10 de enero de 2009

La agresión de Israel a Palestina: un análisis materialista histórico



La agresión de Israel a Palestina: un análisis materialista histórico

Fabián Harare *Historiador, investigador del CEICS y docente de la Universidad de Buenos Aires.


El "problema palestino" es consecuencia del desarrollo del capitalismo en la región. Y la solución que se pretende es siempre la misma: eliminar lo que sobra

A comienzos del siglo XX, Palestina conformaba una economía sobre la base de pequeños productores rurales. Entre 1948 y 1967, el Estado de Israel produjo un violento desalojo de la población rural originaria, que fue expulsada hacia tierras marginales (Gaza y Cisjordania). Aquellos que sabían cultivar sus tierras se vieron sin medios para producir, sin su casa y en la necesidad de trabajar para otros. Es decir, una parte importante de propietarios palestinos fueron convertidos, por la fuerza, en obreros. De un lado, el capital concentró tierra y recursos. Del otro, una inmensa masa de población sin qué vivir: los migrantes judíos y los refugiados árabes.

Los “nuevos” trabajadores tuvieron que emplearse en establecimientos palestinos, jordanos e israelíes. En 1967, Israel conquistó las tierras palestinas y la casi exclusividad de su mano de obra. Sin embargo, no parecía prudente incorporar 4 millones de pobres a un Estado que los había expropiado recientemente. Además, Israel es un Estado confesional. Por lo tanto, no podía aceptar una mayoría “hereje”. Lo que se resolvió es que los espacios fueran “ocupados”, pero no “anexados”. Los palestinos fueron considerados “habitantes”, pero no “ciudadanos”. Se dividió, entonces, a la clase obrera israelí: trabajadores ciudadanos y sindicalizados, frente a una mayoría con salarios miserables y sin derecho social ni político alguno. Éstos debían cruzar la frontera todos los días, para ir a sus lugares de trabajo. Cisjordania y Gaza se convirtieron en un reservorio de mano de obra barata que podía ser “precintada” geográficamente, en caso de ser necesario. El drama palestino es, por lo tanto, una consecuencia de la expropiación (expulsión de tierras) y proletarización (convertirse en obrero) que se desata en Israel luego de 1948 y que permite la expansión de relaciones capitalistas en la región. Esto, bajo el velo de una diferencia religiosa, que es real, pero que no explica el problema: trabajadores musulmanes, cristianos y drusos sí tienen ciudadanía israelí, mientras los palestinos de la Jordania musulmana son segregados.

En la década del ’90, tanto el desarrollo tecnológico como la concentración de empresas produjeron una menor necesidad de brazos. Asimismo, Israel comenzó a recibir inmigrantes de Europa Oriental, que trabajaban en las mismas condiciones que los palestinos. Por lo tanto, éstos se convirtieron en población “sobrante”. Hoy son sólo una fuente de conflicto. Gente que se no se resigna a morir de hambre. El “problema palestino” es, entonces, consecuencia del desarrollo del capitalismo en la región. Y la solución que se pretende es siempre la misma: eliminar lo que sobra (¿no se hizo aquí lo mismo con los indígenas?). No es un problema cultural, ni religioso. Nunca lo fue. No hay que expulsar a judíos ni a árabes. Tan sólo hay que dar con el verdadero culpable, que suele ocultarse tras diferentes máscara

APOSTASIA: ¿ COMO APOSTAR?



¿Cómo apostatar?
Para apostatar, primero hay que solicitar a la Iglesia Católica que suprima nuestros datos personales de todos sus registros, puesto que revocamos el consentimiento a que posea dichos datos personales (este procedimiento, según la Ley Orgánica de Protección de Datos, recibe el nombre de "ejercicio del derecho de cancelación"). Para ello, hay que realizar dos procedimientos paralelos y casi idénticos: uno en relación con la(s) parroquia(s) donde se recibió el bautismo y/o la confirmación y/o el matrimonio, y otro en relación con el obispado/arzobispado al cual pertenece dicha parroquia. La razón de esto es que jurídicamente la parroquia y el obispado/arzobispado son entidades independientes y ambas poseen datos personales nuestros. [Nota: Tenemos constancia de que en la mayoría de los casos es suficiente con enviar la carta sólo al obispado/arzobispado]

Por tanto, en primer lugar hay que dirigir dos cartas solicitando que supriman nuestros datos personales de todos sus registros:

una a la parroquia donde se recibió el bautismo y/o la confirmación y/o el matrimonio, pues es ésta la que posee los libros parroquiales (es decir los Libros de Bautismos, Confirmaciones, Matrimonios y Defunciones). Existe un modelo de carta de "Ejercicio del derecho de cancelación (dirigido a la parroquia)".

y otra al obispado/arzobispado al cual pertenece dicha parroquia, pues es éste quien posee, en su Archivo Histórico Diocesano, una copia de los libros parroquiales de todas sus parroquias. Existe un modelo de carta de "Ejercicio del derecho de cancelación (dirigido al obispado/arzobispado)".

Una vez enviadas dichas cartas, caben varias posibilidades:

Aceptan nuestra solicitud y acceden a suprimir nuestros datos. En este caso, finaliza así nuestro proceso de apostasía.

Se niegan a suprimir nuestros datos. En este caso cabe cursar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos.

Ponen alguna traba para suprimir nuestros datos. En este caso también cabe cursar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos.

Pasan más de 10 días sin que recibamos respuesta alguna. También cabe cursar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos en este caso.

Por tanto, si se niegan a suprimir nuestros datos, nos ponen alguna traba o pasan más de 10 días sin que nos contesten, entonces habrá que rellenar el modelo de carta de "Reclamación de tutela del derecho de cancelación" y enviarlo mediante correo certificado a la Dirección de la Agencia. Cabe señalar que esta reclamación debe ser cursada independientemente tanto contra la parroquia como contra el obispado/arzobispado.

Será entonces la Agencia Española de Protección de Datos la que inicie un procedimiento de tutela de derechos y finalmente obligue a la Iglesia Católica a suprimir nuestros datos personales. Aquí conviene señalar que hasta la fecha, la Agencia Española de Protección de Datos ha estimado todas las denuncias (dando la razón a las personas que quieren apostatar), pero simplemente ha obligado a la Iglesia Católica a aceptar la declaración de apostasía, mediante la pertinente anotación en el libro de bautismo y la correspondiente certificación de la misma. Sin embargo, estamos trabajando en los tribunales para que se obligue a la Iglesia Católica a suprimir íntegramente nuestros datos personales. Para una información complerta ir a la página web siguiente .
http://www.apostasia.es/