14 de julio de 2009

La viña de Azagra, una parcela de libertad




por julián zubieta martínez

SIGUIENDO la invitación que nos hace Darío Fo desde El amor y la risa , insisto en ojear la historia no oficial, observando sin sorpresa que los episodios de corrupción, hipocresía y estafa han sido, y son, ocultados por los cronistas pagados por los mandatarios. Tensiones sociales, prevaricación, violencia, desigualdad, clientelismo y criminalidad son cualidades de los arquitectos e ingenieros de nuestros sistemas políticos, que no suelen ser señalados oficialmente. Facetas que nos demuestran que los "administradores son de una honestidad discutible, pero son cultos: siempre nos transmiten a los clásicos".

La historia contemporánea de la Ribera de Navarra no ha escapado de estos andamiajes. La injusticia estaba instalada entre los campesinos, la mayoría sin tierras en propiedad, de manera, que dependían para subsistir forzosamente de los ricos terratenientes de la zona y de los terrenos comunales. Las corralizas (extensiones de terreno que por su bajo rendimiento agrícola eran destinados para pastos) eran propiedad de los ayuntamientos, pero las distintas guerras carlistas y las desamortizaciones del siglo XIX endeudaron a los consistorios, optando éstos por vender los comunales, de manera, que varios miles de hectáreas pasaron a manos privadas.

Ya desde entonces los campesinos reclamaban y aspiraban a poseer más terrenos en los comunales, más terrenos para roturar, los suficientes para obtener rendimientos de alguna consideración. Cuando llegó la II República se crearon expectativas favorables para los campesinos, sobre todo con la anunciada Reforma Agraria. La tardanza por la entrada, no en vigor, sino en la práctica, de la anunciada ley radicalizó las posturas de los corraliceros y comuneros; reclamaban el abaratamiento de las condiciones impuestas y ayudas que aliviasen la situación, de forma que ningún hacendado pudiese imponerles una renta excesiva, ni fijarles jornales mezquinos.

Arguedas no se escapaba a esta coyuntura, los bienes comunales antes de la Guerra Civil se materializaban en una proporción escasa para la pobreza que existía (las mismas robadas existentes para uso común, pertenecían a las cinco familias más poderosas del pueblo). Las corralizas de Adulero, Molinaz, Casino, Jugatillo… se dividían en porciones de 6 robadas, donde cada vecino tenía derecho al disfrute de 4 robadas. A todas vistas insuficientes para eliminar la miseria y el hambre del pueblo. La victoria de las derechas republicanas abrió el período del Bienio Negro (noviembre de 1933 hasta febrero de 1936) que empeoró más, si cabe, las cosas. Los campesinos exigieron, casi con violencia, la reintegración de unas condiciones dignas para la subsistencia de los más pobres. La mayoría de los comunales arguedanos se sitúan en Las Bardenas, una tierra casi baldía, donde campesinos de rostro afilado, enjutos y fibrosos, se esmeran en infatigable trabajo, bajo los vientos gélidos del invierno y el ardor asfixiante del verano, a robar al manto estéril unos frutos, insisto, a todas luces insuficientes.

¿Quién puede decir que no eran justas y licitas aquellas aspiraciones? Se pedía solidaridad y cooperación, no se buscaban utopías. Sabían que seguir las normas les condenaba a servir de por vida. Los campesinos más reivindicativos, en su mayoría pertenecientes a las organizaciones que formaron el Frente Popular y a la CNT, pagaron las consecuencias de unas peticiones, que una vez consumado el golpe de Estado, acabó con sus vidas (sobre todo a los más notorios).

Entre los campesinos más reivindicativos se encuentra mi abuelo Julián secretario de la UGT y Benito Samanes presidente de la Unión Republicana de Arguedas. Los dos fueron fusilados el mismo día, junto con otros cuatro vecinos el 16 de noviembre de 1936. Los medios propagandísticos de los sublevados ejercían su función eficazmente. La muerte de un hijo de uno de los terratenientes del pueblo en el frente de guerra, perteneciente al bando nacional, se dice que provocó la sentencia del prohombre "por la muerte de mi hijo, morirán seis de los rojos", recordando la célebre charla radiofónica, que desde Sevilla exhortaba el general Quiepo de Llano "matar a diez republicanos por cada nacional muerto". Cálculo que se quedó corto en el número, pero no en el acto sangriento, asesinato, de los seis arguedanos fusilados por ello.

