13 de mayo de 2009

Rusia a las puertas del socialismo (o de la guerra mundial)





Juan Jiménez Herrera

No es habitual que las autoridades legales transmitan sus condolencias a los familiares al fallecimiento de los que se sublevaron militarmente y, menos aún, que los califiquen como auténticos patriotas. Salvo que unos y otros compartan espacio y tiempo tan singulares como la Rusia postsoviética. Así ha ocurrido recientemente: el presidente ruso Dmitri Medvédev transmitió sus condolencias a los familiares del General VarenniKov, jefe militar del Comité de emergencia que se alzara contra la política de Gorbachov en 1.991, y fallecido días atrás a los 85 años de edad. Fenómeno tan curioso debe tener alguna explicación plausible. En realidad, el actual estado ruso, nacido de la ilegalidad del golpe militar de 1.993, y representante de los intereses del capitalismo de carácter criminal-mafioso instaurado, no deja de constituir, al mismo tiempo, una continuidad del estado soviético y socialista, con el que, paradójicamente, no ha roto de forma definitiva. Asumimos que, a primera vista, es esta una afirmación arriesgada y, en cierto modo, aberrante, para quienes, como yo, comunista, en modo alguno desea verse emparentados con los actuales representantes del capitalismo ruso, ni menos aún pensar que la obra del socialismo pueda guardar algún tipo de parentesco con la actual realidad social y estatal rusas.

Sin embargo, un análisis objetivo, ajeno a los prejuicios morales en último término señalados, nos enseña que en la Rusia actual las relaciones sociales de producción son artificiales. No son producto de un devenir histórico acumulado, sino el fruto de un corte abrupto; en ellas está ausente la ligazón de la continuidad histórica. El capitalismo ruso se ha visto obligado a realizar una expoliación y acumulación originarias sobre la base de un modo de producción previo, distinto del feudalista o campesino, y, además, sin el recurso del capitalismo comercial y financiero previos, y, lo que es más determinante, de manos de un agente institucional, el estado, distinto de la burguesía. Y no es, histórica ni genéticamente, el estado quien crea al burgués sino éste quien conforma su propio estado. El capitalismo ruso es, pues, un producto de ingeniería política y criminal, carente de anclajes en la historia y sociedad civil burguesa, que siempre lo precede.

El capitalismo ruso es, por el contrario, hijo de la sublevación de una clase, capa o estrato social, la burocracia, la cual, en los derroteros degenerados del socialismo soviético, pudo, durante largo tiempo, ejercer sobre los medios de producción y cambio una suerte de usufructo o situación de privilegio, y quien, desde la atalaya de sus paralelas posiciones privilegiadas en las estructuras estatales, pretendió y consiguió cambiarlas por una relación más estable y segura, la que deriva de la relación de propiedad privada, al uso capitalista. Es ante este escenario histórico, protagonizado por una revolución de la burocracia como clase social, ante el cual surgen importantes e intrigantes interrogantes: ¿tiene autonomía y recorrido histórico esta clase social, excrecencia del socialismo en su degeneración o “falta de pulso”? ¿En ausencia de sociedad civil burguesa previa, puede ser la burocracia el eje de un bloque social hegemónico? ¿Dispone, en suma, la burocracia de los elementos indispensables para estructurar la sociedad y de la facultad de cohesionarla con ideología propia?

Las relaciones internacionales tejidas en torno a Rusia en estos últimos lustros nos ofrecen suficientes argumentos para responder a los planteados interrogantes. Superada la inicial etapa de instauración del capitalismo, al que, entusiásticamente se sumaron todas las potencias capitalistas, no tardaron en reproducirse los rancios prejuicios antirusos y antieslavistas; en revivirse la demonización de las políticas de Rusia como potencia y, en definitiva, prevenirse contra el peligro ruso, utilizando todos los recursos disponibles, entre ellos, fundamentalmente, tejiendo alianzas económico militares con los estados ex soviéticos. Las tensiones actuales en torno a Georgia y las acciones conjuntas de la OTAN son un claro ejemplo. Lo cierto es que el capitalismo ruso es, de entre los grandes centros de poder, el único que no ha sido integrado en el supraimperialismo estadounidense europeo. No ha podido ser engullido por su enormidad (territorial-nacional, militar, económica) y por la real imposibilidad de homologación, según los parámetros aceptables para el capitalismo internacional, de su burguesía (en realidad, burocracia, al modo de una burguesía en funciones) y estado. Los aparatos estatales rusos, el ejército ruso, su judicatura, las formas de producir rusas son todavía “sospechosos” para el capital internacional. La burocracia rusa, como no podía ser de otra forma, no ha conseguido, a los ojos del burgués tradicional, alcanzar la condición de príncipes inter pares; en realidad, no tiene existencia autónoma extramuros del estado ruso y sólo la conserva gracias a este estado.

