8 de agosto de 2009

¿ El fascismo en Italia?:ENTRA EN VIGOR LA LEY ITALIANA QUE PERMINTE RONDAS CIUDADANAS Y TIPIFICA LA INMIGRACIÓN COMO DELITO











Primero se llevaron a los comunistas / pero a mí no me importó / porque yo no era. // En seguida se llevaron a unos obreros / pero a mí no me importó / porque yo tampoco era. // Después detuvieron a los sindicalistas / pero a mí no me importó / porque yo no soy sindicalista. // Luego apresaron a unos curas / pero como yo no soy religioso / tampoco me importó. // Ahora me llevan a mí /

pero ya es tarde. /// Martin Niemöller


Las rondas de ciudadanos para vigilar las calles italianas y la tipificación como delito de la inmigración clandestina forman parte de las medidas incluidas en la nueva ley sobre seguridad que entra hoy en vigor en Italia.

La norma, conocida como "paquete de seguridad", fue aprobada por el Parlamento el pasado 2 de julio, no sin polémicas, ya que la introducción del delito de inmigración clandestina encajó las críticas de la oposición, de la Iglesia e incluso del presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano. Mientras la introducción de las rondas ciudadanas fue desaprobada por algunos alcaldes de diferentes ciudades, sobre todo en el sur del país.

En materia de inmigración la nueva ley prevé multas de entre 5.000 y 10.000 euros a los inmigrantes sin papeles, que deberán afrontar un proceso en el que podrán ser expulsados de Italia de forma directa.
Sin papeles no hay administración pública

Se amplía hasta seis meses el tiempo de retención de los indocumentados, que hasta ahora era de sesenta días, y se fija la necesidad de estar en posesión de documentos en regla para poder acceder a las oficinas públicas.

Tan sólo espero que no sea el inicio de una mecha más larga que recorre la derecha europea

Este punto fue uno de los que generó más polémica cuando el proyecto de ley fue aprobado en la Cámara de los Diputados, ya que la oposición advirtió del riesgo de que algunas madres no pudieran inscribir en el censo a sus hijos, al carecer de documentos.

La nueva disposición también contempla penas de cárcel de entre seis meses y tres años para aquellos italianos que alquilen una casa a inmigrantes indocumentados, y endurece los requisitos para obtener la nacionalidad italiana a través del matrimonio con un ciudadano de este país.
¿Serenos racistas?

Otro de los puntos que ha provocado mayor polémica de esta nueva ley ha sido la introducción de rondas ciudadanas.

Entre la reglamentación que estudia el Ejecutivo italiano para estos grupos de vigilancia ciudadanos se contempla que no puedan estar formados por más de tres personas, que no podrán ir armados, ni llevar perros con correa.

Asimismo, el voluntario que desee patrullar las calles de Italia no podrá tener antecedentes penales, deberá declarar no consumir ni alcohol, ni drogas, ni pertenecer a ningún partido político, y tendrá que aportar un certificado psicológico de la seguridad socia.
PUBLICO.ES

¿Hay que dar en la cabeza a los franquistas?



Carlos Tena en insurgente


¿Hay que dar en la cabeza a los franquistas?Cuando las futuras generaciones conozcan el rostro de lo que fue aquella bestial etapa de la historia, aprenderán a despreciar su memoria, tanto como yo me avergüenzo del Rey Juan Carlos

Supongamos que en el parlamento español se condenase una ideología totalitaria, o un sistema nacido de la violencia armada. Por ejemplo, el asalto a una democracia que todo un pueblo refrendó en las urnas, esas cajitas de cartón o metacrilato, de latón u hojalata, que suelen utilizar gobiernos que creen en el sufragio universal, como los que impulsan, con todo el poder de Falsimedia en contra, presidentes como Rafael Correa, Evo Morales o Hugo Rafael Chávez, dando la palabra a la ciudadanía, en decenas de ocasiones, para expresar su voluntad en cualquier tema de interés nacional.


En las llamadas democracias del mundo libre, desde que ciudadanos como David Eisenhower, Richard Nixon o John F. Kennedy, se apercibieron que las técnicas de Hitler no eran tan descabelladas como se afirmaba, (excepto la de asesinar a seis millones de personas de origen judío), se adoptaron algunas de las estrategias del sangriento mandatario, para acabar con los enemigos del capitalismo de la forma que fuere.

La más exitosa ha sido sin duda el robo de los símbolos y los conceptos. Se han ido apropiando paulatinamente de términos tan hermosos como libertad, verdad, democracia, respeto, e incluso de otros antagónicos, como terrorismo, narcotráfico o dios, con la misma alegría con la que Patxi López, Rubalcaba o el Rey se dedican a lanzar frases huecas, vacías de todo sentido intelectual, en su alocada carrera por demostrar que los asesinos son los que matan con bombas y tiros, mientras que los cientos de miles de cadáveres sobre los que se alza la libertad vigilada que millones de ciudadanos padecemos, fueron parte de la herencia que dejó el mayor terrorista de la historia reciente española: el mentor del actual monarca. Un general golpista, ajeno a todo lo que pudiera significar cordura, generosidad y dignidad. Nadie más ignominioso que el que hereda, de las manos de un criminal, todo el poder que este atesoró en vida y tras su muerte, porque la familia del dictador y sus descendientes siguen aún disfrutando del patrimonio robado al pueblo español.


