28 de enero de 2009

PERSONAJES REPUBLICANOS. JUAN MODESTO GUILLOTO LEÓN (1906-1969)



Hijo de un arrumbador. Su vertiginoso ascenso dentro de la milicia y el Ejército Popular, hasta alcanzar el grado de general, se explican por las propias circunstancias de la guerra civil, sus méritos personales y el apoyo que el Partido Comunista le brindó. Influenciado por los sucesos y las ideas de la Revolución de Octubre en Rusia se afilió al Partido Comunista. Al estallar la guerra civil, Modesto, disciplinado, con buena formación y cierta experiencia militar, fue uno de los primeros comandantes del famoso 5º Regimiento. En un principio mandó dos compañías del batallón Thaelmann. En Guadarrama y en el Tajo se distinguió como jefe enérgico y eficaz. En 1937 Miaja le puso al frente de la 4ª División del Cuerpo de Ejército de Madrid. Tras su participación en las batallas del Jarama y Guadalajara fue ascendido a teniente coronel y nombrado jefe del 5º Cuerpo de Ejército. Participó en las batallas de Brunete, Belchite y Teruel y en 1938 fue nombrado jefe del Ejército del Ebro. En Cataluña se batió en retirada al frente de sus tropas maltrechas y con ellas cruzó la frontera francesa en febrero de 1939. A pesar de ver perdida la guerra regresó a la zona republicana. Ascendido a general por Negrín, en los últimos días de la guerra huyó en avión de España. Exiliado en la URSS, el gobierno soviético le reconoció su grado militar y durante la segunda guerra mundial perteneció al ejército rojo y al búlgaro. Murió en Praga en 1969.

Obama, o al cojo se le ve cuando camina




Es peligroso confundir a Barack H. Obama, el personaje político del establishment estadunidense, con el movimiento social de protesta aún informe y desorganizado que se opuso a Bush e impuso al desconocido Obama, primero como candidato presidencial –venciendo a los elefantes blancos conocidos y conservadores del Partido Demócrata que apoyaban a Hillary Clinton bajo la dirección del marido de ésta–, y después como encargado de barrer al desprestigiado y odiado Bush.

El primero es un político segundón, sin experiencia ni mucha claridad (votó contra la guerra en Irak diciendo "no me opongo a la guerra, sino a guerras estúpidas") y despierta si no las esperanzas, al menos las expectativas de los grandes capitalistas. Éstos, en efecto, desean que siga alimentando con fondos de los contribuyentes las arcas de los grandes bancos y de las grandes empresas que ellos mismos vaciaron por "codicia e irresponsabilidad", como dijo Obama, pero sobre todo porque en eso consiste el capitalismo, que no es otra cosa que la búsqueda desesperada de la ganancia a cualquier precio, explotando, colonizando, matando, sin ética ni norma moral alguna. Hay que decir a este respecto que el gran capital no está muy contento con Obama a pesar de su evidente continuismo con las políticas esenciales de Bush y de su carácter conservador y, en el día de la asunción del mando y tras su discurso, votó a su manera haciendo caer todas las bolsas del mundo…

El segundo (el hombre que la ola de protesta llevó a la Casa Blanca esperando que haga un cambio, que dé trabajo digno y bien pagado, evite que le roben sus casas a la gente, les dé planes de asistencia médica, escuelas decentes, paz y libertades pisoteadas por Bush) siente en su nuca el aliento de millones de negros, latinoamericanos, asiáticos, discriminados (recordó, en efecto, que su padre "no hubiera podido entrar en un restorán" hace 40 años). Si 2 millones de personas, con varios grados bajo cero, sin centro ni organización colectiva, unidos por el mismo sentimiento, llenaron las calles de Washington para apoyar a Obama en su asunción del gobierno, es porque quieren empezar a tener poder y dejar de ser nadie, y para eso se agarran de Obama y le exigirán medidas sociales.

