2 de mayo de 2009

La gran mentira del "libro negro del comunismo"




Jean-Philippe Dives **


En ocasión del 80 aniversario de la Revolución de Octubre apareció El libro negro del comunismo (crímenes, terror, represión) concebido para refutar la teoría, la práctica y aún la idea misma de la revolución socialista por ser fundamentalmente perversas. Para lograr su fin no duda en retorcer la realidad histórica, absolviendo al capitalismo imperialista de sus crímenes y amalgamando revolución con contrarrevolución, víctimas con verdugos, comunismo con stalinismo.
Digamos de entrada las cosas sin vueltas, tal como son: bajo el pretexto de un trabajo de investigación histórica, supuestamente “innovador”, los diferentes autores del Libro negro se prestaron a una operación política cuyo fin es identificar y confundir comunismo (bolchevismo) con stalinismo. También utilizan la formidable (y legítima) repulsa que este último suscita para impedir y frenar toda regeneración y resurgimiento del ideal socialista/comunista.
Lógicamente, el propósito central del Libro negro es refutar la crítica de izquierda al stalinismo, emprendida desde larga data por León Trotsky y otros opositores comunistas. Se trata de ocultar y negar el hecho de que el sistema stalinista no era socialismo o comunismo. Por el contrario representaba su negación burocrático-totalitaria y constituía la refracción del poder del capitalismo mundial en los estados donde el capital privado fue temporariamente suprimido. Sobre estas bases se machaca: 1º) que no existe otro sistema aceptable más que el de la explotación capitalista bajo la democracia burguesa; ese régimen que permite “elegir” cada “x” años a políticos incontrolables que, gracias al inconmensurable poder de las potencias económicas de las que son testaferro, se alternan en el poder; 2º) que hasta la misma idea de la revolución y el socialismo o el poder de los trabajadores auto-organizados y la democracia directa (bases del Octubre de 1917), serían en el fondo perversas y no podrían desembocar sino en catástrofes aún peores que los males devastadores que hoy día asedian a la sociedad.


¿Por qué ahora?

La campaña de propaganda organizada alrededor del Libro negro no es para nada una novedad. Desde siempre la identificación entre stalinismo y comunismo fue una herramienta ideológica extremadamente importante y útil en manos de la burguesía. Sin embargo, esta propaganda ha tenido un desarrollo considerable después del derrumbe de los sistemas burocráticos stalinistas en la Europa del Este y de la URSS.
Hay entonces una razón de “oportunidad”: los defensores del capitalismo tratan de utilizar estos acontecimientos para legitimarse. Lo hacen con más “libertad” porque los regímenes “socialistas” o “comunistas” desaparecieron (URSS y Europa del Este) o bien se unieron en los hechos a la causa de la restauración capitalista abriéndose a las potencias imperialistas (China, Vietnam, Cuba). Hay que decir que cuando la burocracia del Kremlin era el pilar fundamental para salvaguardar el orden del sistema de estados surgidos después de la segunda guerra mundial, las críticas de la derecha eran más discretas.
Hasta que se publicaron a principios de los 70 los escritos de Solzhenitsin, los ideólogos de la burguesía se unían frecuentemente a los stalinistas para llenar de oprobio a las “exageraciones” de León Trotsky, Víctor Serge, Anton Ciliga, David Rousset y otros, la mayoría revolucionarios que fueron los únicos en denunciar todo el horror y la lógica de los crímenes stalinistas. Muchos llegaron a aplaudir los procesos de Moscú. El Libro negro recuerda cómo en Francia la prensa burguesa de la época saludaba en Stalin al “patriota por sobre todas las cosas... un despotismo ilustrado, una suerte de paternalismo claramente alejado del capitalismo, pero también alejado de las quimeras del comunismo” en oposición a “otros a los que hace masacrar..., aquellos revolucionarios que permanecen fieles a su fe diabólica, histérica y presos de una furia de permanente destrucción” . Los ejemplos abundan. Podemos recordar al embajador norteamericano en Moscú Joseph E. Davies, a quien se felicitaba en 1941 por no tener una quinta columna en Moscú porque gracias a los procesos de Moscú "la depuración había limpiado el país y eliminado la traición" . Notemos que lo que fue cierto ayer para la URSS lo es hoy día en gran medida para China (la colaboración contrarrevolucionaria y los jugosos negocios obligan; ver a este efecto la gran mansedumbre en relación a la burocracia china testimoniada en numerosas obras "especializadas" por un Peyrefitte, ex ministro del General De Gaulle y presidente del Comité de Editorial de Le Fígaro).
Hay otra razón más importante: Contrariamente a las apariencias el capitalismo imperialista desprovisto de su doble burocrático se ha tornado más frágil en perspectiva. Porque, en el mismo momento en que su crisis se hace más evidente, en que el "horror económico" se instala y en que una movilización obrera y popular resurge para enfrentarlo, el aparato de control y rechazo que representaba el stalinismo no está más y lo que de él resta, como el PC francés en proceso acelerado de social democratización es menos eficaz que antes. Daniel Bensaid señala con justeza en su escrito sobre el Libro negro que "es justamente en el momento en que desaparece la contraparte stalinista en la debacle y se acaba su confiscación burocrática cuando el espectro del comunismo puede nuevamente mover el mundo" .
Ahora que el capitalismo extiende por todos los poros las manifestaciones de la barbarie y que la caída del stalinismo abrió la posibilidad de que el movimiento obrero se reorganice sobre un nuevo eje de clase, todo vale para cerrar la puerta a la única perspectiva emancipadora capaz de fecundar de un contenido revolucionario las luchas en curso y las por venir. La crisis del capitalismo tiene reglas: Cuando no hay nada para responder a los desocupados que comienzan a enfrentar la patronal y el Estado, cuando el "milagro" del "crecimiento" se desvanece y se acumulan los signos amenazantes de una depresión mundial del tipo de los años 30, el arma ideológica es más esencial que nunca. Courtois y sus colaboradores no hacen sino poner su capacidad personal al servicio de la guerra de clases que Seilliere, Chirac y Jospin orquestan cotidianamente contra los trabajadores, asalariados o privados de empleo.

Cuando se sigue aferrado al stalinismo

Notemos de paso que tanto Stephane Courtois (coordinador del Libro negro), como el difunto François Furet a quien está dedicada la obra y de la que reivindica la continuación "demistificadora" contrarrevolucionaria, son stalinistas arrepentidos. Esa gente cambió pero al mismo tiempo no. Ni antes ni ahora pudieron ni pueden concebir la emancipación de los trabajadores por sí mismos. Adoradores del Estado y del Orden, solamente han cambiado de Dios (¡forzados por las circunstancias!). El espejito de colores de la democracia representativa y la economía de mercado ha reemplazado al de la "construcción del socialismo en un solo país" (o grupo de países del campo socialista) bajo la conducción del "padrecito de los pueblos". Pero el fondo de sus mentes permanece en buena medida inalterable: Stalin es el continuador de Lenin, comunismo y stalinismo son lo mismo.
En ese sentido, siguen la misma trayectoria de Boris Yeltsin (y de tantos otros aparatchikis reconvertidos a las virtudes de la "democracia" y del mercado), antiguo alto dirigente del PC de la URSS y actual protector de la burguesía mafiosa que maneja Rusia y que explica actualmente que la Revolución de Octubre es la fuente de todos los males de su país. Más allá de la reubicación de los ex o post-stalinistas, la continuidad tiene un hilo conductor que es la defensa de la colaboración de clases, del orden existen, del poder mundial del capital. La dirección del PCF no escapa a esta regla.