El apuntado contradictorio, difuso y ambiguo carácter y naturaleza de clase de la burocracia tiene, asimismo, su reflejo en la política exterior activa rusa. Es al tiempo expresión de política de gran potencia y, además, capitalista-imperialista, y, de otra parte, de contención (inconsecuente e interesada) del imperialismo, como lo ejemplifican las recientes maniobras marítimas con Venezuela o la recobrada cooperación militar y económica con Cuba. La política internacional rusa expresa, por tanto, los intereses de la burocracia en su doble papel de burguesía en funciones y continuadora del estado soviético, en un contexto y tiempo histórico en el que todavía no se ha decantado, con carácter concluyente, hacia un sistema u otro. Nada y guarda la ropa; y juega a las dos cartas. Razón por la cual no recibe el plácet de la homologación burguesa internacional.

Semejante proyecto social, como adelantábamos, carece de recorrido histórico. La burocracia es incapaz de generar un estado y formación social estables. La crisis económica actual en su vertiente de crisis financiera y quiebra estatal, que amenaza a los países del este y, en particular, a la propia Rusia, pondrá a prueba la inconsistencia de la burocracia. En cualquier caso, será barrida, incapaz, como lo es, de parapetarse tras una sociedad que no es creación propia. Su desaparición del escenario histórico puede, no obstante, ahorrarle el oprobio definitivo, si, como, hipótesis plausible, tiende la mano al Partido Comunista y facilita una restauración pacífica del socialismo, eventualidad que no sólo no puede descartase sino que, aislada cada vez más aquella, por las crecientes movilizaciones populares, se antoja como el desenlace más probable, sobre todo al abrigo de una sociedad en la que, gracias a la pervivencia aún de las generaciones vivas del socialismo, están presentes en el imaginario y conciencia colectiva la racionalidad y posibilidad de la relaciones socialistas de producción.

Puede, sin embargo, de la mano de la inconsecuente (y criminal) burocracia, cernirse sobre la humanidad el espantajo de la barbarie, en forma de conflagración mundial. Las provocaciones de los centros imperialistas, atizando las rivalidades interimperialistas (Georgia, Osetia Moldavia, Ucrania etc.), a las que puede poner “oído” la burocracia rusa, se erigirían en la excusa perfecta para desencadenar la guerra destructora que, como último recurso, retiene el capitalismo para poner fin a la crisis de sobreproducción que le aqueja.

Que se verifique uno u otro escenario depende de la fortaleza de las fuerzas mundiales de la paz. En la medida que el movimiento obrero y los movimientos sociales conjuren el peligro de la guerra, más obligada estará la burocracia rusa a decantarse por facilitar una transición incruenta al socialismo y descartar el aventurismo militarista. Y es que, una vez más, socialismo y paz se muestran ante el mundo entero como las dos caras de una misma moneda.

Francia reconoce el maltrato al exilio del 39







Público

El Gobierno de Sarkozy apoyará la creación de un centro de memoria en el sur del país

"Debemos recordar que esos mismos hombres y mujeres, recibidos en Francia con tanto recelo y con tan poca consideración, se implicaron unos meses más tarde en la defensa de la República y de sus valores". Son las palabras del secretario de Estado de Defensa francés, Jean-Marie Bockel, expresadas ayer en el cementerio de Fuencarral (Madrid) por el embajador de Francia en España, Bruno Delaye. Y es que las principales embajadas europeas reconocieron ayer la lucha por la libertad de los brigadistas internacionales y de los republicanos un día antes de que se conmemore en toda Europa el 64 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial.


