16 de marzo de 2009

¿Existe el nacionalismo español?





Marcos Roitman Rosemann


Para un sector destacado de la elite política española, la Constitución de 1978 se aleja de cualquier nacionalismo adjetivado como español. Para fundamentar este dogma, arguyen el sentido inclusivo del concepto patria, donde caben las diferencias regionales y se reconocen los derechos de los pueblos que componen el Estado. La patria se presenta como una realidad neutral-valorativa. De tal manera que un vasco se debe sentir murciano, madrileño o catalán y un madrileño identificarse como extremeño, andaluz, canario, aragonés o navarro. Una sola patria, bajo una bandera, un escudo y un sentimiento. La unidad de la nación entendida como pueblo español. Sin duda éste fue el espíritu dominante a la hora de redactar el artículo 2 de la Constitución vigente. Para sus padres fundadores España expresa "la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho de autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas".

Mas allá de la redacción, que permite al legislador interpretar de forma conservadora o progresista su enunciado, tras de sí esconde el principio sobre el cual se urdió el proyecto de una monarquía parlamentaria. La idea de España excluye las referencias a un gobierno republicano con estructura federal en la organización del Estado. De esta forma renuncia a la memoria histórica y a su propia conciencia de nación de naciones.

Ernest Renan, en su clásico ensayo ¿Qué es una nación?, define con precisión lo que debemos entender por ésta: una alma, un principio espiritual. Legado de recuerdos y consentimiento actual, deseos de vivir juntos y voluntad de mantener indivisa la herencia recibida. Antes que nada, es una conciencia moral. No basta "ni la raza, ni la lengua, ni los intereses, ni la afinidad religiosa, ni la geografía, ni las necesidades militares su organización territorial". Pasado y presente en continuo cambio, las naciones no son de una vez y para siempre, se redefinen. Pero esta visión no está presente en la Constitución española. Se impuso una perspectiva monolítica, descartándose alternativas futuras abiertas a la contingencia.

El nacionalismo español es fácilmente identificable. Cuando se producen elecciones en Cataluña, Galicia o el País Vasco, se conjura para propagar la existencia de un frente, el nacionalista adjetivado como catalán, vasco, etcétera, versus el bloque constitucional, representado por los partidos de ámbito estatal. No de otra manera se entienden los pactos entre el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular, a pesar de las distancias ideológicas que los separan a la hora de proponer gobiernos en las comunidades autónomas históricas. En Navarra prefirieron entregar el poder a la derecha antes que gobernar con los partidos de izquierda con propuestas federales de Estado.

Las reivindicaciones federales y republicanas son presentadas como disolutivas de la patria, y sus líderes, auténticos demonios representantes de un proyecto rupturista. No importa que sea Izquierda Unida, Convergencia Democrática de Cataluña, el Partido Nacionalista Vasco o el Bloque Gallego, todos caen en el mismo saco. La realidad emerge como nacionalismos separatistas versus un bloque defensor de la patria, la nación y el pueblo español. Se trata de un nacionalismo invertido.

Para entender este dislate hay que recordar los orígenes del nacionalismo español. La defensa de la unidad patria y los principios del reino se encuentran ligados al nacionalcatolicismo del siglo XIX. Ideología que el franquismo hará suya más tarde. Menéndez Pelayo fue taxativo al indicar en qué consistía la unidad de la patria: "España, evangelizadora de la mitad del orbe, España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio... ésta es nuestra grandeza y nuestra unidad, no tenemos otra".

Así, el nacionalismo español crece y se expande, Maeztu y Primo de Rivera asumen los postulados en medio de la Guerra Civil. Con la dictadura, se reprimen lenguas, culturas y manifestaciones de identidad diferencial. Así, vascos renegarán de su condición, para definirse españoles y falangistas. Dos casos representativos; José María Areilza y Fernando María Castiella son un buen ejemplo. El primero, mano derecha de Fraga en los años 70. El segundo, un profesor universitario de alta preparación, cuyos vínculos con la Iglesia permitieron establecer los concordatos de 1953 con el Vaticano.

El nacionalismo español se encubre bajo el manto de una España grande y libre, patria indivisible donde se reconoce el pueblo. Con estos mimbres en las cortes constituyentes, Unión de Centro Democrático y el PSOE asumieron la propuesta franquista maquillando el concepto. La monarquía constitucional era la forma de recubrir su enunciado tradicionalista. Así, Alianza Popular no tuvo inconveniente en adherirse al articulado. La inclusión de las autonomías y los regionalismos hizo su entrada por la puerta trasera. Contentaron a los partidos de ámbito estatal, incluido el PCE, y se firmó el pacto. De aquí el parche, cuyo acuerdo final consistió en pensar la autonomía y el regionalismo como parte de la unidad patria. De esta forma se salvaron los escollos, significando un triunfo para la vieja Acción Católica representada en los cuadros de Alianza Popular y el Opus Dei, motor importante de las reformas económicas de los años 70. Era la recomposición del nacionalcatolicismo.

La mayoría de los dirigentes de la Unión de Centro Democrático, coalición donde coexistían social-cristianos, liberales, falangistas y monárquicos, apoyaron las tesis de la unidad patria, defendida por su adalid Adolfo Suárez. El carácter insaciable del nacionalcatolicismo se hizo carne en la nueva Constitución. Julián Marías resume con esta frase su fuerza: "Probad discrepar en un punto, el más minúsculo, y veréis cómo estas gentes cierran contra vosotros".

