14 de junio de 2009

La guerrilla en el País Vasco y Navarra

Guerrilleros navarros


Míkel Rodríguez Álvarez, Profesor de Historia

El estudio de la guerrilla en el País Vasco y Navarra resulta especialmente difícil, debido a la falta de fuentes. Las difíciles condiciones de la clandestinidad, la autocensura y el deterioro producido por el tiempo en los microfilms hace que reconstruir la historia de la guerrilla sea una empresa difícil. Y también, lo que quizá resulte más grave, no existe un verdadero interés institucional por recordar una lucha antifranquista protagonizada principalmente por el PCE.

En el otoño de 1944 la Unión Nacional Española (UNE) – la organización de los exilados antifranquistas de predominio comunista - proclamó que había llegado la hora de reconquistar España. La invasión guerrillera que debía derribar a Franco se produjo por Navarra, Huesca y Lérida. La primera embestida se dio en Navarra. Los maquis fueron tomando posiciones cerca de la frontera. Desde la zona de Pau se trasladaron a las poblaciones de Sainte Engrace y Esterençuby. En total, más de 800 guerrilleros se concentraron en el área Olorón-Mauleon-Ustaritz.


Los guerrilleros eran de variada procedencia: Isidoro Granado, de Madrid; Domingo Abanades, Guadalajara; Roberto Gayarre, Navarra; Mariano Hidalgo, asturiano; Salvador Sangut, barcelonés; Félix García, Madrid; Miguel Sierra, de Cáceres; Juan Ferrer, Hospitalet; el leridano Manuel Rocha; Ramón Mayo, de Biescas; el eibartarra Angel Loidi... Muchos maquis quedaron muertos e insepultos en los bosques y nunca sabremos sus nombres. Todavía ocho meses después de los combates se seguían encontrando cadáveres.


La invasión se inició la noche del 3 al 4 de octubre, cuando pasaron los primeros guerrilleros, unos 250 hombres de la 54 Brigada. Partieron de Esterençubi y cruzaron la frontera por Roncesvalles. El primer combate se produjo el día 4 contra un destacamento de la Policía Armada en Izalzu. Murieron dos policías y el guardia civil que les servía de guía. Los maquis además capturaron a un sargento y a un número. Tras esta escaramuza y debido a la presencia de numerosas fuerzas enemigas, el grupo se dividió en dos partidas:

Una, tras llegar hasta Abaurrea Alta, tuvo que retroceder y repasó la frontera el día 8, liberando al sargento capturado, en Francia. La otra entabló un combate el mismo día 4 en Vidangoz, en la zona del monte San Fernando, contra una compañía del batallón América reforzada por dos secciones de la Policía Armada. Murieron 6 maquis y 12 fueron capturados. Por parte gubernamental cayeron el teniente Ramón Benito Alonso, dos cabos y dos soldados. La lucha fue muy dura, llegándose al cuerpo a cuerpo. Este grupo posteriormente tuvo otro encuentro en la borda Zalba contra tropas de infantería. Murieron 2 soldados y 5 guerrilleros, mientras un oficial resultaba herido de gravedad. Se hicieron 30 prisioneros. En Navascués se produjo la única verdadera batalla de la campaña, con uso de morteros y ametralladoras pesadas, pero los guerrilleros lograron romper el contacto. El destacamento, muy debilitado y sin municiones, se fraccionó y retornó a Francia sin más bajas, salvo algún guerrillero que se entregó en el puesto de la Guardia Civil de Burguete.



El día 6 se produjo un combate contra el Ejército en Ainzioa, en el valle del Erro, a resultas del cual el destacamento de 40 maquis se dispersó y retomó la frontera. Dos días después, ante el complicado cariz que tomaban los acontecimientos, se trasladó al batallón Legazpi XXIII desde San Sebastián. Las órdenes proporcionadas a su mando establecían que la unidad debía limpiar de enemigos la zona de Aoiz e Irurzun. El día 9 el batallón tuvo su bautismo de fuego junto a otras unidades en Arostegi, cerca del paso de Dos Hermanas. Sufrieron tres muertos y varios heridos, entre ellos un teniente y un capitán. Uno de los fallecidos era el alférez de complemento bilbaíno Miguel de la Mano, herido gravemente en la acción y que murió al día siguiente. Era el primer mártir de la milicia universitaria y como tal se expuso durante años un cuadro suyo en la sala de banderas del regimiento Sicilia. En el mismo enfrentamiento murieron los soldados Julián Orbegozo e Isidro Angulo.


Ese día una partida de 8 guerrilleros entró en Abaurrea Alta y obligaron al alcalde a que les acompañase al puesto de la Guardia Civil. Allí le hicieron llamar al portón. Cuando le abrieron, dispararon al interior, matando a un número e hiriendo a tres. Tras este ataque el grupo se dispersó. La Guardia Civil del pueblo capturó dos maquis de la partida el mismo día y varios más las jornadas siguientes, entre ellos algunas mujeres. El día 9, dos guerrilleros fueron detenidos cuando intentaban atacar el puesto de la Guardia Civil en Olagüe, a sólo 20 kilómetros de Pamplona. Los maquis fueron apresados más al sur.


Respecto al crecido número de prisioneros, el testimonio de un oficial de infantería aclara en parte la cuestión: “Íbamos patrullando a pie cuando, de repente, apareció un grupo de maquis. Nos podían haber emboscado y acabado con todos nosotros, porque nos habían sorprendido totalmente. Pero venían a entregarse. Los llevé yo personalmente hasta Pamplona. Me dijeron que habían estado escondidos varios días esperando que pasasen soldados, porque no querían entregarse a la Guardia Civil o a la Policía. Habían entrado en España convencidos de que no tendrían que luchar, que la guerra había terminado con su victoria sobre los alemanes y que les iban a recibir como a libertadores. Y al darse cuenta de la realidad, decidieron entregarse. Una cosa que les sorprendió también fue que las tiendas estuvieran abiertas y que existiesen productos para vender, pues venían con la idea de que España estaba hecha un caos y que no había ni comercio ni mercancías. La verdad es que hicieron bien en entregarse a nosotros, porque los cogíamos y nos limitábamos a llevarlos en camión hasta Pamplona y entregarlos en la cárcel. Pero la Policía y la Guardia Civil antes de encerrarlos los interrogaban. Así que, cuando menos, les daban “un buen repaso” antes de llevarlos a prisión”.

