único retrato de presidente socialista que no estaba en el número 70 de Ferraz era el de mi abuelo".

Las heridas se cierran, pero no es demasiado lo que ha hecho el PSOE por sus militantes fusilados extraviados y por los exiliados que no siguieron al grupo mayoritario de Prieto. Pese a que Pajín anunció el 24 de octubre pasado que "seguiremos apoyando a quienes quieren rescatar la verdad y buscar en las cunetas a quienes fueron fusilados injustamente", no parece que esta formación haya dado muchos pasos en España, y menos en Navarra, en esta dirección, pese a que son sus militantes.

La recuperación de estos 36 personas se ha gestado gracias a una apuesta de los socialistas canarios que aprobada en 2008.

MIRADA ATRÁS

Historia de una expulsión

El 23 de abril de 1946 el periódico El Socialista anunciaba la expulsión de los 36 militantes a quienes se les acusaba de haberse vendido al comunismo, al tratar de mantener en el exilio la unión de la República, y añadía, a modo de epitafio, que "nosotros no tenemos ninguna relación con esos ex compañeros, a quienes consideramos como tránsfugas. Esperamos que cuando vuelvan a España no podrán seguir exhibiendo el carnet del partido: o porque no intenten volver a nuestras filas o porque se les expulse públicamente".

En la exposición de motivos de los socialistas canarios se señalaba que "la dirección del PSOE tomó la dirección de separar o expulsar a 36 militantes, entre ellos el jefe del Gobierno de la II República, ministros, diputados nacionales y militantes destacados, decisión fundada en cuestionables y equívocas causas relacionadas con posicionamientos políticos y disciplina de afiliados".

Todos los expulsados, y entre ellos la villafranquesa Julia Álvarez (1903-1948), eran acérrimos defensores de Juan Negrín y, como tales, su destino histórico siguió los pasos del político canario: El descrédito y el olvido, propiciado tanto por la derecha como por sus ex compañeros. El enfrentamiento entre negrinistas y prietistas partía de muchos años atrás, de los últimos días de la Guerra Civil. A finales de marzo, el coronel Casado dio un golpe de Estado a la República en el Madrid sitiado y lo entregó haciendo caso omiso de las órdenes de Negrín, presidente del Gobierno. A partir de ese momento Negrín fue completamente marginado en el PSOE, al que acusaban de "haberse vendido a Stalin" y eso haber propiciado el final de la guerra por la falta de apoyo de otras potencias. Han tenido que pasar 60 años para que los historiadores anulen esta teoría.

La maestra y abogada navarra seguía ejerciendo sus funciones en como diputada en el exilio. Así, el 26 de julio de 1939 vio cómo todo su partido (menos Ramón Lamoneda) votaba en contra de Negrín que pedía a Indalecio Prieto que devolviera 160 maletas y dos baúles repletos de joyas y otros bienes (que se estimaba tenían un valor de 40 millones de dólares de la época) de los que se había apoderado en México (en el yate Vita) y que pertenecían al patrimonio nacional de la Segunda República. Prieto negaba a Negrín su representatividad y quería entregar el dinero a la Diputación Permanente del Congreso en el exilio (unos 20 miembros entre los que estaba Álvarez) porque se sentía "en libertad de proclamar en público mi discrepancia con Negrín, para quedar desligado de una política que agigantó siniestramente las proporciones del desastre y amenaza hundirnos a todos en la ignominia". Era el 12 de abril de 1939.

El cisma fue creciendo y un Negrín destituido fue relevado por Giral. Ante la falta de fondos para ayudar a los exiliados (había desaparecido para este sector del partido el dinero de la República) Julia Álvarez que coordinaba esta comisión se vio relegada de la política y centró sus esfuerzos en la lucha contra los nazis (vivía en Toulousse) y en la creación de una unidad de acción con el PCE (tratando de recuperar el Frente Popular de 1936). Los prietistas veían en estos intentos más la creación de un "frente comunista" que una "unidad nacional". En ese ambiente se preparó, el 24 de septiembre de 1944, el I Congreso del PSOE en el exilio para el que se hizo un llamamiento a la reagrupación de todos los que tenían un sentimiento anticomunista. Al congreso asistieron delegaciones de 35 departamentos franceses que suponía la presencia de 500 delegados que representaban a más de 5.000 afiliados residentes en Francia, sin embargo, a importantes militantes como Julia Álvarez, Ramón Lamoneda o Negrín se les prohibió la entrada al congreso e incluso se les expulsó sin escucharles.

El cisma se había consumado y sólo había que esperar que el sector vencedor, el de Indalecio Prieto, consumara la ruptura. El 23 de abril de 1946 El Socialista (dirigido hasta 1945 por Julia Álvarez) anunció lo evidente, la expulsión de quienes aún defendían la legitimidad del gobierno de Juan Negrín.

El pasado 24 de octubre, mientras todos los familiares repasaban esos cinco años de historia una y otra vez en sus mentes, a la espera de la llegada de los altos cargos del PSOE actual, la respuesta a la duda que se les había planteado se hizo evidente, "en el fondo da igual si lo hubieran querido recibir o no, lo importante para nosotros es que, al menos hoy, se habla de ellos, se recupera su memoria histórica y se eliminan tantas mentiras".


Fermin Pérez Nievas en
Diario de Noticias del día 2