29 de enero de 2009

Julio Anguita: "Hay que organizar a la ciudadanía para que tenga más poder que los bancos"




El ex coordinador general de IU ha abogado por afrontar la crisis con un proyecto político que enarbole los derechos humanos como "bandera de enganche" y consiga "organizar" a la ciudadanía para que tenga más poder que los bancos y sea capaz de obligarlos.

Anguita ha hecho estas declaraciones antes de pronunciar una conferencia en el Instituto Maimónides de Córdoba, donde ha analizado las causas de la crisis y ha ofrecido una serie de reflexiones políticas para superarla.

El ex dirigente de IU ha catalogado la situación actual como una "crisis de civilización" derivada del fracaso del sistema capitalista y de la "euforia" de la que se ha alimentado en las últimas décadas.
Las advertencias de IU

Para Anguita, es conveniente recordar que IU ya advirtió en su momento de que el capitalismo sin complejos podía acabar con un desenlace de estas características, en el que la banca se ha quedado con el dinero de los ahorradores y las inversiones arriesgadas han provocado la bancarrota.

Frente a este modelo financiero, Anguita ha defendido un sistema de banca pública y ha incidido en que ahora se empieza a admitir que el mercado pueda ser intervenido por los gobiernos.
Un nuevo proyecto político

Además, ha apostado por movilizar a los militantes de IU y de otros ámbitos para impulsar un proyecto político que tenga como seña de identidad los derechos humanos y la Constitución con el objetivo de superar esta "crisis de civilización", visible, por ejemplo, en los bipartidismos crecientes y la construcción antidemocrática de la Unión Europea.

En su opinión, se está imponiendo una democracia de "baja intensidad", que sólo se manifiesta en los procesos electorales, a la que debe enfrentarse una ciudadanía organizada.

Tebeos y propaganda en la Guerra Civil



Quienes hayan tenido oportunidad de visitar en Salamanca la exposición organizada por el Ministerio de Cultura Los tebeos en la Guerra Civil: Niños y propaganda (1936-1939), que se clausuró el domingo, se habrán llevado quizá una decepción al comprobar que una buena parte de los 157 ejemplares expuestos corresponden a publicaciones radicadas en la España franquista, por lo que el subtítulo referente a la propaganda ideológica se constriñe casi exclusivamente al bando sublevado, sin que apenas se pueda apreciar tan definida y explícita orientación en las cabeceras expuestas y editadas en territorio republicano.

Consignada esa matización, que deja un poco en entredicho el objetivo que se desprende del título de la muestra como panorámica conjunta de los periódicos infantiles de las dos Españas enfrentadas, así como su proyección como herramientas de propaganda partidista, es de valorar la exposición por lo que comporta como testimonio de un periodo tan aciago de nuestra historia. El trabajo recopilador del comisario del evento, Antonio Martín, así como su prolongada y concienzuda labor investigadora como historiador del cómic en nuestro país, son dignos del mayor aprecio.

Dada la importancia que tuvieron los tebeos en la niñez de aquellos españoles que llegamos tarde a la televisión y para quienes aquellas publicaciones constituían el más barato y accesible medio de diversión y entretenimiento, quise que me acompañara mi hija de 13 años a la exposición de Salamanca. Pretendí con ello darle una versión más directa, a través de las viñetas de los ejemplares expuestos, no sólo de mi propia capacidad de evocación de los tebeos de mi infancia muchos años después, sino de lo que esa configuración propagandística del cómic representó como parte de la educación nacional-católica recibida durante el franquismo.

El resultado de mis comentarios entusiastas respecto a la gozosa influencia de la prensa infantil en el entretenimiento de mi niñez le fue mucho más grato y comprensible que cuanto le hice notar sobre el adoctrinamiento ideológico que supuso la dictadura, del que la exposición da detallada y precoz cuenta. Héroes excepcionales como El capitán Trueno o El Jabato no podían faltar en esa apresurada sinopsis recordativa, cuando el seguimiento de sus aventuras cada semana suponía el más preciado horizonte de nuestras diversiones ilustradas. De la primera de esas publicaciones recuerdo sobre todo la imagen de Sigrid, reina de Thule y rendida amante del caballero cristiano, figura en la que atisbé la primera atracción sexual a través de lo marcado de sus formas, cuyo sugerente contorno no lograba disimular la castísima, cerrada y sobria vestimenta exhibida. En aquellas purísimas calendas era difícil imaginar que los excelentes creadores de la publicación, el guionista Víctor Mora y el dibujante Ambrós, iban a consumar aquel amor etéreo y platónico muchos años después con viñetas explícitas y carnales. Sucedió, curiosamente, en 1982, coincidiendo con la llegada al poder del Partido Socialista.

