10 de julio de 2009

Un estudio londinense muestra a los cubanos mucho más felices que los estadounidenses




Se analizan todos los países en el “Indice de Planeta Feliz”

La New Economics Foundation (NEF), con sede en Londres, ha presentado el 4 de julio el denominado Indice del Planeta Feliz (IPF), un indicador del bienestar humano alternativo a los tradicionales cánones desarrollistas. El estudio se basa en datos de 143 países que representan el 99 por ciento de la población mundial. Para realizar la clasificación recurre a tres parámetros: la esperanza de vida, la satisfacción vital que expresan los ciudadanos de cada país y la huella ecológica que dejan para obtener el nivel de vida que consideran necesario para ser felices.

Y es que, según destacan los analistas, ningún país mencionado en el informe logra los tres objetivos, pero las diferencias entre las naciones muestran que es posible vivir vidas prolongadas y felices con huellas ecológicas mucho más pequeñas que las de las naciones con mayor consumo. Para muchos en occidente, la lucha por incrementar nuestros ingresos se ha dado a expensas de nuestro capital social y de nuestra salud mental. El desafío para occidente, dice el informe, no es el de no continuar aumentando nuestros ingresos monetarios sino asegurar vidas significativas y fuertes lazos sociales. A menudo, lograr estos propósitos significa reducir el enfoque en el consumo y dedicar más tiempo a otros intereses. El IPF muestra que de verdad es posible tener buenas vidas que no cuesten un mundo.


El estudio pretende dar base científica a una muy antigua sospecha: “el dinero no trae la felicidad”, menos aún si está desigualmente repartido. Los países ricos no son los más felices, así vemos que América Latina es la región más feliz y ecológica del mundo. Un vistazo al ranking nos descubre muchas más sorpresas. Una de ellas es que Estados Unidos se encuentra en el puesto 114, mientras que Cuba alcanza el 7.

Quizás el modo de entender la vida explica la abismal distancia entre el alto índice de felicidad detectado en Cuba y el bajo aparecido en Estados Unidos. Las comparaciones muestran que se pueden lograr vidas largas y felices con niveles mucho más bajos de consumo de recursos. Por ejemplo, los habitantes de los Países Bajos vive en promedio un año más que los de Estados Unidos y tienen niveles similares de bienestar pero su huella ecológica per cápita es menos de la mitad (4.4 hectáreas globales frente a 9.4 hectáreas globales). Los Países Bajos son ecológicamente dos veces más eficientes en lograr buenas vidas que los Estados Unidos. Igualmente, los costarricenses también viven un poco más tiempo que los norteamericanos, reportan niveles de bienestar mucho más altos y aún así tienen una huella de menos de un cuarto.

No faltará quien plantee la siguiente pregunta: ¿Si tan felices son los cubanos, por qué tantos desean a emigrar a Estados Unidos y no sucede el interés contrario? Ahora seré yo quien intente dar respuesta a ello. En primer lugar, no es verdad que la mayoría de los cubanos deseen ir a vivir a Estados Unidos, se trata de un patrón informativo explotado desde el norte. Evidentemente el estudio londinense no dice que todos los cubanos sean felices y ninguno quiera emigrar a otro país, pero una consulta del francés Salim Lamrani a la Oficina Estadística de Inmigración de Estados Unidos demostró que era antes de la revolución cuando más cubanos emigraban al país del norte y que en la actualidad, países como Canadá, México, Jamaica o El Salvador generan más emigración a Estados Unidos que Cuba.

Existen también razones de mentalidad entre la ciudadanía estadounidense que les hacen pensar que, aunque no sean felices, podrán serlo alguna vez gracias a la magnífica operación de conformación ideológica del modo de vida americano. El mensaje dominante en esa sociedad hacia las clases bajas es que ellas también podrán alguna vez ser ricas y opulentas, que viven en el país de las oportunidades aunque las estadísticas muestren que los ciudadanos suelen terminar sus días perteneciendo a la misma clase social de la que procedían sus padres. Todo ello les paraliza, no solamente para intentar subvertir el orden establecido, sino también para pensar en buscar un futuro en otra sociedad con otros valores.

Como ha señalado Nic Marks, fundador del centro para el bienestar de New Economics Foundation: “Mientras el mundo enfrenta la triple dificultad de una profunda crisis financiera, la aceleración del cambio climático y el tope inminente en la producción de petróleo necesitamos desesperadamente una nueva brújula que nos guíe. El hecho de dejarnos conquistar por la melodía del crecimiento económico sólo ha producido beneficios marginales para los más pobres del mundo, no ha mejorado notablemente el bienestar de aquellos que ya eran ricos y ni siquiera produjo estabilidad económica. Ahora tenemos que usar el Índice del Planeta Feliz para romper el encanto y trazar un nuevo camino hacia una economía de alto bienestar con bajas emisiones de carbono, antes de que nuestros estilos de vida de alto consumo nos arrojen en el caos de un cambio climático irreversible “.

www.pascualserrano.net

¿Contra Franco vivíamos mejor?




Colección Vázquez Montalbán


"¿Contra Franco vivíamos mejor?", le preguntó el periodista a Manolo en una entrevista realizada a mediados de los noventa. Este, con la sonrisa perezosa de casi siempre, fue tajante: "Escribí esta frase hace tiempo con un interrogante porque temía que era el criterio de cierta izquierda conservadora. Y la respuesta era que no. Creo que parte de los males de la izquierda es que no superó esa situación de vivir contra el franquismo."

Las víctimas de la incapacidad de la izquierda para reorganizarse y reorientar sus objetivos en tiempos democráticos fueron sus propios votantes. Los demonios familiares en los que se había apoyado Franco para construir una ideología por dios y por España a lo largo de su reinado castrense, o sea, la conjura judeo-masónica, el peligro rojo, los separatismos, el enciclopedismo, la anarquía, la misión cristiana de su cruzada, etcétera, etcétera, terminaron por ser un lastre que no permitió curar viejas heridas, como ha quedado demostrado con la ley de la memoria histórica.

Aunque maquillados, algunos de los demonios familiares de Franco aún perviven en la sociedad y en ellos se apoyan aquellos que consideran una injuria y una provocación el recuperar a los muertos republicanos que aún yacen en fosas comunes para que puedan ser enterrados con dignidad por susfamiliares.

Parece una broma de mal gusto comprobar cómo los que tuvieron la oportunidad de beatificar a los suyos durante tres décadas, clamen al cielo cuando los otros, la otra mitad, el "peligro rojo", quieren buscar para sus abuelos, padres o hermanos fusilados un lugar en la memoria y en los cementerios, tanto tiempo después.

Frente al absurdo, nos queda la palabra. Los demonios familiares de Franco fue escrito por Vázquez Montalbán en 1987, pero en la España del nuevo milenio, en la que importa más el qué que el por qué, su mensaje todavía permanece vivo.
Publicado en Publico

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