20 de junio de 2009

Hablar con el enemigo












WALTER OPPENHEIMER

La paz en el Ulster nunca hubiera llegado si el Gobierno británico no hubiera roto el gran tabú: hablar con el enemigo. Todos los Gobiernos británicos que jugaron a eso, a la luz o en penumbras, contaron con una gran ventaja: a diferencia de España, el terrorismo no se ha utilizado en el Reino Unido para hacer política de partido.

Los intentos por resolver el conflicto en Irlanda del Norte por la vía política se remontan a los tiempos de Margaret Thatcher. Los contactos secretos de su Gobierno con los republicanos culminaron con el famoso Acuerdo Anglo Irlandés, firmado el 15 de noviembre por Thatcher con su homólogo irlandés, Garret Fitzgerald, la famosa Declaración Anglo Irlandesa que aceptaba que el Ulster seguiría siendo parte del Reino Unido a menos que una mayoría de sus ciudadanos aceptaran la unión con la República de Irlanda.

Era una manera de decir al IRA/Sinn Fein que abandonara la violencia y abrazara la vía política, al mismo tiempo que Irlanda admitía que el Ulster seguiría siendo británico si sus ciudadanos así lo querían. En diciembre de 1993, el también conservador primer ministro John Major lo dejó aún más claro cuando en los Comunes explicaba el significado de la llamada Declaración de Downing Street: "Si hay un permanente fin de la violencia y si el Sinn Fein se compromete con el proceso democrático, estaremos listos para entrar en un diálogo exploratorio preliminar con ellos dentro de tres meses. Pero primero tiene que haber un final de la violencia para bien".

El IRA anunció un alto el fuego el 31 de agosto de 1994. Ese intento fracasó, pero no el siguiente.


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Murio Hortensia Bussi, viuda de Salvador Allende





Insurgente


Tras el golpe militar de 1973, se exilió en México. Desde allí la viuda de Allende se comprometió con las fuerzas políticas que desde el exilio lucharon por la recuperación de la democracia.

Hortensia Bussi, viuda del ex presidente chileno Salvador Allende, ha muerto este jueves a los 94 años en su domicilio de Santiago, donde estaba acompañada por algunos familiares.

La Tencha, como era conocida en Chile, oriunda de Valparaíso, se casó en 1940 con Allende, con quien tuvo tres hijas: Carmen Paz, Beatriz (comunista, fallecida en Cuba) e Isabel, diputada por el Partido Socialista (socialdemócrata).

Bussi era licenciada en Historia y Geografía por la Universidad de Chile, y posteriormente trabajó como bibliotecaria en la Dirección de Estadísticas de Chile.

Acompañó a su marido en su trayectoria política desde el principio, recorriendo el país en las campañas electorales. Tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, se exilió en México. Desde allí la viuda de Allende se comprometió de forma decidida con las fuerzas políticas que desde el exilio lucharon por la recuperación de la democracia.

Entre otros galardones, recibió el Premio Lenin de la Paz y el Premio Ana Betancourt en Cuba. Fue también nombrada doctora Honoris Causa por la Universidad de Bruselas. Para su 94 cumpleaños, en julio del año pasado, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, le envió una carta de saludos en la que le transmitió su admiración "por su ejemplo de entereza y de consecuencia", a la vez que alabó "su enorme compromiso, ayer y hoy con nuestra democracia".

Según sus más cercanos, Hortensia Bussi se mantuvo totalmente lúcida hasta los últimos momentos de su vida.

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La República será la tumba del fascismo




Javier Parra


Una ministra italiana hace el saludo fascista en un acto oficial. Veinte familias huyen de sus casas en Belfast y se refugian en una Iglesia tras sufrir ataques racistas. Un establecimiento de Mallorca cuelga el cartel de “NO SE PERMITE LA ENTRADA A PERROS Y RUMANOS”. La policía agrede salvajemente a un inmigrante en el aeropuerto de Barajas. Patrullas fascistas tomarán las calles de Italia. No son anécdotas ni hechos aislados, sino la punta de un Iceberg que está a punto de estrellarse contra una vieja Europa que se parece cada vez más a la de hace un siglo.

Durante los últimos años la incubación del monstruo ha pasado casi desapercibida para unas sociedades que, casi sin darse cuenta han asumido comportamientos y formas de pensar que hace pocos años solo eran cosa de fachas trasnochados y cabezas rapadas.



Si estamos ante lo que muchos están pronosticando como el fin del capitalismo, no esperemos que el sistema agonizante intente evitar el auge del fascismo, al contrario, va a necesitar de fuerzas de choque para detener a los trabajadores y trabajadoras. Y es ya sobre los escombros del capitalismo donde se empieza a librar una nueva gran batalla que decidirá el rumbo de Europa.

La particularidad política, económica y social de nuestro país hará que esa batalla coincida con un cambio de régimen. La corrupción institucional y política de España, unida a la decadente Monarquía y a la grave crisis económica nos llevarán a una situación inédita. Por un lado, el gobierno del PSOE caerá en 2012 - si no antes -, víctima de sus propias contradicciones, incapacidades y cobardías. El cada vez más reaccionario Partido Popular accederá al poder impulsado por sus nueve millones de incondicionales nacional-catolicistas, impasibles ante la corrupción, la estupidez y la demagogia, y las organizaciones políticas y sindicales de izquierda correrán el riesgo de entrar en una descomposición dificilmente reversible (si es que no lo están ya algunas). Sólo hay que mirar de reojo a Italia, que siempre ha sido la antesala de lo que pasaría en España.

Será posiblemente en esa situación con la que dentro de pocos años se afronte el rumbo a un cambio de régimen en España. La cuestión republicana será sacada del cajón por los poderes fácticos, puesta encima de la mesa, y se iniciará un proceso político y una batalla ideológica - que también se reflejará en la calle en forma de múltiples conflictos -, y que desembocará en la Tercera República Española. Pero, ¿qué República? ¿Una República solidaria o una República ultra-conservadora? Esa será la batalla. Una batalla en la que deberemos conseguir, no sólo que nuestras organizaciones políticas y sindicales hagan de correa de transmisión para la transformación social (hoy no lo están siendo), sino implicar en esa transformación a las millones de personas que hoy desprecian la política debido la profunda degeneración de ésta, e implicar también a los millones de personas procedentes de otros países, sin papeles, sin derechos, sin nada, en la construcción de una nueva sociedad más justa, más libre, mas solidaria, más fraterna y que aplaste para siempre a la reacción y al fascismo.