La invasión dejó patente la escasa preparación del Ejército para la lucha antiguerrillera. La mayor parte de la guarnición fronteriza estaba compuesta por antiguos combatientes republicanos y por soldados de reemplazo, simples quintos que intentaban inútilmente pasar la "mili" sin excesivas complicaciones.

Un quinto guipuzcoano al que tocó hacer el servicio militar en estas difíciles circunstancias nos lo recuerda: “Yo estaba en el valle de Baztán. Había tiroteos casi todas las noches, porque había muchos nervios. Disparábamos al ganado y a todo lo que se movía. En las unidades estábamos mezclados quintos normales, que estábamos mejor, pero también había muchos republicanos que ya estaban aburridos de la vida. Habían hecho la guerra, luego estuvieron en la cárcel varios años, luego los llevaron a los batallones disciplinarios y luego ¡a volver a hacer tres años de servicio militar! Éstos ya nos decían: “Nos da lo mismo pegar un tiro a nuestros oficiales que a los que vengan de Francia”. En esas condiciones, comprenderás que mili pasamos”. Los nervios y la bisoñez de la tropa a veces producían situaciones surrealistas, como en Vertiz, donde una sección de infantería se apeó del tren al localizar una partida de maquis, combatiendo toda una noche ¡contra una piara de jabalíes!


El 18, tres maquis fueron capturados por soldados del América XIX en el puerto de Velate. Al día siguiente se produjo el principal esfuerzo guerrillero, la invasión del valle de Arán, en Huesca. Esto provocó la reactivación de las entradas por la frontera navarra. La 522 Brigada, doscientos guerrilleros mandados por el comandante Couto atravesaron la frontera por el Roncal, en dirección al pueblo de Sádaba y con destino final en el Maestrazgo. Los días 20 y 21, procedentes de Saint Engrace, 400 guerrilleros de la 153 Brigada entraron por el portillo de Arrakogoiti, en el Roncal. Se dirigieron hacia Garde, desde donde esperaban pasar a Huesca y enlazar con la invasión de Arán.

Perseguidos muy de cerca por las fuerzas gubernamentales, enseguida se fraccionaron, llegando partidas sueltas a Lecumberri, Lesaca y Aralar o siguiendo hacia Aragón.

Un oficial de la Agrupación Cenetista de la UNE, "Chispita", recuerda esta incursión: “Cuando entramos en España éramos un centenar de hombres. Casi todos veteranos de la guerrilla francesa. Por eso quizá tuvimos menos reveses que otros grupos. Sostuvimos varios combates apenas pisamos territorio español. Casi siempre con la Guardia Civil. Se notaba que eran excombatientes de la guerra civil por su forma de actuar en la montaña y por su valentía (...) Los enfrentamientos más violentos nada más entrar los tuvimos en la Sierra de Uztarroz. Luego nos disgregamos en tres grupos. Yo tomé el mando de uno de ellos. Tuvimos pocas bajas porque, como ya te dije, nuestros hombres eran guerrilleros muy fogueados. Pero la resistencia encontrada hizo retroceder a Francia a más de la mitad. Cuando algunos dijimos que se tenía que penetrar hacia el interior, en busca de guerrillas locales, no faltó quien puso en duda su existencia, alegando que eso formaba parte del engaño general. Pienso que si hubiésemos tenido mejor información sobre esas partidas guerrilleras la mayor parte de los grupos que regresaron a Francia posiblemente no lo hubieran hecho (...) Bajamos hasta la Sierra de Santo Domingo, pasando por Navascués y Urriés” (1). Este grupo llegó al Maeztrazgo a finales de octubre.


Victorio Sarriés, entonces sólo un niño, iba irse a la cama en Iza, en el valle de Salazar, cuando sonaron golpes en la puerta. La casa no tenía luz eléctrica y costaba atisbar algo. Eran dos hombres armados con fusiles y granadas. Le preguntaron por su padre y entonces éste apareció con unos carboneros que vivían en la casa. Los guerrilleros estaban tan asustados como ellos y sólo querían algo para comer. Les dieron lo que pudieron pero, como todavía no habían hecho la matanza, sólo había pan y nueces. Estuvieron un rato hablando, dieron las gracias y se fueron. Pero un vecino ya les había denunciado. El Ejército cercó la casa y con las primeras luces se decidieron a entrar. Los soldados estaban nerviosos y querían registrar las habitaciones. En ese momento asomó un ermitaño, Fernando, que vivía enfrente. Los soldados le dispararon y la bala rozó su cuello antes de incrustarse en la pared. Llevaron a toda la familia a declarar y luego los dejaron en libertad. A los guerrilleros los detuvieron días después en Zerrenkenos.


Enric Carreras, miembro de la 522 Brigada, entró por el Roncal con catorce compañeros: “Aunque en algún momento encontramos gente que nos ayuda, son muchos los que acuden a denunciarnos” (2) Otro grupo de esta Brigada llegó hasta Aralar, donde sostuvo un duro enfrentamiento con la Guardia Civil. Al final, 17 se entregaron. En un combate en Lesaka con otro destacamento de 60 guerrilleros que intentaba regresar a Francia murió un guardia civil y el policía armada Quintín Cuesta. El día 22, doce guerrilleros fueron detenidos en el Baztán.


