27 de febrero de 2009

¿Hasta cuándo la ‘presencia’ del franquismo?












Por: Jean Ortíz , hijo de un republicano exiliado

Por la persistencia de la sombra del franquismo, la intención de quienes buscan salvar la “memoria histórica” relativa a la Guerra Civil Española choca con los elementos supérstites de un régimen que dejó muchas fosas comunes y muchas heridas en el alma del país. Hasta el juez Baltazar Garzón encuentra críticas por querer ‘buscar’ la verdad.
“En gran parte de España, lo que llamamos guerra civil fue solamente una represión; el golpe de Estado militar (del general Franco) fue seguido de inmediato por un plan de exterminio (1)”. Los adelantos del movimiento de Recuperación de la Memoria (Histórica), galaxia de militantes y voluntarios al margen de los partidos políticos, así como los trabajos de los historiadores, permiten arrojar otra mirada sobre lo que, más allá de los Pirineos, hasta ese momento sólo se percibía como una “guerra civil”. Por otra parte, basta con examinar la cartografía de las fosas comunes de republicanos, actualizada estos últimos años, para constatar que coincide con las regiones donde el levantamiento militar triunfó desde el principio.
El objetivo de los franquistas no consistía tan solo en ganar la guerra: era necesario extirpar de raíz la República. De ahí la semántica: “depuración”, “purificación”, “limpieza”, “pacificación”. Por otra parte, tras finalizado el conflicto, continuaron las atrocidades y 50 mil republicanos fueron fusilados en los meses que siguieron. “Franco ha (había) decidido avanzar lentamente para que nunca pueda (pudiera) haber vuelta atrás”, destaca el historiador inglés Paul Preston (2).

esde hace unos 10 años, la memoria de los ‘rojos’ rompe el silencio de un olvido impuesto y sacude a la sociedad española (3). Aplastada hasta la muerte del dictador en 1975, esta memoria republicana no fue rehabilitada en la ‘transición’ democrática (1975-1982), ni siquiera tras el triunfo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones legislativas de octubre de 1982. “Decidimos no hablar del pasado (4)”, admite retrospectivamente el jefe del gobierno de ese entonces, Felipe González, quien al mismo tiempo reconoce: “Me siento en parte responsable de la pérdida de nuestra memoria (5)”.
La llegada al poder del Partido Popular de José María Aznar (1996) apenas renovó los términos del debate, y la “batalla de la memoria” no dejó de oponer a los mismos protagonistas, unos prisioneros del consenso histórico-político de la ‘transición’, los otros de su pasado franquista.
Para la derecha española, la explosión memorial e historiográfica se revela insoportable porque recuerda los orígenes sangrientos del franquismo. Se bate a capa y espada sobre el tema “no reabramos las viejas heridas”, argumento que –subraya el escritor Alfons Cervera– es “el de todos los beneficiarios de los golpes de Estado y de la violencia”. Lo que está en juego parece ser importante puesto que lo que los historiadores llaman el “franquismo ideológico” o “sociológico” parece aún enquistado no sólo en el seno de una parte del electorado de derecha sino también en la Iglesia, la justicia, el ejército, el empresariado y la banca. Así, el historiador Julián Casanova considera que la iglesia católica española se muestra hoy más conservadora que durante la ‘transición’: se niega en particular a reconocer su “papel de verdugo” y su “aprobación del exterminio legal (6)”.
Por tanto, se comprende por qué el cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Antonio María Rouco, menciona la “necesidad de saber olvidar” (7). Una memoria selectiva, sin embargo, puesto que al mismo tiempo la Iglesia española hizo canonizar o beatificar a 997 fieles, principalmente miembros del clero y de órdenes religiosas, víctimas del “terror rojo” (1934-1938) (8)… En cuanto al ejército, se sigue oponiendo a cualquier homenaje a los militares leales fusilados por haberse opuesto al levantamiento fascista.
Con las elecciones legislativas del 13 de marzo de 2004, el PSOE volvió al gobierno. Pero este último parece demasiado tímido tanto para las fuerzas políticas como Izquierda Unida (9) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) como para la mayoría de las asociaciones de recuperación de la memoria, quienes lo acusan de jugar “un doble juego”.