Para la oposición antimonárquica y democrática, en algunos casos fuera del proceso constituyente, y hoy cuasi marginal, proponer el concepto rupturista de una España federal y republicana, tejida como nación de naciones, ha sido descalificado. El actual nacionalismo español es una realidad. Su existencia permea la sociedad, desde concepciones culturales sobre el inmigrante, la raza y el espíritu de la "furia española" hasta los espacios territoriales donde las autonomías se contemplan como meros enclaves administrativos, impidiéndoles desarrollar el alma, su historia y su conciencia.

El servicio secreto republicano en el Sudoeste de Francia.(1936-1939)







Pedro Barruso Barés



El comienzo de la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, al igual de lo que ocurrió con el resto de las organizaciones del Estado, dividió a los servicios de información existentes. Pese a que no ha sido estudiado de manera detallada el esquema organizativo de los servicios e inteligencia antes de la Guerra Civil, podemos afirmar que hasta ese momento las tareas de información y espionaje habían sido, tradicionalmente, competencia de las "segundas secciones" del Estado Mayor de las unidades militares en todo lo relacionado con las cuestiones militares. De manera simultánea, y en el exterior, la información se recababa a través de las embajadas y de los diversos agregados, que de manera paralela a sus atribuciones legales se encargaban de recabar información de interés. Pese a que no tenemos un conocimiento exacto de la situación de los servicios de información durante la República es posible que éstos se vieran afectados por la legislación del período republicano. La Ley Azaña de 1931, que propició el retiro de un número importante de militares es de suponer que afectara a las "segundas secciones". Durante la Republica las tareas de información son encomendadas al Servicio de Información Militar. En el exterior podemos deducir, a raíz de la situación que se produjo al principio del conflicto y a la que nos referiremos a continuación, que la organización del servicio de información no debía ser demasiado importante. De todos modos la situación en la que quedaron las embajadas tras la sublevación, dividido el personal, en manos de los sublevados o sin diplomáticos tras la huída –para ponerse al servicio de los alzados- de gran parte de los diplomáticos es de suponer que desarticuló en gran parte el servicio de recogida de información.


El reparto territorial tras la sublevación dejó en manos de los republicanos los principales pasos fronterizos con Francia, país del que se esperaba recibir ayuda y que era vital para el paso y la recepción de las armas y de los voluntarios que se dirigían hacia España desde distintos lugares de Europa. Aparte de los pasos fronterizos de Cataluña, que permanecieron en manos de la República a lo largo de todo el conflicto, el otro punto fronterizo importante era Irún. Este, pese a que quedó en manos de las fuerzas republicanas fue ocupado rápidamente por las tropas provenientes de Navarra en los primeros días de septiembre de 1936. A partir de ese momento Irún se convirtió en el principal punto de comunicación con Francia con el que contaron los franquistas. Esto, y el aislamiento al que se vio sometido el norte republicano, aumentó la importancia del Sudoeste de Francia en el esquema de los servicios de información organizados por los republicanos.

En el Sudoeste, una zona comprendida entre Burdeos y la frontera española, se encuentran las localidades de Biarritz y San Juan de Luz, tradicionales lugares de veraneo y residencia de la aristocracia española y que desde el advenimiento de la República acogió a un elevado número de exiliados monárquicos. Esto convirtió a las citadas localidades de la costa vasco francesa en un centro de actividades antirrepublicanas. Desde 1935 los tradicionalistas tenían la sede de la Junta Carlista de Guerra en San Juan de Luz y, en 1936, en la misma localidad se instaló la organización de "Nacho Enea", que se convirtió en una auténtica seudo embajada de "nacional". Biarritz, por su parte, acogió las actividades del SIFNE (Servicio de Información y Fronteras del Norte de España) y de los agentes alemanes del Abwerh. Si a estas razones unimos la cercanía de la zona "nacional" es fácil suponer la importancia que adquirío el Sudoeste para los servicios de información republicanos, de cuya actividad vamos a ofrecer una breve panorámica en las páginas siguientes.



Los primeros momentos: La etapa Quintanilla.



El desarrollo de los servicios de información de la República en el Sudoeste no dio comienzo hasta finales del mes de septiembre de 1936, cuando, tras constituirse el nuevo Gobierno presidido por Largo Caballero, Salvador de Madariaga es nombrado embajador en París. Este nombramiento se inscribía en la política del ministro de Estado, el socialista Álvarez del Vayo, de enviar personas de cierto peso político a las principales embajadas con el fin de defender la causa de la República. De esta manera fueron nombrados Pablo de Azcárate como embajador en Londres, Luis Jiménez de Asúa se hizo cargo de la legación de Praga y Fernando de los Ríos fue enviado a Washington. En el caso de Francia el nombramiento de Madariaga supuso el fin a una etapa de desconcierto motivada por el abandono del embajador en tiempos de paz, Juan Francisco de Cárdenas, que tras producirse el Alzamiento se puso a las órdenes del ex embajador de la monarquía Quiñones de León.

Las actividades del servicio secreto republicano, en un primer momento, se centraron en la organización de una serie de servicios de propaganda. De esta manera se trataba de contrarrestar la labor llevada a cabo trataron de ser contrarrestados por los organizados por Cambó y otros miembros de la Lliga exiliados en Francia desde el comienzo de la Guerra Civil. La cuestión de la información y del contraespionaje, labor en la que los sublevados llevaban trabajando bastante tiempo, no fue abordada en los primeros momentos. Sin embargo la constatación de la necesidad de contar con agentes de absoluta confianza en Francia llevó a la creación de lo que se denominará la "Red Quintanilla", que podemos considerar como el primer servicio de información organizado por los republicanos en Francia.

