5 de junio de 2009

Salamanca mantiene los honores a Franco


(Público, 04-05-2009)










El Ayuntamiento de Salamanca (PP) insiste en mantener a Franco como alcalde perpetuo de la ciudad. El PP votó ayer en contra, por tercera vez en dos años, de quitarle los títulos al dictador. En esta ocasión no hubo debate. Sólo se votó la propuesta del PSOE pero no hubo intervención alguna por parte del PP. Los conservadores votaron en contra, por lo que su mayoría absoluta impidió que se retiraran los honores al dictador.

El PSOE presentó en enero de 2007 la primera propuesta para que se retire a Franco la primera medalla de oro de Salamanca y para que se revoque el nombramiento del dictador como alcalde de honor perpetuo de esta ciudad. Volvió a proponerlo en mayo de 2008 sin éxito.

Tampoco ayer lo logró. No hubo respuesta por parte del PP. Quizá valía la dada el pasado lunes por el teniente de alcalde, Salvador Cruz, cuando en una visita a unas obras aseguró que su partido trabaja "por el presente y futuro de los ciudadanos". "El pasado se lo dejamos a los socialistas", remachó. Cruz también se refirió a que la polémica "ya está superada desde hace más de dos décadas, cuando se nombró alcalde perpetuo al rey Juan Carlos, dejando sin efecto el distintivo sobre Franco".

El portavoz del PSOE, Fernando Pablos, enumeró ayer los 15 ayuntamientos y diputaciones que en los últimos meses han revocado, con el apoyo o la abstención del PP, los honores a Franco. En Salamanca, sólo la Universidad ha rechazado el doctor honoris causa que otorgó en 1954 al dictador, aunque no lo ha retirado. La Universidad Pontificia, que se lo otorgó el mismo año por el área de Derecho Canónico, lo mantiene.


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Memoria de la Guerra Civil


Requetés con sus medallas.




Acerca de la Guerra Civil se ha escrito tanto que uno necesitaría cinco vidas longevas para leerlo.. Es verdad. Hay libros para todos los gustos. Todos discutibles, porque para eso están los gustos: para disputarlos. Naturalmente, los lugares comunes sobre la Guerra Civil los tienen los otros, o sea, quienes piensan de distinta manera.

Particularmente, me llaman la atención algunos tópicos. Por ejemplo, afirmar que la guerra la perdieron todos, tanto los fascistas que se rebelaron contra el legítimo gobierno de la República como aquellos que murieron por defender dicho régimen democrático, me parece de un cinismo insoportable. Lo mismo me sucede con el cliché tan extendido de sustentar que los actos de barbarie se perpetraron de igual modo en ambos bandos; o sea, que tan verdugos fueron los republicanos como los fascistas, los asesinados como los asesinos.

Desde luego, en Navarra no fue así. Aquí, los únicos verdugos fueron los requetés y los falangistas. En Navarra los únicos /“malos”/ de verdad fueron los que implantaron el terror impuesto por Mola y quienes lo pusieron en marcha o lo aplaudieron como un “acto patriótico” o “santa Cruzada”: Raimundo García, alias /Garcilaso/, y su /Diario de Navarra/, Eladio Esparza, subdirector del mismo, Conde de Rodezno, Esteban Ezcurra, Benito Santesteban y el obispo Marcelino Olaechea, por lo menos hasta que se cayó del guindo y proclamó ineficazmente el grito de “¡No más sangre!”.

Porque en Navarra los únicos asesinados fueron nacionalistas, socialistas, comunistas, cenetistas, ugetistas y tantas personas sin carné de partido; y los únicos asesinos fueron requetés y falangistas.