Las narices del fascismo


En efecto, el 12 de octubre de 2004, día de la fiesta nacional, el Ministro de Defensa hizo desfilar uno al lado del otro, en nombre de “la paz y la concordia”, a un ex fascista “División azul” junto con un veterano republicano de la 2ª División Blindada del general Leclerc (10). A fines de octubre de 2007, el ministro de Relaciones Exteriores asistió en Roma a la beatificación de las “víctimas de los ‘rojos’”, y el 20 de noviembre de 2008 el jefe de gobierno José Luis Zapatero declaró en el Palacio de la Moncloa: “Todo lo que haga que esto quede en el olvido más profundo de la memoria colectiva de la sociedad española será bueno (…) aunque hay gente que tiene más disponibilidad a olvidar que otros (11)”.
Sin embargo, la actividad del movimiento memorial, dinámica aunque dividida, comenzó a dar sus frutos. Suscitó una corriente de introspección colectiva y finalmente obligó al gobierno socialista, después de tres años de vacilaciones, a adoptar una ley denominada “de Memoria Histórica”, que el Parlamento aprobó el 31 de diciembre de 2007. Un avance, por cierto, pero que muchos consideran tardío y timorato. No implica la palabra “República” y tampoco condena claramente al franquismo. Los tribunales de excepción y sus sentencias son declarados sólo “ilegítimos” (y no “ilegales”), y el mausoleo franquista del Valle de los Caídos (donde descansan los restos del dictador y de José Antonio Primo de Rivera, fundador del partido fascista la Falange) permanece casi como tal.
La ley concede la erradicación de los símbolos franquistas en los edificios públicos, pide a las administraciones locales que ayuden a las asociaciones a exhumar a los desaparecidos, y abre la posibilidad para un millón y medio de hijos y nietos de “exiliados” de acceder a la nacionalidad española, a condición de prestar juramento de fidelidad a la Constitución y al rey. Una paradoja para los descendientes de republicanos…
Si bien existieron iniciativas locales, la ley tuvo poca aplicación por falta de voluntad política. Habrá que esperar hasta el 16 de octubre de 2008 para que el debate recobre actualidad, esta vez en terreno judicial.
Ese día, y por primera vez, el juez Baltazar Garzón abrió una investigación sobre 130.137 desaparecidos de la guerra civil y del franquismo, así como sobre las circunstancias de su desaparición. La resolución del magistrado sacudió el mundo político y judicial. Menciona un “plan premeditado y sistemático de exterminio”, un “sistema de desapariciones forzadas” y de “crímenes contra la humanidad (12)”. Ordena establecer un mapa preciso de fosas comunes, el censo de todos los desaparecidos y la inmediata apertura de 19 fosas, incluida una emblemática, la del poeta Federico García Lorca. También desacredita la ley de amnistía del 15 de octubre de 1977, que impedía cualquier investigación.
La determinación del juez Garzón le vale virulentos ataques de la derecha política y judicial. Javier Zaragoza, fiscal jefe de la Audiencia Nacional, la más alta instancia penal del país, lo acusó de querer una “nueva inquisición (13)” y organizó su desapoderamiento. Acorralado, aislado en el seno del aparato judicial, el propio Garzón se inhabilitó pero sin renegar de nada. Remite la eventual apertura de las fosas a los tribunales de provincia y hace hincapié en la necesidad de investigar la desaparición de miles de niños republicanos. Por su parte, el 28 de noviembre de 2008, la Audiencia opuso su veto a la investigación del golpe de Estado franquista.

