25 de junio de 2009

OCTUBRE 1944: LA "RECONQUISTA DE LA REPÚBLICA" EMPEZÓ EN EL VALLE DEL RONCAL







Por Antonio Gascón Ricao . Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores



El XIV Cuerpo de Guerrilleros españoles

Si tuviéramos que buscar hoy en día un antecedente inmediato del "maquis", en la etapa inicial de la guerrilla antifranquista, es decir, después de 1939, no sería entre los llamados entonces “huidos" donde lo encontraríamos, y menos aún en particular entre los que se echaron al monte en la retaguardia "nacional" mucho antes del fin de la guerra civil española, sino en una unidad militar republicana muy concreta creada con anterioridad en los últimos meses de 1937 y bajo el gobierno del socialista Juan Negrín. Pues se trata de combatientes voluntarios encuadrados en el denominado XIV Cuerpo de Guerrilleros al mando del valenciano Domingo Ungría González y con Pelegrín Pérez como comisario político.

En 1939, concluida la guerra civil española y tras el internamiento de los últimos restos del vencido ejército republicano en Francia, y pese a la dispersión de la mayoría de sus hombres en los campos de concentración o dispersos estos entre los denominados batallones disciplinarios de trabajadores, al producirse la invasión alemana del territorio francés un tiempo después, y sobre todo tras la invasión de la llamada eufemísticamente “zona libre" francesa, dependiente del gobierno colaboracionista de Vichy hasta noviembre de 1942, fue el hecho que provocó la nueva recreación espontánea del antiguo XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles (GE) pero en Francia, y más concretamente aún en la región francesa de Ariège, estableciéndose su primer puesto de mando en el pueblecito de Dalou, no lejos de Varilhes.

De esta forma, en abril de 1942, la Junta Suprema de la Unión Nacional Española (UNE), movimiento de resistencia netamente español, creado con el fin último de luchar contra el fascismo, tanto en Francia como en España, y donde se intentó aglutinar a todas las tendencias políticas, pero con una importante mayoría de miembros del Partido Comunista de España (PCE), decidió la creación un brazo armado contra el ocupante alemán que volvió a denominarse XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles.

Sus unidades, al principio únicamente seis brigadas, puestas al mando del comunista navarro Jesús Monzón, fueron gradualmente incrementándose en número de elementos, hasta que un tiempo más tarde y dado su elevado número se decidió el integrarse en las denominadas Fuerzas Francesas del Interior (FFI), por dicho motivo sus unidades se transformaron, en los finales de 1943, en una nueva organización que pasó a estar mandada por Luis Fernández, alias "General Luis", con Juan Blázquez Arroyo, alias "General César", como comisario político, miembros ambos de la dirección del PCE en Francia.


La reconquista de España

En el verano de 1944, con la euforia que había provocado el desembarco aliado en las playas de Normandía, concretamente el 6 de junio, y el rápido avance hacia París de las tropas aliadas, incluida la División Leclerc, así como por el hecho de que gran parte del Midi francés empezaba a verse libre de ocupantes nazis, numerosos núcleos de españoles exiliados, desde Perpiñán a Hendaya, empezaron a creer, con la ayuda de las proclamas o los llamamientos a la invasión de España lanzados por el general de división republicano José Riquelme, o emitidos por Radio Toulose -en manos de la UNE-, en la inminencia de la victoria definitiva sobre el último reducto del fascismo en Europa, es decir, la dictadura franquista.

Entretanto, con los pesos pesados del PCE en Moscú (Dolores Ibárruri) o en México (Vicente Uribe y Antonio Mije), la dirección del partido comunista en el interior de España (léase Jesús Monzón, que había entrado en octubre del año anterior), propuso en agosto a la dirección radicada Francia, más en concreto en Toulouse, concentrar a todos los "maquisards" españoles del Midi en un punto bien elegido y estratégico de los Pirineos franceses y abrir con ellos una cabeza de puente en la vertiente española haciéndose fuertes en ella, esperando que los aliados hicieran con ellos causa común.

Como condición para el éxito de la operación principal, se planeó el desencadenar una serie de acciones militares secundarias, denominadas de dispersión y hostigamiento, a todo lo largo y ancho de la frontera española, siempre con la esperanza puesta en poder lograr con ello la desmoralización del ejército franquista, lo que a su vez podría desencadenar incluso una insurrección popular en las principales ciudades españolas, para lo cual creían poder contar con el apoyo tácito de los aliados, cuestión esta última que el tiempo no tardó en desmentir.

En consecuencia, los responsables del PCE en la nación vecina, entre ellos, la ex compañera de Jesús Monzón, Carmen de Pedro, y los principales mandos guerrilleros, reunidos al efecto en Pau, en lo que era un cambio total de táctica respecto de los planes anteriores, basados siempre en infiltraciones menores en España, pusieron manos a la obra con miras a establecer en la zona que se liberase mediante una acción militar, operación bautizada con el poco feliz nombre de "Reconquista de España", un gobierno provisional republicano que tendría que presidir Juan Negrín u otra personalidad republicana de idéntico o similar prestigio político.

El “maquis” en Navarra

A la vista de lo sucedido después, está más que claro que el Comité del PCE de Pau diseñó a este efecto una operación consistente en una entrada masiva por la Vall d'Aran, que tendría que culminar con la toma de Viella. Operación que se inició entre el 17 y 18 de octubre, recayendo el peso de la acción principal en el grueso de las fuerzas de la recién creada división 204ª de Guerrilleros, a las que habían precedido previamente el resto de la división, que dividida a su vez en dos grandes grupos, habían penetrado ya en territorio español a la noche anterior, la del 15 al 16, por los flancos de la zona a ocupar, para posteriormente converger al sur de Viella: por el valle del Gállego y por el Port Vell de Lleida (Ver cuadro nº 3).

Operación que se daría por concluida unos días más tarde, en concreto el día 30 de octubre de 1944, con la retirada total del "maquis" a sus bases francesa y con un balance final de 32 muertos, 216 heridos y 300 prisioneros entre las fuerzas del ejército franquista y de 129 muertos, 241 heridos y 218 prisioneros entre los partisanos españoles.

De esta forma, la operación "Reconquista de España" se saldó por tanto como un rotundo fracaso militar, al no haberse alcanzado ninguno de los objetivos previstos. Esto supuso la muerte política de Jesús Monzón y la irresistible ascensión de Santiago Carrillo, recién llegado sorpresivamente de Cuba para dar la orden general de retirada, y también un cambio fundamental de estrategia, con la renuncia total a una invasión frontal y masiva de España tras decidirse el volver a fomentar la lucha guerrillera en el interior, pero por mediación de la infiltración de pequeñas partidas.

Ahora bien, como maniobra previa de diversión y distracción, destinada a encubrir la zona elegida para la gran invasión de la Vall d'Aran, el Comité de Pau decidió emprender una importante acción al otro extremo de los Pirineos.

De esta forma, a mediados de septiembre de 1944, los miembros de la antigua 1ª División, numerada ahora 102ª y puesta bajo el mando del coronel Redondo, desplegados en el triángulo Oloron-Mauleon-Ustariz, unos 600 hombres, integrantes de las brigadas 153ª (ex 35ª) y 54ª (probablemente la antigua 10ª), reforzadas, se concentraron en Jurançon y, tras recibir unas vagas instrucciones, se encaminaron a la zona fronteriza situada frente a los valles navarros de Roncal y Aezkoa, lindante éste con la depresión de Burguete (Roncesvalles).


Se inician los combates.

El 2 de octubre, la brigada 54ª, que formaban poco más de doscientos "maquis", partió de Esterençuby, en suelo francés, y se internó por la extensa masa forestal de la Selva de Irati, donde se subdividió en varias partidas que se dirigieron al oeste, por los pasos del collado de Bentartea, llegando a alcanzar las mugas de Lizarrieta y Lizuniaga-Larhun.

Por su parte, la brigada 153ª, el grupo más nutrido, salió de Sainte Engrace y Larrau para adentrarse por los collados de Arrakogoiti y Zilohandikolepoa en el llano de Belagua y el valle de Salazar, respectivamente, con el objetivo -frustrado- de internarse en Huesca, y tratar de alcanzar la provincia de Zaragoza.

