7 de abril de 2009

La Traición de Francia a la República



La sistemática violación de los derechos humanos en España, el masivo exterminio del contrario por parte de los franquistas durante la postguerra y el desastre humanitario vivido por los exiliados en los campos de concentración franceses provocó que en la comunidad internacional se alzaran algunas pocas voces exigiendo el fin de los crímenes y la intervención de los gobiernos occidentales en los asuntos internos españoles. Pero esas voces y el clamor de los cientos de miles de exiliados fueron desoídos.

En la primavera y el verano de 1939, soplaban vientos de guerra en Europa y el régimen franquista, que se sentía fuerte en el interior, demostraba sus vínculos ideológicos y éticos con el nazismo aleman y el fascismo italiano a la vez que pretendía iniciar un acercamiento diplomático hacia Francia e Gran Bretaña. En esa línea política, el régimen fascista de Franco recibió con los brazos abiertos el nombramiento del mariscal Petain como embajador de Francia en nuestro país. El 20 de marzo de 1939, Petain presentó en Burgos sus credenciales ante Franco e inició una nueva etapa de colaboración con el régimen político de los victoriosos traidores. Así, Francia y Petain autorizaron con entusiasmo --para vergüenza del exilio español-- el regreso a España de las cuantiosas reservas de oro del Banco de España que se custodiaban en el país vecino y supervisaron y ejecutaron la devolución a Franco del notabilísmo patrimonio artístico del Museo del Prado que la República Española había trasferido a Francia para su protección durante la guerra civil.





Esta política de estrecho hermanamiento con Francia se prolongó tras la invasión hitleriana en mayo de 1940 y la constitución del colaboracionista régimen de Vichy. Sólo desde esa óptica de vergonzoso amancebamiento puede entenderse que en 1941 ambos régímenes autoritarios y militaristas intercambiaran pinturas y piezas arqueológicas, entre ellas la Dama de Elche, o que el gobierno de Lavall y Petain legislaran contra judios y masones y persiguieran y detuvieran --con la participación de la Gestapo alemana-- a los exiliados españoles para entregarlos en las fronteras a los militares, policia y guardia civil franquista.

Esta imagen registra una visita del mariscal Petain, embajador de Francia en España, a una cárcel franquista, muy probablemente la de Burgos, en marzo o abril de 1939. La rigidez de los presos alineados contra los muros recuerda a las similares actitudes de temor que adoptaban los judíos presos ante las visitas de los comités de inspección de los campos de concentración nazis por miembros de la internacional Cruz Roja.

Lluis Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña desde 1934, fue detenido por la Gestapo alemana en Baule-les-Pins en agosto de 1940 y extraditado a España por la frontera de Irun. Fue fusilado en el Castillo de Montjuich a los dos meses, el día 15 de octubre. En la imagen puede vérsele conducido por la guardia civil hacia el foso y el pelotón de ejecución. No quiso que le pusieran una venda en los ojos y se cuenta que murió diciendo: "Asesináis a un hombre honrado, ¡¡¡Por Cataluña!!!".

HOMENAJE A MANUEL AZAÑA. (Montauban 4 de abril de 2009).




Estamos aquí reunidos para conmemorar los sacrificios y las injusticias de todos aquellos que, de un modo u otro, soportaron y sufrieron la violencia del régimen fascista de Franco. Estamos aquí para recordar a todos aquellos que durante tanto tiempo fueron asesinados y olvidados en las cunetas o junto a las tapias de los cementerios. Estamos aquí, en definitiva, para reclamar el rescate del olvido de las decenas de miles enterrados en fosas comunes y ejecutados en los campos de exterminios nazis y de todos los que se enfrentaron a la dictadura, defendieron la democracia y por ello sufrieron prisión, exilio o asesinados por su defensa de la democracia y la legalidad republicana.
Desde aquí queremos honrarlos y recuperarlos, queremos saber dónde están, donde los mataron, queremos poder visitarlos y honrarlos como se merecen. La dictadura terminó hace ya más de treinta años y todavía no sabemos donde se encuentran muchas de sus víctimas. Pero a nuestro entender la memoria histórica no se limita a la recuperación de los cuerpos de los desaparecidos y a dignificar a todas las victimas a manos de la dictadura. La Memoria Histórica esta estrechamente ligada a la recuperación de los valores republicanos y más tarde o temprano a la instauración democrática de la III República y acabar de una vez con la Monarquía parlamentaria heredada del franquismo y aceptada en los pactos de la transición. Una Monarquía que no ha jurado la constitución española y mantiene su juramento a los principios de las leyes emanadas de la dictadura de Franco.