Descartemos un falso debate

Antes de entrar de lleno en la crítica del Libro negro (por identificar bolchevismo con stalinismo) hay que descartar el falso debate originado en las reacciones desatadas por las “exageraciones” en el prólogo de Stephan Courtois. Otros coautores del libro (entre ellos Nicolas Werth que tiene 300 páginas dedicadas a la Revolución Rusa y la ex URSS) se diferencian de Courtois calificando sus apreciaciones de aproximativas y tendenciosas.
Verdaderamente el ex-stalinista arrepentido no golpea suave. Según él "los métodos utilizados por Lenin y sistematizados por Stalin y sus émulos no sólo recuerdan a los nazis sino que los preceden. Demuestran que los regímenes comunistas cometieron crímenes contra alrededor de 100 millones de personas, en cambio el nazismo contra 25" . No sólo se trata de comparar nazismo con comunismo sino de demostrar que los llamados "regímenes comunistas" habían sido todavía peores que el hitlerismo, es decir que constituyen el principal "modelo" de dominación burguesa sin democracia, basado en el régimen dictatorial más acabado que se haya conocido en el mundo capitalista. Para Werth y otros co-autores eso era ir demasiado lejos, y señalaron entonces, por una parte, que contrariamente al nazismo habría que admitir en el comunismo una diferencia entre las ideas de partido y su realización práctica (aún si, ¡oh desgracia!, la idea conduce a las mismas catástrofes bárbaras) y, por otra parte, que las diferentes experiencias "comunistas" expresan también realidades y contradicciones nacionales específicas que son imposibles de reducir a una ideología. Otros historiadores e intelectuales, hombres y corrientes políticas se involucraron en la controversia.
Pero hasta el presente y en lo esencial el debate que siguió a la aparición del Libro negro ha soslayado los verdaderos problemas. Todos los autores de esta obra y en particular Werth y Courtois tienen fundamentalmente igual orientación. Para ellos el stalinismo es igual al bolchevismo y los crímenes (bien ciertos) del stalinismo los cargan en la cuenta del comunismo. En esta afirmación "básica" reside la estafa que hay que desmontar y denunciar.
Pero en cambio, los que desde la izquierda resisten la identificación entre nazismo y stalinismo (no comunismo), participan de la confusión y rinden un mal servicio a la lucha por el socialismo. Por ejemplo, Cristian Picquet, redactor de Rouge , dice: "Courtois no demuestra la intención genocida de la dictadura stalinista", lo que lleva a una "banalización del holocausto" y en consecuencia su discurso "lleva la marca de la contaminación progresiva de las ideas dominantes del neofascismo en ascenso . Se coloca así en el mismo teorema que Courtois, el de buscar "quién fue el peor" y a contrapelo de Courtois (coordinador del Libro negro) trata de probar que el totalitarismo stalinista había sido "menos malo" que el hitlerismo. Para sostener esta tesis cita y reivindica un texto de Raymond Aron quien, según él, "ponía en su sitio las abusivas amalgamas entre nazismo y stalinismo" cuando afirmaba que "la diferencia es esencial porque cada empresa es animada por distintos objetivos: en un caso el fin es el campo de trabajo y en el otro la cámara de gas" . En esta comparación es evidente que el campo de trabajo es "menos grave" que la cámara de gas. En el fondo Picquet toma la nueva argumentación del PCF que "el stalinismo habría sido la perversión monstruosa de una revolución inicialmente emancipadora" . Subrayemos esto: no habría sido una contrarrevolución de punta a cabo (régimen totalitario al servicio de la opresión y la explotación al mismo nivel que el nazismo aunque de origen y de formas diferentes), sino una desviación perversa (y por supuesto "monstruosa" - el mismo Secretario General del PCF Robert Hue, que ya no puede negarlo, se llena la boca con esta palabra) de una revolución. Acá nos encontramos otra vez con la teoría que tanto mal hizo en el pasado al movimiento trotskista, según la cual, pese a todo, el stalinismo estaba unido de una manera o de la otra al socialismo y la revolución. Se puede comprender el interés de la dirección del PCF en esta caracterización porque legitimiza su propia historia. Pero ¿cuál es el interés de utilizarla por los que se reclaman trotskistas o socialistas revolucionarios?
Entendámonos bien: aunque la burocracia stalinista haya deportado pueblos enteros (alemanes del Volga, tártaros de Crimea, chechenos, etc.) y haciéndolo masacró a gran parte de ellos, jamás aplicó una política genocida en el sentido estricto, similar a los nazis en relación a los judíos en el sentido de eliminar a un pueblo por razones étnicas. Es una diferencia evidente. Pero hay parecidos también "esenciales": en particular para el aspecto aquí en debate, que es el de utilizar la violencia de estado contrarrevolucionaria hasta el paroxismo. Son “ideas” y prácticas comunes al nazismo y stalinismo. Cuando Aron y Picquet nos dicen que el stalinismo era diferente, en suma menos criminal porque en su caso "el fin era (solamente) el campo de trabajo" y "olvidando" las balas en la nuca y otros procedimientos de asesinato en masa dan una interpretación incontestablemente lenitiva, cuyo resultado es relativizar la realidad de los crímenes. Hay que señalar que esta posición es opuesta a la de Trotsky desde 1939, quien desde su aislamiento más completo denunciaba que Hitler y Stalin eran "estrellas gemelas" .

La amalgama al servicio de una moral de sumisión

Los análisis de Trotsky (y otros revolucionarios) son pasados por alto en el Libro negro. Es normal, ya que su fin no es denunciar los crímenes contrarrevolucionarios del stalinismo sino los supuestos "crímenes contrarrevolucionarios del comunismo". Para esto todos los medios son buenos.
La faja roja en la tapa del libro dice "85 millones de víctimas" del comunismo en el mundo. Courtois, en una divergencia entre especialistas va más lejos estimando en 100 millones de muertos . Tanto en una cifra como en la otra se suman los muertos imputables a causas directa o indirectamente políticas ocurridas desde octubre de 1917 en la Rusia revolucionaria, luego en la URSS stalinista y en el conjunto de países donde direcciones burocráticas y pequeñoburguesas calcaron el modelo estatal stalinista.
De una vez, lejos de nosotros cualquier idea de relativizar los crímenes perpetrados por los burócratas stalinistas desde la URSS a la China, pasando por Europa del Este y Camboya. Pero también es oportuno señalar como lo hace Bensaid que "con tales procedimientos ideológicos no sería difícil escribir un 'Libro rojo de los crímenes del capital' sumando las víctimas de pillajes y genocidios colonialistas, guerras mundiales, mártires del trabajo, epidemias, hambrunas endémicas de ayer y de hoy. Así, solamente para el siglo XX podríamos sin dificultad juntar varios centenares de millones" . Hay que incluir las víctimas del capital en los países a los que se consagra el Libro negro. Solamente por las dos guerras desencadenadas por los trusts de los Estados imperialistas hubo más víctimas en Rusia y ex URSS (22 millones en total) que las atribuidas por el Libro negro al "comunismo". En China el "Gran salto adelante" de Mao produjo efectivamente una hambruna muy grave entre 1959 y 1961, pero hay que decir que las hambrunas eran endémicas en el "imperio del Medio" antes de Mao.
La amalgama es particularmente flagrante en el caso de la ex URSS a quien se atribuyen 20 millones de "víctimas del comunismo". Para lograr ese resultado el Libro negro suma las víctimas de la guerra civil desencadenada por las antiguas clases dominantes, las de la hambruna provocada en 1921-22 debidas a la destrucción de la guerra civil, la hambruna organizada por la nueva burocracia de Estado en 1932-33 para romper la resistencia de los campesinos (principalmente ucranianos) a la llamada "colectivización" del campo. Y finalmente todas las víctimas del Goulag, así como las olas de represión burocrática contra los "disidentes", especialmente comunistas entre los que se cuentan la mayoría bolchevique de 1917.
Así, todo es simple: la agresión de las antiguas clases dominantes y estados imperialistas contra la Rusia Soviética es culpa de los bolcheviques, mientras el capitalismo no tiene nada que ver con la carnicería de la primera guerra mundial. La degeneración del Estado obrero y la contrarrevolución burocrática es también culpa de los bolcheviques, aún cuando sean ellos las primeras víctimas. Los crímenes de la contrarrevolución son por lo tanto aquellos de la revolución y los revolucionarios son responsables de la violencia contrarrevolucionaria. Las víctimas son los culpables y no sus verdugos... Tal es el mensaje del Libro negro, muy lejos de la verdad histórica, pero cerca de la moral que desde tiempos inmemoriales pide a los oprimidos permanecer sumisos, temerosos de las iras divinas.

