15 de mayo de 2009

CONCEPCIÓN CARRETERO SANZ, VÍCTIMA DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA MILITANTE E HISTORICA COMUNISTA PRESENTO EL DOCUMENTAL "TRECE ROSAS"




diario de noticias


Esta histórica militante comunista, hoy madrileña, invitada por la Unidad Navarra por la República, para presentó el documental de la Fundación Domingo Malagón Las trece rosas rojas: memoria viva , de las que fue compañera en las Juventudes Socialistas Unificadas y también en la Prisión de las Ventas de Madrid. Un día antes de entrar en prisión, el 5 de agosto de 1939, junto a la tapia del cementerio de la Almudena, a 500 metros de la prisión, fueron fusilados los 56 miembros de Juventudes, entre los que se encontraban las trece jóvenes. Pagaron con su vida el asesinato del comandante Gabaldón que no llegó a esclarecerse. Carretero estuvo arropada, entre otros, por Javier Moreno, del Foro por la Memoria, que recordó los retos pendientes (excavaciones paralizadas) después de que la Fiscalía haya dejado en manos de los tribunales territoriales las investigaciones sobre la apertura de fosas. Carretero tuvo más suerte que "las trece rosas". Fue condenada a muerte en 1944, pero le permitieron llevar a su niña Diana (a su padre lo habían fusilado) a la sala del juicio y aquello fue definitivo: "Tenía un año, era muy cariñosa; les lanzaba besitos a los jueces, se ve que se conmovieron y, en la sentencia definitiva, me absolvieron", relata.

¿Cuántas quedan para contarlo?

Me sé de memoria el documental, pero sé que hoy también me voy a emocionar mucho más porque ya falta la primera que sale, Maruja Borrel, que falleció el 23 de marzo y la echo mucho de menos. Quedamos tres de aquella época, pero Nieves Torres está mal de la cabeza y María Carmen Cuesta también.


¿Cómo vivió el final de la guerra?

El 28 de marzo de 1939 (este año se ha cumplido el 70º aniversario del final de la Guerra Civil) lo pasé en la cárcel. Tenía a mi cargo la Secretaría de Agitación y Propaganda de la JSU y la organización infantil de los Pioneros. El 4 de marzo de 1939 conocimos la sublevación del coronel Casado contra la República, vimos el panorama y sus intentos de rendirse a Franco. Los comunistas nos oponíamos, unas compañeras y yo nos fuimos rápidamente a la sede de la JSU, en el palacio de Juan March en Núñez de Balboa y Lista. El objetivo era salvar los ficheros de la organización -unos 5.000 afiliados-, pero, a la salida, nos detuvieron. Fuimos a prisión y salimos pocos días antes de entrar Franco en Madrid.

¿Qué recuerda son los más felices y los más tristes de su vida?

Los momentos más felices son el nacimiento de mis seis hijos (uno murió). Y triste es toda mi vida, de pequeña empecé con seis años a hacerle recados a la maestra para que me diera dos reales, fregaba los suelos... Mi padre murió muy joven.

¿De dónde vienen sus convicciones políticas, de un padre anarquista?

Nosotros, los tres hermanos, hemos seguido lo que mi padre empezó. Él trabajo para la familia real de jardinero pero vio las desigualdades. Cuando murió, yo tenía seis años, pero sabíamos por él a través de mi madre. Esas raíces las llevo yo dentro. Otro hito importante fue cuando un amigo en un baile me preguntó cómo veía la situación de la sociedad y yo le respondí que me parecía una injusticia muy grande que los ricos tengan mucho y los pobres no tengamos nada, y somos los que trabajamos y producimos, porque para entonces ya estaba yo sirviendo. Entonces, me habló de un partido que estaba luchando por un mundo mejor donde no haya hambres, no haya guerras y haya libertad. Eran las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas. No había cumplido los catorce años y empecé al día siguiente a protestar, a poner pasquines, a vender periódicos...

Ha sido una mujer muy valiente. Protagonizó episodios heroicos...

La vida te hace serlo. Yo hacía ropa para intendencia y en el partido querían uniformes militares para ir de camuflaje en un plan de fuga de comunistas... No salió bien. Recuerdo también que fui a pedir víveres para un compañero que se había escapado, y llevaba una carta para el encargado de una fábrica que era su cuñado; apareció la policía y la carta me la tragué. Seguí y les dije que quería trabajo, y me dejaron pasar...

¿Cuánto tiempo estuvo presa?

Entre dos y tres años. La segunda vez que entré fue por el trabajo clandestino en el Partido Comunista...

¿Se sigue sintiendo comunista?

He aprendido a leer y escribir de mayor, pero aspiro a ser comunista, se necesita mucha formación. Mis hermanos además fueron grandes dirigentes.

¿Cómo está viviendo el proceso de recuperación de la memoria?

Necesario, pero hay que hacer mucho más, hay que sacarlo todo. Hay gente que todavía tiene miedo de contar su historia. No es ánimo de venganza ni odio, sino para que la juventud de hoy sepa que hay algo más por lo que luchar que el botellón, que hay muchas cosas que hacer.

¿Cree que gobierna hoy izquierda?

No gobierna la izquierda, hay que seguir luchando por un mundo mejor, y seguiremos luchando...

¿Qué le preocupa?

El paro, el hambre que se presenta porque yo he pasado tanta... Yo juzgo a mis nietos (14 y 8 biznietos), que lo tienen todo. Yo tenía que ir a fregar suelos, estuviera mala o buena...

¿Nunca traicionó a sus camaradas?

Recuerdo que el 17 de mayo de 1941 me desnudaron, me llevaron a las tapias del cementerio para que dijera quién era el enlace del partido para juventud... Me bajaron delante de las tapias, en donde se ejecutaba a los condenados y me señalaron los agujeros de las balas que "han matado a tus camarada", me dijeron: "las siguientes serán las tuyas". Aun así yo me negué a traicionarles.