Esta red de información se denominó de esta manera al estar organizada por Luis Quintanilla, un pintor socialista y amigo íntimo de Araquistain y que mantenía amistad con el mismo Azaña, lo que hace pensar -a la vista de cómo se desarrolla el proceso en el bando nacional- que esta fuera la razón principal para que éste se encargara de la organización del servicio. Quintanilla estableció la dirección de su servicio de Información en Biarritz y contó con agentes en San Juan de Luz, Bayona y Saint Jean Pied de Port y Pau. Fuera de los Bajos Pirineos la red disponía de agentes en Burdeos, Niza y Toulouse.

El hombre clave en el sur de Francia, dentro de los servicios de Quintanilla, fue Saturnino Lasa. Junto a éste otros dos agentes fueron las piezas fundamentales de la organización creada por Quintanilla. Se trataba de dos policías franceses, el comisario especial Sanglat, de la comisaría de Bayona, y el teniente Pelaprot, de la Gendarmería. Ambos eran agentes de 2éme Bureau, es decir de los servicios secretos franceses. En Biarritz, junto a los citados Quintanilla y Lasa, integraban el servicio dos agentes más; Blas Urroz y Joaquín Carrasco, ambos militantes del Partido Comunista y el segundo presidente de la Federación de Emigrados Españoles en Francia. El resto de los agentes se distribuían por San Juan de Luz y Saint Jean Pied de Port. Pese a que los documentos no identifican plenamente a los agentes en estas dos localidades podemos suponer que el agente en la segunda de ellas es el ex alcalde de Elizondo, Blas Marín, que huyó a Francia al comienzo de la Guerra Civil estableciéndose en la citada localidad francesa.

Pese a los esfuerzos llevados a cabo por los republicanos se puede decir que ésta organización inicial no ofreció los frutos deseados. La situación política por la que atraviesa la República, las rencillas y diferencias entre los diplomáticos que se mantienen fieles a la República y los agentes republicanos frustran las posibilidades de que este primer servicio obtuviera mejores resultados.

En los primeros meses de 1937, y a raíz de la crisis provocada por la ocupación de Málaga, da comienzo una gran reorganización del aparato burocrático de la República en el que también se ve envuelto el ministerio de Estado y, por consiguiente, los servicios de información que de él dependían. Tal como señala Félix Luengo, la principal transformación en el citado ministerio fue la creación del Gabinete Político y Diplomático del que iba a depender, de ahora en adelante, todo lo relacionado con la valija diplomática, el servicio de cifra y el de información. Dentro de este último se incluye el llamado Servicio de Información Diplomática y Especial (SIDE) -también conocido como el Servicio Especial- cuya función era controlar y coordinar los servicios de información que operaban en el exterior y contrarrestar la actividad de los agentes franquistas que operaban en Europa.

En abril de 1937 el ministro de Estado encargó la dirección del SIDE al socialista Anselmo Carretero. La persona elegida para reorganizar los servicios de información republicanos era un ingeniero industrial que antes de la Guerra Civil trabajaba en la sección de pesca de la Dirección General de la Marina Mercante y que en los primeros meses del conflicto tomó parte en varios mítines de apoyo a la República en México, donde era embajador su yerno Gordón Ordás. La primera colaboración de Carretero con las labores de información, y que suponemos que fue la que le hizo acreedor de ser nombrado para el citado cargo, fue la reorganización del servicio de cifra y la creación de nuevas claves, parte de las cuales son llevadas por Araquistain a París al hacerse cargo de la embajada. De este modo, a partir de abril de 1937, Carretero será el principal responsable de los servicios que operan en el exterior, motivo por el cual da comienzo a una amplia labor de reorganización de la situación existente hasta ese momento. Sin embargo, cuando el nuevo responsable de los servicios de información comenzaba sus trabajos estalla la crisis de mayo de 1937.

La principal consecuencia que se deriva de ésta -al menos desde la perspectiva que ahora nos interesa- es la caída del Gobierno de Largo Caballero. Como consecuencia del relevo ministerial cesa en sus funciones de Ministro de Estado Julio Alvarez del Vayo, al igual que lo hará Araquistain como embajador en París. La salida de este último de la embajada tiene como consecuencia inmediata el abandono, por parte de Quintanilla, de las labores que venía llevando a cabo, ligando de esta manera su actividad a la permanencia del embajador, si bien éste ya había manifestado a Álvarez de Vayo, en una conversación telefónica el 29 de abril, su intención de abandonar sus funciones y regresar a Madrid. Tras abandonar el Sudoeste Quintanilla partirá hacia América donde permanecerá exiliado abandonando por completo su colaboración con los servicios de información. De esta forma la principal red de información con la que contaban los republicanos en Francia queda descabezada, aunque entre los meses de mayo y julio seguirá funcionando situándose al frente de la misma Saturnino Lasa, secretario de Quintanilla al igual que la pequeña red organizada por Luis Arconada en Burdeos.

El abandono de Quintanilla provoca que su organización sobreviviera escasos meses a su marcha. Esta situación obligó a reconsiderar la situación de los servicios de información republicanos en Francia. Sin embargo la mayor parte de sus agentes se incluirán en los nuevos servicios que los republicanos organizaron en Francia. Estos tendrían su base en las representaciones diplomáticas de la República. El consulado de Hendaya, se convirtió en el principal centro de operaciones del espionaje republicano en Francia y al frente del mismo el canciller del consulado Anastasio Blanco Elola que fue, desde mayo de 1937, el responsable del Servicio de Información Diplomático y Especial (SIDE) -conocido como Servicio Especial- en el Sudoeste de Francia.



Anastasio Blanco y el SIDE.