Un republicano, junto a un miembro del cuerpo diplomático francés, ayer en el cementerio de Fuencarral de Madrid. GABRIEL PECOT



Los veteranos españoles presentes en este acto lucieron sus medallas al mérito militar. Ninguna era del ejército español al que pertenecieron. Supervivientes como Emilio Caballero recordaron sus penurias en el campo de concentración y exterminio nazi de Mauthausen. "Un día, los alemanes nos llevaron como perros sólo por defender la libertad. Nos liberaron los americanos después de cinco años allí metidos", recordó ahora, a sus más de 90 años.
El presidente galo es reacio a recordar el colaboracionismo nazi de Vichy

El mensaje francés recordó la injusticia del trato a los republicanos exiliados pero también reconoció la labor de los 50.000 españoles que sirvieron a la República francesa en las Compañías de Trabajadores y Extranjeros, y de los 8.000 miembros de las Unidades de Combatientes a partir de 1939. "Francia no ha olvidado a los gloriosos combatientes españoles de la Segunda División Blindada que entraron en París el 24 de agosto de 1944, encaramados en lo alto de tanques con nombres como Guernica, Madrid o Don Quijote", señaló el discurso enviado desde París por Bockel.

El mensaje se transformó en compromiso con el apoyo al proyecto del Museo de Rivesaltes, en el departamento de los Pirineos Orientales (Francia), cuyo fin es "restaurar la memoria y la historia del exilio, del internamiento y de la lucha" de los republicanos desde 1939 a 1944. El embajador francés reconoció que se trata del "primer reconocimiento oficial" de su Gobierno al trato injusto con el casi medio millón de españoles que pidieron refugio en el exilio. Casi 10.000 de ellos acabaron en las cárceles nazis.

Este reconocimiento supone un cambio de actitud del presidente de la República de Francia, Nicolas Sarkozy, siempre dispuesto a citar a los "resistentes españoles" en ceremonias histórico-funerarias puramente formales por televisión, pero que lo es mucho menos cuando se trata de desenterrar el aspecto más tenebroso del colaboracionismo de Vichy con la barbarie nacionalsocialista. Las autoridades regionales que planearon el centro de la memoria siempre han reclamado la implicación de París en el proyecto.

Casi 10.000 refugiados españoles acabaron en campos nazis

En Rivesaltes hoy sólo quedan en pie unas decenas de barracones, alambradas abandonadas, placas conmemorativas y otros murales explicativos en la punta de una carretera comarcal entre esta localidad y Salses, a unos 50 km de la frontera española.

En el Campo Foch se acumularon 20.000 refugiados españoles. Numerosos alcaldes y vecinos de la región conocida como Midi Rouge (Mediodía Rojo) se desplazaron hasta allí en 1939 para pedir su liberación. El Museo abrirá en 2012 para explicar la historia de un campo que ha sido prisión de republicanos, judíos, musulmanes y, hasta 2007, de inmigrantes indocumentados.

El PCF (Partido Comunista Francés) y los gaullistas (seguidores del general Charles De Gaulle) contactaron con los republicanos en campos como el de Rivesaltes. Allí captaron a combatientes como Ángel Álvarez, que a las órdenes del comandante Juan de Ricardo, trató sin éxito de iniciar una reconquista republicana a través del Pirineo en 1940. "Nos masacraron", recordó ayer este militar cuyos méritos al servicio del ejército de liberación de De Gaulle le valieron la condecoración de Caballero de la Legión de Honor, otorgada por la República francesa.
"Francia no olvida a los combatientes que entraron en París en 1944"

La responsabilidad política de ese episodio histórico que llevó a miles de republicanos a la muerte en campos nazis es ahora investigada por el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno. Una denuncia admitida por este tribunal el pasado 30 de abril trata de demostrar la culpabilidad de las autoridades franquistas en la entrega de los presos a Hitler. Casi 5.000 republicanos murieron en el exterminio.
"No es un juez estrella"

La Asociación de Descendientes del Exilio Español, organizadora del homenaje de ayer en Fuencarral, valoró positivamente esta iniciativa judicial. "Esperamos que en esta ocasión prospere al no tratarse de un juez estrella", opinó una representante del colectivo. El acto se celebró en el cementerio de Fuencarral ya que aquí están enterrados los brigadistas caídos en la defensa de Madrid durante la Guerra Civil.
La Audiencia investiga la entrega, en 1940, de refugiados a Hitler

Los embajadores de Gran Bretaña, Italia, Rusia, Ucrania, Serbia y representantes diplomáticos de EEUU reconocieron la labor de los brigadistas voluntarios en defensa de la libertad. También estuvieron presentes representantes de varios ministerios del Gobierno español. Andrés Ortega, del Ministerio de Presidencia, recordó que "los brigadistas hicieron lo que debieron hacer sus Gobiernos".