Procedimientos groseros

Para legitimar este mensaje y esta moral los autores no se detienen ante los procedimientos más viles, similares a las manipulaciones históricas organizadas por una u otra de las "estrellas gemelas" estigmatizadas por Trotsky. Stephane Courtois aconseja "que el lector no se contente sólo con los documentos iconográficos aquí reunidos", ¡cómo si uno comprara un libro de 850 páginas (189 francos) sólo para mirar las fotos! Pero de las fotos vamos a hablar ahora. Juegan un papel importante en la escenografía de la amalgama y en la organización de la mentira histórica. En las páginas 272 y 273, insertadas en el texto de Werth dedicado a la refutación de Octubre, nos presentan horrores de la guerra civil.
La foto epigrafiada: "Al desencadenar la guerra civil, los bolcheviques abren el camino a una violencia inaudita. En Orcha en 1918 un oficial polaco es colgado y empalado por soldados del incipiente ejército rojo". Lo que es verdaderamente inaudito es la deshonestidad de los autores. Cualquier historiador que se precia de tal, ya sea burgués o socialdemócrata, sabe que la guerra fue desencadenada por los Blancos y por las potencias imperialistas que los sostenían, armaban y financiaban y hasta intervinieron directamente con sus propios contingentes. Igual en lo que concierne al terror. De manera accesoria y en lo que toca a la "foto choc", accesoriamente es insoslayable la contradicción que significa responsabilizar al bolchevismo por actos (reales) de barbarie sobre los que, por una parte se nos dice que fueron cometidos por un ejército rojo "naciente"(y por lo tanto "indisciplinado"), mientras que por otra parte el mismo Werth reconoce que expresaba una violencia históricamente presente en la sociedad rusa y sus brutales relaciones de opresión post-feudales.
Igualmente hay una imagen atrapante de Kiev en 1919 de "cadáveres víctimas de la Tcheka exhumados después de retirarse el ejército rojo". ¿Qué puede demostrarse fuera de que la guerra civil es horrible como toda guerra? Hay otras dos fotos con la siguiente leyenda: "Consecuencia de la guerra civil y la política bolchevique en el campo y la hambruna en el Volga que en 1921-22 lleva a la muerte a 5 millones, donde los niños fueron los primeros". Recordemos primero que en el Libro negro se dio la cifra de 5 millones para el conjunto del país y que no fue el poder soviético sino la contrarrevolución la que desencadenó la guerra civil precisamente para tirar al nuevo régimen. En cuando a los niños, desgraciadamente primeras víctimas de las hambrunas, es repugnante que se los use como arma de convencimiento.

Terror Blanco y Terror Rojo

En su parte relativa a la URSS, Werth se apoya, aportando una "novedad" histórica, en los archivos abiertos hace poco en Moscú y que muestran el tamaño de la represión de Estado bajo Lenin y Trotsky contra sectores de la clase obrera antes de la represión de Cronstadt: "Por ejemplo, el 16 de marzo de 1919 los destacamentos de la Tcheka tomaron por asalto la fábrica Putilov defendida con armas. Alrededor de 1900 obreros fueron detenidos y en los días posteriores alrededor de 200 huelguistas se ejecutaron sin juicio en la fortaleza de Schlüssenbourg" .
Desde un punto de vista socialista y revolucionario es importante que estos hechos sean divulgados y debatidos para evitar toda idealización del período revolucionario y así hacer una reflexión crítica tanto sobre la orientación de los revolucionarios rusos como más en general sobre las vías de transición al socialismo. Pero, evidentemente, no es ésta la preocupación de los autores del Libro negro. Su parcialidad ideológica los conduce a evitar situar estos acontecimientos en su contexto histórico (es decir, en plena guerra civil con sus atrocidades y terribles privaciones, mientras la Rusia soviética estaba aislada, rodeada y atacada por todas partes, interna y externamente), impidiendo así cualquier verdadera investigación histórica sobre sus causas y significados. con esta postura quieren afirmar a cualquier precio, aunque sea despreciando la historia: Todo se explica por el carácter original e intrínsecamente perverso del bolchevismo.
La conclusión que el autor saca en relación al uso del terror durante la guerra civil revela su grado cero en historia: "Como lo ha remarcado la mayoría de historiadores, El Terror Rojo y el Blanco no se pueden poner al mismo nivel. La política de terror bolchevique fue más sistemática, organizada, pensada y puesta en acción bastante antes de la guerra civil y pensada contra grupos enteros de la sociedad. El Terror Blanco no fue jamás un sistema . Notemos que Werth no dice si el número de víctimas de los Blancos durante la guerra civil fue más o menos que el de los Rojos. Contrariamente a lo que insinúa fue la contrarrevolución quien procedió primero a las ejecuciones en masa cuando los bolcheviques respetaban el compromiso de no empuñar las armas contra los Soviets Blancos.
Marcel Liebman recuerda: "Cuando los 'guardias rojos' tomaron el Palacio de Invierno donde residía el gobierno provisorio, liberaron a los altos oficiales aceptando el compromiso y la 'palabra de honor' de no volver a tomar las armas contra ellos. Algunos días más tarde este grupo de cadetes organiza el levantamiento armado en la capital. Los bolcheviques vuelven a ganar y luego liberaron sus prisioneros una vez más. El general Krasnov, jefe de las tropas contrarrevolucionarias encargadas de reconquistar Petrogrado también obtuvo su libertad bajo su palabra de no combatir más contra los Soviets... y enseguida se alistó en las tropas antibolcheviques del sur del país. En Moscú, donde la insurrección había sido mucho más sangrienta, los combatientes 'blancos' fueron tratados de igual manera, pese a que ellos mataban a los prisioneros . Estos son algunos ejemplos de la "ingenuidad" humanista de los bolcheviques en los primeros tiempos de Octubre y que les costó caro en vidas humanas y en destrucción económica. Encontramos muchos ejemplos en la obra citada de Liebman y en El año 1 de la Revolución Rusa, de Víctor Serge.
El hecho es que el terror blanco precedió al rojo. En 1919, entre abril y junio, en Finlandia mataron entre 10 y 20 mil personas, y el terror rojo sólo respondió tardíamente. Hasta tal punto está probado y es innegable que el autor evita arriesgarse más allá de una alusión que no se apoya en nada firme. Es por ello que insiste en que el terror rojo habría estado "teorizado", "organizado" y "pensado" ("desde antes de la guerra civil". Esta es una extrapolación de la que no aporta pruebas. Sin duda hace referencia implícita al concepto de "dictadura del proletariado" o a la consigna leninista de "transformar la guerra imperialista en guerra civil". Sin embargo, esto no se puede identificar con una teoría del terror, que por el contrario se formó de hecho al calor de los acontecimientos de la guerra civil y frente a las primeras expresiones del terror blanco).
Courtois y Werth "prueban" este gran aporte histórico con que los bolcheviques elaboraron, discutieron y escribieron sobre la cuestión, en tanto no se encuentra ningún "tratado de terror" del lado de los contrarrevolucionarios. No se le ocurre a nuestro investigador que la burguesía, el imperialismo y sus fuerzas armadas no necesitaban teorizar por escrito para poner manos a la obra lo que conocían en la práctica muy perfeccionado por decenas de años. En cambio la clase antes oprimida y explotada con un poder naciente no podía darse el lujo de evitar una discusión o elaboración democrática sobre los medios de represión que podía utilizar o no. Esta es la explicación racional y objetiva que los autores del Libro negro dicen haber "buscado", pero no logrado en los escritos bolcheviques.
Es importante decir que es totalmente falso afirmar, como lo hacen, que el terror blanco (contrariamente al rojo) no habría tenido un claro carácter de clase que estuvo dirigido contra individuos únicamente en razón de sus actos o sus ideas y no por el hecho de su pertenencia a una clase.
En El año 1 de la Revolución Rusa, Víctor Serge ilustra sobre la naturaleza antiobrera del terror blanco, citando dos telegramas de fecha 1º de noviembre de 1918 firmado por el militar blanco Yirov: "Prohibido detener a los obreros. Orden de colgarlos o fusilarlos. Orden de colgarlos en la calle a todos los obreros detenidos y dejarlos expuestos tres días" .

