22 de julio de 2009

Pitemos al Rey





Por JAVIER PÉREZ DE ALBÉNIZ (SOITU.ES)

¿Recuerdan los pitidos al Rey durante la pasada final de la Copa que disputaron el Barcelona y el Athletic de Bilbao el pasado 13 de mayo en Valencia? El que seguro no lo ha olvidado es Julián Reyes, ex jefe de deportes de TVE cesado por no emitir la bronca que se montó mientras sonaba el himno nacional. Pues ayer mismo Santiago Pedraz, juez de la Audiencia Nacional, dijo que esos pitidos "están amparados por la libertad de expresión". El juez no admite la querella que por estos hechos había presentado la Fundación Denaes (Para la defensa de la nación española) contra los responsables de Esait y de Catalunya Acció (entidades que reivindican selecciones de fútbol en Euskadi y Cataluña, respectivamente).

Pitada a los Reyes

"Los hechos denunciados están amparadas por la libertad de expresión, y no pueden considerarse difamatorios, injuriosos o calumniosos, ni mucho menos que propugnen el odio nacional o el ultraje a la Nación", asegura el juez. Una buena noticia, un logro democrático seguramente inaudito para los tiempos que vivimos. Recuerden que no insultaron a don Juan Carlos, ni le amenazaron, ni le escupieron, ni le agredieron, ni le tiraron huevos, ni siquiera le recordaron su pasado franquista o le empujaron al patíbulo. Sólo le pitaron. Ya saben, ese sonido agudo que se realiza de forma continuada, con los dedos o con un sencillo instrumento de lengüeta, para demostrar rechazo, disconformidad, desaprobación o disgusto. Una inocente e inocua manera de protestar mediante una expresión sonora que, la verdad, hemos utilizado desde niños en decenas de situaciones triviales. Cuando tarda en salir al escenario nuestro cantante favorito, cuando no nos gusta el cambio que ha hecho un entrenador...

Hoy somos un poco más libres. Pero este interesante logro democrático no todos lo ven con buenos ojos. "Barra libre para pitar al rey", dice la prensa conservadora con la misma mezquindad con que se refieren al aborto o la eutanasia: que algo se pueda hacer no significa, evidentemente, que todo el mundo tenga obligación de hacerlo. Además, si se puede pitar a Bob Dylan, a Forlan o a Al Pacino. ¿Por qué carajo no se va a poder pitar al Rey?

Pitémosle, pues. Y hagámoslo con la confianza que nos otorga estar financiando su existencia y la de su familia. Es decir, pitemos sin miedo, con fuerza, en masa, desafinando, de manera amplificada o unplugged... Abucheémosle y silbémosle, chiflémosle y démosle bocinazos. Pitémosle en partidos de fútbol y corridas de toros, en monterías y regatas, durante las vacaciones en Mallorca y durante las vacaciones en la Zarzuela el resto del año. Pitémosle a pleno pulmón, haciendo de ese sonido un canto a la libertad. Convirtamos el pito en el instrumento republicano por excelencia (con permiso de la guillotina).