Por esas mismas fechas comenzó a infiltrarse en pequeños grupos la 10 Brigada. Victorio Vicuña era su comandante: “Respecto a la invasión, nosotros tuvimos una gran dosis de subjetivismo. Pensábamos que el final de la guerra mundial era el final de Franco. Creíamos que si invadíamos España y creábamos una cabeza de puente seríamos ayudados por los Aliados. Creíamos que si creábamos una situación de conflicto directo, los Aliados no tendrían más remedio que intervenir, devolviéndonos los esfuerzos que habíamos hecho por ellos. Y que la entrada de una o dos divisiones americanas provocaría que los militares abandonasen a Franco. Esa fue nuestra equivocación. Fuimos incautos políticamente. Se intentaba cubrir con voluntad las deficiencias. En ese período queríamos crear una presión para que las tropas aliadas entrasen detrás de nosotros. No era una forma de pensar políticamente equivocada hasta unos meses antes, pero teníamos ya los inicios de la Guerra Fría. Un gran error político. Monzón y la Dirección se equivocaron, pero tuvieron espíritu de lucha.


Yo estaba un poco mosqueado, porque veía que esto no iba a acabar bien. Llevaba bastante tiempo en esto para conocer la importancia de la información y, como no tenía casi guías del país, todas las noches mandaba patrullas de información con prismáticos y telescopios cogidos a los alemanes, que atravesaban la frontera, se quedaban un día escondidas y volvían la noche siguiente con una información veraz. Por ejemplo, me decían qué movimientos de tropas habían visto, en qué lugares y cuántos toques de trompeta habían escuchado. Cada toque indicaba la posición de un destacamento militar. Y había un montón. Pero los boletines de la Agrupación decían todo lo contrario, que no había fuerzas en la frontera. Nuestra propaganda magnificaba todo: si tres obreros se quejaban, hablaban de huelga. Si aparecían unas pintadas, que un barrio se había levantado. Las informaciones de la Agrupación Guerrillera parecían muy completas. Constaba el nombre de todos los pueblos, con las fuerzas del orden y los destacamentos de ejército acantonados en ellas. Según esos informes, la frontera estaba casi desguarnecida.

A principios de octubre de 1944 iniciamos la campaña del Bidasoa. Se habían establecido dos sectores: uno, en el Pirineo catalán y Aragón, donde debían entrar por Jaca. Otro, desde Olorón-Santa María hasta el Atlántico. Mi brigada, la 10, estaba la más cercana al mar, en Cambó. Mis órdenes, concretamente, eran introducir toda la brigada al unísono, utilizando todos los hombres disponibles. Mis órdenes eran “presentarse en España con todas las fuerzas posibles”. Yo ya advertí a mis jefes, Luis Fernández y Modesto Vallador que iba a meter seis destacamentos de 60 guerrilleros progresivamente y que yo pasaría con el tercero cuando conociese la situación. Y que tampoco utilizaría algunos hombres, como la Brigada Vasca, que estaban faltos de preparación y porque a su jefe, Ordoki le veía muy reticente e inseguro. Los nacionalistas, algunos republicanos y los “Llopis” no estaban de acuerdo con la operación y habían minado los deseos de luchar.
Nuestro objetivo era, desde el punto de vista de la estrategia, el mismo que el de Arán. Aunque en Arán la penetración era más fácil, al ser un sector más montañoso. Teníamos que establecer una cabeza de puente, tras lo cual se levantaría el pueblo español y los ejércitos aliados, ante este hecho consumado, nos ayudarían y derribarían a Franco. Esa era la idea central, más que objetivos concretos de “¿hacia dónde vamos?” o “¡hay que tomar tal pueblo!”. Nuestra orden concreta era: “Evitando las ciudades y los pueblos, cruzar el Bidasoa y establecer bases en las zonas montañosas de Guipúzcoa y de Vizcaya. Si no hay una caída inmediata de Franco, intentar llegar a Santander”.


Empezó la operación y entramos por la zona de Sara. La primera noche pasaron dos grupos, la segunda, uno. Entraban de noche y con la orden de intentar evitar el combate porque no tenían munición más que para cinco minutos de fuego. Había metido estos tres grupos, alrededor de 180 hombres, e iba a pasar yo mismo cuando el tercer día llegó la orden de suspender la operación. Los grupos, hasta cruzar el Bidasoa, no encontraron la menor resistencia, sólo alguna patrulla aislada. Las tropas del Ejército, Falange y requetés se habían concentrado al otro lado del río. Todos los que pasaron el Bidasoa no volvieron más. De los que no pasaron, pues algunos lograron salvarse.
En proporción, tuvimos más bajas que en la operación del valle de Arán. Sólo por pasar el río, que había llovido mucho y había crecido, se ahogaron 14 o 15 guerrilleros. En total parece que la brigada tuvo medio centenar de desaparecidos. ¿Fueron detenidos y ejecutados de forma sumaria, desertaron o lograron llegar a bases guerrilleras en otras provincias? Lo único comprobado es que de muchos nunca más se supo”.

Uno de los integrantes de aquella brigada era José Vicente Arizaga, veterano de los campos de concentración franceses y de la Resistencia: “Yo había pasado a Francia desde Cataluña cuando la derrota, con 14 años. Así que aquella era mi vuelta a España. Mi experiencia en el interior fue muy corta, se trató de muy pocos días. Entré con un grupo de 52 hombres del primer batallón de la 10 Brigada. Antes de entrar en España le cambiaron el nombre a la unidad para despistar y pasamos a ser la 227 Brigada. Salimos de Salies de Bearn en camiones y cruzamos la frontera por la zona del monte La Rhune. Íbamos ya con la estructura de hacer un futuro ejército: un teniente para cada 5 soldados, que luego sería el oficial de los futuros guerrilleros. Para reír. Ya durante la ocupación en Francia hubo batallones que se componían de 8 hombres. Así que cuando se lee: “Tal operación fue ejecutada por el batallón X”, a lo mejor estamos hablando de una operación en que participaron 4 personas. Antes había pasado otro batallón por lo menos, porque me habían dado instrucciones de que no dejásemos papeles, ni colillas, ni nada. Y encontramos una lata de conservas de sardinas de los que pasaron antes y la tuvimos que enterrar.

Llevábamos 5 fusiles ametralladores ingleses Bren y uno alemán. Llevábamos armas ligeras, pero bastante más que lo que teníamos enfrente. El armamento era diverso: unos fusiles canadienses de la Guerra del 14 muy pesados y poco precisos, que no gustaban a los hombres aunque tenían cargadores muy grandes, de 10 balas; Mausers; dos variantes de Sten, con culatas diferentes; bombas de mano de piña y yo llevaba 30 Kgs. de trilita. Pero traíamos muy poca comida, latas de sardinas que habíamos cogido de un tren que la Brigada voló cerca de Olorón, con conservas y botas de media caña españolas para los alemanes. Los cargadores de los fusiles ametralladores se habían distribuido entre todos. Yo llevaba dos cargadores y algunas balas sueltas, que servían tanto para el mosquetón Mauser como para el Bren.


Llevábamos las mejores armas, porque en la 10 Brigada teníamos también la Skoda, que era la versión del Mauser hecho en Checoslovaquia; bombas de mano italianas de dos clases, que parecían cantimploras y que nadie las quería; bombas de palo alemanas que tampoco quería nadie, aunque supongo que serían útiles porque los alemanes eran unos artistas a la hora de hacer la guerra; un par de “naranjeros” españoles; pistolas hechas en Eibar y subfusiles rusos de tambor, que parecían el arma de los gansters...


Íbamos muy despacio y cuando se hizo de día aún estábamos frente a La Rhune. Con los anteojos veía el pueblo de Vera del Bidasoa. Pero desde La Rhune probablemente nos estaban vigilando, porque sabían que veníamos. Alguien nos vio y enseguida se chivó. Algún pastor. Yo únicamente vi a 5 soldados de patrulla, con el fusil de revés sobre el hombro y avisé a los demás para que se escondiesen. Ordenaron no disparar. Perdimos el enlace, el río Bidasoa estaba crecido, estuvimos un par de días sin saber qué hacer. Y, cuando estábamos en un barranco, nos cogieron allí. Empezaron a dispararnos, fueron poco precisos, no sé si tenían más miedo que nosotros. La verdad es que en el combate nos hicieron menos daño del que pudieron. En aquel momento o después murió el comisario del batallón, José Silva. Tuvimos un par de muertos y nos ordenaron “¡Tomad la loma!”. Salimos escapados intentando coger altura. Ahí me vi bastante apurado, pero parecía que no nos querían tirar, porque pasé por una zona despejada y cuando llegué arriba es cuando nos empezaron a disparar. Total, que nos reagrupamos y tuvimos una reunión con los mandos sobre qué hacer. Y decidimos volver. El comisario de la otra compañía, para quedar bien, dijo que seguía “para adelante” y desapareció y no lo vimos más. Pero es que éste sabía lo que había después, una especie de tribunal juzgaba a los que se retiraban sin órdenes. Y pasamos a Francia, a Sara.


Creyendo que estábamos a salvo, matamos dos corderos y nos pusimos a comer. Estábamos en dos bordas y en un momento dado atacaron la otra borda, a 100 metros y allí mataron al comandante Cabero, cuando abastecía el fusil ametrallador y a otros compañeros más. Intentamos reaccionar, pero ninguno de los Bren funcionó - yo creo que algún agente los había estropeado - y no podíamos responder al fuego de los franquistas. Con el jaleo llegaron en camiones los franceses del Cuerpo Franco Pommiés, que no eran comunistas pero nos tenían mucho aprecio, porque habían luchado contra los alemanes. Y formaron frente a los franquistas, que se largaron. Cuando llegué a la base, en Salies, los compañeros me abrazaban porque les habían dicho que habían matado a un comisario y pensaban que era yo. En total tuvimos 8 muertos de 52. De las fuerzas franquistas se pasaron bastantes, quintos y suboficiales del ejército e incluso algunos policías”.

Jacinto Ochoa, fugado del penal de San Cristóbal, recuerda aquellos días: “Estuvimos en Ustaritz unos días, nos montamos en unos camiones, fuimos hasta muy cerca de la frontera y después de allí, cargados con los macutos y las cosas que teníamos, munición y armas, aquella misma noche cruzamos la muga. Llevábamos rifles americanos y buenos debían ser aquellos cachorros, tenían un cargador bastante majo, no sé cuantas balas metí en la cámara, y después metralletas de esas que se fabricaban en Estados Unidos. Se arrojaban para el maquis. Era una cosa muy rudimentaria, no tenían más que un tubo y un cargador grande de 30 tiros. Y claro, aquello para actos de sorpresa debía ser muy bueno, porque no pesaba nada y podías desplazarte. Nosotros seríamos unos 50 guerrilleros. Nuestro objetivo era internarnos y crear guerrillas, y ya después tomar la iniciativa cada uno, pero no había un sitio concreto donde ir”.


En los combates desarrollados en Ventas de Igantzi, el día 23, murieron 5 guerrilleros. Uno de estos guerrilleros falleció al caer al canal. El agua lo arrastró hasta una presa cercana, de donde los militares extrajeron el cadáver. Otro cayó abatido al intentar cruzar el río por el puente de Minas. Lo enterraron en el bosque poniéndole una anónima cruz de madera. Los otros 3 maquis murieron en combate en el caserío Landanetxe.
El 25 se produjo un fuerte enfrentamiento en Vidangoz, en el que perdieron la vida seis guerrilleros. Los combates comenzaron por la tarde y prosiguieron hasta la mañana siguiente. En un principio, las fuerzas del Ejército tuvieron que replegarse al pueblo debido a la presión de los guerrilleros. Posteriormente, la llegada de dos secciones de la Policía Armada y la falta de municiones obligó a los maquis a retirarse. Un teniente y cuatro soldados murieron, mientras que diez resultaron heridos. El 27, otra escaramuza con el regimiento Victoria en el Portillo de Ollate costó la vida a 2 soldados y a 5 guerrilleros. En esta acción fueron capturados 30 maquis. Ese mismo día, una Sección de 50 soldados cruzó la frontera cerca de Sara y registró el caserío Aniatarbe en busca de guerrilleros. El día 28, Santiago Carrillo dio la orden de suspender las operaciones, lo que no produjo una inmediata suspensión de las incursiones y tampoco varió la situación de los que, desde el interior, intentaban desesperadamente regresar a Francia o alcanzar zonas libres de la masiva presencia franquista.


La última incursión se produjo el día 30, cuando 300 guerrilleros entraron por Ventartea hacia el valle de Ulzama, siendo rechazados por tropas de infantería. Varios fueron capturados posteriormente en diversos puntos del Roncal por la Guardia Civil. El general Yagüe podía ya declarar, aliviado, que “en las palomeras de Echalar se puede cazar y pueden estar bien tranquilos los pueblos fronterizos”. El 31 de octubre la prensa anunciaba que el último "rojo" español ha rebasado de nuevo la frontera con Francia Las últimas detenciones, 6 guerrilleros andaluces, se produjeron en el puesto de Ururozqui a primeros de noviembre.


Hoy es difícil conseguir testimonios de los paisanos críticos con la guerrilla La situación en 1944 desde luego no era la del 37, cuando los aldeanos salían a cazar a los fugados de San Cristóbal como si de conejos se tratase. Pero tampoco eran esa población indiferente o antifranquista que algunos autores se empeñan en presentar. Los también parciales testimonios recogidos hace 40 años presentaban un tono muy diferente del actual. Jesús Hermida recogió esta declaración en 1960: “Ellos estaban en las alturas, y la fuerza venía por abajo. Los paisanos sacamos las escopetas de caza para defender el pueblo. No pasaron cerca, pero si pasan... No les quería nadie por aquí. Ellos decían que no nos matarían, que no tenían nada contra nosotros. Pero a nada bueno vendrían cuando venían así, armados con lo último”.

Durante las operaciones la infantería y la policía eran guiadas por civiles de la zona, buenos conocedores del terreno. Y el recuerdo de los guerrilleros supervivientes es que, pese a que los trataban bien y en algunos casos los sobornaron con paté francés requisado, muchos campesinos corrían a delatarlos. Aún a día de hoy, un anciano vecino de Vidangoz recuerda: “Si los militares llegan a hacernos caso, los cogen a todos. Porque nosotros les avisamos donde podían emboscarlos, pero ellos prefirieron hacerlo a su modo y la mayoría de los maquis se les escaparon y siguieron adelante”.

La documentación escrita también apunta en esta dirección. En los archivos del Gobierno Civil de Pamplona existían pliegos de descargo de contrabandistas con certificados de haber espiado a los maquis. Una notificación de la alcaldía de Uztarroz fechada el 4 de noviembre pide al Gobierno Civil las 250 pesetas prometidas a un vecino por delatar a los maquis. Un listado con la relación de los inmuebles particulares ocupados en Aoiz por la tropa del batallón Montejurra muestra que un tercio de los afectados no deseaba cobrar por ello. El 30 de mayo de 1945 el Régimen premió a los vencedores, imponiendo condecoraciones y entregando recompensas a 16 civiles que se habían distinguido en la represión de los sucesos de la frontera de nuestra provincia.


Conchi Anaut, desde su perspectiva de “roja” refleja aquella realidad: “Y no se podía hacer nada para ayudarles, porque en el 36 aún hubo gentes que pudieron ayudar. Cuando los maquis era imposible porque los que éramos rojos estábamos todos fichados y entonces se estaban cortando cabezas a mansalva. Es difícil entenderlo de no haberlo vivido, es difícil entender la situación ahora. Nuestro miedo no lo entenderéis nunca, el miedo que teníamos era pavor. Los de derechas también tenían miedo pues, cuando se enteraron que los maquis estaban pasando, muchos se fueron a dormir a otras casas del miedo que tenían porque pensaban que venían a pedirles cuentas de lo que pasaba... Estos colaboraban con la Guardia Civil, era una manera de congraciarse con ellos. Veían a un maquis, que igual se acercaba a pedir auxilio o comida y enseguida iban a delatarlo” (3).

En Navarra la lucha se desarrolló en la zona norte, ningún combate se produjo por debajo de los 42† 45´. Los enfrentamientos se entablaron principalmente en dos triángulos imaginarios delimitados por los vértices de Varcarlos–Belagua-Burgui y Bera–Aralar-Roncesvalles. La lucha se desarrolló con un tiempo pésimo. Nieve, niebla, frío y lluvia limitaron los movimientos del maquis, a quienes los franquistas, bien asesorados por paisanos, esperaban en vados, pasos y puentes. El hambre – sólo llevaban víveres para 3 días -, la falta de recursos y de información, la fría – si no hostil – acogida de la población y la superioridad numérica del enemigo condenaron la invasión. En un mes, el Ejército tuvo 17 muertos, 3 la Policía Armada y 3 la Guardia Civil. Los heridos fueron mucho más numerosos y los prisioneros, dos.

Las deserciones de la tropa fueron abundantes, pero no hemos logrado localizar ningún dato oficial al respecto. Se desconocen las bajas exactas de los guerrilleros, pero los muertos pasaron de 50 y los capturados, del centenar.