En España, mientras tanto, era nombrado ministro de Estado José Giral y designado embajador en París Angel Ossorio y Gallardo, antiguo embajador en Bruselas. Para ocupar la secretaría política fue designado el anterior ministro de Propaganda, Carlos Esplá perteneciente a Izquierda Republicana al igual que Giral. Carretero es confirmado en su puesto lo que le permite continuar desarrollando el SIDE. Junto a Carretero conformarán el núcleo del servicio Valeriano Pastrana, secretario y segundo en la jefatura del mando, licenciado en Derecho y antiguo interventor de ferrocarriles, Ramón García del Diestro -comandante inválido de guerra- Andrés Caamaño, antiguo funcionario de Hacienda y encargado del archivo reservado y Gabino de la Fuente, un maestro nacional que será el encargado del archivo. Este grupo, desde mediados de 1937, formó la cúpula del espionaje republicano que operó desde Valencia. La primera labor que afrontó el nuevo responsable de los servicios de Información es la de dotar al Gobierno republicano de unos servicios eficaces y que pudiesen contrarrestar con garantías la labor llevada a cabo por los sublevados en el sudoeste.

Para lograr este objetivo Carretero y su equipo elaboran un informe que es presentado a Giral el 4 de junio de 1937 y en él se pide un esfuerzo presupuestario para poder dotar a los agentes que operan en Francia. En concreto se solicita para el país vecino un presupuesto de un millón de francos en el que se contemplan los sueldos de los agentes (540.000 francos), una partida para los gastos de los mismos (300.000 francos) y una tercera partida para "gastos especiales" cifrada en 160.000 francos. En lo que se refiere a la distribución geográfica del servicio de Carretero en el Sudoeste solo se contempla contar con dos agentes en Burdeos, que cobrarían respectivamente 2.000 francos cada uno, y otro agente en Hendaya que recibiría la misma cantidad. Sin embargo la situación real de los servicios en Francia complicará bastante los planes iniciales y que el nuevo servicio de información pueda llevar a cabo una labor eficaz.

Las causas de esta diferencia entre lo planificado y la realidad son varias. En primer lugar debemos citar la despreocupación del nuevo embajador, Ossorio y Gallardo, por todo lo relacionado con las cuestiones de información. Esto queda puesto de manifiesto en julio de 1937 cuando Lasa -antiguo secretario de Quintanilla- se dirige a la embajada reclamando una suma de 30.000 francos para costear los gastos generados por la red de información desde la partida de Quintanilla. Tal como señala Félix Luengo, Lasa no tiene ningún éxito en sus gestiones, al igual que Arconada, al que el encargado de seguridad de la embajada, el policía Francisco Mata que acabaría pasándose al bando nacional, le responde que Ossorio no quería saber nada de ningún servicio del camarada Araquistain. El descontento y desaliento que esta situación genera en las personas que integraron el primer servicio de información republicano son evidentes. Lasa quedará, aparentemente, al margen de toda actividad. Arconada escribirá al ministro Giral preguntándole si debe seguir con las labores de información o cesar en las mismas.

La segunda causa es el cambio de orientación que se trata de dar al servicio diseñado por Carretero, en el que París gana peso en detrimento de Biarritz y Hendaya, al contrario de lo que ocurría con Quintanilla que centraba sus principales esfuerzos en las inmediaciones de la frontera. Se trata de reforzar la información procedente de los consulados, como es el caso del de Pau, en el que el cónsul apuesta por potenciar el servicio de información ya existente -organizado mediante la colaboración con Quintanilla- y el de Burdeos, cuyo cónsul solicita que se organice en la ciudad un servicio, desechando el organizado por Arconada. La tercera, y última causa de la situación que atraviesan los servicios de información de la República en el Sudoeste, está generada por la creación de la más importante red de la que dispondrá el Gobierno republicano en Francia, la creada por el canciller del consulado de Hendaya Anastasio Blanco Elola que acabará imponiéndose a las pretensiones de crear un servicio centralizado en París como pretendía Carretero.

Lo que se conocerá como la "Red Blanco" responde al trabajo desarrollado por el canciller del Consulado de Hendaya Anastasio Blanco Elola, que se convertirá igualmente, en el jefe del Servicio Especial del citado consulado. Los rasgos biográficos de Blanco, de filiación socialista, provienen de dos informes enviados a Pastrana por los cónsules de Hendaya y Bayona, Antonio Múgica Irureta y Pedro Lecuona respectivamente, fechados en 1938. En los citados informes el cónsul de Hendaya señala que desconocía a Blanco y que su presencia en el citado consulado, como se hace constar en el informe, era anterior a la llegada del citado diplomático al mismo. Más interesante es el informe de Pedro Lecuona quien señala que conoce a Blanco desde el momento de la proclamación de la República al ser nombrado cónsul de la República en Hendaya. Al parecer Blanco había tomado parte en el intento revolucionario de diciembre de 1930 y en agosto de 1936 formó parte de la Comisaría de Transportes de Fuenterrabía. Durante la campaña de Guipúzcoa se trasladó a Francia, comisionado por el Gobernador Civil, para conseguir municiones. Ante la caída de Irún Blanco no puede regresar y Lecuona le recomienda al cónsul de Hendaya quien le incorpora a la representación diplomática. En el mismo informe se hace constar que en mayo o junio de 1937 el Sr. Ministro de Defensa le encomendó la organización de los servicios confidenciales. Esta afirmación es importante porque supondría que el encargo a Blanco provendría de Indalecio Prieto -a la sazón- ministro de Defensa y no del Ministerio de Estado y del SIDE, lo que supondría la existencia de dos servicios secretos republicanos operando en Francia, uno creado a instancias de Prieto y el otro auspiciado por el Ministerio de Estado. Sin embargo, tal como señala Luengo, en junio de 1937 Blanco ya remite una propuesta de organización del servicio al Ministerio de Estado, extremo que es ratificado en una carta del cónsul a Ossorio en julio de 1937 en la que se indica que así como el Sr. Álvarez del Vayo, antes, había encargado al Sr. Quintanilla, ahora, el Sr. Prieto ha encargado al Sr. Blanco con instrucciones concretas. La importancia de Blanco queda puesta de manifiesto cuando Ossorio pide consejo a Blanco sobre qué hacer ante la reclamación de Lasa del pago de los gastos del servicio de información. La negativa del jefe del Servicio Especial de Hendaya parece estar en el origen de la enemistad que enfrentará a estos dos personajes y que se podrá seguir claramente en los informes que cada uno de ellos envían al Ministerio. Pero nuestro objetivo no es ahora analizar las diferencias entre Blanco y Lasa, por otra parte estudiadas por Luengo, sino el desarrollo que siguen los servicios de información. Lasa pasará a depender de los servicios del Ministerio de la Gobernación, si bien se hace constar que no tiene nada que ver con la red de información montada por Blanco. Para septiembre de 1937 Anastasio Blanco ya es el jefe de la principal red de información con que cuenta la República en Francia, cuya sede principal, a consecuencia de la inactividad de Ossorio y en contra de las directrices de Carretero, se sitúa en el Consulado de Hendaya. A partir de este momento Anastasio Blanco emprende una reorganización de la red de información establecida en el sudoeste de Francia para lo que recibe instrucciones concretas para desarrollar el servicio de información y para utilizar como agentes