Octubre: ¿Golpe de Estado o Revolución?

Para dar una apariencia de validez a su identificación entre bolchevismo y totalitarismo stalinista ("comunismo") como ideología del mal absoluto, los autores del Libro negro deben negar absolutamente toda legitimidad política popular y democrática a la revolución "bolchevique" de octubre de 1917. De acuerdo a la interpretación burguesa y reformista tradicional, presentan Octubre como un golpe de Estado, cuyo éxito sólo fue posible por una extraordinaria y efímera conjunción de circunstancias, así como por la increíble voluntad, habilidad y duplicidad de Lenin.
Werth reconoce que hubo un movimiento revolucionario de masas contra el gobierno provisorio de Kerensky, pero niega que la Revolución de Octubre fuera su legítima culminación. Según él "Octubre aparece como una convergencia de dos movimientos: la toma del poder político como fruto de una minuciosa preparación insurreccional de un partido radicalmente diferenciado de todos los otros actores de la revolución por su práctica, organización e ideología y una vasta revolución social multiforme y autónoma [...]. A fines de 1917 durante un breve pero decisivo instante la acción de los bolcheviques (minoría que actuaba en el vacío institucional existente) va en igual sentido que la mayoría, aún si cada sector tenía un objetivo distinto. En ese instante, golpe de estado político y revolución social convergen antes de divergir hacia decenios de dictadura" .
En esta superposición, origen de malentendidos históricos, Werth opone naturalmente la legitimidad de febrero, "revolución popular espontánea" que condujo a la instalación del embrión de "República democrática". El argumento no es nuevo. Febrero fue las grandes masas en la calle, mientras que Octubre se hizo en Petrogrado por intervención directa de destacamentos armados que, según Trotsky en su Historia de la Revolución Rusa, no eran más de 12 mil hombres. Entonces, Febrero sería una "verdadera" revolución y Octubre un putsch.
La realidad es muy diferente. El hecho de que la insurrección tuviese un carácter "cuasi" pacífico (al menos en Petrogrado) y la poca movilización de fuerzas proviene de que no hizo más que coronar el proceso revolucionario de masas desarrollado y casi triunfante previo y en particular en los Soviets. Como escribió Marcel Liebman "esta revolución proletaria que fue Octubre no se puede comprender si se aísla de su contexto, de los antecedentes que la explican, de las largas jornadas de abril, junio y julio, de las cuales el crecimiento del Partido bolchevique y la voluntad de tomar el poder fueron una culminación. La victoria bolchevique del 17 es un fenómeno complejo, un hecho con numerosos aspectos y el levantamiento de octubre sólo un episodio, solamente la cara militar de un hecho esencialmente político [...]. La victoria bolchevique de octubre fue el resultado de una victoria política anterior [...] En el octubre de Petrogrado los obreros, marineros y soldados que patrullaban la ciudad se apoderaron de los centros estratégicos y tomaron por asalto el Palacio de Invierno ejecutando el mandato de innumerables manifestaciones, innumerables resoluciones, de votaciones y las mil maneras con las que las masas expresaron su voluntad" (subrayado del autor) .
Si febrero fue una explosión en gran medida "espontánea" (espontaneidad sin embargo nutrida por la revolución de 1905 y por años de lucha revolucionaria), octubre fue una revolución plenamente consciente, asumida, sostenida y deseada por la aplastante mayoría del proletariado.
El nuevo poder se estableció mediante técnicas insurreccionales preparadas por el Comité militar revolucionario que provino del Soviet de Petrogrado. Pero para ello hubo una dualidad de poderes entre los Soviets y el gobierno provisorio, los Soviets aumentaban continuamente su poder, los bolcheviques conquistaban la mayoría, el gobierno perdía credibilidad y decidía continuar la guerra imperialista, era incapaz o no quería dar la tierra a los campesinos, la alianza gobierno-partidos "de izquierda" se derrumbaba así como las instituciones burguesas. Fue así que se estableció el nuevo poder. Por otro lado, todo tachonado de torpezas e improvisaciones. A tal punto que "sólo algunas horas después de tomar el poder se formó una subcomisión encargada de proceder al encarcelamiento del gobierno provisional" . Esto no impidió que el presidente Kerensky huyera con gran cantidad de ministros para lanzar la lucha armada contra el nuevo poder del proletariado. Si la legitimidad de Octubre era evidente antes de la insurrección, también se expresó en forma contundente después, en el inmenso esfuerzo que permitió derrotar la coalición de los ejércitos de la contrarrevolución blanca y de las principales potencias imperialistas de Europa. La victoria se obtuvo con grandes sacrificios de las masas revolucionarias que debieron derrotar ejércitos que disponían de los medios técnicos y las estrategias más avanzadas de la época. Y esto es aún más notable si se tiene en cuenta que pese a las esperanzas de los bolcheviques, el proletariado de Europa, a pesar de sus heroicas tentativas, especialmente las de los obreros alemanes, no logró sublevarse en masa para así prestar auxilio a la revolución rusa. Esto desmiente así la teoría de una superposición coyuntural seguida inmediatamente de una dictadura contra el pueblo. Y en cuanto a la otra "teoría" complementaria de que el triunfo bolchevique en la guerra civil se debió a un maquiavelismo inédito de los bolcheviques y especialmente de Lenin, otra vez tiene más que ver con un cuento para niños con un trabajo histórico digno de tal nombre.