Iosu Osteriz: "NO HA SALIDO A LA LUZ, PERO EN EL FRANQUISMO ANV RESISTIÓ EN EL INTERIOR MÁS QUE EL PSOE"




Iosu Ostériz (Pamplona, 1935) es un libro abierto. Puede contar en primera persona episodios históricos de todo tipo, desde la imprenta que ANV tenía escondida en la propia Ciudadela durante el franquismo, hasta las vivencias de su exilio en Venezuela. Su andadura política comenzó en ANV, donde militó hasta bien entrada la democracia. "Lo que se ha escrito después es que era un partido dormido que ahora lo han, entre comillas, resucitado. Pero eso no responde a la verdad histórica", dice explicando que ANV durante el franquismo resistió en el interior "más que el PSOE".

Ostériz fue además concejal de Pamplona y parlamentario foral por Herri Batasuna y hoy en día es, como él mismo dice, "un jubilado en activo". Actividad desde luego no le falta: es miembro del Foro por la Reconciliación, la Unidad Cívica por la República, Euskara Kultur Elkargoa y además continúa "asesorando" en su auditoría de cuentas. Recientemente ha publicado el libro "ANV. La historia oculta. La resistencia".

¿Por qué habla de la historia "oculta" de Acción Nacionalista Vasca?

ANV nació en 1930, justamente después comenzó la Guerra Civil, luego el exilio y después la transición. Hay una documentación amplia de todo lo que se refiere a la fundación, también de la guerra y del exilio, pero no hay documentación, no hay ninguna referencia escrita, de la labor en el interior. Todo lo que se hizo en la resistencia en el interior, en la clandestinidad, no ha salido a luz. Parece que el partido ha estado dormido en todo el franquismo, pero ANV resistió, no sólo en la guerra, con gente presa, con gente fusilada. Y le voy a decir una cosa, ANV resistió más que algún partido que hoy está en el Gobierno Vasco y en el Gobierno español. A diferencia de nosotros, el PSOE no tenía ninguna organización en el interior. La resistencia antifranquista en este ámbito se hizo con la resistencia vasca y los comunistas. Era la resistencia que había.

¿Cómo se organizó el partido en Pamplona?

Un día cayó en mis manos un ejemplar de la segunda etapa de "Tierra Vasca" , y en él había una dirección de Buenos Aires. Les escribí diciendo que creía que mis ideas coincidían con las históricas de Acción Nacionalista Vasca. A las semanas se presentó un hombre de Eibar, localidad donde había un grupo de la antigua ANV, y me preguntó a ver qué podía montar en Pamplona. De este modo nos fuimos moviendo en círculos de amigos y compañeros de trabajo. Yo más que nada me dedicaba a difundir noticias. Poco a poco, alguno se iba acercando en el trabajo o clubs culturales o deportivos. Formamos un grupo que pasaba la frontera y se ponía en contacto con el otro lado.

¿En qué se concretaba su labor?

Principalmente, había que sacar información para la publicación Tierra Vasca . Ellos recibían los paquetes en la parte francesa, nosotros debíamos pasarla por la frontera. En ese sentido, profesionalmente estábamos organizados en manos de mugalaris . Luego ya empezamos a imprimir aquí, en Pamplona. Para ello teníamos una buhardilla en la Ciudadela, dentro del recinto militar. En definitiva, recogíamos información, manteníamos contactos al otro lado de la frontera y dábamos a conocer las actividades que hacíamos, como el Aberri Eguna, por ejemplo.

¿No tenía miedo?

Francamente, sí. Al general De Gaulle, en las primeras batallas, su general le preguntó si tenía miedo. Y le respondió, "si, tengo miedo, pero lo tengo en su sitio". Yo pensaba algo parecido. Cuando se ha conocido la tiranía, la opresión, se tiene miedo, sí, pero no puede haber marcha atrás. Hay que cambiar las cosas.

¿ANV recurrió a la violencia en la resistencia?

No. Otros grupos sí recurrieron a ella, posiblemente porque la propia dictadura genera violencia. Yo no he participado en hechos violentos y me opongo a la violencia, la aplique quien la aplique.

Dice que en Venezuela a ANV le llamaban 'el partidico' al compararlo con el PNV.

Hay partidos pequeños y grandes. Lógicamente el partido grande era el que más altavoces de opinión tenía. Lo de el partidico viene de la época del exilio en Caracas, que contagiados del humor criollo, en el centro vasco nos llamaban así. Decían que éramos los de el partidico que celebraba las asambleas en un taxi.

¿Se puede decir que hoy en día hay una idea equivocada de lo que ha sido el partido?

En lo que se publica actualmente, sí. Hay que matizar, la historia presenta facetas diferentes en cada momento histórico. ANV nació el 30 de noviembre de 1930 como un partido laico y republicano. Se oponía a un nacionalismo conservador y tradicional, a aquello de euskaldun fededun (vasco con fe). Acción Nacionalista Vasca surgió como una corriente laica que recogía la herencia de los "caballeritos de Azkoitia".

¿La que más se conoce hoy es una ANV diferente?

Ésta es otra ANV, y yo no estoy en la nueva. Y los de que estábamos en la mesa de Alsasua muy pocos están ahora. Cada época de la historia es diferente, las condiciones políticas también y cada uno lo interpreta a su manera. No es la ANV histórica, por ponerle un apellido, mal puesto posiblemente. Pero tampoco las circunstancias son las mismas. Pero todo esto lo hablo desde fuera, yo ya no tengo carné de partido.

¿Estaba de acuerdo con la decisión de que esta formación se presentase a las elecciones en 2007?

No estaba conforme al 100%. Como todo en la vida y en la política, admite muchas matizaciones. Por una parte, legalmente, si creemos en un estado de Derecho, ilegalizar partidos no es de recibo en un Estado democrático. Otra cosa es que determinadas expresiones públicas, con las que discrepo en puntos fundamentales, hayan utilizado la bandera de ANV. Posiblemente, también estaré de acuerdo con esa expresión en otros asuntos también fundamentales. Acción Nacionalista Vasca tiene una renuncia estatutaria a la guerra y a la violencia y yo estoy con ese espíritu, con el espíritu fundacional.