únicamente a aquellos que a juicio suyo sean personas de absoluta confianza y que realmente puedan efectuar un trabajo eficaz apartándose de los restantes que en lo posible deberán ignorar el funcionamiento de este servicio

El resultado de los trabajos de Anastasio Blanco es una red de información que contaba con agentes en las principales localidades costeras del sudoeste (Hendaya, San Juan de Luz, Bayona) y en otras del interior (Ascain, Cambó, Arneguy, Saint Pée Sur Nivelle, Sara...) así como en Burdeos, Pau, Toulouse y Tarbes, organizando de esta manera una tupida red de agentes. Sin embargo la reestructuración acometida por Blanco generó discrepancias entre los antiguos colaboradores de Quintanilla y de Lasa. Joaquín Carrasco, comunista presidente de la Federación de Emigrados Españoles Refugiados en Francia, plasmó su descontento en un escrito fechado el 3 de julio de 1937, que dirige al Ministerio, en el que señala que

Cuando al cabo de trabajos inteligentes y desinteresados se pone esto en pie de lucha eficaz contra el espionaje, llegan unos individuos desastrosos de los frentes, arribistas desacreditados y para emboscarse intentan acaparar esa organización, dejando a éstos camaradas después de los compromisos contraídos en una posición vergonzosa... por eso camaradas poner todo vuestro peso cerca del Embajador para que estas maniobras no prosperen, maniobras dirigidas por el Cónsul de Bayona [Pedro Lecuona] harto desacreditado y conocido y por el Canciller del Consulado de Hendaya [Anastasio Blanco], personaje de las más baja moralidad, antiguo dirigente del Frente Popular de Irún, arribista y descarado emboscado

El fundamento de esta crítica puede explicarse por la militancia comunista de Carrasco y en las diferencias del PCE con Prieto pero, desde mi punto de vista, la razón de fondo se reduce a rencillas personales generadas por la caótica situación que se vive en el frente guipuzcoano durante la campaña militar de julio-septiembre de 1936 y la situación en que quedan sumidos los republicanos tras la derrota en territorio guipuzcoano. Sin embargo la red de agentes creada por Carrasco se integrará en los servicios organizados por Blanco cubriendo diversos servicios. De los agentes de Quintanilla se incorpora igualmente Luis Arconada, aunque al cabo de poco tiempo es descartado al ser considerado confidente de la policía francesa al igual que Pedro Redondo, colaborador del anterior que considera que

No ha sido mala persona, tan lo creo así que antes de ahora lo he defendido, pero se ha dejado llevar por una mujer de la vida que es dueña de su voluntad. Y no son asuntos estos para enredarlos en los pliegues de una francesa.

En una reacción que parece corresponder con el carácter de Blanco, descrito por el cónsul de Bayona en su informe, en el que señala que considera al agente como de una moral y una decencia como he conocido pocas personas. La organización de Blanco llega a contar con un total de sesenta agentes de los que al menos 29 permanecen activos durante todo el período de vigencia de la jefatura de Blanco.

Pese a que no es posible identificar a la totalidad de los agentes de Blanco, ya que éstos aparecen relacionados por números no por sus nombres en lógica con la actividad secreta que desempeñan, si nos es posible conocer la identidad de algunos de los colaboradores de Blanco, muchos de los cuales ya colaboraban con Quintanilla. Este es el caso de los agentes denominados como 42 y 43, identificación que corresponde, respectivamente, al ex alcalde de Elizondo Blas Marín y a Ernesto Erviti, un contrabandista de la localidad navarra de Lanz refugiado en Francia. Otros agentes identificados son la nº 46, una joven santanderina llamada Maruja Lorenzo que es enviada a Zaragoza, Manuel Otamendi (agente 48) antiguo redactor de "El Liberal de Bilbao" y refugiado en Burdeos donde ejerce como corresponsal de la Agence Espagne, o Mauricio Ugarte (agente 49), antiguo miembro de la Policía Naval afiliado la UGT, y del que Blanco considera que realiza una labor eficacísima de vigilancia de los barcos surtos en el litoral cantábrico o Ignacio de Tomás, presidente de Izquierda Republicana de Irún y refugiado en Hendaya.

