6 de mayo de 2009

El domingo 31 de Mayo a las 12 del mediodía, se va ha delebrar la XXII Marcha al Polígono de Tiro de las Bardenas.



El contrato recientemente firmado por la Junta de Bardenas y el Ministerio del Ejército, prolongando 20 años más la instalación del Polígono de Tiro, hace que hayamos decidido continuar con nuestras movilizaciones. Es necesario que un año más, nos agrupemos en las Bardenas para expresar nuestra profunda negativa a la continuidad del Polígono por más tiempo y para exigir su desmantelamiento inmediato, por que es el sentir de la mayoría de las gentes de Navarra y Aragón.

A la espera de vernos en la Marcha, un cordial saludo.

ASAMBLEA ANTIPOLÍGONO


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EL "PARQUE DE LA MEMORIA" DE SARTAGUDA INCLUIRA LOS NOMBRES DE 24 ASESINADOS




Este próximo sábado 9 de mayo la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra y la Asociación Pueblo de las Viudas realizarán un acto para celebrar el primer aniversario de la construcción del Parque de la Memoria de Sartaguda. Un espacio donde el elemento central es el muro de los asesinados en el que están inscritos los nombres de los 3.420 navarros fusilados durante la Guerra Civil, y en el que se incluirán durante dicho acto los nombres de otras 24 personas también asesinadas y que hasta ahora no constaban en ningún registro.

A juicio de las asociaciones organizadoras, es importante que se vayan incorporando todos los nombres para ir completando el mapa de la represión franquista contra la República en la Comunidad Foral.

Asimismo, las asociaciones consideran que "es preciso no mirar para otro lado cuando se habla de los fusilamientos durante la Guerra Civil, es necesario no alargar más el dolor, y afrontar con convicción todos los asuntos aún pendientes para estas víctimas, como la localización de los desaparecidos o la eliminación de los símbolos franquistas".

Para la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra y la Asociación Pueblo de las Viudas, este parque "marcó un antes y un después en el imaginario de estas víctimas", porque ahora a través de su propio esfuerzo ya existe un espacio concreto para recordar, por eso es importante subrayar que el aniversario de la inauguración del Parque de la Memoria es un día importante.

Los 24 nuevos nombres de personas fusiladas que se incluirán este próximo sábado son los siguientes:

- Fidencio Alonso Olalde (sin datos)

- Cipriano Daroca Lizarraga (Barañáin)

- Adolfo Lorente García (Cadreita)

- José Jurico Zaro (Estella)

- Cirilio Ollo Giménez (Etxarri-Aranatz)

- José Zorita Loyola (Eugi)

- Aurelio Jaso Garde (Mélida)

- Andrés Jaso Garde (Mélida)

- José García Gil (Mendigorría)

- Esteban Salina Goñi (Noáin)

- Basilio Urbistondo Recarte (Ollo)

- Luterio Olaberri (Pamplona)

- Karmelo Andráiz (Pamplona)

- Luciano Larraza Lizarraga (Pamplona)

- Juan Los Santos Arnedo (Pamplona)

- Vicente Sanz Casadaba (Pamplona)

- José Ruiz Encinas (Pamplona)

- Juan Urra Zúñiga (Pamplona)

- Ángel Pablo Amatria San José (Pamplona)

- Virgilio Leret Ruiz (Pamplona)

- Agustín Uterga Ugalde (Puente la Reina)

- Narciso Pérez Íñigo (Sesma)

- Domingo Ágreda Martínez (Tudela)

- Jesús Chasco Esteban (Viana).

(Noticias de Navarra. 6 / 05 / 09)

El campo de concentración de Gurs combate el olvido 70 años después



Martin ANSO/gara

El campo de Gurs, concebido inicialmente para el internamiento de refugiados vascos y que terminó convirtiéndose en la antesala de Auschwitz para varios miles de judíos, acaba de cumplir 70 años. Dentro de las conmemoraciones del aniversario, Olorón acoge una exposición que no sólo reivindica la memoria del propio campo, sino también la de la II República española, la represión franquista y la resistencia antinazi.