Ésta es una de las ideas del Foro por la Reconciliación en el que usted participa, ¿qué tal va la iniciativa?

Todavía es algo incipiente. Hay que ver qué frutos da. El otro día mismo abrimos la cuenta corriente. Su raíz es el Foro Iruña, que trata de aunar criterios. En esa línea continuaremos.

¿Ve cerca un nuevo proceso de paz?

Cerca o lejos es muy relativo. Durante muchos años estuvieron negociando en Ginebra dos enemigos irreconciliables, la China de Mao y los Estados Unidos de Eisenhower. Cayendo las bombas en Vietnam se negociaba en Ginebra. ¿Por qué? Porque todo termina en una negociación política. Una negociación en la que debemos ceder todos. Y aquí no vamos a ser diferentes.

(Noticias de Navarra. 14 / 06 / 09)

UNAS 2.000 FAMILIAS PIDEN EL DINERO QUE LES INCAUTÓ EL GOBIERNO FRANQUISTA




Unas 2.000 familias de todo el Estado solicitan recuperar el dinero, emitido por el bando republicano, que les fue incautado por el régimen franquista a partir de 1938 y hasta entrada la postguerra. Todas ellas se han asociado en la Agrupación de Perjudicados por la Incautación del Gobierno Franquista (Apigf), que se dedica a recoger copias de todos los recibos que emitieron las autoridades cuando les requisaron el dinero y que se reunieron ayer en Barcelona para estudiar qué posibilidades tienen de recuperar lo incautado. Su reivindicación es que se reconozca la confiscación y se restituya a los afectados y a sus descendientes el dinero con un valor actualizado al curso. Estiman que una peseta de la época de 1936 son 2,85 euros de hoy.

Dinero del enemigo

En 1938, en plena Guerra Civil, un decreto del Ministerio de Hacienda del gobierno franquista, con sede en Burgos, ordenó la prohibición de "la tenencia de papel moneda puesto en curso por el enemigo". Esta orden supuso la incautación del papel moneda impreso por el Gobierno Republicano a partir de 1936, que también pusieron en circulación algunos ayuntamientos situados en territorio republicano e incluso cooperativas. Con esta finalidad, se creó el Fondo de Papel Moneda puesto en Circulación por el Enemigo, de acuerdo con un decreto del Ministerio de Economía franquista. Vecinos de todo el país tuvieron que entregar sus ahorros al Banco de España, entidades bancarias privadas y a los Ayuntamientos, y nunca cobraron la cantidad abonada. Eso sí, todos recibieron un recibo oficial donde se certificaba la cantidad entregada. "Pedimos justicia, que a los perjudicados se nos devuelva el dinero incautado" al igual que se restituyeron los bienes de partidos políticos o sindicatos, solicitó Jiménez.

Historiadores que colaboran con la entidad tuvieron acceso a los libros de actos del Archivo Histórico del Banco de España, y comprobaron que, según los registros, se reconoce que al menos se incautaron y no se devolvieron 3.560 millones de pesetas de la época, "aunque la cifra total podría superar los 5.000 millones de entonces", precisó Jiménez. Hay unas 1.200 familias afectadas que viven en Cataluña. El resto, unas 800, viven en el resto del Estado.

(Deia. 14 / 06 / 09)

El ayuntamiento de Badajoz se olvida de la memoria histórica




Agencias
Se está levantando un muro delante de las tapias donde se fusiló a cientos de republicanos, principal icono de la represión franquista.

Las "obras de refuerzo y acondicionamiento del cerramiento perimetral en el cementerio de San Juan", proyecto que comenzó a ejecutarse el 5 de junio con cargo al Plan E del Gobierno, suponen en la práctica la construcción de un muro que oculta las tapias del viejo camposanto, escenario de fusilamientos masivos tras la entrada a sangre y fuego en la ciudad de las tropas del general fascista Yagüe.

El Gobierno local, en manos del PP, argumenta que la debilidad arquitectónica de las tapias obliga a la obra, concebida para integrar el camposanto en la ciudad y quitar de la vista el cementerio, situado en una zona en pleno desarrollo urbanístico.

Los historiadores Francisco Espinosa, Ian Gibson, Julio Aróstegui, Mirta Núñez, Julián Casanova, Josep Fontana, Paul Preston, Hilari Raguer, Alberto Reig Tapia, Ángel Viñas y Helen Graham, entre otros, suscriben el manifiesto No se puede esconder el pasado, que también intentó en vano influir contra el proyecto.

El texto recuerda que "es posible que Badajoz sea la ciudad en que en relación con su población un mayor número de personas fueran asesinadas a consecuencia del golpe militar y de la masacre tras su ocupación". Y añade: "Las blanquísimas tapias del cementerio fueron una de las primeras evidencias ante el mundo de la política de exterminio programado". Unas 1.200 personas murieron en los días posteriores a la entrada del fascista Yagüe.

La emblemática plaza de toros fue derribada en 2002 por el PSOE

El manifiesto de los historiadores hace hincapié en la potencia evocadora de las tapias del cementerio: "El Tercio, los regulares y los fascistas, al servicio del avance del ejército de África, habrían logrado ahora, más de setenta años después, una nueva victoria si (...) desapareciese la memoria de lo ocurrido y los engarces del recuerdo".

La historiadora Mirta Núñez se muestra "apenada". "Badajoz es emblemático del borrado de huellas de la memoria no sólo de Badajoz, sino de cosas que afectan a toda España", afirma. "No creo que la única opción fuera este muro. Percibo una obsesión por parte de algunos de borrar todo lo relacionado con la República y la represión", añade.
Negativas del PP

El hecho de que haya constancia documental gráfica de los asesinatos en las tapias es un argumento esgrimido por los defensores de que estas sean conservadas, al menos parcialmente, o de que se coloque alguna placa oficial, peticiones que el PP ha desestimado.