Lucha contra la amnesia


En realidad, detrás de estos enfrentamientos judiciales se ocultan cuestiones políticas. La iniciativa de Garzón desacraliza, en efecto, una transición democrática erigida en ‘modelo’ y exportada en especial a América Latina. Desmonta los mitos fundadores: la reconciliación contra la amnesia; la paz civil y social contra un pacto político de olvido entre la derecha y una izquierda obligada a aceptar la impunidad de los verdugos. Algunos sectores del aparato judicial y del Partido Popular, al igual que de la Iglesia, intentan frenar un movimiento que obliga a revisar muchos lugares comunes: los de “guerra civil”, no dar la razón ni a franquistas ni a republicanos, la ‘transición’ como primer referente democrático o la asimilación monarquía-democracia.
Para ellos, conviene encauzar el movimiento antes que cuestione otros tabúes tales como las expropiaciones, las humillaciones, la expoliación de los bienes de los vencidos o el saqueo de los años 40. En efecto, ¿qué fue de las grandes fortunas públicas y privadas construidas con el trabajo de cientos de miles de presos políticos hasta los 60? ¿Y qué decir de los “niños perdidos del franquismo”, que la dictadura secuestrara a sus padres republicanos? Quedan aún muchos agujeros negros por explorar.
Pero finalmente lo que más les preocupa a los protagonistas del “pacto de olvido” es el retorno del dilema Monarquía o República. Para el filósofo Carlos París, “se aceptó que España sea una monarquía aunque en realidad es una herencia del franquismo (14)”. El movimiento en curso lleva en sí mismo la crítica de la “transición pactada”, de las negaciones de la izquierda y, por último, la reivindicación de la República.
La contraofensiva de la derecha y la Iglesia querría mantener el statu quo y perennizar una democracia incompleta. Para Pío Moa, cabeza de estos conservadores –autor de una obra que Aznar declaró su libro de cabecera–, “la victoria de Franco en la guerra civil salvó a España de una traumática experiencia revolucionaria (15)”. Soplan de nuevo aires de Cruzada…
Sin embargo, tras 10 años de un “movimiento social para la memoria histórica”, la vuelta atrás parece difícil. Las asociaciones no se proponen limitarse al estrecho marco de la ley. Siguen desenterrando lo que se ocultó y ya se abrieron cerca de 200 fosas comunes, recuperando cuatro mil cuerpos. Algunas asociaciones exigen incluso la creación de una “comisión de la verdad”. En este sentido, contribuyen a poner de manifiesto que, si bien son cuestiones políticas del presente lo que condiciona la interpretación del pasado, la reapropiación de la memoria constituye un elemento central del propio ejercicio de la democracia.

Un hombre le grita “¡muerte al Rey!” a la Princesa de Asturias





Un hombre de 55 años de edad y residente en Baleares exclamó ayer "¡muerte al Rey!" al paso de la Princesa de Asturias, Letizia Ortiz, cuando ésta se encontraba en el vestíbulo del hospital Son Dureta, en Palma de Mallorca, acompañada por una comitiva integrada por dirigentes políticos de la comunidad.

La Princesa Letizia se encontraba a la entrada del Edificio B de Pediatría de dicho centro hospitalario, cuando el hombre se acercó y gritó "¡muerte al Rey!", tras lo cual las fuerzas de seguridad lo redujeron con violencia y se lo llevaron detenido a las dependencias de la Policía Nacional.


Según informó el delegado del Gobierno en Baleares, Ramón Socias, el hombre -que no llegó a abalanzarse sobre la Princesa- es un enfermo psiquiátrico de nacionalidad argentina, que "se había descompensado" debido a que no había tomado la medicación, lo que le provocó un estado de "nerviosismo", informó. Asimismo, confirmó que el individuo se encuentra en el área de Psiquiatría del hospital, donde ha reanudado el tratamiento.


De esta manera, el delegado puntualizó que "no se trata de ninguna situación policial, sino que se trata de un hecho de índole sanitario".


La Princesa de Asturias se trasladó ayer a Palma para visitar el proyecto de la 'Sonrisa Médica' con el fin de conocer la labor que hace un equipo de payasos profesionales en el Hospital de Son Dureta, dirigida a hacer más llevadera la convalecencia hospitalaria de niños y adolescentes, así como la espera de sus familias.


El delito de injurias contra la Corona está castigado por el Código Penal con una pena de seis meses a dos años de prisión para quien calumnie a cualquier miembro de la Familia Real. Salvo, claro está, que esté loco…
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¿Qué es una crisis capitalista?






Veamos en primer lugar lo que no es una crisis capitalista.
Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que haya 4 750 millones de pobres en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que haya 1 000 millones de desempleados en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que más del 50% de la población mundial activa esté subempleada o trabaje en precario, eso no es una crisis capitalista.