Courtois, el stalinismo y la sicología

Sin embargo, por necesidades propias Courtois trae a colación la interpretación stalinista de la política bolchevique y de la perspectiva de la Revolución de Octubre, o sea la pseudo teoría de la "construcción del socialismo en un solo país". Afirma también que Lenin habría formulado la absurda hipótesis de que "Rusia estaba lista a comprometerse en la vía socialista que prometía un progreso fulgurante" por sus propias fuerzas y sin el aporte de la revolución internacional.
En relación a la época de sus primeros años como stalinista, Courtois se confronta con un problema nuevo. En su posición de "eminencia" histórica, reconocida en los medios académicos, Courtois ya no puede justificar seriamente su teoría citando tal trozo o frase de Lenin o Marx aislados de su contexto. Concretamente le es imposible negar la importancia otorgada por el jefe del partido bolchevique en innumerables discursos a la relación entre el desarrollo de la revolución mundial y la construcción del socialismo en la República Soviética. Debido a esto, Courtois se ve empujado a entrar en el terreno de la sicología y atribuye a Lenin un mecanismo intelectual complicado: "Atrapado entre la necesidad de afirmar su teoría y conservar el poder, Lenin imagina el mito de la revolución mundial" con el fin de dar un apoyo seudo-científico al "voluntarismo netchaieviano" que pesaría más que el "determinismo marxista" . Evidentemente Courtois no aporta elementos para defender su tesis.
Sin embargo, el coordinador del Libro negro continúa: "Ya en noviembre del 17 creía que el incendio revolucionario arrasaría los países en guerra, especialmente Alemania. Pero no hubo revolución mundial y después de la derrota alemana en 1918 se levantó una nueva Europa que no se preocupa por las llamaradas revolucionarias rápidamente apagadas en Hungría, Baviera e incluso en Berlín" . Es de admirar la profundidad de pensamiento de Courtois: ¡La revolución mundial no triunfó, luego la revolución mundial es un mito!
Recordemos a este ferviente partidario del socialdemócrata alemán Kautsky (cuyos análisis Courtois reivindica a menudo) que fueron los socialdemócratas quienes ahogaron en sangre la revolución alemana de 1918-19, asesinando a sus principales dirigentes y miles de obreros revolucionarios para apagar aquello que mucho más que una "llamarada" fue un proceso revolucionario que duró cinco años. Recordemos de paso que los socialdemócratas jugaron un papel decisivo para frenar y luego desviar el ascenso revolucionario en toda Europa. El resultado fue que esta "nueva Europa" engendró (con la preciosa ayuda del stalinismo que dividió y desarmó a los obreros alemanes frente a Hitler y estranguló la revolución española abriendo el camino a Franco) al fascismo, al nazismo y a la segunda guerra mundial que fue 6 o 7 veces más destructiva en vidas humanas que la primera.

Lenin, el partido y la revolución mundial

Contrariamente a lo que pretendían los stalinistas y a lo que repiten hoy Werth y Courtois, los bolcheviques no imaginaron jamás mantenerse en el aislamiento. Por el contrario, ellos concibieron su revolución sólo como el primer paso de la revolución mundial, en primer lugar la europea.
Sobre este punto Lenin, en el 3er. Congreso de la Internacional Comunista en junio de 1921, en su “Informe sobre la táctica del PC de Rusia”, decía: "Cuando emprendimos la Revolución internacional no actuamos con la idea de que podíamos anticipar su desarrollo sino porque las circunstancias nos llevaron a ello. Por eso, si la revolución internacional viene en nuestra ayuda la victoria estará garantizada. Si no, realizaremos nuestra modesta tarea revolucionaria con el sentimiento de que, en caso de derrota, habremos servido igualmente a la causa de la revolución y que nuestra experiencia servirá a otras revoluciones. Comprendemos perfectamente que sin la revolución internacional la victoria de la revolución proletaria será imposible. Tanto antes como después de la revolución nos decíamos que, o bien la revolución estalla inmediatamente a corto plazo en los países capitalistas desarrollados, o bien nosotros pereceríamos" . Podríamos citar así hasta el infinito a Lenin y otros bolcheviques. Fue siempre la misma esperanza de ver a la Revolución Mundial tomar la posta de la Rusa, lo que justificó, en opinión de los bolcheviques, la aplicación de medidas que ellos mismos consideraron excepcionales, desbordando las normas programáticas de transición al socialismo (que Lenin entre otros, había retomado y desarrollado antes de la insurrección de octubre en su obra El Estado y la Revolución). Era una situación de "estado de sitio" marcada por la guerra civil y la agresión imperialista, donde la casi totalidad de las otras tendencias obreras o "de izquierda" actuaban en el campo de la contrarrevolución burguesa (socialrevolucionarios de derecha y mayoría menchevique) o en una oposición armada al régimen (socialrevolucionarios de izquierda y anarquistas). En esta situación, la dirección bolchevique tomó la decisión y responsabilidad de restringir y luego suprimir toda democracia obrera, primero en la sociedad y luego en el interior mismo del partido dirigente con la prohibición a otros partidos obreros, la cárcel para los dirigentes, la disolución de los Soviets locales o regionales que éstos dirigían. Se llegó a invadir Georgia en 1921 para derrocar su gobierno menchevique. Se reprimieron las huelgas obreras y el levantamiento de Cronstadt y por fin se prohibieron las fracciones en el partido bolchevique en el Xº Congreso de marzo de 1921.
En el informe citado precedentemente al III Congreso de la Internacional Comunista, Lenin continúa: "Pese a esta convicción, y para salvaguardar el sistema soviético cueste lo que cueste y en cualquier circunstancia, hemos echado mano a todo. Siempre sabemos que estamos trabajando no sólo para nosotros, sino también para la Revolución internacional [...]. En realidad el movimiento no siguió la vía recta que descontábamos. En otros grandes países, especialmente los más evolucionados desde el punto de vista capitalista, la revolución aún no ha estallado. Es cierto que se desarrolla en el mundo entero como lo constatamos con satisfacción, y es únicamente por esta razón que la burguesía internacional, cien veces más fuerte militar y económicamente que nosotros está impedida de estrangularnos" .
En esta línea, en 1921 orienta sus esfuerzos en dos direcciones. Por un lado continúa con la construcción de la internacional comunista, esperando que fuera la herramienta política de la extensión internacional de la revolución. Sólo así se podría salvar a Rusia de la asfixia económica catastrófica después de la guerra civil y permitirá restablecer condiciones más "normales" de la democracia obrera. Para esto se necesitaba imperiosamente mantener el gobierno bolchevique. Si éste fuera derrocado, en condiciones que inevitablemente provocarían una sangrienta contrarrevolución, la recién nacida Internacional, que luego del asesinato de Rosa Luxemburgo y de los principales dirigentes alemanes había quedado conformada en lo esencial por organizaciones poco seguras y poco experimentadas y tenía como única columna vertebral al partido bolchevique, entraría en un cono de sombras, anulando las esperanzas de extensión de la revolución socialista. Es por eso sobre todo "por la revolución internacional" que hay que mantenerse "cueste lo que cueste". Es esa perspectiva y su preparación lo que legitimaba a los ojos de Lenin la utilización de las medidas más "anormales".
Por otro lado, Lenin lanza en Rusia la NEP (Nueva Política Económica). Esta, con una liberalización de la economía que implicaba una reintroducción forzada de mecanismos de mercado, debería permitir la reconstrucción progresiva de las fuerzas del proletariado. Un proletariado al que Lenin describe como "debilitado y hasta en cierto punto desclasado por la destrucción de su base vital: la gran industria mecánica" y que en los hechos habrá desaparecido como clase organizada y consciente. Por ello los Soviets se encontraban vacíos de sustancia, en tanto organismos de auto-organización y poder directo de los trabajadores. Y el Partido bolchevique, privado de su base social. Su poder político, que ejerce sólo ya hace tres años, después de la defección de los socialrevolucionarios de izquierda, está "suspendido en el aire". De hecho, sólo se apoya en el aparato del partido del Estado. Sin embargo, Lenin dice que hay que "mantener firme el timón": "Los mencheviques y los socialistas revolucionarios nos calentaron las orejas en la pretensión de que, ya que el proletariado se había desclasado, había que renunciar a las tareas revolucionarias de la dictadura del proletariado [...]. Cuando escuchamos esos ataques no respondimos que nuestro proletariado no está para nada desclasado o que no existe ningún inconveniente. Dijimos que la realidad rusa e internacional es tal que aunque el proletariado se encuentre desclasado durante cierto período y tenga sus inconvenientes no por ello es menos capaz de mantenerse en su tarea de conquista y mantener el poder" .