La organización de Blanco cuenta con sus principales agentes en las localidades de Hendaya, Biarritz, Bayona, St. Jean-Pied-de Port, Burdeos y Tarbes. En la localidad fronteriza son dos franceses los colaboradores de Blanco: el comisario Dedieu y un concejal socialista del ayuntamiento, Albert Barbaza. En Biarritz la responsabilidad recae en Joaquín Carrasco, al que ya hemos mencionado anteriormente, mientras que en Bayona y Burdeos la labor está a cargo de un tal Tejedor, refugiado procedente de Irún, empleado en el consulado al igual que José Almoina en Burdeos, ciudad en la cual ya había cesado Arconada en sus funciones. En los pasos de los Pirineos la actividad es controlada por Marín y Erviti, mientras que en Tarbes la responsabilidad recae en Fermín Cuende. El mantenimiento de la red, según los documentos consultados, venía a suponer un desembolso de 24.250 francos para hacer frente a los gastos generados por los 22 agentes que reciben un sueldo fijo. En lo que se refiere a la filiación de los integrantes de la misma hemos podido identificar a seis republicanos, cuatro comunistas y tres socialistas.

El servicio organizado por Blanco en el Sudoeste, como ya hemos dicho, se nutre de muchos colaboradores de la época de Quintanilla pero incorpora agentes nuevos. Entre los de la fase anterior destacan los policías Sanglat y Pelaprat, que ya hemos visto que con toda seguridad pertenecían al contraespionaje francés. De los nuevos agentes destaca el comisario de Hendaya Dedieu, amigo intimo de Blanco, acusado por Saturnino Lasa de pertenecer al Partido Social Francés de La Rocque. En una información, recogida por Lasa en un informe remitido al Servicio de Información Militar (SIM) se recogen graves descalificaciones de los principales agentes de Blanco, pero, dada la enemistad que existía entre ambos personajes, estas afirmaciones deben ser tomadas con ciertas reservas.

Sin embargo las sospechas de infiltración en el servicio de Blanco nunca dejan de existir. Este el caso de Marino Alduain, redactor del diario liberal de San Sebastián "La Prensa", sobre el que gira en su derredor una bruma de fascista. Sin embargo la infiltración más importante que se puede documentar en la organización creada por Anastasio Blanco es la del agente denominado en clave "C.I.". Se trata de Hugo Berti, un oficial perteneciente a la inteligencia militar italiana que se hace pasar por colaborador de los republicanos. Destinado en el frente de Aragón entra en relación con los republicanos en la zona de Toulouse, donde facilita informaciones a los agentes de Blanco. A cambio de sus informaciones pide que se le diga en que sectores del frente tienen interés los republicanos. Esto despierta las sospechas de Blanco, que pese a sus reservas reconoce que

Las informaciones que manda este individuo son realmente interesantes y alguna ha podido comprobarse. Pero su personalidad resulta todavía sumamente extraña, sería muy conveniente -y por lo demás un trabajo interesante para quien tenga afición a éstos servicios- averiguar las andanzas de este sujeto y el verdadero papel que desempeña en todo esto

La actividad de "C.I" se desarrolla entre los meses de octubre y diciembre de 1937, cuando el frente de Aragón registra una gran actividad y se está preparando la ofensiva republicana de Teruel por lo que la información en ese sector es de una gran importancia. En diciembre de 1937 Blanco parece convencido de que Berti es un agente franquista y trata de organizar una operación para detenerle en el puerto de Séte, en el Mediterráneo, para la que trata de contar con la colaboración de la policía francesa interesada también en meterle mano. La documentación no nos da mas información sobre las actividades del oficial italiano pero es de suponer que al despertar sospechas regresara a la zona nacional.

Los agentes de Blanco, por su parte, también tratan de infiltrarse en los servicios de espionaje del bando nacional. Según se desprende de los documentos que se han conservado al menos dos personas, que se encontraban al servicio de los nacionales, pasaban información a los agentes de Blanco. Uno de ellos era el mismo chofer del Conde de los Andes, que facilitaba información al agente nº 18 de la red de Blanco. El otro era el hermano de uno de los agentes del Servicio Especial de Hendaya, que trabajaba en "La Grande Frégate", sede del SIFNE y que consigue hacer llegar varios documentos a los republicanos. Sin embargo la documentación no nos permite valorar la importancia de esta infiltración.



El final de los servicio republicanos en el Sudoeste.



En la fase final de la Guerra Civil el Servicio Especial de Hendaya atraviesa una importante crisis que acaba con la desaparición de la Red Blanco. Tal como opina Félix Luengo la crisis de la organización creada por Anastasio Blanco aparece estrechamente ligada al cambio de Gobierno que se produce en abril de 1938 y que motiva la salida de Indalecio Prieto del Ministerio de Defensa -función que es asumida por el propio presidente del Gobierno Juan Negrín- y el regreso de Álvarez del Vayo como ministro de Estado. El retorno de éste coincide con un proyecto de reformar los servicios de información tendente a una centralización de los mismos. Esta idea era largamente analizada tras rechazarse la pretensión de Prieto de que el SIM absorbiera al SIDE, idea rechazada por las resistencias del Ministerio de Estado a llevar a cabo el proyecto, lo que supondría carecer de un servicio que le permitiera obtener información sobre las actividades en el exterior.