Que el 45% de la población mundial no tenga acceso directo a agua potable, eso no es una crisis capitalista.
Que 3 000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos, eso no es una crisis capitalista.
Que 113 millones de niños no tengan acceso a educación y 875 millones de adultos sigan siendo analfabetos, eso no es una crisis capitalista.
Que 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables, eso no es una crisis capitalista.
Que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, eso no es una crisis capitalista.
Que 16 306 especies estén en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos, no es una crisis capitalista.
Todo esto ocurría antes de la crisis. ¿Qué es, pues, una crisis capitalista? ¿Cuándo empieza una crisis capitalista?
Hablamos de crisis capitalista cuando matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4 700 millones, condenar al desempleo o la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, derretir los polos, denegar auxilio a los niños y acabar con los árboles y los osos, ya no es suficientemente rentable para 1 000 empresas multinacionales y 2 500 000 de millonarios.
Lo que demuestra la superior eficacia y resistencia del capitalismo es que todas estas calamidades humanas ―que habrían invalidado cualquier otro sistema económico― no afectan a su credibilidad ni le impiden seguir funcionando a pleno rendimiento. Es precisamente su indiferencia mecánica la que lo vuelve natural, invulnerable, imprescindible. El socialismo no sobreviviría a este desprecio por el ser humano, como no sobrevivió en la Unión Soviética, porque está pensado precisamente para satisfacer sus necesidades; el capitalismo sobrevive y hasta se robustece con las desgracias humanas porque no está pensado para aliviarlas. Ningún otro sistema histórico ha producido más riqueza, ningún otro sistema histórico ha producido más destrucción. Basta considerar en paralelo estas dos líneas ―la de la riqueza y la de la destrucción― para ponderar todo su valor y toda su magnificencia. Esta doble tarea, que es la suya, la hace mejor que nadie y en ese sentido su triunfo es inapelable: que haya cada vez más alimentos y cada vez más hambre, más medicinas y más enfermos, más casas vacías y más familias sin techo, más trabajo y más parados, más libros y más analfabetos, más derechos humanos y más crímenes contra la humanidad.
¿Por qué tenemos que salvar eso? ¿Por qué tiene que preocuparnos la crisis? ¿Por qué nos conviene encontrarle una solución? Las viejas metáforas del liberalismo se han revelado todas mendaces: la “mano invisible” que armonizaría los intereses privados y los colectivos cuenta monedas en una cámara blindada, el “goteo” que irrigaría las capas más bajas del subsuelo apenas si es capaz de llenar el cuenco de una mano, el “ascensor” que bajaría cada vez más de prisa a rescatar gente de la planta baja se ha quedado con las puertas abiertas en el piso más alto. Las soluciones que proponen, y aplicarán, los gobernantes del planeta aceptan, en cualquier caso, la lógica inmanente del beneficio ampliado como condición de supervivencia estructural: privatización de fondos públicos, prolongación de la jornada laboral, despido libre, disminución del gasto social, desgravación fiscal a los empresarios. Es decir, si las cosas no van bien es porque no van peor. Es decir, si no son rentables 950 millones de hambrientos, habrá que doblar la cifra. El capitalismo consiste en eso: antes de la crisis condena a la pobreza a 4 700 millones de seres humanos; en tiempos de crisis, para salir de ella, solo puede aumentar las tasas de ganancia aumentando el número de sus víctimas. Si se trata de salvar el capitalismo ―con su enorme capacidad para producir riqueza privada con recursos públicos― debemos aceptar los sacrificios humanos, primero en otros países lejos de nosotros, después quizá también en los barrios vecinos, después incluso en la casa de enfrente, confiando en que nuestra cuenta bancaria, nuestro puesto de trabajo, nuestra televisión y nuestro ipod no entren en el sorteo de la superior eficacia capitalista. Los que tenemos algo podemos perderlo todo; nos conviene, por tanto, volver cuanto antes a la normalidad anterior a la crisis, a sus muertos en-otra-parte y a sus desgraciados sin-ninguna-esperanza.
Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona, sin duda, perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo. Y el problema es que esta crisis reveladora, potencialmente aprovechable para la emancipación, alcanza a una población sin conciencia y a una izquierda sin una alternativa elaborada. Se equivoque o no Wallerstein en su pronóstico sobre el fin del capitalismo, tiene razón, sin duda, en el diagnóstico antropológico. En un mundo con muchas armas y pocas ideas, con mucho dolor y poca organización, con mucho miedo y poco compromiso ―el mundo que ha producido el capitalismo― la barbarie se ofrece mucho más verosímil que el socialismo.
Por eso hay que auparse en los islotes de conciencia y en los grumos de organización. Cuba bloqueada, Cuba azotada por los vientos, Cuba pobre, Cuba incómoda, Cuba a veces equivocada, Cuba improvisada, Cuba disciplinada, Cuba resistente, Cuba ilustrada, Cuba siempre humana, mantiene abierta una tercera vía, hoy más necesaria que nunca, entre el capitalismo y la barbarie. Si no podemos ayudarla, podemos al menos ayudarnos a nosotros mismos pensando en ella con alivio y agradecimiento.