Una bandera española republicana de grandes dimensiones engalana el acceso al espacio Laulhère de Olorón, una vieja fábrica de boinas que, en sus 3.000 metros cuadrados de superficie, acoge la exposición «De la resistencia a la democracia», organizada por una comisión integrada por entidades dedicadas a preservar la memoria, como Amicale du Camp de Gurs o Mémoire Espagnole Républicaine.
En realidad, es una exposición de exposiciones, pues está constituida por diecisiete muestras, en principio independientes, que los organizadores han recabado de distintas instituciones y entidades; desde el Centro Jean Moulin de Burdeos o el Museo de la Resistencia de Pau hasta el Gobierno de Aragón o la asociación Ikerzaleak de Zuberoa y el colegio Saint François de Maule.

El centro del espacio está ocupado, lógicamente, por una exposición titulada «El campo de Gurs, de la Guerra de España a la Soha». Una veintena de paneles informan, a través de fotografías y testimonios, de la historia de este campo, quizá el más importante del Estado francés, por el que, entre 1939 y 1943, pasaron más de 60.000 personas, entre ellas, 6.550 vascos. De hecho, el primer contingente que llegó al campo en abril de 1939 era vasco. Y es que, en origen, se trataba de un campo para acoger refugiados vascos de la Guerra Civil, que no tardó en convertirse en un campo de concentración también para otros exiliados republicanos, miembros de las Brigadas Internacionales y, finalmente, sobre todo judíos de diversas partes de Europa. Finalmente, 4.000 de ellos subieron al tren en Olorón, según recuerda la placa conmemorativa inaugurada este mismo fin de semana en la estación de la localidad bearnesa, y fueron trasladados a Auschwitz. Nunca más se supo de ellos.
El campo, construido a marchas forzadas en apenas 42 días, estaba constituido por 382 barracas de madera, aptas, en principio, para albergar hasta 18.000 personas, aunque esa cifra quedó ampliamente rebasada desde el mismo día de la inauguración. La falta de servicios y el hacinamiento hacían que las condiciones higiénico-sanitarias fueran deplorables y las condiciones de vida pésimas.
La información que brinda la exposición invita a realizar una visita al propio lugar donde estuvo emplazado el campo, a escasos kilómetros de Olorón. Acondicionado como parque de la memoria en 1994, allí quedan 1.073 tumbas de personas que fallecieron internadas en Gurs. Están agrupadas en torno a dos monumentos, uno dedicado a las víctimas judías y otro a las de exiliados republicanos y de las Brigadas Internacionales. También hay un recuerdo expreso a la presencia de refugiados vascos.
En el espacio Laulhère, junto a la exposición dedicada a Gurs, se encuentra otra que la complementa, sobre el conjunto de campos de concentración existentes en Europa. En el centro de esta muestra puede verse uno de los uniformes a rayas de los presos, con el triángulo rojo en el pecho, que identificaba a los considerados comunistas.
Pero en la antigua fábrica hay sitio para mucho más, por ejemplo, para una exposición sobre la aportación de los republicanos a la resistencia francesa, en la que no falta una mención expresa al Batallón Gernika. O para un centenar de imágenes captadas en el frente de Aragón por la Unidad Fotográfica de la Brigada Lincoln, en la que participaron 2.800 estadounidenses, comunistas en su mayoría, pero también socialistas y anarquistas. Son imágenes de gran valor documental, que reflejan los efectos de la guerra en localidades como Belchite o Teruel, pero, sobre todo, la vida cotidiana de los brigadistas, captados por la cámara cuando estaban despiojándose o participaban en la recogida de aceitunas.
El Círculo Republicano de Jaca ha aportado al espacio Laulhère una muestra sobre la fallida sublevación de los capitanes Galán y García Hernández, ejecutados apenas unos meses antes de que se proclamara la República, y la asociación Ikerzaleak y el colegio San François de Maule, un trabajo sobre las repercusiones de la Guerra Civil en Zuberoa.
Pero, como la memoria no debe ser un mero ejercicio de nostalgia, también hay exposiciones que proyectan el pasado hacia nuestros días, como la que presenta CIMADE, titulada con amarga ironía «Esto no es una prisión», en la que muestra imágenes tomadas en los actuales centros de internamiento de emigrantes. O el trabajo sobre el racismo realizado por el Patronage Laïque des Petits Bayonnais.
La exposición del espacio Laulhère, en torno a la cual se han organizado numerosas actividades (el programa está disponible en www.oloron-ste-marie.fr), podrá ser visitada todos los días hasta el 16 de mayo, de 9 a 12 y de 14 a 19 horas. El acceso es libre.