La censura franquista condicionó la adaptación al cine de obras de Hemingway



Público


La censura franquista tildó a Ernest Hemingway y sus obras como "una amenaza a la moral conservadora de España" y llegó a condicionar la adaptación de sus libros al cine por la industria estadounidense, ha afirmado hoy a Efe Douglas Laprade, profesor de la Universidad de Texas.

Laprade, que interviene hoy en Málaga en un encuentro internacional sobre Hemingway, ha publicado tres libros en los que recopiló los documentos de la censura acerca del escritor y las cartas de los embajadores y cónsules españoles en Estados Unidos que intentaron suprimir la producción de películas norteamericanas basadas en sus obras.

Así, en 1942 el cónsul de España en Los Ángeles escribió en una carta al ministro español de Asuntos Exteriores que estaba revisando el guión de "Por quién doblan las campanas", en el que se cambió la palabra "rebeldes" por "nacionales", mientras que "leales" se sustituyó por "republicanos".

"La industria del cine estadounidense fue cómplice de Franco en la censura a Hemingway", porque en 1942 "todo el mundo estaba contra Hitler, EEUU no quería tener otro enemigo en Franco y había que complacerle", según Laprade, que ha destacado que del guión original de la citada película se suprimió una escena "en la que los falangistas violaban a la protagonista, María".

Hemingway era "bien conocido por los políticos españoles mucho antes que sus libros por los lectores" y los informes de los censores le etiquetaban como "un propagandista rojo".

Además, se trataba de una "amenaza seria" para el régimen porque el escritor "tenía mucho que ver con la imagen de España en el extranjero", ha añadido Laprade.


Ello llevó a que se hablara de Hemingway "a los más altos niveles" de los gobiernos de ambos países, con cartas por ejemplo del embajador de España en Washington al subsecretario de Estado norteamericano para tratar sus obras.

Los fragmentos de los libros que fueron tachados por la censura antes de su publicación en España hacían alusión casi siempre a conductas consideradas inmorales.

En "Adiós a las armas" (1929), "había un lío entre el protagonista y una enfermera, que quedaba embarazada", y en un pasaje de la novela le decía "Ven a la cama. El vicio es una cosa maravillosa".

Ello no pasó desapercibido al censor, que escribió en su informe que "los protagonistas de la novela, como los extranjeros en general, no tienen un espíritu religioso", ha explicado a Efe Laprade.

Fruto de esa relación entre los protagonistas del libro nació un niño y Hemingway escribió sobre el sangriento parto con cesárea que "parecía una escena de la Inquisición", frase que fue tachada por la censura "por referirse a la leyenda negra de España".

En otra novela, "Al otro lado del río y entre los árboles" (1950), aparecía el nombre de Franco, que se suprimió, y se modificó la palabra "fascista".

Se da la circunstancia de que "Por quién doblan las campanas" no se publicó en España hasta 1968, casi treinta años después de editarse en inglés, pero cuando apareció en nuestro país fue "sin tachaduras", gracias a la Ley de Prensa e Imprenta conocida como Ley Fraga, que "suavizó la censura", según Laprade.

Estas tachaduras en sus libros contrastan con el hecho de que Hemingway viajó a España asiduamente desde 1953 y se convirtió en un emblema publicitario para divulgar las fiestas españolas, especialmente la de los toros.

"El Ministerio de Información y Turismo era esquizofrénico, porque por un lado hacía la censura y por otro lado promovía el turismo. El mismo ministro que censuraba a Hemingway colocó una estatua suya junto a la plaza de toros de Pamplona por haber propagado las fiestas de la ciudad", ha añadido Laprade.