La degradación política y social en Estados Unidos es vieja, pero el Día sin inmigrantes (un paro nacional sui generis) dio conciencia a los trabajadores pobres y a los oprimidos de que podían contar, y la candidatura de Obama les dio posteriormente un centro político y una esperanza, deformados, pero de gran importancia. Porque no se puede separar el triunfo de los obreros que ocuparon e hicieron funcionar una fábrica de puertas y ventanas de ambos procesos: el de la acción en autogestión de los inmigrantes y el electoral, que dio el impulso inicial a una politización y organización de millones de estadunidenses trabajadores, con una plataforma de reformas democráticas y económicas que el capitalismo no puede conceder, particularmente en esta época de crisis. Aparece así, potencialmente, un proceso político de masas que va mucho más allá de Obama, su canal transitorio.

Si en los años 30 un proceso similar fue canalizado por los sindicatos y después absorbido por Franklin D. Roosevelt (al cual Obama no nombra, y no por casualidad), eso fue gracias a la preparación de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué base hay hoy, en cambio, para un keynesianismo masivo y para la domesticación por el Estado de los trabajadores estadunidenses? ¿Dirige Obama un cambio?

A riesgo de desilusionar a muchos "progresistas", gobernantes o no, Obama no ha hablado, entre sus prioridades, ni de planes masivos para dar trabajo ni de los emigrantes. Cuando mucho, tiene un plan que, si tiene éxito, podría crear en dos años 3 millones de empleos, o sea, apenas la cantidad que se perdieron en los últimos seis meses. Por otra parte, ni ha mencionado el genocidio en Gaza.

Además, si piensa reforzar las tropas en Afganistán, aunque reduzca gradualmente las que están en Irak, y si va a salvar a los bancos y las grandes empresas, ¿podrá dar seguro social a 70 por ciento de personas que no lo tienen?, ¿y podrá devolverles sus casas y el nivel de vida y los empleos que perderán en este año cuando sostiene que la crisis se debe sólo a algunos "irresponsables y codiciosos" y no a la estructura misma del sistema? ¿Cuál cambio prepara con respecto de la paz si tiene como jefe de gabinete al doble ciudadano estadunidense e israelí Rahm Emanuel Israel, que fue soldado en el ejército judío? ¿O cuando mantiene como ministro de Defensa a Robert Gates, elegido por Bush, y manda a Afganistán al general Petraeus, dictador en Irak, también del equipo de Bush? ¿El clan Bill e Hillary Clinton, que controla la política exterior, asegura acaso un cambio cuando el primero es ardientemente filoisraelí y la segunda pidió en el Senado medidas firmes de Obama contra "la amenaza" de Venezuela y Cuba? ¿El propio Obama no declara acaso que Hugo Chávez "exporta actividades terroristas y apoya a las FARC", intoxicando a la opinión pública con mentiras insostenibles como hizo Bush respecto de Irak? ¿Qué puede esperar América Latina si uno de los principales asesores de Obama para la región es Greg Craig, abogado del ladrón y asesino Gonzalo Sánchez de Lozada, ex presidente de Bolivia refugiado en Estados Unidos, que sigue negando su extradición? En lo económico, ¿qué cambio puede producir cuando el jefe de sus asesores es Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Clinton, responsable de la más amplia y masiva desregulación bancaria?

Es seguro que Obama no es igual a Bush. También que se verá obligado a hacer concesiones a quienes reclaman cambios urgentes y profundos. Pero éstas serán simbólicas, superficiales. Porque Obama, aunque mulato, es un hombre del sistema, educado en Harvard. Sin duda es histórico que en un país donde el Capitolio fue construido por esclavos y en el que en los años 60 un negro no podía entrar en un restorán ni utilizar el mismo baño que un blanco, un mulato sea presidente. Pero, como dicen los haitianos, "un mulato pobre es negro y un negro rico es mulato". No estamos sólo ante un problema racial, sino ante la más profunda crisis del capitalismo y muy posiblemente el comienzo de un vasto conflicto entre las clases.

Los ricos se vuelven más pobres, los pobres desaparecen



Barbara Ehrenreich

Siempre buscando la parte positiva de los malos tiempos, me siento tentada a suprimir la “desigualdad de clase” de mi lista de inquietudes. Hace menos de un año, ésta era una de las mayores amenazas económicas que planeaba en el horizonte, e incluso la línea dura de los expertos conservadores se quejaba de que la riqueza estaba fluyendo hacia las cotas altas en una proporción alarmante, dejando a la clase media atascada con rentas estancadas mientras los nuevos super-ricos ascendieron a los cielos con sus aviones privados. Entonces la inestable —por tener tanto peso en la capa superior— estructura del capitalismo de EEUU empezó a tambalearse y ¡plas! toda la desigualdad desapareció del discurso público. Un columnista financiero del Chicago Sun Times acaba de anunciar que la recesión es un “gran nivelador”, que sirve para “democratizar la agonía”, así que todos estamos en peligro de convertirnos en “nuevos pobres…”.