Aquellos que sacrificaron su vida por la defensa de la democracia no desaparecieron por propia voluntad, fueron otros muchos de los partidarios del régimen franquistas, los que de un modo consciente y brutal planificaron y ejecutaron la desaparición de nuestros muertos, o al menos las avalaron con su silencio, el silencio y la oposición de los herederos del franquismo y la propia Jerarquía de la Iglesia Católica que colaboró activamente en el alzamiento militar contra la legalidad republicana. Hoy en día poco podemos hacer por las víctimas, tan sólo honrarlas y facilitar una digna sepultara, pero algo más podemos contra aquellos sobre cuyas espaldas recae todavía la responsabilidad de las torturas, los encarcelamientos y la muerte, aquellos que tras cuarenta años de dictadura han terminado y van a terminar sus días sin que se liquiden sus responsabilidades frente a la sociedad.
Estamos aquí para rendir homenaje a todos los que sufrieron el calvario del exilio, a sus descendientes y en especial al Presidente Manuel Azaña que se salvo de las garras fascistas gracias a la protección de la Embajada Mejicana. No tuvo la misma suerte nuestro President Lluis Company que fue entregado a Franco por la colaboración del gobierno francés y la GESTAPO y fusilado en octubre de 1940 en Barcelona.
Por todo ello, exigimos:
El cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica, totalmente insuficiente, sin dilación alguna.
El apoyo de los tribunales europeos referente a los crímenes de lesa humanidad que no prescriben.
La anulación de la Ley de Amnistía recomendada al gobierno español por la comisión de los derechos humanos de las Naciones Unidas.
La nacionalidad española de todos los exiliados y sus descendientes sin tener que jurar fidelidad al Rey.
La anulación de todos los consejos de guerra instados por los tribunales franquistas y en especial el del President de la Generalitat de Catalunya Lluis Company, del que el actual gobierno de la Generalitat de Catalunya debe tomar parte activa.
La depuración de las responsabilidades judiciales y política que se pudieran derivar por la actuaciones de los responsables del régimen anterior
  Dicho esto ya sólo nos queda deciros: gracias, salud y a por la III república.
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Pamplona (Navarra) 18 de julio de 1936, asesinado el comandante José Rodríguez-Medel Briones






Pamplona (Navarra) 18 de julio de 1936, asesinado el comandante de la Guardia Civill José Rodríguez-Medel Briones cuando intentaba, siguiendo las órdenes del general de la Guardia Civil, Sebastián Pozas, el traslado de los efectivos del cuerpo para realizar una línea defensiva en Tafalla, que permitiera aislar las fuerzas golpistas bajo las órdenes del general Mola.



La versión 'oficiosa' de la Guardia Civil de la época:
Fuentes: Historia de la Guardia Civil, de (general) Francisco Aguado Sánchez, Madrid 1983.

Página 305: capítulo XV. Pamplona, centro director.

1. UN INESPERADO SUCESO

Para fijar la actuación de la Guardia Civil en Pamplona, en las jornadas del 18 de julio, hemos de partir del día 29 de Mayo, cuando el comandante militar de Navarra, general de brigada Emilio Mola Vidal, director de la conspiración, aguardó toda la noche en su despacho, en compañía del coronel García Escámez, noticias de la guarnición de Valencia, decidida a sublevarse tan impaciente como apresuradamente. Desde aquella fecha, el general Mola se constituyó en una pesadilla para el Gobierno frentepopulista de Casares Quiroga. Consecuencias de una «falta de información», aunque el Gobernador Civil de Navarra, Mariano Menor Poblador, modesto comerciante de Zaragoza, crería tener muy controlado al «director», fue el traslado a Soria del teniente coronel jefe de la comandancia de la Guardia Civil, Gregorio Muga Díez y la visita inesperada a Pamplona del Director General de la Seguridad Alonso Mallol, encabezando una nutrida columna motorizada de agentes de policía y guardias de Asalto, en la madrugada del 3 de junio, así como la concentracion de otros destacamentos de Logroño, Vitoria y San Sebastián con la «misión especial» de informarse «in situ» de las actividades del general y detenerlo y conducirlo a Madrid, si preciso fuera.



Durante veinticuatro horas se efectuaron numerosos registros domiciliarios, que sólo dieron como resultado la intervención de media docena de escopetas de caza y algunas pistolas sin la debida documentación, aunque se practicaron algunas detenciones, como la del teniente coronel retirado Alejandro Utrila, jefe de los requetés. Alonso Mallol no pudo encontrar pruebas para su triunfo, ni menos hurgar en lo hondo del pensamiento de Mola, cuando éste acudió a saludarle, como cortesía entre un ex Director General de Seguridad y otro en el ejercicio del cargo. Coadyugó a disipar sospechas el capitán de Infantería del regimiento América, Rafael Tejero, muy relacionado con los medios republicanos y amigo personal de Alonso Mallol, que le combatió cuantos argumentos expuso. Sin duda, para Tejero, antes que nada, estaba su lealtad y obediencia al mando. Alonso Mallol permaneció por algunas horas en Pamplona, regresando a Madrdid en la noche del 3 al 4, convencido de que no había razones para privar a Mola del mando y cargo que ostentaba, auqnue podemos aseverar que ese convencimiento era sólo ficcion y disimulo consustancial a los entresijos políticos. Los hechos siguientes vendrán a demostrar la justeza de esta asevración.