Notas sobre Miguel Hernández (y la cultura obrera durante la República)



Pepe Gutiérrez-Álvarez

Miguel Hernández representa uno de los pocos casos de poeta y artista nacido entre las clases trabajadoras, y que consigue trascender el atraso secular impuesto por una sociedad radicalmente injusta.

El ideal socialista pasa entre otras cosas, por la unión entre la ciencia, la cultura y el pueblo. Sobre esto y sobre Miguel Hernández hablamos jóvenes y veteranos…

Sucedió en el marco del Ateneu Rebel y con una cierta presencia juvenil..

En una primera parte el camarada de Orihuela Manuel Mazón, evocó con todo lujos detalles, como en su pueblo natal se dejó de hablar de Miguel, y como cuando se ha empezado a hacer se le ha sustraído toda la parte más “roja”, la que le llevaron desde una mística cristiana más o menos “liberadora” hacia el compromiso con el pueblo y con el partido comunista. Nos habló de cómo esta evolución quedó enmarcada en su poesía, y como ésta en su trama final se convirtió en expresión viva del sentir del pueblo militante. Luego como fue abandonado, y sus vicisitudes hasta su muerte en 1942, muerte que cierra el ciclo de condenas de muerte que llevó al franquismo a acabar con las vidas de García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández.

A mí me tocaba hablar del encuentro entre la cultura y el pueblo durante la II República, y para más detalle incluyo al final como anexo un artículo sobre la cuestión. Ahora me limitaré a unas cuantas notas…

---a) Miguel Hernández representa dentro de la cultura universal uno de los pocos casos de poeta y artista nacido entre las clases trabajadoras, y que consigue trascender el atraso secular impuesto por una sociedad radicalmente injusta, jerárquicamente clasista, y fue gracias a unas circunstancias de cambios favorables (el ascenso del movimiento obrero);

---b) Esta evolución hacia el pueblo no fue personal, es más, por su edad, se da más bien tardíamente, de ahí su escasa formación política…De hecho se inserta en un extenso proceso que comienza a finales de los años veinte, y que se manifiesta tanto por la radicalización de un sector de la generación del 98 (Valle-Inclán, Machado), como por la opción obrerista, militante y comprometida de la mayor parte de la generación del 27…

---c) Dicho encuentro es coincidente con el auge del movimiento obrero que fue la espina dorsal de la República, y que tuvo su mayor expresión entre los maestros; de que el franquismo se ensañara especialmente con ellos;

---d) Igualmente se expresó con una enorme voluntad cultural que permitió que el libro dejara de ser una “exquisitez” de la clase media para llegar a los trabajadores a través de sindicatos y partidos, de sus secciones culturales, Casas del Pueblo, Ateneos…

---e) También se traduce en el impulso de revistas, editoriales, conferencias, debates, y en la proliferación de ediciones de todos los clásicos socialistas y anarquistas pasados y presentes; de hecho, la mayor parte de las ediciones que se dieron en los años sesenta-setenta se sustentaron en el trabajo editorial desarrollado durante la República…

--f) La actual desvinculación del arte y la cultura del pueblo, se debe ante todo a la extrema debilidad moral e ideológica del sindicalismo y de la izquierda “realmente existente”, así como a la capacidad e inteligencia del sistema de “colocarlos” y darles una tribuna y un escaparate en los que ganar fama y prestigio;

--g) La lectura de la poesía y su estudio fue durante los años sesenta-setenta una de las armas de culturalización y sensibilización de amplios sectores del pueblo y de la juventud que descubrió a Machado, Lorca, Celaya, León Felipe, Marti i Pol, Celso Emilio Ferreiro, Blas de Otero, etc, como “camaradas”, y testimonio de esto fueron cantores como Ramón o Paco Ibáñez, símbolos de la resistencia y de nuevas aspiracone4s de vida

Anexo

Cuando la cultura levantó el puño (artículo publicado en Combate en octubre de 1987)

No hay la menor duda de que si el desenlace de la guerra civil española hubiera dependido de la correlación de fuerzas en el ámbito cultural, la derrota del bando militar-fascista hubiera sido aplastante. Como es sabido, el “Movimiento” odiaba profundamente a los intelectuales, sobre todo a los que trataban de establecer profundas conexiones con el pueblo. De ahí la sinceridad del grito de Millán Astray, ¡Abajo la inteligencia!, el carácter revelador del asesinato de García Lorca —como de las muertes trágicas de Antonio Machado y de Hernández—, la especial inquina en la represión de los maestros y la voluntad de destruir todos los vestigios de las conquistas culturales del pueblo desde los tiempos de la Ilustración. Por el contrario, el campo republicano tuvo en la actividad cultural más diversa, uno de sus puntos más avanzados.