Michael Moore, la sanidad estadounidense y la respuesta de los medios





Vicenç Navarro




Cuando el Ejército de EE.UU. invadió Irak, todos los medios de información y persuasión estadounidenses (desde el The New York Times hasta el canal televisivo CNN) así como la gran mayoría de intelectuales de aquel país apoyaron tal invasión aceptando las tesis del presidente Bush de que el régimen de Sadam Hussein en Irak representaba una amenaza para el mundo debido a su producción de armas de destrucción masiva. Sólo un número muy limitado de intelectuales (como Noam Chomsky, que a pesar de ser el intelectual estadounidense más conocido fuera de EE.UU. está vetado en los mayores medios de información de aquel país) cuestionaron los argumentos y la evidencia que la Administración Bush utilizó para justificar tal invasión. Otro fue Michael Moore que en su documental Fahrenheit 9/11 cuestionó la evidencia mostrada por el gobierno Bush para apoyar la invasión de Irak, documentando además las conexiones que la familia Bush tenía con las compañías petrolíferas y otros intereses económicos que estaban detrás de aquella invasión.

La predecible respuesta del establishment político, mediático e intelectual ante aquel documental fue el intentar desacreditarlo por todos los medios. A pesar del gran éxito de taquilla que fue, la gran mayoría de los medios de información y persuasión ridiculizaron el documental definiéndolo como “demagógico”, término que las derechas suelen utilizar para desmerecer los argumentos de sus críticos. La guerra de Irak ha costado la vida de 4.226 estadounidenses y 654.965 irakís (y continúan muriendo). Y, por fin, se ha visto y reconocido que no había ni se estaban produciendo armas de destrucción masiva en Irak. Y sin embargo, ninguno de aquellos medios que apoyaron a Bush ha pedido perdón al pueblo estadounidense o al pueblo irakí. Noam Chomsky, por cierto, continúa vetado en aquellos medios.

Michael Moore se ha centrado ahora en otro conflicto (no extranjero esta vez, sino doméstico) en el que también hay muertos. Cada año 18.000 estadounidenses (según el profesor David Himmerstein, de Harvard University, esta cifra es mucho mayor: más de 100.000 muertos) mueren por falta de atención médica. 18.000 muertos (seis veces el número de muertos que hubo en el atentado a las Torres Gemelas) son las víctimas de un conflicto doméstico en el que también hay vencedores y perdedores. Entre estos últimos están 46 millones de estadounidenses que no tienen ninguna cobertura sanitaria, y 102 millones que tienen una cobertura sanitaria insuficiente. La imposibilidad de pagar facturas médicas y pólizas de seguro médico privado es una de las causas mayores de bancarrota familiar. Y el 44% de las personas que se están muriendo declaran estar preocupadas por cómo ellas o sus familiares podrán pagar sus facturas médicas. No es sorprendente, por lo tanto, que la gran mayoría de la población estadounidense (64%) señale su descontento con el sistema de financiación privada de la sanidad. El sistema público cubre al Presidente, a los miembros del Congreso y a los miembros de las Fuerzas Armadas, así como al 52% del gasto incurrido por los ancianos (el programa Medicare). El Gobierno federal y el estatal (autonómico) pagan las facturas médicas de los muy pobres (que en realidad cubre sólo el 12% de la población pobre). La gran mayoría de la población tiene una cobertura privada e insuficiente.

El hecho de que no se haya cambiado tal sistema se debe al enorme poder de los vencedores en esta lucha doméstica. La privatización del sistema electoral estadounidense, implica que la financiación de las campañas electorales proviene de aportaciones de grandes grupos financieros y empresariales que pagan las campañas de los políticos. Así, las compañías de seguros sanitarios privados (que son las que dominan y gestionan el sistema sanitario) y la industria farmacéutica (que son las compañías que tienen mayores beneficios al año, 40.000 millones de dólares) pagaron respectivamente 2.185.722 dólares y 1.927.159 dólares al candidato Obama. Sicko, de Michael Moore, se centra en este conflicto doméstico, documentando esta realidad dramática para la mayoría del pueblo estadounidense, mostrando claramente las enormes deficiencias del sistema de financiación sanitario, las cuales son consecuencia del maridaje entre los poderes económicos y la clase política centrada en Washington.