Quizás en otros sitios de España las cosas ocurrieron de otra manera, pero en Navarra, no. ¿O creen, acaso, que las derechas de Aizpún Santafé y de Garcilaso se hubiesen callado los crímenes de la izquierda navarra, caso de haberlos cometido? La única verdad es esta: las derechas jamás atribuyeron ningún crimen a los republicanos o gentes de izquierdas navarros. Y, si no, dígase a cuántas mujeres de requetés y falangistas se les rapó la cabeza y obligó a beber aceite de ricino. Que se diga cuántos sacerdotes fueron asesinados en Navarra por los republicanos navarros. Que se diga cuántas mujeres, cuántos hombres, del bando fascista fueron acribillados a sangre fría y arrojados como alimañas a una cuneta.

En Navarra, ningún requeté, ningún falangista, perdió la vida, la familia, la tierra, la libertad, la ilusión, la esperanza y la dignidad… a manos de un republicano navarro. Ninguno. Aquel conjunto de hermosos abstractos sólo les fue arrebatado a quienes trataron de mantenerse fieles al gobierno legítimo de la República.

Víctor Moreno,Villafranca (Navarra)

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Visita al fuerte de San Cristóbal




Iñaki Alforja


El Gobierno de Navarra de UPN y el Ejército español anuncian que van a permitir a los ciudadanos conocer la historia del fuerte de San Cristóbal.

Al entrar por la puerta principal podrán conocer que cerca de 7.500 presos, traídos de todos los puntos de la península sobrevivieron y murieron en su interior. Más adelante, en el puesto de guardia, les explicarán cómo se registraban sólo los presos que tenían condena firme. Centenares de presos navarros fueron detenidos, llevados al fuerte sin juicio y fusilados. Son los llamados gubernativos. Es el caso de Rocafort y Moriones de Sangüesa. Sus hijos buscan todavía hoy un cuerpo que enterrar. Al pasar por el llamado rastrillo les mostrarán las ciegas celdas de castigo donde el socialista Afrodisio González de Burgos pasó varios meses en la húmeda oscuridad y pidió morir. Antes de llegar al patio, les harán pasar al locutorio y conocerán la historia de las mujeres que subían a llevarles algo de ánimo. Mujeres organizadas políticamente como Josefina Guerendiáin, de UGT, o Socorro Aranguren, del PNV. O familiares, como Fe Sánchez Tosal, que le contó allí a su marido Salvador Ruipérez, alcalde de Peñaranda de Bracamonte, que su hija de 2 años había fallecido.

En el patio del penal podrán estar horas escuchando historias. Allí paseaban las horas y el hambre los presos: Álvaro de Retana, encarcelado por amar a otros hombres, pintor y escritor en las calurosas noches de Madrid. El anarquista Rogelio Diz, siempre componiendo canciones y autor del himno de la fuga. Iosu Urresti, abertzale, capitán de gudaris en el frente norte.

En el cuarto de servicios les hablarán de las amargas palizas que le dieron, por ejemplo, al socialista vallisoletano Salvador Robledo. Al entrar a las brigadas reconocerán la esquina donde el maestro Salcedo, encarcelado por imaginar una escuela libre, enseñaba a leer y escribir a otros presos. Al bajar a la 1ª brigada, harán un alto para explicar cómo dormían en el suelo, sobre el agua, hombres como Agapito Galindo, que pese a todo soñaba que volaba sobre los muros y volvía a su casa de Coca.

Dos naves más allá llegará la increíble historia de una de las fugas documentadas más numerosas del mundo. La que iniciaron los comunistas Leopoldo Pico y Baltasar Rabanillo el 22 de mayo de 1938.

En un increíble acto de generosidad, se abrieron las puertas de los cerca de 2.500 presos que estaban aquella noche: 795 presos se fugaron, 207 fueron asesinados, 585 fueron recapturados y sólo 3 consiguieron pasar la frontera. Al salir del fuerte y conocer el terrible final de los últimos 131 presos en el cementerio de las botellas, los visitantes se preguntarán porqué no conocían esta historia del fuerte de San Cristóbal. Casamatas, caponeras, aljibes… todo eso son piedras interesantes. La historia la hacen las personas. La historia es fundamental para entender el presente. El fuerte de San Cristóbal fue uno de los penales más duros del sistema represivo franquista, utilizado para eliminar la disidencia política.