El dilema de los bolcheviques

Aquí se está hablando, en realidad, del Partido, que fue llevado a reemplazar totalmente a la desfalleciente clase obrera soviética. La única "base social" sobre la que apoyarse el Partido bolchevique es el proletariado internacional, al que "organiza" indirectamente algunos sectores, a través de la Internacional Comunista, pero ese proletariado demora en concretar su destino revolucionario. Ya a fines de 1918 la "dictadura del proletariado" estaba ejercida, en los hechos aunque no de derecho (la formalización, con su corolario del Estado Totalitario vendrá bajo el poder stalinista), no por este proletariado cada vez más “declasado”, y tampoco por los Soviets vaciados de su contenido (por el debilitamiento de la clase obrera y la desaparición del efímero pluripartidismo) sino por el Partido bolchevique solo.
En 1921, Lenin comienza a alarmarse seriamente por las expresiones del burocratismo y llama al Partido a "luchar victoriosamente contra la burocracia" . Pero cuando se gana la guerra civil, rehusa aflojar el torniquete de "dictadura de un solo partido" que, al revés, justifica . Para él, el Partido bolchevique sigue siendo más que nunca la única garantía de la dictadura del proletariado y el peligro principal son las tendencias centrífugas que atentan contra la unidad, principalmente lo que él llama "desviación anarco-sindicalista" de la oposición obrera. Este análisis lo lleva a la decisión ya citada de prohibir las fracciones internas del Partido como medida "provisoria" (votada por la gran mayoría de los delegados al Xº Congreso) a cambio de comprometer una mejoría del funcionamiento democrático de conjunto.
Pero bajo la influencia de la creciente burocracia, lo provisorio será permanente y el stalinismo lo utilizará para ahogar toda vía democrática de discusión. Los principales dirigentes del Partido como Lenin, Trotsky, Bujarin, Zinoviev (Stalin no juega aún un rol político independiente), más allá de las divergencias tácticas, consideran unánimemente que la derrota de los Blancos es sólo momentánea y que la contrarrevolución burguesa-imperialista puede retomar hostilidades en cualquier momento y por ello no se puede "bajar la guardia". Sobre todo porque la situación interior está sumamente degradada. Las huelgas obreras se multiplican sobre todo en Petrogrado, bastión de la revolución. Reclaman no solamente el fin de las restricciones del "comunismo de guerra", sino cuestionan abiertamente los privilegios de los responsables comunistas, privilegios que todavía eran relativamente irrisorios, como el simple hecho de comer convenientemente, lo que parece razonable si se trata de cumplir con tareas importantes. Pero, privilegios que unidos al ejercicio solitario e incontrolado del poder y a la confusión creciente entre las funciones de Partido y del Estado, fueron la base primera de la burocratización. La reivindicación de "libertad para todos los partidos obreros" y luego la de "Soviets sin bolcheviques"(que serán las consignas de la revuelta de Cronstadt) son en forma cada vez más amplias tomadas por los trabajadores y sectores populares y también "tácticamente" por las fuerzas de la contrarrevolución.
Por lo tanto, para los dirigentes del Partido bolchevique el dilema estaba intacto y en condiciones cada vez más difíciles, ya que la oposición menchevique y social-revolucionaria eran probablemente mayoría en el país. Aceptar su legalización significaba en la práctica abandonar el poder y entonces abrir la puerta a la contrarrevolución, debilitando la Internacional Comunista y reduciendo la posibilidad de desarrollar la Revolución internacional. Sin embargo, a excepción del grupo del Centralismo Democrático (los "decistas") y de la Oposición Obrera, que percibieron el peligro sin poder medirlo claramente, los bolcheviques siguieron considerando que había una sola alternativa: la dictadura del Partido bolchevique o la contrarrevolución burguesa imperialista. Lenin resume esta alternativa así: "O el terror blanco, el terror burgués (...) o el terror rojo, proletario. No hay ‘punto medio’, no puede haber una 'tercera solución'" .

La imprevista "tercera solución"

Sin embargo, fue por una "tercera solución" que las contradicciones de clase fueron finalmente resueltas: ("temporariamente", hasta la reciente restauración capitalista): ni rebrote de la democracia soviética, ni restauración burguesa, sino la liquidación de las conquistas de Octubre a través de la completa degeneración del Estado obrero y su reemplazo por un nuevo sistema de dominación, que fue una excepción histórica bastarda que logrará "durar" 60 años y encima se extenderá internacionalmente.
Sobre un fondo de atraso económico y cultural, de aislamiento internacional después del fracaso definitivo de la Revolución alemana en 1923, de la desaparición de la democracia soviética y de la dislocación de la clase revolucionaria protagonista de la revolución (el nuevo proletariado surgido de la industrialización stalinista solo conoció las "tradiciones de Octubre" por lo que le enseñó la burocracia stalinista), una parte de la vieja clase revolucionaria y de su organización política se fusionó con los "especialistas" pequeñoburgueses (gerentes de fábrica, funcionarios, oficiales del ejército), constituyendo progresivamente la burocracia de Estado, como casta privilegiada elevada sobre la sociedad y que vivía de la explotación de los trabajadores. La contrarrevolución burocrática se impuso a través de un termidor sangriento realizado en varias etapas, desde la represión de los años 27-28 hasta los procesos de Moscú y la “gran purga” del 36-38, que liquidaron las últimas trazas del Partido de 1917.
Usando el poder y el inmenso prestigio del Estado surgido de la Revolución de Octubre y cuyos valores parecía encarnar, la burocracia stalinista se apropió también de la Internacional Comunista. Esta herramienta que Lenin había tratado pacientemente de construir, así como el Estado "obrero" y el Partido bolchevique fueron transformados en su contrario. Y las revoluciones que continuaron estallando fueron entonces traicionadas con terribles derrotas o deformadas desde el origen.
Es así que una serie de direcciones del partido bolchevique formadas en el crisol stalinista como el maoísmo, el titoismo o captados por él luego de un tiempo, como el castrismo, después de haberse impuesto al poder dirigiendo procesos revolucionarios en los que la clase obrera no fue el motor, calcaron en sus países el modelo burocrático stalinista. Los autores del Libro negro han dedicado 400 páginas a estas copias para rematar su lucha anticomunista.