Una convergencia contra la reacción

Esta desigualdad en la correlación de fuerzas puede ser establecida muy brevemente. Mientras que en el campo mal llamado “nacional” sólo logró convocar a figuras de muy segundo orden —Unamuno se arrepintió al poco tiempo, d’Ors agonizaba como creador; incluso los jóvenes falangistas de talento no tardaron en abrazar la disidencia después de la guerra, unos pronto y otros más tarde—, en el campo republicano se sumaron todas las generaciones, desde la del 98 —Valle Inclán que no conoció la guerra pero que simpatizó con la extrema izquierda, y Machado—, hasta la llamada “de la República”, pasando por la del 27 (Alberti, Buñuel, Guillen, Aleixandre, etc.) y que configuraron lo que se ha venido a llamar la “edad de plata” de la cultura española.

Algo parecido y si cabe todavÍa más claramente, ocurre en el Orden internacional donde al lado de los sublevados se erigen las figuras oficiales de los regimenes fascistas, y la figura aislada de Paul Claudel —al frente del batallón de la Action Française que servirá al régimen de Vichy más tarde—, al servicio de la República se coloca parte de la flor y nata de la cultura mundial, algunos combatiendo —como Hemingway, Dos Passos, Orwell, Caudwell—, otros trabajando en la retaguardia —como Neruda, Ehrenburg o Vallejo, que murió queriendo ser un miliciano—, o apoyando diversas campañas favorables a su causa como Tagore, GB. Shaw, Russell, Selma Lagerloff, y un etcétera impresionante, como nunca se había conocido en ningún otro conflicto mundial.

En esta convergencia republicana hay un punto de partida elemental y que Gide define como algo parecido a un enfrentamiento entre el bien y el mal, entre la reacción y el progreso, entre las fuerzas sociales opresoras y las que llevan la promesa de una emancipación. Esta división necesita, naturalmente, muchos matices, pero así de rotunda parecía en momentos como los de Badajoz, Guernica o el frente de Madrid. En España se libraba una batalla contra la peste fascista que se había impuesto sin apenas resistencia en Italia, Alemania y Austria, y se jugaba también una nueva edición de una guerra internacional que habla comenzado victoriosamente con la toma del Palacio de Invierno en octubre de 1917. También se sentía como un preludio de “la próxima guerra”, esa que, según aparece en una memorable novela del conservador pero muy contradictorio Evelyn Waugh, vela venir todo el mundo menos los gobernantes.

La guerra por lo tanto aparecía como varias cosas a la vez, unos enfatizaban su aspecto más antifascista, su carácter de resistencia nacional, popular y democrática, de acuerdo con los planteamientos vigentes en los aledaños del Komintern —Neruda, Aragón, Buñuel, Hernández, Machado, de hecho la mayoría—; para otros era la defensa de las tradiciones republicanas y democráticas aunque no estaban de acuerdo con el auge de los comunistas, mientras que para un sector minoritario aunque también importante, se trataba de una revolución socialista surgida en la defensa de las libertades democráticas. Por esta convicción trabajaron, no solamente los que lo hicieron al lado de la CNT —León Felipe, Simone Weil, Kaminski, Berneri, etc.—, o del POUM —Orwell, Benjamin Peret, etc—, sino también, a su manera, muchos de los cuales se alinearon con otras posiciones aunque aceptaron de buena fe la idea de los dos plazos, primero la guerra, luego la revolución. Recordemos que éste fue el planteamiento Inicial del propio Orwell, y es el que aparece en gran medida en la extraordinaria película de Joris lvens, Tierra de España, en cuyo guión contribuyeron Dos Passos y Hemingway.

El Congreso de Valencia

La culminación pública de esta convergencia y también, en cierta medida, de la contradicción guerra-revolución, tuvo lugar en julio de 1937 en el Congreso de Escritores Antifascistas celebrado en Valencia bajo la presidencia de Negrín, y que reunió prácticamente a todo el plantel de escritores demócratas y de Izquierdas del mundo en un debate en el que se insistió sobre todo en la lucha contra el fascismo y en la defensa del compromiso del Intelectual con el pueblo, pero esto ya en un sentido un tanto diferente al que le hablan dado Gide y Malraux en el congreso anterior celebrado en París en 1935. Este congreso se celebró cuando el estalinismo ya ha “normalizado” el bando republicano y no se permiten voces disidentes, ni siquiera la del prestigioso Gide que, en rigor, venia a refrendar la línea general antifascista del encuentro, Su pecado era haber escrito su Retour de l´ URSS y ser sospechoso de “trotskismo”. El “trotskismo” estaba fuera de la ley y los agentes del Komintern en el sitio —Ehrenburg, Neruda, Koltzov, etc— le impidieron expresarse. La protesta fue mínima.

Con ser esplendoroso este momento para la cultura e impresionante la convergencia Internacional con la República, hay una dimensión del hecho cultural que permanece casi invariablemente oculto y sin el cual difícilmente Se puede explicar fa emergencia de grandes figuras, se trata de lo que podíamos denonimar “revolución cultural” en los años treinta y que se caracteriza por un creciente encuentro entre todas las vanguardias —desde la teatral hasta la política— y el pueblo.

Desde 1917 se va desarrollando un giro hacia la izquierda entre la intelligentzia que alcanza hacia 1934 su apogeo y que se manifiesta en la creciente radicalización de nombres como Lorca, Machado, Bergamín, etc. Paralela a esta radicalización viene a ser una multiplicación de los libros de Izquierda, y el auge de obras teatrales y cinematográficas de signo “comprometido”; el obrero ocupa el lugar predominante entre los consumidores de cultura, fenómeno que hasta Ortega y Gasset observará con sentimientos ambivalentes. Los campesinos buscan a los que entre ellos saben leer para que les de a conocer obras de Kropotkin u otros, y los obreros forman grupos de teatro y devoran a Zola, Lenin, Bakunin o las novelas de Sender. Los Ateneos Libertarios y las Casas del Pueblo se extienden cada vez y arrastran a un número creciente de trabajadores ávidos de conocimientos para cambiar el destino de sus vidas. El tipo humano del trabajador-medio pasa de ser el conformista que rehuye los peligros del activismo para refugiarse en el deporte, a ser el militante abnegado y autodidacta que, con todas sus limitaciones, dará vida y un potencial formidable a todas las formaciones proletarias sin excepción, aunque muy particularmente a la cenetista que es la que cuenta con la acumulación de militantes llanos más amplia y extendida.

Tan poco tiempo...

Serán estos hombres y mujeres los que protagonizarán en primera línea no sólo los grandes acontecimientos sociales de la República y las grandes batallas de la guerra, sino también la odisea de los campos de concentración y de la resistencia y el exilio, cuando no —más minoritariamente—, la guerrilla y la lucha clandestina contra el franquismo, ayudando a forjar las nuevas generaciones .que, a la postre, harán Imposible la mera continuidad de la dictadura. En este terreno, en el de los hombres y las mujeres que fueron militantes, la crisis española encontró su expresión más fascinante y avanzada, aunque no fue en absoluto correspondida con una expresión politica consciente, capaz de convertir lo que era conciencia en si, en conciencia para sí.

...¡Fue tan poco tiempo! Esta expresión de un viejo libertario plantea todo lo que se consiguió en unos pocos años —que continuaban una larga tradición de lucha casi siempre de élites— y lo que pudo ser. No era posible un movimiento social y cultural desde abajo tan avanzado y así lo comprendió justamente —para sus intereses— la derecha, y así lo han comprendido los actuales “padres” de la democracia que saben que la ‘consolidación” de una democracia en la que todo lo fundamental estuviera “atado y bien atado”, pasaba por la domesticación de sus movimientos sociales, sobre todo de los sindicalismos. Pero también de la cultura, y lo cierto es que lo ha conseguido, al menos hasta ahora.