Durante dos semanas los enfrentamientos fueron continuos, con bajas por ambos bandos. El primer día de la entrada murieron dos policías y un guardia civil en el puerto de Lasa. Tras superar el alto de Zotrapea esta columna se adentro en el Barranco de Jabros llegando hasta Aburrea Alta y Baja, que ocupó y donde estableció una enfermería en que se atendió a varios guardias civiles heridos.

Otro grupo, sin salir del valle del Roncal, en el paraje de Egullore, en Vidangoz, mantuvo un duro combate con un destacamento de infantería que ocasionó la muerte de cinco soldados y seis "maquis" que, a diferencia de los primeros, no fueron inscritos en el registro de defunciones del pueblo y aun fueron enterrados en el cementerio local tras un muro de separación que delimita un ámbito conocido hoy todavía como el "Cementerio de los maquis".

Distintas partidas se movieron entre el Alto de Igal y el Portillo de Ollate en la cabecera del Valle del Roncal y, hacia mediados de mes, nuevas incursiones franquearon el paso de Arrakogoiti llegando hasta Belabarce y las inmediaciones de Isaba, núcleo principal del valle. Otros grupos de los que habían cruzado la frontera por su sector más occidental, superado el puerto de Velate, llegaron a las proximidades de Pamplona, donde a una veintena de kilómetros, en el término de Olagüe, fueron detenidos por la Guardia Civil.

Pero la penetración más arriesgada condujo a algunos "maquis" hasta la sierra de Aralar y, aunque algunos fueron capturados o muertos en combate, elementos dispersos se mantuvieron hasta la primavera en la porción guipuzcoana del Aralar, hoy Parque Natural, entre Amezketa y Ataun. El total de bajas reconocidas por el "maquis" tras el final de la operación fue una treintena de muertos y cerca de 50 prisioneros, por 80 bajas entre las fuerzas gubernamentales.

Las causa del fracaso

La vaguedad e indefinición de los objetivos, ocultados por el mando en un primer tiempo, incluso tras el paso de la frontera -cuestión que iba en contra de una premisa básica de la lucha guerrillera: que cada combatiente conozca con exactitud el cómo y el por qué de su misión-, y la sospechosa actitud amistosa de la gendarmería francesa que, pese a las normas oficiales en vigor, llegó a facilitar el traslado de los "maquis" hasta la muga en camiones militares propios, levantaron pronto el recelo de muchos de los miembros de los grupos asaltantes.

Pero sería la supresión de las emisoras portátiles, lo que obligó a tener que mantener el contacto con la retaguardia, cuando lo hubo, por medio de enlaces pedestres, y la orden brutal de rematar "in situ" a los heridos propios no susceptibles de transportar, fue lo que acabaría por revelar el carácter suicida con el que se había diseñado aquella acción guerrillera.

En tales condiciones, a las que habría que sumar una climatología adversa y el agobiante acoso del impresionante aparato represivo dispuesto frente a la frontera -sólo el contramaquis "blanco" o fascista se vio incrementado en 3000 hombres-, forzó a que la mayor parte de los "maquis" de la UNE optaran, faltos de órdenes y por decisión propia, volver a sus puntos de partida en Francia.

Un difícil regreso que hizo posible el buen conocimiento del terreno por parte de guías como Tomás Galé "Chiquin" y Ubaldo Sola Calvo -años antes "mugalari" en la red de evasión a favor de los aliados-, y a cuyo término no les esperaba una acogida precisamente amistosa, esperándoles incluso en algunos casos particulares acusaciones muy graves y la demanda de responsabilidades por una retirada no ordenada oficialmente por el mando central guerrillero.

Las consecuencias finales

A partir del definitivo fracaso de la acción principal sobre la Vall d'Aran, atribuido por convicción o conveniencia a la traición interior (la de Jesús Monzón), se desató una campaña acerca de los peligros de la "provocación y el espionaje falangista". Campaña que adquirió ribetes patológicos y que se cobró varias vidas -a añadir a las ya derrochadas en las dos operaciones- conforme a la nueva línea política del PCE y a las palabras pronunciadas por el propio Santiago Carrillo, el nuevo hombre fuerte, en una conferencia celebrada en Toulouse al año siguiente: "... pasaremos resueltamente a la liquidación física de los agentes de la provocación. Cada delator debe pagar con la vida la traición". Este nuevo cambio de rumbo daría origen a las famosas "Agrupaciones Guerrilleras", en aquellos años conocidas popularmente con el apelativo casi legendario del "maquis".