Los medios de comunicación han estado lanzándonos cuentos lacrimógenos acerca del neosufrimiento de los nuevos pobres, o al menos de los hasta hace poco ricos: ¡Ejecuciones hipotecarias en Greenwich (Connecticut)! ¡Un nuevo colapso en el mercado de la cirugía estética! ¡Las ventas de aviones privados, a la baja! ¡Niemen Marcus y Saks Fifth Avenue [tiendas de diseño y de moda para ricachones. N. de los T.], contra las cuerdas! Leemos sobre medidas desesperadas, como tener que recortar dos horas a la semana el tiempo contratado con el entrenador personal. Las fiestas han sido canceladas; a los invitados a cenar se les ha ofrecido —¡oh, horror!— patatas al horno con chile. El New York Times relata la historia de una adolescente de Nueva Jersey, cuyos padres se han visto obligados a recortarle 100 dólares semanales de la asignación y de las clases de pilates [un tipo de gimnasia relajante. N. de los T.]. En uno de los más patéticos cuentos, la neoyorquina Alexandra Penney explica cómo perdió los ahorros de su vida con Bernie Madoff y ahora debe despedir a su criada de la limpieza de tres días a la semana, Yolanda. “Me pongo una clásica camisa blanca limpia cada día de la semana. Tengo cerca de 40 camisas blancas. Me hacen sentirme fresca y dispuesta a enfrentarme a cualquier batalla con la que deba luchar…” escribió; pero, sin Yolanda, “¿cómo voy a planchar estas camisas que me permiten sentirme como una modesta persona civilizada?”.

Pero los tiempos difíciles no están cerca de abolir la desigualdad de clase, como la toma de posesión de Obama tampoco está cerca de erradicar el racismo. Nadie conoce ahora aún si la desigualdad ha crecido o no a lo largo del último año de recesión, pero los precedentes históricos no son prometedores. Los economistas con los que he hablado (como el principal asesor de Biden, Jared Bernstein) insisten en que las recesiones son particularmente crueles con los pobres y la clase media. La economista canadiense Armine Yalnizuan dice: “la polarización de la renta siempre empeora durante las recesiones”. Tiene sentido. Si el mercado de valores ha reducido tus activos de 500 a 250 millones de dólares, probablemente tendrás que renunciar a la tercera o cuarta casa de vacaciones. Pero si acabas de perder un puesto de trabajo de 8 dólares la hora, lo que tienes por delante es perder el hogar.

Muy bien; soy periodista y sé cómo trabajan los medios de comunicación. Cuando un millonario reduce su consumo de crème fraiche y de caviar, has dado con una historia de interés humano. Pero publica la historia de un techador despedido que pierde su casa remolque, y te arriesgas a provocar un gran bostezo editorial. “Los pobres son más pobres” no es un título para atraer la atención, incluso cuando la evidencia es abrumadora. Las solicitudes de vales alimentarios, por ejemplo, están aumentando a niveles de récord histórico; las llamadas de una línea directa dedicada al hambre de un área del distrito de Columbia han escalado hasta el 248 por ciento en los últimos seis meses, y la mayoría de ellas, procedentes de gente que nunca antes había tenido necesidad de recibir ayuda alimentaria. Y por primera vez desde 1996, ha habido un repunte en el número de personas que buscan asistencia monetaria del TANF (Ayuda Temporal para Familias Necesitadas, por sus siglas en inglés), la versión anémica del bienestar, el residuo de la “reforma” del bienestar. Lástima para ellos, el TNAF es básicamente un programa de suplemento salarial basado en la suposición de que los pobres siempre serían capaces de encontrar un empleo, y que paga, como máximo, menos de la mitad del umbral de la pobreza federal.