Horas después se presentaba en Pamplona, el comandante de la Guardia Civil, José Rodríguez-Medel Briones, para hacerse cargo del mando de la comandancia «en plaza de superior categoría» según constaría en el decreto publicado en la Gaceta con fecha 6 de junio, por acuerdo del presidente de la República. Medel procedía de la plana mayor de la segunda comandancia del 4º Tercio (Madrid) y en la escalilla del 8 de junio (1936) figuraba con el número ocho entre los de su empleo. Había recibido instrucciones del propio Manuel Azaña, con quien le unía amistad, y del presidente del Gobierno Santiago Casares Quiroga.

Mola intenta captarse al comandante Medel, quien discrepa por completo de las intenciones alcistas de los jefes y oficiales de la guarnición, mediante gestiones del coronel García Escámez, con el comandante segundo jefe de la Guardia Civil, Luis Espinosa Ortíz, compañero de promoción. Pero el intento trasciende y Espinosa es destinado a Barcelona, como ayudante de campo del general Aranguren. Al mismo tiempo, García Escámez es desposeído del mando de la media brigada de Montaña, lo que supone grave tropiezo para los planes de Mola.

Para cubrar la vacante de Espinosa Ortíz, el 6 de julio se incorpora a Pamplona, José Martínez Freira de la plana mayor del 4º Tercio, de «antecedentes frentepopulistas» y amigo de Rodríguez-Medel.

El 23 de junio se hizo cargo del mando de la 6ª División Orgánica (Burgos) el general Domingo Batet, con quien Rodríguez-Medel tomó pronto contacto
... ...
En la mañana del 18 de julio... comprobada la sublevación de Marruecos, los mandos militares acuden al despacho de Mola. Diremos que hasta entonces nos movemos solo en el campo de las sospechas.... solo faltaba el comandante Rodríguez-Medel a quien Mola había invitado a que acudiera. Hasta el capitán Atauri se le había ofrecido por la mañana como rehén en la comandancia de la Guardia Civil, para que fuese a la entrevista. Rodríguez-Medel, para oponrse a cualquier intento de rebeldía, piensa en formar «una columna de choque» con los guardias que ha concentrado para la lucha en Pamplona, y encaso extremo, retirarse a la Ribera, donde tendrá el apoyo de las organizaciones políticas de Logroño.

Ya mediada la tarde, Rodríguez-Medel, acude, por fin, a la comandancia militar. Para Mola, hijo de un coronel de la Guardia Civil, la oposición de ésta suponía cuando menos una gran preocupación. De aquella tensa entrevista se han reproducido diferentes diálogos, cuyo valor histórico no es otro que el del intento de Mola para captarse al jefe de la Guardia Civil, cuando ya hasta el Gobernador Civil, Menor Poblador, sabía por labios del propio general que había decidido declarar el estado de guerra a las seis de la mañana del día 19 y la negativa del comandante a secundarle.



El asesinato: según Luis Romero «Tres días de julio»

Luís Romero (voluntario en la División Azul y escritor), «Tres dias de Julio», depósito legal B 18.121-69, Barcelona, 1967.

Comandancia de la Guardia Civil, en esta puerta fue muerto a tiros el comandante José Rodríguez Medel, el 18 de julio por la tarde.

El general Mola sale de su despacho, seguido de su ayudante y de los oficiales que están con él.
Un brigada y unos 'números' de la Guardia civil, llegan tumultuosamente al descubir al general le vitorean.
-Dígame brigada, ¿qué ocurre?
-¡Mi general! Hemos matado al comandante Rodríguez Medel...
El comandante... obedeciendo las órdenes de esos canallas del Frente Popular, nos ha hecho formar en la explanada del cuartel, había dispuesto camiones y hecho cargar en ellos cuatro ametralladoras, bastantes pistolas ametralladoras, cartuchos y la Caja de la Comandancia. Mi general, ¡quería que nos trasladáramos fuera de Pamplona a combatirles a ustedes!

El comandante apoyado por el comandante Martínez Friera y por el capitán Fresno se negaba a decirnos adónde se nos llevaba, entonces, mi general, se ha armado un 'barullo, un compañero ha hablado en nombre de los demás... se han cruzado algunos disparos, un número ha sido herido y el comandante ... ha caído a la puerta ¡muerto!

--¡Y no será por falta de advertírselo! dijo Mola.