VALIENTES. Artículo de opinión de Yolanda Ansó








Quince personas de más de 90 años, las pocas sobrevivientes que quedan de las que construyeron carreteras como esclavos del franquismo allá por el año 1939, estuvieron en Bidangotz el sábado 20 de junio contándonos retazos de nuestra historia que no sabemos. Unos por ser muy jóvenes, otras porque nuestros mayores no nos contaron y todas, porque los medios de comunicación y el poder establecido después de la dictadura (PSOE, PP, PSOE otra vez, da igual) no nos lo ha querido contar.

Aconsejo a todas las personas que quieran saber que vayan a este tipo de convocatorias. Ya no quedan muchos años para escuchar a estos sobrevivientes. A estos expertos vivientes. Como uno de ellos decía: "a ver si vuelvo el año que viene, no sé, no sé, que ya ando viendo a la de la guadaña". Nos contaban cada una de ellas cosas a cual más interesantes.

Uno decía cómo después de la entrega de los batallones que el PNV hizo en Santander a los italianos (por cierto, con la promesa de no entregarlos a Franco y de guardar la vida de los mandos republicanos, cosas que no cumplieron) acabó en el campo de concentración de Miranda de Ebro. De ahí le mandaron a hacer la carretera de Bidangotz a Roncal. De ahí a Peñas de Aia y luego a Igeldo, a lo mismo y de ahí… ya en libertad a hacer el servicio militar tres años.

Nos contaban cómo sobrevivían a base de un caldo sucio por las mañanas, un garbanzo con agua al mediodía y el pan que hacían con la harina estropeada (llena de excrementos de ratones) que les daba un panadero. En invierno cortaban mantas por la mitad para cambiarlas en el pueblo por víveres. Les tenían en tiendas de campaña en las que dormían de tres en tres y con medio cuerpo fuera. Les trasladaban de lugar en caminatas de más de 15 horas y que nadie se retrasara, pues sabía que ahí mismo les remataban.

Especialmente emotivo fue otro camarada que decía: "qué valientes eran aquellas mujeres cántabras a cuyos maridos mataron. Todos los días pasaban a su lado, mientras ellos barrían las calles, y sin decir nada, porque no se podía hablar con ellos, les pasaban bocadillos".

Qué valientes eran, que una de ellas, cuando en la verbena un oficial franquista le pidió bailar, se negó. Eso le costó que la sentaran en medio de todos y la raparan.


Qué valiente era aquella mujer que, con el pelo rapado y el pañuelo en el cuello, todos los días salía, mientras el batallón de esclavos pasaba por debajo de su balcón y firme los miraba pasar y les rendía honores quedándose ahí hasta que pasaba el último.

Valientes como Luisa, que desde Pamplona, como pudo, ella sola subió hasta Roncal para llevarles 60 kilos de bocadillos a esos muchachos.
Valientes todos ellos que siguen reclamando la reparación, la libertad y la democracia, pero la de verdad. Valientes porque no tiran la toalla y hablan con quien les quiera escuchar, valientes porque nadie les cierra la boca ya. A estas alturas la dignidad ya no la pierden por nada, ni por dinero, ni por un cargo, ni por una poltrona. Sólo hablan, cuentan, trabajan. Tenemos que escucharlos.

Son la voz de la memoria. Nuestra memoria.

Salud.

(Noticias de Navarra. 25 / 06 / 09)

“¿Por qué no se habla de las amistades peligrosas del Rey y sus negocios con Javier de la Rosa, Mario Conde, Ruiz Mateos, entre otros?”





CECILIA GUZMÁN. El Plural

Iñaki Anasagasti afirma que “la actual Monarquía española aparece en todas las encuestas como la institución más valorada porque se sabe muy poco de ella y lo que se sabe está diseñado para que creamos que todo el monte es orégano”. La ”conspiración del silencio”, la llama él, en la que participan políticos y medios de comunicación para seguir alimentando la idea de que es la única fórmula para que “España no se rompa”.