El Parlamento Europeo, en Julio de 2006, con la significativa excepción del Partido Popular español y de la extrema derecha (como si no bastara con el PP), condenó la dictadura que desde 1939 reinó en España durante casi 40 años, coincidiendo el acto con el 70° aniversario de la asonada fascista, en una sesión en la que ninguno de los diputados afines a esa ideología (polacos y checos en primer lugar) quiso renegar del llamado Caudillo. Carlos Iturgaiz sonreía hipócritamente en su escaño, mientras que Mayor Oreja toreaba de salón hablando de “superar el pasado”, como queriendo decir que un millón de muertos, de infamia, de tortura y represión, son pelillos a la mar, señorías, absteniéndose de efectuar una mínima condena del franquismo. En su lugar, se dedicó a exaltar la transición, hoy más bien traición en todas sus vertientes, con palabras que cómicos como Cantinflas hubieran bordado Ambos aparecen hoy como supuestos demócratas que saben sonreír, pero amenazan con fumigar a todo un colectivo social, demostrando gozar, además de una personalidad frenopática, de un amplio respaldo gubernamental, gracias a algunos de sus primos socialistas, e incluso de ciertos dirigentes de Izquierda Unida.


Si, como dijo George W, Bush (intimo amigo de Aznar, otro afecto al terrorismo de estado, como Javier Solana), es cierto eso de que “quien da refugio a un terrorista es tan culpable como aquel”, parafraseemos la sentencia y afirmemos, ya que así lo advertimos en la vida diaria, que si se detiene a ciudadanos por exhibir llevar fotografías y/o retratos de presos, también hay que hacerlo que los responsables de todos y cada uno de los edificios, laicos o religiosos, donde se exhiban bustos, estatuas, placas, cuadros, retratos, diplomas, dibujos, etc., del padrino espiritual y político del actual jefe del estado español, al que no le afectan esos 70 años de desvergüenza, callando acerca del siniestro pasado de su protector, Más bien al contrario, su nada graciosa o agraciada majestad, se enorgullece de que todavía en numerosas calles, iglesias, glorietas, plazas, avenidas, y no digamos cuarteles, de parte de la península ibérica, se mancille el recuerdo de quienes combatieron por lo que ni él, Iturgaiz o Mayor Oreja, jamás reprobarán.


De esa forma se sigue utilizando un curioso rasero bicéfalo, esa doble moral tan inherente a los hipócritas, para convencer al personal de que los responsables de casi 900 muertes, son mucho más criminales que los que procesaron y ejecutaron, sin garantía jurídica alguna, durante y tras el golpe de estado franquista, a cientos de miles de inocentes ciudadanos, cuyo pecado era haber defendido la democracia y ser fieles a la constitución de 1931. Y por si ello fuera poco, los representantes del Partido Popular Europeo, en la mentada votación de Estrasburgo, dejaron claramente expuesta sus simpatías por el terrorismo que allí se condenaba. ¿Con qué derecho se arrogan estos amigos del crimen y la impunidad, de la venganza y el odio, la venia para dar clases de mesura, respeto y fidelidad a unos ideales democráticos?


Soy de los que profesan respeto por las decisiones del Parlamento europeo, aunque no comparta los contenidos en muchas ocasiones. Y, lo que son las cosas, en esta ocasión hago mías las palabras pronunciadas por Josep Borrell: "…para condenar a los responsables de la dictadura franquista, para rendir homenaje a sus víctimas y para expresar el reconocimiento a todos los que combatieron por la democracia, padecieron persecución e impulsaron el retorno de España a Europa".

Por ello, me niego a seguir la iracunda pauta real del garrote y la tortura. Sigo firmemente convencido de que a los franquistas no hay que darles en la cabeza, aunque nos hiciéramos ricos con tanto serrín, sino que debemos trabajar para que llegue el día en que se les muestre libremente a todos los ciudadanos, con luz y taquígrafos, cámaras y alta definición, cada día y cada semana, en todos los medios de comunicación, en todas partes, la miseria y la muerte que sembraron, y que aún siguen desparramando en este lugar de la vieja Europa.


La memoria del verdadero rostro del Generalísimo se ha hurtado a la población nacida desde 1970 hasta nuestros días, por imposiciones reales y castrenses, colocando sobre aquel una máscara de supuesta dictadura bondadosa, como la que se fabricó para ocultar las hazañas hasta sus compañeros más salvajes (Queipo de Llano, Mola, Sanjurjo, Yagüe, etc.), que aún detentan títulos nobiliarios, heredaros por sus familiares más directos. Que los más jóvenes vayan en tropel cuando se sigan abriendo esas fosas comunes repletas de cadáveres, sobre las que ríen Iturgaiz y Oreja, y cuyos gastos no sufraga el gobierno de Zapatero, para que puedan contemplar in situ la pretendida bondad y mansedumbre de los golpistas.