Si hubieran sabido...

El drama de la revolución rusa y, más allá, del movimiento obrero mundial durante todo el ciclo histórico que terminó con el derrumbe del stalinismo en la ex URSS y en el Este, fue que los remedios aplicados a una situación tal vez desesperada y en cualquier caso extraordinariamente difícil, resultaron peores que la enfermedad. La contrarrevolución triunfó en Rusia, pero bajo una forma totalmente imprevista y en lo esencial imprevisible por jamás vista en la historia moderna. Peor todavía: la constitución y fortalecimiento en el poder del aparato stalinista nacional e internacional condujeron a desnaturalizar los ideales del socialismo y a encerrar, durante décadas, las luchas obreras en un impasse. Es solamente hoy cuando el movimiento obrero puede comenzar a reconstituirse en base a sus principios fundacionales y sacando las lecciones que dejan las experiencias de este siglo, especialmente la de la degeneración de la única revolución socialista brevemente victoriosa.
No reivindicamos para nada este "marxismo" determinista, tramposamente camuflado de "trotskismo ortodoxo" para quien el burocratismo de la URSS y el triunfo del stalinismo fueron el resultado inevitable de condiciones objetivas donde la elección de los revolucionarios no pudo jugar ningún papel. En otro artículo me esforcé por marcar rumbos para una reflexión crítica sobre la política llevada adelante por la dirección bolchevique durante el período revolucionario, volviendo sobre los debates y las posiciones divergentes planteadas por Rosa Luxemburgo y por las corrientes bolcheviques en el interior del Partido dirigido por Lenin y Trotsky. No para epilogar sobre los otros caminos que eran eventualmente posibles para la transición al socialismo en la URSS sino para sacar (esbozar) enseñanzas estratégicas y políticas actuales. Sólo abrimos el debate, y Carré Rouge volverá sobre todas estas cuestiones.
Frente a Courtois y su Libro negro, quienes manipularon a posteriori el horror stalinista para legitimar el horror capitalista, hay que recordar que cualesquiera que hayan sido los errores de Lenin, Trotsky y la mayoría de los dirigentes bolcheviques, luchaban para librar definitivamente a los trabajadores de Rusia y del mundo entero y no para mantener y restablecer la explotación y la opresión. Por ello, la diferencia con el stalinismo es absoluta. La restricción de la democracia obrera y después la casi supresión de las libertades democráticas, el empleo de medidas dictatoriales enfrentando a sectores del movimiento obrero fueron siempre concebidas como medidas de excepción. No para instalar o defender un régimen de privilegios, sino para preservar un poder estatal y las relaciones sociales que los bolcheviques consideraban como palanca fundamental de la revolución socialista mundial.
Evidentemente resultó lo contrario. Lenin murió agotado, asistiendo horrorizado a la instauración, por parte de la burocracia en ascenso, de su control sobre los principales engranajes del Estado. Trotsky fue asesinado cuando, prácticamente condenado a la impotencia, todavía esperaba que la Revolución rusa e internacional, que en su opinión iba a ser engendrada por la Segunda Guerra mundial en proporciones aún mayores que lo fue por la primera, lograra derrotar la burocracia y regenerara el Estado de los Soviets. Si ellos hubieran podido prever cuando aún asumían la dirección lo que sería el stalinismo dentro de Rusia y más aún fuera de ella, con los resultados políticos e ideológicos que hoy podemos medir, se puede pensar que estos inmensos dirigentes revolucionarios en muchos aspectos habrían tomado distintas decisiones.
"En caso de derrota habríamos igual servido a la causa de la revolución y nuestra experiencia serviría a otras revoluciones", decía Lenin en su informe en 1921, ante el Congreso de la Internacional. Hoy, a la distancia podemos decir que eso hubiese sido mejor. Si los bolcheviques, una vez descartada la amenaza de los ejércitos blancos, hubieran corrido el "riesgo" de restablecer la democracia socialista (para todos los partidos que las masas consideraran como suyos) probablemente la contrarrevolución se hubiera infiltrado y tal vez la revolución habría sucumbido como sucumbió la Comuna de París. Pero el movimiento obrero se habría ahorrado la catástrofe histórica del stalinismo. Durante las décadas que transcurrieron la lucha hubiera sido en definitiva más clara, más fácil y las perspectivas de victoria hubieran sido mayores. Y, de manera accesoria, los Courtois y cía. habrían tenido más problemas en enmascarar su odio anti-obrero detrás de una apología de la pretendida "democracia" burguesa.

Rote Kapelle (Orquesta Roja)




Una vez que se inició la Operación Barbarossa el 22 de junio de 1941, los tanques no habían parado de rodar, cuando el día 26, la estación monitora de radio en Kranz, situada en las costas del Báltico en Prusia Oriental, cambió la frecuencia donde habitualmente recibían las transmisiones de la resistencia noruega en los alrededores de 10.000 Kilociclos, e interceptaron un mensaje en Morse, que contenía 32 grupos de cifras:


Durante cuatro noches los operadores de Kranz grabaron las emisiones del "pianista" --nombre que daban los alemanes a los operadores espías ("músicos" para los soviéticos). Las cintas grabadas (en el resto del mundo nadie imaginaba que el sonido se podía grabar en una cinta) fueron enviadas al Teniente Coronel Hans Kopp, comandante de la Funkabwehr cuyo cuartel general estaba en la Plaza Matthäikirchplatz, en pleno centro de Berlín. Las órdenes que siguieron, fue de alerta especial para que todas las estaciones monitoras en Alemania y los países ocupados, prestaran especial atención a las emisiones de PTX. "Urgente, monitorear todas las noches la frecuencia 10.363 Kc/s. Frecuencias diurnas desconocidas. Prioridad A1."


Se impacienta la Gestapo

Arvid Harnack

Durante los dos meses siguientes las estaciones alemanas de intercepción registraron unos 250 mensajes, que Kopp suponía eran enviados a Moscú desde algún lugar de Alemania o de los territorios ocupados. Sin embargo la ubicación de las estaciones mediante los equipos de radiogoniometría, que en Alemania eran particularmente eficientes, determinaron que las emisiones bien podían provenir de algunos lugares en Holanda, Bélgica y noreste de Francia, cuya recepción era facilitada por los fenómenos de propagación ionosférica de las ondas de radio. Pero esos informes no eran compleatos para el contraespionaje alemán que necesitaba saber con precisión de qué ciudad provenían para enviar inmediatamente a los expertos de la Gestapo con os equipos de radiogoniometría.

¡Emisiones de radio desde Berlín!

A mediados de julio, llegaron a las manos de Kopp los informes de una segunda emisión con las mismas características de PTX. Lo que vio Kopp seguidamente, le crispó los pelos. La emisión había sido adecuadamente triangulada por estaciones ubicadas en varios lugares de Alemania, alrededor de la fuente de emisión y y convergía sin duda alguna en la propia capital del Tercer Reich. Además, los códigos empleados eran sin lugar a dudas, nada menos que soviéticos.

No todos los comunistas estaban en prisión

Inmediatamente después de iniciada la Operación Barbarossa, se había puesto en operación un círculo de espías que tenían nexos con el Komintern, a pesar de que las agencias de seguridad le habían garantizado a Hitler que Alemania estaba totalmente libre de espías comunistas. Desde 1933, durante ocho años, se habían hecho grandes esfuerzos para eliminar al numeroso Partido Comunista Alemán, cuyos integrantes en su totalidad, debían estar en Campos de Concentración. Tanto la Gestapo, como la SD y la Abwehr, habían desplegados miles de agentes para eliminar esa amenaza para el Estado germano.