“Su vida privada no es nada ejemplar, sus gastos y relaciones con amigos comisionistas son impropios y su falta de responsabilidad ante el delito es algo único en una Europa democrática”, son las reflexiones sobre el Rey con las que abre Iñaki Anasagasti su libro “Una monarquía protegida por la censura”, editada por Ediciones Akal. Las vivencias y reflexiones de un hombre que durante casi dos décadas, unas seis veces al año, en su calidad de diputado portavoz del PNV acudía al Palacio Real a las cenas oficiales allí organizadas, es decir, alrededor de 100 veladas disfrutadas junto al Monarca, en “el salón Gasparini, con café y puro obsequiados por unos elegantes pajes con levita” dispuestos para la ocasión.

Las "Amistades peligrosas del Rey"
Anasagasti opina que preguntar por el Rey sin tener en cuenta “sus cacerías, sus dispendios, sus amistades peligrosas y sus negocios con Javier de la Rosa, Mario Conde, Ruiz Mateos, Manuel Prado y demás comisionistas, sin preguntar por sus aventuras extramatrimoniales o sus extrañas desapariciones en las que nadie sabe dónde está” son muestra de la censura ceñida alrededor de Don Juan Carlos y su familia. Cuenta Anasagasti que en algunas ocasiones el ex presidente Felipe González le requería para rubricar leyes y nadie tenía ni idea de dónde estaba el Rey.

"A mí me gusta la guerra"
Durante la charla con la prensa ayer, para presentar su libro en Madrid, Anasagasti confesó que el punto de partida para sus desencuentros con el monarca fue la guerra de Irak. “Vinieron a una comida en el Congreso él y la Reina –contó-. A la entrada estaba un diputado de Izquierda Unida con un cartel que ponía: “No a la guerra”. Don Juan Carlos se acercó y le preguntó: “Por qué, yo soy militar, a mí me gusta la guerra”. Estas palabras le provocaron una gran ira al portavoz del PNV, que le respondió: “¿Por qué no va usted o envía a su hijo?” Anasagasti hizo fuertes críticas desde la tribuna parlamentaria, escribió en varias ocasiones a la Casa Real, pero asegura que no le respondieron.

El Rey puede hacer la guerra o la paz
El autor de “Una monarquía protegida por la censura” retoma un artículo de la Constitución, el 63-3, donde dice que el Rey, con la autorización de las Cortes, puede hacer la guerra y declarar la paz. “Una palabra suya hubiera parado la locura de Aznar”, pero no lo hizo, dice, no asumió su responsabilidad. Anasagasti le echa en cara también al jefe de Estado que no haya hecho una sola declaración sobre la Ley de la Memoria Histórica, o que en sus discursos de fin de año no pronuncie ni una palabra en euskera u otra lengua que no sea el español.

"Una legitimidad no democrática"
“Tras ese comportamiento, que me demostró que la Monarquía no es ni útil ni ejemplar, he tratado de lograr que sus gastos sean controlados, que todo ese cortesanismo barato de genuflexiones y cabezazos” se acabe, medita en voz alta Anasagasti, para quien nada de esto tiene sentido en el siglo XXI, y, además, considera que la legitimidad del Rey no es democrática por más que aparezca en una Constitución aprobada en la lejana fecha de 1978.

Su papel el 23-F
El político vasco va más allá, y cuestiona incluso el papel que jugó Don Juan Carlos en la transición, cuando invita a rememorar el 23-F, “fecha de la que no se pudo averiguar nada” y que recuerda que ha vuelto a saltar a la luz tras la publicación del libro "del hijo del fiscal Herrero Tejedor, padrino de Suárez, que ha escrito que el Rey propició la caída de Suárez e impuso al general Alfonso Armada, uno de los grandes responsables del golpe, como segundo jefe del Estado Mayor”

Los dos peligros
El diputado del PNV Josu Erkoreka, que acompañó a Anasagasti en la presentación del libro en el Centro Cultural Blanquerna, en Madrid, en su intervención, dijo temer dos peligros: que la obra sea silenciada, como suele hacerse con toda crítica dirigida a la Casa Real, y que el autor sea descalificado, por su condición nacionalista. Según Erkoreka lo que pretende su compañero de partido es sacar de las “tinieblas predemocráticas a la Monarquía y sacarla a la luz pública para que demuestre si puede perdurar por sí misma, pero siempre desde la postura de un hombre que cree en las instituciones democráticas”.