En abril de 1938 Anselmo Carretero elaboró un informe sobre la situación del servicio exterior dependiente del Ministerio de Estado en el que señala que el organizado en el consulado de Hendaya ha tenido un próspero desarrollo. El ministro le solicita un proyecto de reordenación del servicio, propuesta que es entregada en un informe fechado el 27 de abril de 1938 en el que se propone crear cuatro áreas principales. La primera correspondería a París de donde procede el principal déficit de información según Carretero, el resto de áreas serían la del sureste, que sería dirigida desde Marsella, la Central correspondiente a Toulouse y la del Sudoeste, controlada desde Hendaya. La jefatura del servicio diseñado por Carretero se situaría en Toulouse al frente de la cual se situaría el nuevo cónsul en la ciudad francesa y que sería una persona vinculada a los Servicios de Información. Pese a que en el informe no se le menciona, Luengo supone se podía tratar de su subordinado Pastrana o de su anterior superior en el Ministerio, Nistal, que posteriormente sería nombrado cónsul en París. La importancia que se concede al Sudoeste está reflejada en la larga referencia que al mismo se hace en el citado informe que, pese a su extensión y dada la importancia del mismo, reproducimos íntegramente. Según el informe elaborado por Anselmo Carretero

Caracteriza a esta región[Suroeste] al estar comprendida en ella la frontera de los rebeldes con Francia. Hendaya es el punto de mayor tránsito de personas entre el extranjero y la zona facciosa.

En esta zona del Suroeste de Francia son particularmente intensas las actividades conspirativas de los facciosos hasta el punto de que en ella han estado enclavados los principales centros del espionaje faccioso en el extranjero (Grande Frégate, Nacho Enea...

Las principales actividades que debe desarrollar el servicio del Suroeste han de ser, por lo tanto, la vigilancia de la frontera y el trabajo de contraespionaje alrededor de los centros de espionaje rebeldes (en ese sentido ha venido actuando el servicio de información de Hendaya, con resultados satisfactorios, sí se tienen en cuenta las grandes deficiencias de organización y dificultades señaladas en el informe del día 13.

También debe ser objeto de la mayor atención del servicio del Suroeste, principalmente con miras a la guerra, la obtención de informes de la zona rebelde. Utilizarán para ello toda clase de enlaces e informadores: enlaces por la montaña por medio de contrabandistas y campesinos del país; por carretera, por los chóferes que cruzan con frecuencia la frontera franco-española; Por los extranjeros que pasan a la zona rebelde con diversas misiones, periodistas, agentes etc... (el Servicio de Hendaya ha tenido informadores que han llegado hasta Pamplona. Habrá que intentar establecer una red de espionaje en la retaguardia profunda del enemigo.

Desde Hendaya también puede introducirse propaganda en la zona facciosa (el Servicio de Hendaya ha desplegado alguna actividad en este sentido, habiendo pasado al campo rebelde hojas y folletos de propaganda).

Trabajos de información cerca de las misiones diplomáticas extranjeras establecidas en Hendaya (se ha hecho ya alguna con buenos resultados).

Información sobre el tránsito de personas por la frontera utilizando ello las autoridades y aduaneros franceses amigos.

Tráfico comercial por la frontera franco-facciosa.

Información sobre las relaciones y tratos existentes entre los facciosos y las autoridades fronterizas francesas (sabidas son las estrechas relaciones que los espías rebeldes -el nombre de Troncoso y del ex marqués de Portago han aparecido en la prensa del mundo entero- mantienen con determinadas autoridades del Suroeste de Francia.

Trabajo de desinformación y de provocación entre la migración facciosa (ejemplo de esta clase de trabajo es la que motivó la detención de ex marqués de Portago, liberado después gracias a sus amistades entre las autoridades y la Justicia Francesa)

Igualmente debe procurarse fomentar la deserción entre elementos descontentos del campo faccioso

Vigilancia para la protección de los barcos leales situados en puertos del Atlántico (en este aspecto se han hecho algunos servicios eficaces).

Debe ser objeto de vigilancia por parte del servicio del Suroeste de Francia la entrada en Burdeos y el transporte hasta la zona leal, del material que nos llega por este puerto del Atlántico.

Por último, el servicio del Suroeste de Francia podría intentar la preparación de sabotajes en la zona facciosa fronteriza. Es este sentido no se ha realizado labor alguna hasta la fecha.

Con respecto a Blanco, en el citado informe pese a que se le considera como persona del mayor entusiasmo y que ha prestado hasta el momento servicios muy útiles -y puede seguir prestándolos si se le utiliza bien- es el jefe del actual servicio de Hendaya, que en gran parte ha organizado él, Carretero opina que no le parece que reúna las condiciones de capacidad y discreción necesarias para desempeñar la jefatura de tan importante zona.

La desconfianza de Carretero hacia Blanco se fundamentaba en las diferencias que se habían producido entre los ministerios de Defensa y Estado sobre los servicios de información en el extranjero. Previamente al informe de Carretero -en el que se duda de la permanencia -tal como reconoce- del agente más importante con el que cuenta la República en Francia, Anastasio Blanco había remitido una carta, fechada el 8 de abril de 1938, en la que señala haber sido nombrado para el desarrollo de un servicio de información en el Sudoeste por el propio Prieto y ser el responsable del SIM en la zona, extremo que como señala Luengo se desconocía en el Ministerio de Estado. Blanco, expone que ya que fue nombrado por Prieto lo más lógico es que cesara en sus funciones al abandonar éste el ministerio pero, y aunque la desconfianza hacia el canciller del consulado de Hendaya irá en aumento, por el momento se le confirma en el cargo y sigue desempeñando las mismas funciones.

