12 de marzo de 2009

Se anuncia una reforma de la ley de libertad religiosa pero ¿para cuándo la denuncia del Concordato con el Vaticano?



Relaciones Iglesia-Estado: ¿Qué está pasando?

Antonio Gómez Movellán





En España una parte importante de la opinión publica esta harta de que se utilice la religión en el debate político. La religión, ciertamente, siempre ha sido un factor importantísimo en la política pero teniendo en cuen ta la secularización de la sociedad y la separación del Estado y las iglesias, no debería ser un factor de peso en la política del siglo XXI; pero la política y la religión siguen estando muy unidas. En nuestro país, la Iglesia Católica, por ejemplo, sigue siendo una fuerza activa en la política y las declaraciones de los obispos tienen una clara intencionalidad política. Digámoslo claramente: la Iglesia Católica en nuestro país es de derechas y siempre llama a votar a la derecha. Además, la iglesia siempre aparece como un factor de moderación de la vida política, siempre presiona para moderar los programas que contiene avances sociales o políticos y lo hace amenazando con su influencia electoral.

Por lo demás, España, en el terreno de las normas, es un país donde no existe una clara separación de la Iglesia y del Estado y ello empezando por la propia Constitución donde se obliga al Estado a mantener relaciones con la Iglesia Católica. Después están los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 que son un verdadero Concordato, de hecho estos Acuerdos no derogaron el Concordato franquista de 1953 sino expresamente señalan que es una renovación del mismo.

Además de los Acuerdos con la Santa Sede fue promulgada, en 1980, la ley de libertad religiosa. El gobierno ha anunciado que va a reformar la ley de libertad religiosa, y va a presentar al Parlamento una ley de libertad de conciencia. Desde luego que esa idea es bienvenida. Es una oportunidad para que la libertad de conciencia se entienda no solamente para las creencias religiosas sino para los que no creemos en ninguna religión. Pero expliquemos una cosa: la ley de libertad religiosa estaba pensada más para las religiones minoritarias y no para el catolicismo. Se entendía, entonces, que el catolicismo tenía -y tiene- un régimen especial de ordenación que son los Acuerdos con la Santa Sede y para las religiones minoritarias como los evangélicos, los musulmanes o los judíos tendrían esta ley que se ha completado, posteriormente, con unos acuerdos de cooperación con estas religiones.

Más allá del entramado jurídico, los ciudadanos deben entender una cosa: para que exista una verdadera separación Iglesia-Estado en España es necesario denunciar esos Acuerdos con la Santa Sede ya que en los mismos se considera a la religión católica como una religión semioficial.

Pero el gobierno parece que va en otra direccion. El gobierno, en su primera legislatura, hizo cosas interesantes como, por ejemplo, reconocer la igualdad civil de los homosexuales y lesbianas en el régimen matrimonial. Eso fue importante, sirvió para acabar con discriminaciones y pese a las protestas de la iglesia el gobierno no se acobardó, ni tampoco el Parlamento. Desgraciadamente con la educación no pasó lo mismo: la reforma legislativa educativa no sirvió para avanzar hacia una escuela laica. No solo se ha reforzado el adoctrinamiento católico en los colegios sino que además se ha reforzado la escuela concertada católica. Como muy bien apuntó Francisco Delgado Ruiz, presidente de la Asociación Europa Laica: “la derecha sociológica y la enseñanza privada católica, han ganado, el pulso de la Ley -se refiere a la ley educativa- y, paradójicamente, la han votado un centro izquierda, cada vez más acomplejado, sumido en un cierto neoliberalismo (…)”. La protesta de la iglesia, y de algunos gobiernos autonómicos del Partido Popular, con la asignatura de Educación para la Ciudadanía, parece más un pataleta. Pero, en verdad, la educación en España es una asignatura pendiente. Se podría afirmar que mientras no se aborde el problema de la Enseñanza en el sentido de elevar la calidad de la misma, de acabar con el sistema dual existente y por tanto con la escuela católica concertada y con el adoctrinamiento religioso en las aulas públicas, hasta entonces, no podremos decir que vivimos en un Estado laico y, mucho menos, que tengamos una escuela laica. No hace mucho tiempo la Ministra de Educación declaró que la reivindicación que se hacía en la transición política de una escuela laica y única es hoy una reivindicación anacrónica. Se equivoca: los sistemas educativos exitosos en Europa son precisamente los sistemas únicos y laicos tal y como ocurre en Finlandia (el país con mayor calidad de enseñanza de acuerdo al famoso “informe Pisa”). El sistema educativo español es un sistema segregador, que amplifica la desigualdad social, además de ser muy malo en calidad y ello se debe, entre otros factores, a la existencia de una fuerte escuela católica.