Se sabe que los que componían los escuadrones de la muerte no eran vecinos de los pueblos, lo mismo que los fusilamientos se consumaban a las afueras de las localidades. En está ocasión el asesinato se cometió en el término de Azagra. En una viña. Tras el suceso, el espacio ocupado por la fosa común (veintidós cuerpos la ocupaban) fue respetado por su dueño, y a la sombra del verdor de unos olivos descansaron los huesos. Hoy duermen, seguro, al abrigo de la naturaleza sus identidades y su libertad.

Esta fosa común se levantó en 1979. La iniciativa partió desde la colaboración popular y desinteresada de muchos vecinos de Arguedas. Sorprende la prontitud practicada en Navarra sobre el levantamiento de las fosas comunes, sin mayores complicaciones más que de organización. Hoy me pregunto: ¿qué intereses burocráticos, intelectuales o profesionales impiden a los familiares realizar las exhumaciones de sus allegados? Uno llega casi siempre tarde a las cosas, sobre todo a los conocimientos, pero la realidad de estos hechos debe ser clarificada.

Señalar para concluir un hecho que hoy también causaría extrañeza. Los funerales de los asesinados en la viña de Azagra se realizaron en Arguedas el 8 de abril de 1979; por las calles del pueblo pasearon banderas republicanas y símbolos católicos, creyentes y no creyentes caminaron juntos, emocionados y silenciosos. Por si fuera poco, la homilía la presidió Casiano Floristán (inspirador de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, además de colaborador en diferentes medios de comunicación impresa) sobrino de Benito Samanes. De su plática cabe señalar: "…como sacerdote no puedo más que sonrojarme por la actitud de aquellos obispos que denominaron Cruzada a esta terrible Guerra civil", "…recordamos hoy el hecho brutal de unos fusilamientos sin juicio previo… con atropello de todos los derechos humanos, sin otra razón aparente que la de tener o manifestar los fusilados ideas sociales o políticas diferentes de las que posteriormente fueron dictatorialmente impuestas". "No es casualidad que la mayor parte de los fusilados fueran pobres, jornaleros modestos sin propiedades e indefensos. El poder militar, social y religioso se concentró en las Juntas de Guerra que ejecutaron consignas y decisiones de los altos mandos… poder absoluto, corrompido absolutamente".

La letra de esta cacofonía orquestada desde el púlpito de los dirigentes corruptos tiene sus notas grabadas en el lienzo de piedra del Parque de la Memoria de Sartaguda. Al aire libre. Nombres libres, como la libertad que defendieron.
Diario de Noticias

Antonio Lizarza, promotor del lavantamiento requeté( fascistas) en Navarra





Antonio Lizarza Iribarren (Leiza, 1891-Pamplona, 1974). Paramilitar español, promotor de la fuerza Requeté de los carlistas.

Miembro de la Juventud Jaimista de Pamplona.

En diciembre de de 1934 fue nombrado delegado Regional de los Requetés, intervino activamente, durante la primavera de 1936, en las negociaciones entre el Ejército, al mando de Emilio Mola y sus fuerzas paramilitares para el Pronunciamiento del 17 y 18 de julio de 1936 que llevaría a la Guerra Civil Española. Fue detenido en Burgos el 17 de julio de 1936 cuando se dirigía en avión hacia Lisboa y realizaba una escala técnica en esa ciudad. La finalidad del viaje era encontrarse con José Sanjurjo en la preparación del Golpe de Estado inminente. Fue llevado a la cárcel Modelo de Madrid, donde se salvó de los fusilamientos de agosto y septiembre de 1936.

A su regreso a Pamplona, 18 meses después de su partida, en enero de 1938 fue nombrado delegado nacional para el reclutamiento de requetés.

En mayo de 1941 fue designado presidente de Osasuna, cargo que ocupo hasta 1943, siendo sucedido por Antonio Archanco, volviendo a la presidencia en 1944 hasta 1947.

En el verano de 1944 participó en tareas organizativas de guerrillas rurales para luchar contra el Maquis.

Presidente de la Cruz Roja en Navarra en julio de 1945.

Delegado provincial de ex combatientes en enero de 1947.

Jefe regional del carlismo carlosoctavista navarro en mayo de 1947.

wikipedia

Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas