8 de mayo de 2009

Industria y cadáveres;La producción y la exportación de armas en España





Arcadi Oliveres
En España hay unas cuantas empresas fabricantes de armamento y equipamiento militar, que producen tanto para el ejército español como para la exportación. También hay otras empresas que tienen intereses accionariales o productivos en la industria militar.

La entrada de España en la OTAN en el año 1982 inició un proceso de crecimiento de la industria española de armamento que supuestamente tenía que modernizar los dispositivos de las fuerzas armadas del Estado para que fueran homologables con las de los nuevos socios. Para la consecución de este objetivo se asignaron ayudas públicas, compras estatales, presupuestos de búsqueda, planes electrónicos e informáticos y facilidades exportadoras, sin hacer constar, sin embargo, cuáles eran las amenazas que obligaban a tales arsenales. Con el paso de los años el resultado del proceso ha sido espectacular: pérdidas globales constantes, ocupación mínima, absorción de más de un tercio del gasto público español destinado a la investigación científica, exportaciones agresivas a países en guerra, y como conclusión saneamiento a cargo de los impuestos de los ciudadanos, venta a precios de saldo a empresas extranjeras y compromisos de importantes compras por parte del Ministerio de Defensa a estas compañías.

Estos antecedentes nos conducen al momento actual del sector armamentístico español. Con datos del año 2000 – desfortunadamente los del 2001 todavía no se han publicado – podemos saber que su actividad de 1.530 millones de euros representaba el 1,53% de la producción industrial española, que los 13.000 puestos de trabajos directos generados significaban el 0,44% de la población ocupada en el sector secundario, y que los 616 millones de euros exportados suponían el 0,50% de las ventas españolas al exterior.

La mayoría de exportaciones de armamento español van a países en guerra civil o con regímenes opresivos

Las producciones de las empresas que podemos ver en la tabla de la página siguiente van obviamente destinadas al suministro del ejército español, pero también a la exportación. Una parte importante de las ventas se dirigen a países del Sur, a menudo implicados en guerras civiles o vecinales, violencia estructural y carencia de respeto por los derechos humanos. Estas ventas se saltan sin ningún escrúpulo el código de conducta aprobado por el Consejo de Ministros de la Unión Europea que limita la venta de armas en casos como los mencionados. Sólo a título de ejemplo podemos mencionar la reciente información dada por el Ministerio de Economía sobre el destino de las exportaciones correspondientes al año 2001. Si hacemos exclusión de los países desarrollados, las armas españolas han ido a parar, por este orden, a los siguientes países: Marruecos, Arabia Saudí, Kuwait, Malasia, Sri Lanka, Egipto, India, Filipinas, Argentina, Israel, Turquía, Pakistán, Colombia e Indonesia.

¿Cuáles son nuestras posibilidades ante tanta hipocresía, doble lenguaje y falsa defensa de los ciudadanos? Evidentemente la denuncia, las acciones de los movimientos por la paz, la presión política y la educación por la noviolencia tienen mucho que hacer, pero no podemos olvidar nuestro comportamiento como consumidores y usuarios de todas aquellas empresas que tienen intereses en el negocio de la muerte. A la derecha, hay una lista.

Principales empresas productoras de armamento españolas

Empresa Propiedad Producción
CASA (Construcciones Aeronáuticas S.A.), Madrid Integrada dentro del consorcio EADS (European Aeronautic Defence and Space Company) y con participación de Daimler-Chrysler Aerospace (Alemania) y Aérospatiale Matra (Francia) Aviones de transporte militar, de combate y de entrenamiento. Satélites
Izar Construcciones Navales S.A., Madrid Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) Construcciones navales militares
Indra S.A., Alcobendas (Madrid) Accionistas privados Simuladores para aviones, carros de combate y helicópteros, equipos electrónicos para la guerra y sistemas de comunicaciones
General Dynamics-Santa Bárbara Sistemas, Madrid General Dynamics, Estados Unidos Armas ligeras, vehículos blindados, explosivos y piezas de misiles
Industria de Turbo Propulsores, Zamudio (Bizkaia) Accionistas privados Motores y turbinas de aviación
Gamesa Industrial S.A., Álaba-Araba Accionistas privados Componentes y subconjuntos en materiales compuestos para aviones militares
Explosivos Alaveses S.A., Madrid Accionistas privados Proyectiles, bombas, espoletas
Iveco-Pegaso S.L., Madrid Iveco Vehículos militares

EZKABA BETI GOGOAN. HOMENAJE A LOS REPRESALIADOS .ARTIKA, Maitzak 9 Mayo







12.00 Desde la Plaza del Concejo: subida al cementerio.
12.30 En el cementerio de Artika: inagurazión y plantación del árbol de la libertad. Habrá intervenciones musicales

Antolatzaileak: Artikako Kontzejua eta Tximparta Elkartea

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Los cinco cubanos: entrevista telefónica con Gerardo Hernández



Felisa Sastre para La Haine


(Esta conversación tuvo lugar el 1 de abril de 2009. Nuestro equipo de filmación consiguió el permiso del departamento de Justicia para hablar con el “preso”, ante la presencia de un funcionario en la sala. Antes de su detención en 1998, Gerardo dirigía las operaciones de otros agentes de seguridad cubanos, infiltrados en grupos violentos de la zona de Miami con el fin de impedirles la realización de atentados terroristas contra lugares turísticos en Cuba. Nosotros tomamos nota de sus palabras cuidadosamente.)

Landau: ¿Cuál era su misión y por qué?

Gerardo Hernández: En Estados Unidos, en general, y en Florida, en particular, había muchos grupos que organizaban y llevaban a acabo actividades terroristas en Cuba. Nosotros estábamos recogiendo información sobre el Alpha 66, los comandos F4, la Fundación Nacional cubano-estadounidense, y Hermanos para el Rescate [Brothers to the Rescue]. Han pasado muchos años y espero que no se me haya olvidado alguno pero creo que esos eran los grupos principales en los que trabajábamos [nos infiltramos].

L.: ¿Qué descubrieron al infiltrarse?

G.H.: Lo primero que me sorprendió fue la impunidad con la que trabajaban aquellos grupos, violando las leyes de Estados Unidos: Las leyes de neutralidad [de los años 1970] que supuestamente prohíben que organización alguna pueda utilizar el territorio estadounidense para realizar actos terroristas contra otro país.

En el caso de Alpha 66, sus militantes tomaban una lancha rápida y disparaban contra objetivos a lo largo de la costa de Cuba. Cuando volvían a Miami, daban una conferencia de prensa y decían públicamente lo que habían hecho.

Y cuando alguien preguntaba: “Oiga, ¿eso no viola las leyes de la neutralidad?, ellos contestaban: “En realidad, no, porque primero íbamos a uno de los islotes del Caribe y después a Cuba. Así, técnicamente, no salíamos desde EE.UU.. Lo decían públicamente y ninguna agencia estadounidense les exigía responsabilidades.


L.: ¿En qué años sucedía eso?

G.H.: Lo estaban haciendo desde 1959. Yo, personalmente, empecé a involucrarme en los años 90. Desde que estoy aquí, en la cárcel de Victorville [California], hace ya tres años, creo que en 2005 detuvieron a un cubano precisamente aquí, en este condado, con un arsenal de todo tipo de armas en su casa. Y lo primero que dijo fue: “Bueno, pertenezco a Alpha 66 y utilizo estas armas para luchar por la libertad en Cuba”. Esa fue su defensa.

L.: ¿Eran voluntarios los cinco cubanos? ¿Cómo se prepara uno para infiltrarse en un grupo enemigo en un país enemigo? ¿Se comportan como si fueran enemigos de su país y amigos de ellos?

G.H.: Sí, todos éramos voluntarios. En mi caso, no he sido militar. Estudié para diplomático. Me llevó 6 años conseguir mi licenciatura en Relaciones Internacionales y Políticas. Enseguida, me fui a Angola, en calidad de voluntario en un misión internacional. Y, mientras estaba en Angola, parece que llamé la atención de los servicios de espionaje cubanos y me propusieron esta misión. Me dijeron: “sabemos que has estudiado para diplomático pero sabes que nuestro país pasa por unas circunstancias provocadas por esos grupos terroristas que vienen desde Florida para cometer toda clase de crímenes y necesitamos alguien que vaya y cumpla con esa tarea”.

Podría haber dicho que no, “que había estudiado diplomacia y quería ser diplomático” pero los cubanos que hemos crecido con la Revolución sabemos que, durante los últimos 50 años, nuestro país se ha enfrentado casi a un entorno bélico. En Cuba, quien no conoce personalmente a una víctima del terrorismo, al menos conoce lo ocurrido con el avión que explotó sobre Barbados, en el que murieron 73 personas [octubre 1976]. ¿Quién no tiene información sobre la bomba que en 1997 mató a Fabio di Celmo [un turista italiano hospedado en el Hotel Copacabana de La Habana, detonada por un salvadoreño que confesó haber sido contratado por Luis Posada], por mencionar sólo unos pocos atentados? O la guardería donde los contrarrevolucionarios incendiaron un depósito de gas. Esos atentados estaban en la conciencia cubana. Así que, contesté a los oficiales del espionaje que “ Sí, estaba preparado para cumplir la misión”.

L.: ¿Cómo hizo para infiltrarse en esos grupos? ¿Cómo convenció a gente como José Basulto [jefe de los Hermanos para el Rescate], por ejemplo?

G.H.: Para los cubanos en este país, todo está relacionado. Los cubanos en Estados Unidos tienen enormes privilegios de los que no disfruta ningún otro ciudadano en el mundo. Los cubanos llegan por cualquier vía, incluso con pasaportes falsos, y lo único que tienen que decir es “Vengo en busca de libertad”, e inmediatamente EE.UU. les proporciona todos los documentos que necesitan. Así, en el caso de Basulto, por ejemplo, uno de nuestros camaradas que se infiltró en Hermanos para el Rescate, había “robado” un avión desde Cuba. René [González, otro de los cinco cubanos], voló con su avión hasta aquí y, como de costumbre, fue recibido como un héroe. Atrajo una gran atención y después se unió a los Hermanos. Su trabajo consistía en recopilar información sobre la organización.

De manera que si me pregunta cómo, le contesto que para infiltrarnos nos aprovechamos de los privilegios de disfrutan todos los cubanos cuando llegan a este país; incluso aquellos que llevan otros con ellos, y han secuestrado aviones o han puesto una pistola en la cabeza de un piloto. Vea a gente como Leonel Matias, quien [en 1994 secuestró un barco en Cuba y asesinó a un oficial del mismo durante la operación] llegó aquí, en ese mismo barco, con su pistola- y se descubrió el cadáver. Pues a pesar de todo ello, no tuvo que enfrentarse a un procesamiento del sistema judicial estadounidense. A esas gentes se les perdona automáticamente. De forma que aprovechando ese tipo de privilegios, pudimos introducirnos, hasta un cierto nivel, en esas organizaciones.

Cuando menciono a Hermanos para el Rescate, alguien pudiera pensar, “Se trata de una organización humanitaria que rescata a balseros” [en español en el original]. Por el contrario, si sus actividades se limitaran a rescatar balsero no hubieran tenido problemas con las autoridades cubanas. Lo que la gente quiere ignorar es que José Basulto, el jefe de la organización, tiene un largo historial... Se entrenó con la CIA, y se infiltró en Cuba en los años 1960. En 1962, llegó a Cuba en una lancha rápida y disparó contra la costa cubana, incluido un hotel como diana. Incluso Basulto, cuya trayectoria era conocida, no tuvo problemas mientras se limitó al rescate de balseros. Pero en 1995, Estados Unidos y Cuba firmaron tratados sobre migraciones, en los que se especificaba que los barcos interceptados en el mar no serían llevados a EE.UU. sino que serían devueltos a Cuba. En ese momento, la gente dejó de donar dinero a Basulto y a su organización, porque se decían: “¿Por qué estamos dando dinero a la organización de Basulto si cuando avisa a los guardacostas es para que devuelvan a los balseros a Cuba?”

Así que cuando Basulto vio su negocio en peligro, se inventó aquella invasión [1995] del espacio aéreo cubano como una forma de que la gente siguiera dando dinero. Nosotros presentamos las pruebas en nuestro proceso. Si la prensa no quiso dedicarles mucha atención... bueno, no querían tratar de ese asunto porque no les convenía. Me refiero a la prensa corporativa. Todos los documentos probaban cómo Basulto y los Hermanos para el Rescate estaban probando armas de fabricación casera para introducirlas en Cuba.

Cuando Basulto testificó en nuestro juicio [2001], nuestros abogados le preguntaron lo que pretendía hacer con esas armas. Todo esto figura en las actas del juicio, aunque nadie pareció querer prestarles atención. La gente tiende a hablar de los Hermanos para el Rescate como si fueran una organización humanitaria, y omite lo relacionado con el terrorismo; de la misma manera que omite el hecho de que el FBI se había infiltrado también en la organización. El FBI tenía agentes en el grupo que les proporcionaban información sobre las actividades de los Hermanos. ¿Por qué el FBI iba a infiltrarse en una organización humanitaria?

L.: Usted, personalmente ¿conoció a alguno de los que considera terroristas?

G.H.: No, vi a algunos pero no tuve contacto con ellos. Algunos del grupo [de los cinco] fueron acusados de ser agentes ilegales. Yo tenía una identidad falsa- Manuel Viramonte-. Recopilaba la información que los otros agentes me facilitaban, quienes mantenían su propia identidad, como René González que mantuvo su propio nombre. Él había robado un avión de Cuba y alguien así puede contar con ganarse la confianza de la organización y acercarse a ella. Lo que no era mi caso, ya que no tenía antecedentes reales. De forma que mi misión era la de recoger la información que los demás me proporcionaban y enviarla a Cuba.

L.: ¿Trabaja públicamente como artista gráfico?

G.H.: Yo era lo que se dice un empresario independiente. Al menos ese era la versión para encubrirme. Hice unas pocas ilustraciones para un periódico pero fue sólo para mantener la imagen.

L.: Así que ¿usted supervisaba a lo que se habían infiltrado en grupos violentos? Explíquenos cómo lo hacía.

G.H.: No parece muy apropiado dar demasiados detalles, ¿no? Pero en los documentos del juicio se prueba que teníamos agentes con acceso a esas organizaciones [terroristas]. Su misión era proteger a Cuba mediante la obtención de numerosos datos relativos a los planes terroristas de esas organizaciones.

Por ejemplo, René se unió a los Hermanos para el Rescate y oyó una comentario de Basulto relativo a que tenían armas dispuestas para probar contra objetivos en la zonas de Everglades1. Las dispararon y funcionaron. Entonces trataban de encontrar un lugar en Cuba para utilizarlas. Bien, se me alertó a través de los métodos de comunicación establecidos previamente, como el beeper. 2 Yo podía enviar un mensaje codificado y concertar una cita. Tomábamos precauciones, nos reuníamos y se me contaba todo lo relativo a las pruebas de esas armas.

O que Alpha 66 está preparando una expedición para disparar contra la costa cubana, o van a colocar una bomba en un avión lleno de turistas procedentes de América Central. No me lo estoy inventando. Yo los animaba a averiguar más pero sin arriesgarse innecesariamente. Después enviaba la información a Cuba y Cuba me respondía lo que debía hacer para conseguir información, con lo que eso significaba. Básicamente, ese era mi trabajo.

L.: Explíquenos qué ocurrió el día que el FBI le detuvo.

G.H.: Fue un sábado [el 12 de septiembre de 1998.] Estaba durmiendo, y eran alrededor de las 6 de la mañana. Vivía en un apartamento pequeño, de una habitación. Mi cama estaba cerca de la puerta y recuerdo haber oído en sueños que alguien intentaba forzar la cerradura. Escuché un gran ruido, como si hubieran derribado la puerta. Eran un grupo de asalto. Para entonces había brincado de la cama, y me vi rodeado por gente con ametralladoras y cascos, con todo lo que se ve en las películas. Me arrestaron, me esposaron y me revisaron la boca. Supongo que habían visto muchas películas de James Bond y creían que podía tener cianuro en ella. Así que lo comprobaron para estar seguros de que no me iba a envenenar. Les pregunté por qué me detenían y me contestaron: “tú sabes por qué”. Me metieron en un coche y me llevaron a la oficina del FBI del sur de Florida situada en la avenida 163, de Miami. Allí, empezaron los interrogatorios.

A cada uno de nosotros se nos colocó en despachos distintos. A mí me sentaron esposado a la pared. Allí me interrogaron y tuve el “honor” de que Hector Pesquera viniera a verme. Era el director de la sección del FBI en el sur de Florida, y era puertorriqueño, como mi supuesta identidad, Manuel Viramonte, lo era también. Le dije que era de Puerto Rico y entonces empezó a hacerme preguntas sobre el país. Todo tipo de preguntas. ¿Quién era el gobernador en tal y cual año? ¿Dónde había vivido? ¿Qué autobús tomaba para ir a la escuela? Y cuando comprobó que podía contestar a aquellas preguntas, se encolerizó de verdad. Pegó un puñetazo en la mesa y dijo: “Sé que eres cubano y te vas a pudrir en la cárcel porque Cuba no va hacer nada por ti”.

Entonces, no él en particular, sino los otros que formaban parte del grupo, empezaron servirse de toda clase de técnicas. Me decían: “Sabes como funciona este asunto. Sabes que eres un agente ilegal y sabes lo que se dice en los libros: que Cuba nunca reconocerá que te ha enviado aquí con un pasaporte falso. Nunca te reconocerán, así que te pudrirás en la cárcel. Lo mejor que puedes hacer es cooperar con nosotros y te daremos lo que quieras. Te cambiaremos de identidad, de daremos una nueva cuenta bancaria”. Dijeron de todo para que delatara a los demás. Decían: Aquí está el teléfono. Llama a tu Consulado”. Estrategias para que me rindiera. Lo mismo nos ocurrió a los cinco por separado. Después, nos llevaron a la cárcel, el Centro Federal de Detención en Miami, y nos metieron “en el agujero”.

L.:¿Durante cuánto tiempo?

G.H.: 17 meses. Los cinco primeros fueron muy duros para todos nosotros, por supuesto. Quienes teníamos una identidad falsa no teníamos a quién escribir, ni nadie que nos escribiera; nadie a quien telefonear. A veces, se nos facilitaba teléfonos móviles. El vigilante abría el ventanuco de la puerta y ponían el teléfono allí. “¿No vas a llamar a nadie? ¿Ni a tu familia en Puerto Rico?”

“No”, contestaba, “no voy a llamar”.

“Pero, ¿por qué?, insistían cruelmente ya que sabían que no era puertorriqueño y no iba a usar el teléfono. Aquellos fueron meses difíciles.

L.: Describa el “agujero”.

G.H.: Se trata de una zona que hay en todas las cárceles, donde se pone a los presos por razones disciplinarias o de seguridad si no pueden estar con el resto de los detenidos. La celda de Miami estaba en el piso 12. Eran celdas para dos personas pero nosotros estábamos sólo uno en las nuestras, durante los seis primero meses, aislados. Después, nuestros abogados adoptaron medidas legales para que pudiéramos estar de dos en dos. En aquellos seis primeros meses “en confinamiento incomunicado”, teníamos una ducha en la celda así que podías bañarte cuando querías. Pero uno se expone a todo en una celda mojada cuando te das una ducha. Estabas en la celda 23 horas al día, y la otra “de recreo” te llevaban a otro sitio. En Miami, era prácticamente sólo una celda distinta un poco mayor y con una rejilla a través de la cual se podía ver un trocito de cielo. Podías saber si era de día o de noche, y llegaba un poco de aire fresco. Eso es lo que ellos denominaban “recreo”. Pero, con frecuencia,no íbamos porque les llevaba mucho tiempo esposarte, registrar tu cuerpo, tu celda, llevarte y traerte. A veces, nos dejaban a todos juntos en la celda y así durante esa hora podíamos hablar. El régimen era estricto. Acostumbraban a castigar a los presos que cometían grave indisciplina. Allí permanecíamos 23 horas, y en ocasiones las 24 horas del día, entre aquellas cuatro pequeñas paredes, sin nada que hacer. Es muy duro desde un punto de vista humano. Y muchos no podían soportarlo. Podías ver cómo empezaban a enloquecer, a gritar.

L.: ¿Hizo usted algo mal?

G.H.: No, desde el primer momento se nos envió allí. Nos dijeron que era para protegernos de los presos comunes. Pero, a mi juicio, tenía más que ver con sus intentos para que confesáramos. Una vez que el miedo y la intimidación no hicieron efecto, ellos pensaron “De acuerdo, incomuniquémoslos durante unos meses y veremos si cambian de parecer”.

Lo único que teníamos para leer era la Biblia, e incluso para ello, tenías que presentar una petición escrita al capellán. Yo lo hice, para tener algo que leer, y me dieron una. Cuando me la trajeron- no sé si se trató de una casualidad o no- había unas tarjetas en su interior, entre ellas una con los números de teléfono del FBI. Sólo por si los había olvidado, ¿no?. Como si [pensaran] “Bien, este tipo comunista pide la Biblia... debe estar a punto de confesar”.

Eso es lo que imagino que estaban pensando o maquinando.