A la vista de la muestra que comento no se puede decir de ninguna manera que a una prensa republicana adulta y otra franquista, porfiadamente enfrentadas durante el conflicto, se correspondía una prensa infantil igualmente en pugna ideológica. Si nunca durante la Segunda República, cuyo periodo coincidió con la llamada edad de oro del cómic en España, las publicaciones infantiles se prestaron a tal objetivo, esa misma orientación se mantuvo por lo general durante la Guerra Civil. Los tebeos en la zona republicana siguen siendo mayoritariamente recreativos, en tanto que en el territorio conquistado por las tropas franquistas, gracias sobre todo al empeño de las facciones carlistas y falangistas, se inicia una decidida y masiva campaña catequizadora que según Antonio Martín abunda en historietas y dibujos de suma contundencia y baja calidad, pero muy eficientes como armas de la guerra ideológica.

En esa misión redentora destacó sobre todo el semanario Pelayos, dirigido por el canónigo Vilaseca. Entre sus contenidos cabe destacar una biografía de san Pelayo, en honor a su cabecera, así como una minuciosa crónica de los gloriosos episodios del Movimiento Nacional, ensalzando las gestas heroicas de sus tropas y ridiculizando al máximo a sus enemigos, así como al gobierno y a los políticos republicanos. Como mejor ejemplo de su dedicación a la causa, anota Martín en su libro Apuntes para la historia de los tebeos estos torpes y forzados versos proferidos por el rey godo que derrotó al infiel en Covadonga: “Soy Pelayo, mi padre, Requeté, / mi abuelito su vida en Lácar dio / y, de ellos digno, hasta la muerte yo / por el mismo ideal combatiré. Cual ellos, de mi Patria y de mi Fe / no haré traición a la bandera, no / que ella al pie de mi cuna me arrulló / y ha de arrullarme de la tumba al pie”.

En 1798 apareció en España la primera publicación infantil, La Gazeta de los Niños. Su propósito editorial expreso, como consecuencia del espíritu de la Ilustración, se atenía a un código en extremo paternalista: “Es menester hacerles amar la instrucción y el estudio; ponerles las ciencias en su mismo lenguaje; acomodarse a su débil inteligencia y a su poca constancia, aficionarlos a la lectura…”. Es muy probable que esas expectativas fueran entonces demasiado avanzadas para la Inquisición. Lo que probablemente no cabía imaginar es que, siglo y medio después, los descendientes del oscurantismo iban a reproducir lo más granado de las campañas de su credo en las publicaciones infantiles, dando el nombre de cruzada a una masiva masacre entre españoles que derivó en muchos años de persecución, cárcel y muerte para los vencidos. Esto es lo que no puedo hacer entender a mi hija después de haber visto la exposición.
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Homenaje a los españoles presos en los campos nazis




Un acto en Sachsenhausen recuerda a los 8.700 prisioneros republicanos

"Se transformaban en algo salvaje, bestial". Así describió el líder sindicalista español Francisco Largo Caballero su impresión de los presos del campo de concentración de Sachsenhausen, al norte de Berlín. Largo Caballero, que había sido presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, llegó a Sachsenhausen en agosto de 1943. Tenía 74 años y le había detenido la Gestapo en Francia.

Por Sachsenhausen pasaron otros 192 republicanos, según documentos de la época. No se conoce su número total, ya que muchos, declarados apátridas por Franco, fueron identificados como franceses. Todos ellos recibieron ayer un homenaje público en el Día Internacional del Holocausto.

El embajador español, Rafael Dezcallar, depositó una corona de flores en la estación Z, la antigua fosa de fusilamiento con depósito de cadáveres y cámara de gas. Antes, Dezcallar recordó en un breve discurso a los alrededor de 8.700 españoles que pasaron por los campos alemanes, la mayoría de ellos por Mauthausen. Durante el acto, Adam König, judío superviviente de Auschwitz, leyó el mensaje de agradecimiento de uno de ellos, Pedro Martín, quien vive en la Baja Normandía y no pudo asistir a la ceremonia por motivos de salud.

Liberados por los polacos

Casi todos los españoles internados en Sachsenhausen llegaron en enero de 1943, en un transporte con 1.600 detenidos por las fuerzas de ocupación en Francia. Según explicó ayer la historiadora Astrid Ley, un camarero leridano que tuvo la suerte de que le pusieran a trabajar de cocinero, José Carabasa, logró que metieran a Largo Caballero en una barraca donde se dejaba a los enfermos en paz. Allí lo encontraron los oficiales polacos que lo liberaron.

A medida que se acercaban los aliados, el horror continuó fuera de los campos con las marchas de la muerte, ordenadas por las SS. La historiadora recordó el testimonio que dejó Carabasa sobre Sachsenhausen: "Presenciamos escenas horribles. Tiros en la nuca sin parar a los que se dejaban caer agotados en la cuneta. Una noche, hombres de las SS prendieron un pajar al que habían mandado a dormir a 100 prisioneros. En otra ocasión, fuimos testigos de una ejecución masiva en el bosque, en la que usaron ametralladoras".