24 de mayo de 2009

Con una esquina rota






MIRANDO desde la Rotxapea la cima del monte Ezkaba cuesta creer la verdadera historia de horror y muerte que esconden las ruinas del Fuerte de San Cristóbal. Recorriendo ahora los restos de este inmenso edificio vacío, usado como cárcel entre 1934 y 1945, se percibe que todavía, a pesar de su deteriorado estado, está lleno de dolor y de memoria, aunque cada vez son más los que se cuelan en su interior, sorteando lo prohibido, sin más afán que la aventura ante la oscuridad. La vida cambia, pero las ruinas, como los recuerdos, se mantienen para revivir una y otra vez lo que sus paredes callan. Cerca de 400 presos republicanos murieron allí de hambre, de frío y de abandono. A otros 221 los mataron a tiros por las laderas de los montes al intentar escapar. Sólo tres consiguieron la libertad en esa huida. Cuesta imaginarse cómo tan cerca de nuestra ciudad se vivió tanta miseria. El tiempo que pasa no borra, sino que desempolva los recuerdos. Era un mes de mayo de 1938, una primavera más. 795 presos republicanos huyeron en la que es la mayor fuga penitenciaria del Estado. Era un mes de mayo de 1938 pero no fue una primavera más, a ésa se le rompió una esquina y algo se quebró para siempre. Hoy, quienes siguen llorando el dolor de sus familiares muertos en esa cima no estarán solos. Seguirán leyendo las cartas a las que nunca pudieron responder, cartas desde la prisión, como el hermoso arranque de una de las más hermosas novelas escrita por Mario Benedetti. Hoy, de nuevo, es primavera con una esquina rota. Un buen momento para releer esta novela en un doble homenaje al autor y a la memoria.
POR ALICIA EZKER en Diario Noticias

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JOSE ANGEL FERNANDEZ:"Me pesa que gente que lo sufrió no llegara a leer el libro"




José Ángel Fernández vive en Miranda y como ciudadano de esta localidad decidió investigar uno de los sucesos más importantes que ocurrieron hace ya más de 70 años en la ciudad. Fruto de esta investigación concienzuda surgió el libro "Historia del Campo de Concentración de Miranda de Ebro (1937-1947)" , donde logró reflejar la dura realidad que miles de prisioneros padecieron allí y que sólo le dejó un mal sabor de boca. "Me pesa que gente que lo sufrió y que habló conmigo, no llegara a verlo porque el libro se alargó y algunos murieron", lamenta.

Historias como las de unas condiciones de vida lamentables que llevaron a "162 fallecimientos por enfermedades, malnutrición e intentos de fuga". U otras como las que protagonizaron los cabos de vara, "prisioneros que se ofrecían para vigilar a sus compañeros". O también la del especial sufrimiento de algunos reclusos. "Hubo malos tratos y se ensañaron especialmente con un grupo de sacerdotes vascos".

Aunque para él la historia más impactante fue la de una viuda. "Su esposo era catalán y sabía que estaba muy malo. Fue hasta Miranda y después de tenerla todo el día en la puerta, le dijeron que estaba muerto y enterrado. No pudo ni verlo".

Descubrimientos que realizó a través de ellos y que reflejan miles de vidas truncadas por una guerra que fue sólo de unos pocos y que pervivirá ya para siempre en su memoria. "No querían irse de este mundo sin que se supiera lo que habían sufrido. Que las nuevas generaciones lo conocieran". Objetivo cumplido.

(Noticias de Alava. 24 / 05 / 09)