¿Por qué las cuitas de los pobres y de la declinante clase media son más importantes que las minúsculas privaciones de los ricos? Dejando a un lado los argumentos de los socialistas de corazón blando, de tipo cristiano, ello es así porque la pobreza y el estrujamiento de la clase media son una gran parte de lo que nos ha llevado a este desastre. Solamente una cosa ha permitido gastar a los subricos en la primera década de este siglo, manteniendo así a flote a la economía, y fue la deuda: la deuda de las tarjetas de crédito, de los préstamos inmobiliarios con el hogar en prenda, de los préstamos automovilísticos, de los préstamos universitarios y, por supuesto, de las ahora famosas hipotecas “tóxicas” subprime, que fueron empaquetadas y despiezadas, “titularizadas” y comercializadas por el ancho mundo para ricos ávidos de inversiones de alta rentabilidad. La grandísima desigualdad de la sociedad estadounidense no fue sólo injusta o estéticamente desagradable; también creó una situación peligrosamente inestable.

Por lo que cualquier intento del gobierno para reflotar de nuevo la economía —y dejo al margen los intentos poco serios como los rescates bancarios y otros proyectos sociales de las empresas— tiene que empezar por abajo. Obama está comprometido a generar tres millones de nuevos empleos en proyectos “listos para la pala”, y esperemos que no sean todos empleos para jóvenes hombres con fuertes espaldas. Hasta que estos trabajos comiencen a funcionar, y en caso de que dejen fuera a los mayores, las madres solteras y los despedidos trabajadores de oficina, vamos a necesitar una política económica centrada en los pobres: más dinero para vales alimentarios, para Medicaid, para seguro de desempleo, y sí, también asistencia monetaria a lo largo de las líneas de lo que una vez fue el bienestar, de manera que cuando la gente se caiga, no sea directamente a la tumba. Para quienes piensan que “bienestar” suena demasiado radical, podríamos llamarlo un programa de “derecho a la vida”, el único en el que los objetos de interés ya han nacido.

Si esto suena políticamente inviable, considérese lo siguiente. Cuando Clinton recortó los vales de bienestar y de alimentos en los 90, los pobres eran aún un grupo marginal, sujetos a los estereotipos raciales y sexistas peor intencionados. Eran ociosos, promiscuos, adictos, vagos, según anunciaron los coros de expertos conservadores. Gracias a la recesión, sin embargo –¡ya sabía yo que aquí tenía que haber una parte positiva!— las filas de los pobres están hinchándose cada día con propietarios de negocios fallidos, con oficinistas, con corredores comerciales y con los que fueron por mucho tiempo propietarios de sus hogares. ¡Estereotipo, de qué! A medida que los pobres y los nuevos pobres de la hasta hace poco clase media se conviertan en la mayoría estadounidense, terminarán por ganar la influencia suficiente para lograr que sus necesidades sean satisfechas.

Medio centenar de cargos públicos y militantes de EB se concentran en Bilbao contra la visita de los Reyes






Medio centenar de cargos públicos y militantes de EB se concentraron esta mañana en la Plaza Circular de Bilbao para protestar por la visita de los Reyes a la capital vizcaína, donde se inauguró hoy la nueva biblioteca de la Universidad de Deusto.

Los concentrados, entre los que se encontraban el portavoz de la Presidencia, Mikel Arana, así como los junteros de Bizkaia, José Ferrera y Ana Tellería, se situaron tras una pancarta en la que podía leerse el lema "Errepublika. Erregeak kanpora" (República. Reyes fuera).

En declaraciones posteriores al acto de protesta, Arana denunció que la Monarquía "no es bien recibida en Euskadi, porque representa una institución antidemocrática, que tiene su origen en la dictadura franquista, que es hereditaria y que mantiene todavía, en pleno siglo XXI, la supremacía del hombre sobre la mujer".

A su juicio, la sociedad vasca "no entiende" por qué, "en un momento de crisis económica, marcada por la pérdida de puestos de trabajo y el recorte de prestaciones sociales", se debe mantener con los impuestos de la ciudadanía "una Monarquía que no nos representa, a la que no hemos votado porque no nos han dejado y que nos cuesta muchos millones de euros al año sin ninguna explicación y de forma completamente opaca para la opinión pública".

Arana insistió en que Euskadi es "republicana", aunque "todas las formaciones políticas, a excepción de EB, siguen todavía rindiendo pleitesía a una Monarquía que no reconoce la pluralidad del Estado español