El gobierno tomó, el año pasado, otra medida curiosa que fue elevar la contribución para la iglesia en el IRPF: la justificación fue que así pasábamosa la fase de “autofinanciación” de la iglesia pero ¿de que autofinanciación habla el gobierno? ¿Acaso no es la famosa cruz en el IRPF un impuesto religioso para financiar a la iglesia católica? Evidentemente el PSOE estaba inquieto por las movilizaciones que el PP, la COPE y los obispos habían montado en la calle. El gobierno sabía que no se podía crear más enemigos electorales, que no podía perder electorado, ni por la derecha ni por la izquierda, de ahí ese zigzagueo programático. Y ahora el gobierno se encuentra atrapado entre la crisis y la subida del desempleo y eso deteriora electoralmente a cualquier partido gubernamental por eso, además, no quiere abrir nuevos frentes que erosionen más electorado, no quiere tampoco tener problemas con la Iglesia católica. ¿Colegios concertados?: ¡ni tocarlos! ¿Acuerdos con el Vaticano?: ¡ni tocarlo! Financiación de la iglesia: ¡lo que pidan! Eutanasia: no está en el orden del día. No obstante para contentar a las iglesias minoritarias y a su electorado de izquierdas intentarán abrir un debate sobre la ley de conciencia que no abordará lo esencial. El gobierno privilegia una buena relación con la Iglesia católica. Eso es lo que esta pasando.

Obispos...rostro de cemento armado




Gustavo Vidal

Mientras escribo estas líneas, los obispos se preparan para arrebatar a los españoles un histórico espacio verde.

Con el rechazo indignado de los vecinos, y sin el apoyo de la oposición, el Ayuntamiento de Madrid ha acordado regalar 25.000 metros cuadrados de suelo a la iglesia católica para la construcción de un minivaticano. Así, una de las zonas más bellas de Madrid, Las Vistillas, cambiará su rostro natural por el de cemento armado de los obispos.

E, inevitablemente, surge la pregunta: ¿Por qué no se compran ellos unos terrenos con su dinero y, luego, construyen lo que les apetezca? Muy al contrario, los españoles tendremos que financiar el minué de sotanas y escapularios en pleno centro de la capital.

Esta cesión de suelo al Arzobispado evidencia los privilegios a favor de la iglesia católica por parte de las Administraciones públicas. Y esta cesión de suelo no es única. Como afirmó recientemente Fernando Delgado, Presidente de Europa Laica, “se dan cesiones públicas a mansalva”.

De este modo, la iglesia católica recibe miles de millones en forma de suelo. Esta riqueza, que pertenece a todos los ciudadanos, acaba en el bolsillo de quienes se han opuesto rabiosamente a la ley del divorcio, la del aborto, la ampliación del matrimonio a otros colectivos, la investigación con células embrionarias, la muerte digna, la educación para la ciudadanía…

Sí, millones de euros en forma de suelo son regalados a quienes lucharon para que un matrimonio que no se soporta tuviera que resignarse a la infelicidad.

Sí, millones de euros en forma de suelo son regalados a quienes conspiran en sacristías y despachos contra la investigación con células embrionarias que pueden curar enfermedades como el temible Parkinson, la diabetes, procesos degenerativos, coronarios, medulares (paralíticos, tetrapléjicos, etc.).

Si, millones de euros en forma de suelo son regalados a quienes, durante siglos, impusieron sus criterios en las aulas y adoctrinaron a niños y niñas.
Hoy los católicos siguen gozando de toda libertad y posibilidades para que sus hijos reciban lecciones de religión católica. Y, a pesar de esto, los obispos braman para que no se imparta una enseñanza no confesional, abierta a los valores constitucionales.

Tristemente conocida es su oposición a Educación para la ciudadanía que, lejos de adoctrinar o imponer, busca formar ciudadanos libres, tolerantes y de criterio abierto.

Y esto, precisamente esto, es lo que ellos temen.

Acostumbrados durante siglos a imponer sus dogmas, rabian como lobos hambrientos ante cualquier hilacho de librepensamiento. Tienen la guerra perdida. Y lo saben. Pero no porque un Gobierno lo ordene, sino por la evolución de la conciencia social.

Lo anterior los impele a dar coletazos de rabia. Desgraciadamente, en sus coletazos de rabia rebañan millones de euros que pertenecen al conjunto de los ciudadanos. Millones de euros que podrían emplearse en guarderías, colegios, pensiones, instalaciones deportivas y recreativas, locales para la juventud… en su lugar, si nadie lo remedia, contemplaremos un minivaticano y un desfile multicolor de mitras y sotanas por el centro de Madrid.