Die Rote Kapelle

La Die Rote Kapelle (Orquesta Roja o Capilla Roja, como también se le conoce) comenzó a organizarse en 1939, cuando Leopold Trepper un agente del Servicio de Inteligencia Militar de la URSS, estableció una red de inteligencia en Europa Occidental. La organización se dedicaba a recolectar información en Holanda, Francia, Suiza y Alemania. El círculo de espías tenía 3 ramas importantes: la red francesa, belga y holandesa; la red de Berlín; y el Círculo de "Lucy" que operaba en la segura y neutral Suiza.



Los "pianistas" callaron

El Coronel Kopp despachó equipos de expertos en radiogoniometría que inundaron las calles de Berlín, haciendo triangulaciones, pero la operación resultó tardía pues los "pianistas" dejaron de emitir sus informes, aunque para entonces, no menos de 600 mensajes habían llegado a Moscú.

Interceptaciones telefónicas

Cuando el "pianista" de Berlín dejó de emitir sus informes telegráficos, se reiniciaron las emisiones de PTX. La Abwehr ordenó al Coronel Rohleder, Jefe de la Sección III de Contraespionaje, que tomara inmediata acción en Holanda, Bélgica y Francia, para descubrir al "pianista". Simultáneamente se pusieron en operación los sistemas de intercepción telefónica con el objeto de descubrir a los miembros de la red que operaba en Berlín.

Triangulada la PTX

El 17 de noviembre de 1941, Hans Kopp le informó a Rohleder que las emisiones de PTX habían sido positivamente trianguladas y se aseguraba que procedían de Bruselas. Rohleder, viejo sabueso, viajó a Bruselas encubierto como un comerciante y se instaló en un apartamento en la capital belga.

El principio del fin

En ese momento, comenzó el plan de desmantelamiento de la organización Rote Kapelle, organización que no era precisamente lo que Hans Kopp presumía, es decir, que era un grupo de agentes soviéticos infiltrados antes de la guerra. Por el contrario, la mayoría de los miembros de Orquesta Roja eran alemanes de los más diversos estratos de la sociedad.



¿Quiénes eran los miembros?

Dentro de los militantes de esa organización se contaban un buen número de artistas y escritores, estudiantes, comerciantes y militares con tendencias política opuestas al régimen, no necesariamente comunistas. Pero, muchos de sus miembros no llegaron a enterarse de que el núcleo dirigente estaba formado por comunistas convencidos: el teniente de la Luftwaffe Harro Schulze-Boysen, sobrino segundo del Almirante Tirpitz y Arvid Harnack del Ministerio de Economía del Reich, sobrino del famoso historiador Adolf von Harnack. El escritor A. Kuckhoff, el Segundo Teniente Gollnow, J. Wenzel Agente de la Internacional Comunista en Bruselas, la condesa Ericka de Brockdroff y el Profesor W. Kraus (Marburg), quien distribuía el periódico ilegal "El Frente Interno", repartía octavillas e influenciaba a los trabajadores inmigrantes.

Frente Negro y Rosa Blanca

Al igual que los otros movimientos de resistencia interna, como Frente Negro, que contaban en sus filas a prominentes personajes como el conde Helmuth James von Moltke, acreditado militar y experto en derecho internacional, que puso su castillo de Kreisau en la Baja Silesia a las órdenes de los disidentes entre los que se contaban científicos, curas e intelectuales. La intención de esos grupos, no era sólo eliminar a Hitler, sino establecer las bases para una Alemania socialista con fuertes raíces comunistas. También existía otro movimiento llamado Rosa Blanca, controlado por el profesor muniqués Huber, quien se dedicaba a distribuir octavillas invitando a la población a exigir una paz negociada y digna. Los estudiantes liderados por Huber fueron fácilmente eliminados por la Gestapo en 1943, por no tener una sólida organización política.



El fin justifica los medios

La resistencia llevada a cabo por Orquesta Roja, se concretó en un enorme caudal de información enviado a la URSS. Los comunistas no tenían los reparos éticos de otros miembros de la organización, sobre todo, los militares, en cuanto que, para aquéllos, la alta traición en tiempos de guerra no equivalía a la traición a la propia patria. Para unos y otros, entre otras cosas, el asesinato de Hitler estaría moralmente justificado, pues la muerte violenta del Führer parecía el único medio que quedaba para restablecer una república democrática.

No era sólo eliminar a Hitler

Sin embargo, al igual que con los otros grupos, Orquesta Roja, que se mantenía en estrecho contacto con el servicio secreto soviético, tenía las intenciones de establecer un régimen comunista después de la guerra o apenas Hitler fuera eliminado. La Orquesta Roja, era simplemente un exponente de la segunda cara de la resistencia: la resistencia activa de los comunistas, a la que el círculo en torno a Beck-Goerdeler, quien en un tiempo apoyó a Hitler como alcalde de Leipzig y luego orientó sus intereses en otra dirección, apenas prestó atención.

Moscú desconfía

Los comunistas, por su parte, desconfiaban de la oposición conservadora de Orquesta Roja, porque temían que ésta llegase a establecer un régimen militar. Si los esfuerzos de la oposición de los "honorables" y de los oficiales del Ejército lograban crear una red de contactos en los puestos clave de la Administración y llegaba así a producirse un bandazo político, el objetivo de los comunistas tendría un excelente complemento. Su tarea era por el momento, la de renovar la lucha de masas en las empresas, la distribución de propaganda marxista en ellas, la formación de células y, en parte, la acumulación de informaciones para la Unión Soviética o el establecimiento de contactos con prisioneros de guerra rusos o civiles alemanes recluidos en campos de concentración.

Nexos con los alemanes en la URSS

Desde Alemania se tendían también hilos hasta el Comité Nacional Alemania Libre, que funcionaba en Moscú bajo el patrocinio de los soviéticos. Sin embargo, ni los más activos funcionarios del partido comunista lograron poner en marcha un movimiento de masas contra el nacionalsocialismo.

El final

La Orquesta Roja fue desmantelada por la Gestapo el 31 de agosto de 1942. Se hicieron más de 600 arrestos en Bruselas, París y Berlín. Entre los arrestados había miembros de la Abwehr, Ministerio de Propaganda, Ministerio del Trabajo, Ministerio del Exterior y la oficina administrativa de la ciudad de Berlín. Los procesos judiciales se llevaron a cabo en Berlín en el más estricto secreto y como consecuencia de ello, hubo 58 condenas a muerte y muchas otras a prisión perpetua. Los métodos policiales usados en ese caso, no diferían de los empleados en cualquier otro proceso de investigación en contra de los enemigos del Estado.

Investigaciones Aliadas.

Una vez terminada la guerra, los Aliados se interesaron en la "Orquesta Roja" e investigaron el proceso de captura, interrogatorios, torturas, juicios y sentencias de los miembros de la famosa organización. Sin embargo, en este caso, no tomaron ninguna acción contra los miembros de la Gestapo, SD, SS o Abwehr, sino más bien utilizaron toda la información que recolectaron para utilizarla contra la, hasta entonces, aliada URSS. La Guerra Fría estaba por delante, y más importante era, usar la información sobre el espionaje soviético, que hacerlo público en un juicio. Como se sabe, incluso llegaron a contratar los servicios de agentes alemanes de los servicios secretos de Reich.