Por su parte Pastrana solicita sendos informes a Hendaya. El primero de ellos es elaborado por Blanco y Echeveste -funcionario del consulado- en el que se defiende al cónsul Múgica. A éste, a su vez, se le pide un informe sobre Blanco y su red en la que se hace referencia a los principales agentes franceses de la misma (Dedieu y Barbaza). Ambos informes, a los que se suma otro del cónsul de Bayona Pedro Lecuona, son favorables a las personas de las que se informa. Ambos cónsules realizan un elogio de la labor de Blanco y de su trayectoria política a la vez que se desmienten las acusaciones vertidas contra los agentes de Blanco (vinculación de Dedieu con el Partido Social Francés y la presunta connivencia con elementos del bando nacional por la colaboración del hermano de Echeveste como la Comandancia de Irún). Por su parte Blanco defiende la actuación pública y la vida privada de Múgica en su informe desmintiendo todas las acusaciones que se formulan en su contra. Estos ataques, consideran los informantes que están motivados por cierto resentimiento de los refugiados españoles que permanecen en la zona hacia las personas que ostentan cargos oficiales a los que acusan de "enchufistas".

A pesar de que las informaciones que se reciben en Barcelona son favorables, lo que se puede considerar como el golpe definitivo a la Red Blanco proviene de un viejo enemigo del canciller del consulado de Hendaya, el secretario de Quintanilla Saturnino Lasa. Desde la dirección del SIM se recibe una información que indica que entre los papeles abandonados por un mayor de milicias que ha pasado a la zona nacional se encontraba un listado completo de los agentes del servicio de Hendaya. La alarma cunde en la sede del SIDE y Pastrana se desplaza al Sudoeste para llevar a cabo una investigación. En el transcurso de la misma se descubre que un mayor de Infantería llamado Ramiro Puch Ferrer, perteneciente al SIM y que actuaba en Francia, se había pasado al bando nacional desde Francia. Según el relato del propio Lasa a Pastrana, en noviembre de 1937, se presenta en el domicilio de Lasa en Biarritz una persona que dice llamarse Antonio Puch Ferrer y que se identifica como perteneciente al Servicio de Información del Estado. El motivo de la visita a Lasa era que éste se incorporará a la misión de organizar un servicio de información junto con hermano de Puch. El visitante, agente del SIM, logra obtener de Lasa la lista de los agentes de Blanco que conocía, tras lo que deserta igualmente. La indiscreción de Lasa pone al descubierto la organización de Blanco, lo que mueve a Pastrana a recomendar su destitución pidiendo que el Servicio Especial pase a depender del cónsul, si bien reconoce que mientras éste no conozca a fondo los entresijos del servicio no se podrá prescindir de los servicios del canciller.

Tras la visita del funcionario de los servicios de información los cónsules de Hendaya y Bayona son cesados, y sustituidos respectivamente por Emilio Moraita y Ramón Castrovido, en el mes de junio. Es posible que en la decisión de cesar a Múgica influyera la entrevista que éste mantiene con Pastrana en la que, según Luengo, el diplomático desprestigia a la persona que anteriormente le había defendido y que posteriormente volverá a descalificar a finales de junio de 1938, tras su cese -que es posible del que responsabilice a Blanco- y se muestra dispuesto a incorporarse como soldado a la División 43. Múgica acusa a Blanco de proponerle repartirse los fondos reservados del consulado y de formular críticas contra los dirigentes del SIDE. A su vez Blanco responde a las acusaciones del ex cónsul señalando que el derrumbamiento del frente del Valle de Aran supuso el derrumbamiento moral de Múgica al que acusa de mantener entrevistas con falangistas.

Las críticas contra Blanco no cesan y en septiembre de 1938 es acusado por el SIM de apropiarse de ciertas cantidades de dinero destinadas a organizar el servicio militar en el Sudoeste y gastar cantidades pertenecientes al agente del SIM en Francia que éste había depositado en el Consulado de Hendaya y, que al no compensarlos el Ministerio, lo hizo Blanco con fondos destinados a la División 43 que permanecía aislada en los Pirineos. A raíz de este asunto el SIM acusa a Blanco y a uno de sus agentes -Fermín Cuende secretario del Consulado de Tarbes- de malversación de fondos a la vez que formula serias dudas sobre la lealtad de sus agentes Marín y Erviti.

Estas acusaciones suponen la puntilla para el Servicio Especial del Consulado de Hendaya y las actividades de Anastasio Blanco. Tras los acuerdos de Munich el embajador republicano en Checoslovaquia -Luis Jiménez de Asúa que tuvo una gran influencia en la organización de los servicios de información en el exterior- no regresa a su puesto y es encargado por Carretero y Pastrana de llevar a cabo la reorganización de los servicios de información de la República. A mediados de octubre, ya investido como único responsable de los servicios republicanos, realiza una visita a Bayona en la que es de suponer se produce el cese de Blanco, que abandona la jefatura del Servicio Especial a principios de noviembre de 1938. A partir de ese momento, en una nota remitida al Ministerio se considera que la permanencia de Blanco en Francia es a título de soldado a las órdenes del Ministerio de Defensa Nacional y no como funcionario del Ministerio de Estado aunque se recomienda que se le preste colaboración en la labor informativa que por cuenta de Defensa pueda llevar a cabo. En el mismo informe se indica que el servicio de Hendaya resulta caro si se tiene en cuenta la calidad de la información que se recibe si bien se reconoce que hasta hace algunos meses el Servicio de Hendaya ha sido el más importante de Francia. Últimamente hay otros servicios que están realizando labor en volumen y calidad, muy interesante.

Este documento se puede considerar el "acta de defunción" de los servicios de información de la República en el Sudoeste de Francia. La importancia de la zona disminuye y el consulado de Hendaya se limita a llevar a cabo las escasas funciones diplomáticas que efectúa. El rastro documental de la actividad de los servicios de espionaje desaparece y ya solo encontraremos documentación sobre el abandono del Consulado por los diplomáticos republicanos escasos días antes del final de la Guerra Civil. El desmantelamiento de la Red Blanco supone el fin del servicio más importante y que más éxitos logró en su lucha contra los enemigos de la República.