El PP le quitó en mayo una calle a una diputada de la II República

El otro argumento es que se borra así el único gran icono de la represión en la ciudad. La plaza de toros, escenario de reclusión y fusilamientos, fue derribada en 2002 para la construcción de un palacio de congresos, promovido por la Junta de Extremadura (PSOE).

Da idea de la relevancia de la plaza el que Francisco Espinosa, autor de La columna de la muerte y uno de los historiadores que más ha aportado al conocimiento de la represión en Extremadura, lo incluya en la terna de "lugares más significativos de la memoria" junto a Gernika (Vizcaya) y el barranco granaíno de Víznar.

El proyecto del muro fue llevado a la comisión de Gobierno local, donde recibió el apoyo del PP, que gobierna con mayoría absoluta, y del PSOE, y el voto en contra del edil de IU, Manuel Sosa. "Nos hemos quedado solos en la defensa del único lugar de memoria que quedaba", afirma Sosa.

Celestino Vegas, portavoz del PSOE, puntualiza que la postura socialista fue la de "pedir que se reservara una parte de la tapia o que se incluyera algún reconocimiento, pero el PP no escuchó".
"Hay obsesión por borrar lo relativo a la represión", dice Mirta Núñez

Según José Manuel Corbacho, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica Extremeña, "el Ayuntamiento nunca ha hecho nada por reconsiderar ni siquiera mínimamente el proyecto, pese a las alterantivas razonables que la asociación ha hecho públicas".

La edil de Cementerios , Dolores Beltrán (PP), afirma que la obra "no tiene nada que ver con la memoria histórica" y sólo pretende "evitar la caída del muro". ¿Hay algún informe que acredite este riesgo? "Hay unos contrafuertes desde hace 20 años. Y yo confío en lo que dicen mis técnicos", responde.

Revanchismo municipal

El Gobierno local del PP ha tomado medidas sobre memoria histórica que la oposición ha calificado de "revanchistas". En el pleno de mayo, obligado por la Ley de Memoria Histórica, apoyó cambiar de nombre las calles General Mola y Regulares Marroquíes y quitar una placa a Yagüe. A cambio, empleó su mayoría absoluta para quitar la calle que tenía desde 1985 Margarita Nelken, diputada en la República, feminista e ilustrada. La concejal de Cultura, Consuelo Rodríguez, presentó a Nelken como una mujer violenta, sectaria y contraria al sufragio femenino, desmintiendo la historiografía al respecto.

La ARMHEX lleva desde que se conoció el proyecto, en febrero, intentando sin éxito que la Junta inicie un expediente de declaración de la tapia como Bien de Interés Cultural, como ha hecho con el campo de concentración de Castuera. La Consejería de Cultura, preguntada por Público al respecto, responde: "Se trata de una propiedad municipal que no se encuentra protegida por normativa urbanística alguna, por lo que no cabe intervención de la Junta".

Los ciudadanos de Madrid se organizan contra las concesiones de Aguirre a colegios del Opus Dei






Alcorcón, Usera y Alcalá de Henares sufrirán la carencia de centros públicos


Este jueves se presentó la Plataforma por la educación pública y laica de Alcalá de Henares. La organización nace para luchar contra la concesión de una parcela pública de 23.000 metros cuadrados a un colegio del Opus Dei en la ciudad cervantina por parte del Gobierno de Esperanza Aguirre. En el fondo, como siempre, se encuentra latente la estrategia de privatización de la educación por parte de la lideresa.

Aunque Alcalá de Henares haya sido pionera en acoger a una organización contra este plan sistemático de privatización, los casos no son de su exclusiva propiedad. También lo ha sufrido Alcorcón o el barrio de Usera.

Cantidad irrisoria

La flamante Plataforma por la educación pública y laica de Alcalá de Henares denuncia la cesión de un terreno público en el Ensanche de Alcalá para la construcción de un colegio concertado del Opus Dei. La crítica va en dos direcciones. Por una parte, el hecho de que el futuro colegio Alborada segregue a los estudiantes en función de su sexo. Por otra, el sistema de cesión, que consiste en regalar un terreno de 23.000 metros cuadrados a través de un canon por el que el centro pagará 12.500 euros anuales durante 75 años. Una cantidad irrisoria para una parcela que vale 15 millones de euros.

Alcorcón y Usera

El esquema se repite en Alcorcón y en Usera. Y siempre al calor de la construcción de ensanches de vivienda de protección oficial. Tras la creación de los nuevos barrios, llega el turno de los servicios. En el caso de los educativos, la Comunidad de Madrid se los concede a centros de estas características, con prioridad frente a la creación de centros públicos.

La lidereS.A.

El proceso de destrucción de la educación pública lo explica con todo detalle Alfredo Grimaldos en su libro La lidereS.A.. A la llegada de las familias al nuevo barrio, la ausencia de un colegio público les lleva a inscribir a sus hijos en el colegio concertado, en los que se cobran las famosas “cuotas voluntarias” que, obviamente, no son para nada voluntarias. Pequeños pagos de 80 ó 100 euros mensuales que sirven de filtro velado para apartar a quien no se lo puede pagar.

Centro de pobres

Cuando finalmente se construye el colegio público, con prestaciones normalmente pésimas, acoge “a los alumnos que no han pasado el filtro de los colegios privados: los hijos de las familias que habitan las viviendas sociales (…) y los emigrantes”. De esta manera, según Grimaldos, el colegio público adquiere “una imagen de ‘centro de pobres’”. Así las cosas, los padres que llegan de nuevas al barrio no tienen dudas a la hora de elegir entre un colegio público devaluado y el concertado del Opus Dei y sus pomposas instalaciones.