Londres: Un edificio dedicado a Marx guarda la memoria de las brigadas internacionales












Un edificio dedicado a Marx guarda la memoria de las brigadas internacionales
Un pequeño edificio londinense dedicado a Carlos Marx guarda en perpetuidad la memoria histórica de los cientos de brigadistas británicos que participaron en la guerra civil española


Un pequeño y armonioso edificio londinense de 1737, dedicado a Carlos Marx, guarda en perpetuidad la memoria histórica de los cientos de brigadistas británicos que participaron en la guerra civil española.



El archivo es una importante fuente de material sobre el conflicto al contener prácticamente todos los documentos que se conservan de aquellos voluntarios antifascistas, entre ellos órdenes de batalla, minuciosos partes de heridos y caídos, cartas, fotografías y recortes de la prensa de la época.



Está documentado, entre otros, el viaje que hizo a la España republicana por aquellos años el famoso actor, cantante y activista afroamericano Paul Robeson, que cantó para las fuerzas leales a la República canciones como "Los Cuatro Generales".





Según explicó a EFE el bibliotecario, Malcolm Polfreman, la Asociación de Veteranos de la las Brigadas decidió en 1975 que la colección de documentos de esos voluntarios tuviese un hogar permanente.



El Museo Imperial de la Guerra, de Londres, se ofreció a acogerlo, pero la Asociación rechazó la oferta, argumentando que la guerra de España no fue una guerra imperial sino antifascista, por lo que resolvió donarla a la Biblioteca de Marx.



Además de esos miles de documentos, en el archivo se guardan también carteles del bando republicano, algunos anónimos, pero también del conocido artista valenciano Josep Renau, y películas sobre el conflicto, entre ellas el documental "La Tierra Española", que dirigió Joris Ivens en 1937 sobre guión de Dos Passos y Hemingway y con Orson Welles como narrador.



La Biblioteca Memorial Marx se fundó en un barrio londinense caracterizado por su gran actividad sindicalista con motivo del cincuenta aniversario de la muerte del filósofo.



Se creó entonces un comité integrado por conocidos sindicalistas, miembros del Partido Laborista y comunistas, que convocaron una conferencia para buscar la respuesta más adecuada a la quema de libros por los nazis en Alemania, ocurrida ese mismo año.



La propuesta aprobada fue que la mejor manera de honrar a Marx en la capital británica era dedicarle una biblioteca que fuese al mismo tiempo una escuela para los obreros y un centro educativo, y pronto se creó un fondo encabezado por el comunista Clive Branson, uno de los británicos que luego lucharían en la guerra civil española.



En una segunda conferencia se decidió abrir la biblioteca en la bella mansión de estilo georgiano de la calle de Clerkenwell Green, que había estado vinculada a muy vinculada a la editorial "Twentieth Century Press".



Muchos de los que visitan la Biblioteca Marx son investigadores que quieren consultar su fondo de unos 40.000 libros y opúsculos sobre el socialismo, el marxismo, la filosofía, la historia, especialmente del movimiento obrero, pero también otras disciplinas, además de numerosas biografías.



Pero hay quienes se acercan también para visitar el pequeño cuarto en el que trabajó el líder revolucionario y dirigente bolchevique ruso Vladimir Ilich Lenin durante su estancia en este país.



