13 de julio de 2009

He llorado todos los días desde su muerte"




Familiares y amigos de los religiosos vascos asesinados por las tropas franquistas rememoran aquel crimen


Vicenta Sagarna Uriarte se emociona sólo con recordar a su hermano: "He llorado todos los días desde que fue asesinado". José Sagarna no llevaba ni un año en la parroquia cuando fue asesinado por las tropas franquistas. Tenía entonces 24 años. Así lo rememora su hermana, que reconoce que la misa estuvo "muy bien", porque los obispos "han reconocido sus errores".

A esta familia, ligada por varios de sus miembros a la institución eclesiástica, sólo le queda ver cumplido un deseo: "Pedimos que coloquen una placa en la casa que nació, en Zeanuri [Vizcaya], que es donde seguimos viviendo".

En la celebración de ayer no faltaron tampoco los amigos de Gerbasio Albizu. La hija de la familia con la que este sacerdote vivió antes de su ejecución recuerda que, cariñosamente, le llamaban Asio. La misa fue un momento duro, porque le volvieron los recuerdos de su juventud a la memoria y se puso "triste". No obstante, se siente satisfecha y agradecida por la "buena acogida" que ha tenido esta recuperación de la memoria entre la ciudadanía.

El origen de sus desgracias se enmarca en el periodo de tiempo comprendido entre julio de 1936 y junio de 1937, cuando más de 60 sacerdotes y religiosos fueron ejecutados en la Diócesis de Vitoria, en los territorios controlados por uno y otro bando. Una parte de ellos, concretamente 14 presbíteros 12 sacerdotes diocesanos de Vitoria, un misionero claretiano y un carmelita descalzo fueron ejecutados por quienes luego vencieron en la contienda. Además de no contar en su día con una celebración pública de exequias, se extendió sobre ellos un silencio de 73 años de duración.

Relegados al olvido

Así, junto a Jose Sagarna Uriarte y Gerbasio Albizu Bidaur, quedaron relegados al olvido Jose Adarraga Larburu, Jose Ariztimuño Olaso, Martin Lekuona Etxabeguren, Alejandro Mendikute Lizeaga, Jose Otano Migelez C.M.F. (claretiano), Jose Joakin Arin Oiartzabal, Leonardo Guridi Arrazola, Jose Markiegi Olazabal, Jose Ignazio Peñagarikano Solozabal, Zelestino Onaindia Zuloaga, Jose Iturrikastillo Aranzabal y Roman de San Jose Urtiaga Elezburu O.C.D. (carmelita).

El único eclesiástico que logró escapar de las armas franquistas fue el obispo de Vitoria, Mateo Múgica, pese a condenar en su diócesis los abusos del bando sublevado contra clérigos y creyentes. Finalmente fue condenado al ostracismo hasta su muerte.

Pero la Iglesia fue la única que decidió correr un tupido velo sobre ellos, porque sus amigos y familiares no dejaron de pensar en ellos un solo día, tal y como demostraron ayer en la misa que por fin les dio un funeral.
Público