Moore señala que el problema no es que EE.UU. no pueda resolver este problema por falta de dinero (el gasto sanitario es un 17% del PIB). No es un problema económico, sino un problema político. Son las conexiones políticas entre el mundo empresarial (las compañías de seguros y el complejo médico-industrial) y Washington. Y lo que ha irritado enormemente a la clase política de Washington es que Moore muestra como Cuba, un país muchísimo más pobre que EE.UU., ofrece cobertura universal a sus ciudadanos, cuando el gobierno federal la niega a los suyos. Esta referencia favorable a Cuba es más de lo que el establishment político-financiero y mediático puede tolerar. De ahí la enorme hostilidad del establishment (la película ha sido aplaudida en miles y miles de salas de proyección de barrios populares) hacia el documental. La CNN hizo un documental muy crítico, acusando a Moore de falsear y manipular los datos. En realidad, y tal como señaló Paul Krugman, fue el director del programa de la CNN, el Dr. Sanjay Gupta (próximo a la industria farmacéutica), el que manipuló los datos en su intento de desacreditar Sicko. El Sr. Gupta fue inicialmente propuesto por el Presidente Obama para que dirigiera los servicios federales de salud pública. El escándalo y protesta popular a aquel programa de la CNN (que manipuló los datos para desacreditar a Moore) forzó a que el Dr. Gupta debiera retirarse y que el Presidente Obama aceptara su renuncia a que fuera nombrado para tal cargo.

La crítica de la prensa española hacia el último documental de Moore ha sido predecible con notables excepciones. En su mayoría ha reproducido los comentarios del establishment mediático estadounidense calificándolo de “demagogo”, ”exagerado”, “aburrido” y un largo etcétera. El estilo Moore es típicamente estadounidense. Va directamente al grano, y habla con el lenguaje de la gente normal y corriente. De ahí su enorme popularidad entre las clases populares. No se acobarda frente a las estructuras de poder y no permite claroscuros. Es comprensible que el documental sorprenda en muchos círculos españoles que han idealizado EE.UU. y lo consideren muy duro. Y no hay duda de que su estilo es provocador y crea escándalo. Pero el espectador español tiene que ser consciente de que, aún cuando hay centros sanitarios de gran excelencia en EE.UU., el sistema de financiación de la sanidad estadounidense, basado en el aseguramiento privado (que las derechas en España quieren imitar) ha fracasado. Y el hecho de que la población desee un cambio en este sistema de financiación privada es prueba de ello. El documental de Moore debe entenderse en este contexto.

Una última observación: no iría mal que hubiera también un Michael Moore español que documentara, por ejemplo, el enorme poder que tienen en España las Mutuas Patronales que no pagan lo que se les debe a los familiares de los fallecidos por enfermedades laborales; o la excesiva influencia que la Banca tiene en la vida política de este país. ¿Dónde está el Michael Moore español?

LOS NOMBRES DE LOS HERMANOS JASO DE MÉLIDA CONSTAN YA EN EL MURO DEL PARQUE DE LA MEMORIA









Aurelia Jaso Bergachorena confiesa que el sábado fue uno de los días más felices de su vida. Quería que sus hijos y sus nietos guardasen la referencia de su abuelo. Siempre ha sido una mujer sensible. No podía ser de otra manera cuando a la tierna edad de ocho años perdió a su padre y tuvo que ir a vivir con sus abuelos paternos mientras sus dos hermanos se quedaron con su madre.
Además de su padre Aurelio, sus tíos José y Andrés también fueron asesinados. José ya figuraba inscrito en el muro desde su inauguración. Los nombres de su padre y de su tío Andrés han sido agregados ahora. Andrés Jaso fue futbolista de Osasuna, Valencia y Sporting de Gijón y fue muerto en Cangas de Onís. Aurelio, padre de Aurea, escapó de Mélida hacia la Bardena de donde consiguió llegar a zona republicana, muriendo posteriormente en el frente. Su hija tiene la certeza de que fue enterrado en el Valle de los Caídos, en el mismo lugar que Franco, lo que hace más lacerante el dolor de la familia.
Cuando Ioseba Eceolaza le comunicó que los nombres de sus familiares se iban a incorporar, rompió a llorar. Pero el acto del sábado ha aliviado un poco el sufrimiento y la amargura de tantos años.

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