Invitado por el periodista y activista Harry Quelch, vinculado a la editorial 20th Century Press y director del periódico socialdemócrata "Justice", Lenin estableció allí su lugar de trabajo y desde allí editó en 1902 y 1903 dieciséis números de su periódico revolucionario "Iskra".



El despacho se conserva con los muebles originales aunque está adornado ahora con toda suerte de bustos de Lenin, en todos ellos idealizado según los cánones oficiales, salvo el que hizo Clare Consuelo Sheridan.



Esta periodista, escultora y aventurera era prima del político conservador y decidido anticomunista Winston Churchill, que también posó para ella, como lo hicieron en Moscú Trotzki, Kaménev, Zinóviev y otros conocidos dirigentes bolcheviques.



La Biblioteca de Marx conserva además entre sus tesoros históricos algunos muebles del constructivista ruso Aleksandr Rodchenko, entre ellos una mesa de ajedrez, así como un gran mural al fresco pintado en 1934 por el vizconde Jack Hastings, que conoció en México a Diego Rivera y sufrió claramente su influencia.



El mural, que muestra entre otros personajes al socialista utópico Robert Owen y al fundador del movimiento de Arts and Crafts William Morris junto a Marx, Engels y Lenin, simboliza el triunfo del trabajo sobre el capital y la Iglesia.



Por cierto que la Biblioteca Marx se ocupa también del mantenimiento de la tumba del autor de "El Capital" y su mujer, así como del monumento levantado en su memoria en el cementerio londinense de Highgate.

La cruz de los Caídos de Talavera “resucita”




Cambiar para que todo siga igual


Como se recordará hace unas fechas se retiró la llamada cruz de los caídos de la emblemática Plaza del Pan de nuestra localidad. Los responsables municipales (tan aseaditos, políticamente hablando, y para no enturbiar la paz y los votos) adujeron a motivos estéticos esta actuación. No faltaron voces discordantes en cuanto a la simbología de reconciliación que el monolito significaba, etc. Ya en su momento declaré como esta cruz, erigida a los caídos por dios y por la patria, elevada por los que se sublevaron contra la Democracia y el orden Constitucional que encarnaba la República, no podía ser ningún acto de reconciliación si, además, representaba a uno de los poderes fácticos que fueron colaboradores necesarios e imprescindibles para que los golpistas provocaran la guerra civil y la posterior represión dictatorial franquista.

Ahora se ha trasladado a un lugar cercano al Cementerio MUNICIPAL (y lo pongo en mayúsculas por que es un recinto de todos). Ahora no les ha importado razones estéticas se ha instalado en un lugar “adecuado” y no resuelve el problema de fondo, la retirada de toda simbología que haga mención al franquismo (artículo 15 de la coloquialmente llamada Ley de la Memoria Histórica). Es más, dentro de este cementerio hay otra que honra de igual manera a aquellos que se sublevaron, cerca de donde yacen centenares de personas (la mayoría anónimas) en una fosa común, asesinadas por los que se arrogaron la justicia con la cruz y la espada. Al parecer no hay voluntad política ni para cumplir lo que ellos mismos aprueban. Ya sabemos que estamos en una democracia de conveniencias y que nuestros progres de diseño no quieren molestar a la jerarquía católica, por mucho que en nuestra santificada Carta Magna hable de un Estado aconfesional.


El pasado domingo se cumplió el 70 aniversario de la muerte de D. Antonio Machado. Ese hombre bueno que murió de pena en el exilio francés viendo como los sueños de su patria de vivir en libertad y democracia se esfumaban. Algunos han llamado a traer sus restos a España, estoy en contra. Desde luego hay motivos suficientes, él se declaró Republicano y por ella luchó con su pluma, con su excelso verso, con su maravillosa prosa. De la España de charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María, de olor a cera y sacristía, queda mucha, y él estaba en contra de esa parte de su patria que le helaba el corazón.


Si el traslado de la cruz es ejemplo de algo, es de todo lo contrario a una normalización democrática y a un deseo de retirar los homenajes a los que dejaron a este país como una inmensa tumba, una enorme fosa común.