Cuando las actuales y futuras generaciones, que ojalá se eduquen en la ciudadanía, conozcan el verdadero rostro de lo que fue aquella bestial etapa de la historia, y el que lucen hoy los apologistas de Franco, aprenderán a despreciar su memoria, tanto como yo me avergüenzo del Rey Juan Carlos de Borbón. Es la única y más civilizada manera de acabar con ellos.

"JOSÉ OTANO, CURA DE LERGA FUSILADO POR FRANCO"




Xabier Lasa, Jesús Txasko y Patxi Zabaleta (Aralar)



Hace unas semanas se celebró en la catedral nueva de Vitoria-Gasteiz un funeral en memoria de los doce sacerdotes vascos fusilados por los franquistas. Acudieron, además de muchos familiares, amigos y personas preocupadas por la memoria histórica, los obispos de Donostia, Bilbao y Gasteiz. Uno de los doce sacerdotes vascos fusilados fue don José Otano Mikeliz, nacido en Lerga, el 30 de marzo de 1898, el cual pertenecía a la congregación de los corazonistas. Sirvan estas líneas para su memoria y reconocimiento desde su Navarra natal.
El acto religioso de Vitoria-Gasteiz no tuvo otro carácter que el de la reivindicación de la memoria. Ninguna petición de venganza, ninguna reclamación de justicia, ninguna palabra de odio y ninguna petición de reparación. Memoria y reconocimiento para la conciliación. Por ello no podemos marginar en el olvido al entrañable navarro que fue José Otano Mikeliz, un hombre brillante en sus estudios y de gran capacidad oratoria, además de fino músico.

Se conservan numerosas piezas, tanto compuestas, como armonizadas o recopiladas por él, a pesar de haber sido fusilado a los 38 años. Había aprendido perfectamente el euskara, además del francés y otras lenguas. Defendía con entusiasmo la utilización de la lengua, que habiendo sido la de sus antepasados la había hecho propia; hasta el extremo de que la mayoría de las letras de sus composiciones están en euskara.

Según su biografía pudo haberse marchado de Donostia, donde residía cuando fue tomada por los sublevados, tal como le aconsejaron, pero prefirió quedarse, alegando que él no había hecho mal a nadie. Fue apresado en el propio convento en el que residía el 12 de octubre de 1936, llevado a la cárcel de Ondarreta y conducido al paredón junto al cementerio de Hernani el 23 de octubre de 1936.

Aunque no fue juzgado y por lo tanto no se le dio el derecho a defenderse y ni siquiera a ser oído, se les permitió al grupo que iba a ser fusilado el poderse confesar y comulgar antes de la descarga mortal. José Otano Mikeliz supo perfectamente quién le había delatado, el cual obviamente no le era extraño ni lejano. Uno de los pocos encargos y mensajes, que dejó a través del confesor, fue precisamente que le perdonaba a su delator .

Imagine







Iñaki Egaña en Izaronews






Se imaginan que en Berlín o cualquier otra ciudad alemana Himmler o Eichamn recibieran en 2009 semejantes honores. Yo tampoco. La alcaldesa de Pamplona, en cambio, recuerda el fascismo con cariño

Los medios nos informan, de vez en cuando, de tal o cual ataque contra la historia por parte de los herederos biológicos o políticos de genocidios y razias relativamente recientes. Cuando un cementerio judío es profanado en Argentina, la noticia aparece destacada en el último rincón del mundo, traducida simultáneamente a todos los idiomas imaginables.

Los protagonistas de semejantes excesos son perseguidos por la justicia, recriminados en público y, si el delito lo exige, multados y encarcelados. La apología de la ideología totalitaria ha sido desterrada de la educación y de los medios tanto públicos como privados, con un control exhaustivo de sus brotes estacionales.

La excepción, sin embargo, confirma la regla general. Aquí, cerca de casa, en España, sus instituciones, sus medios de comunicación, sus universidades, gran parte de su sociedad, se pasa por el forro el sentir civilizado de estas normas, escritas y no escritas, y evolucionan con un desprecio supino hacia los crímenes históricos. Los que tenemos más años lo hemos vivido: durante décadas nos han vendido propaganda en vez de historia. De un tiempo a esta parte, en cambio, el negacionismo cubre con su manto la España oficial. Desde Pelayo, a pesar de la contumacia vasca y catalana, España ha sido la antesala del paraíso.

No me excedo, ni son producto de un calentón mis impresiones. A las pruebas me remito, como diría el fiscal. No hay que hurgar demasiado y como botón de muestra, mis andanzas de este fin de semana. Sin orden pero con concierto. La constatación de semejantes cuestiones me dejaron, eso sí que lo reconozco sin pudor, un amargo sabor de boca. El mundo que hemos desbrozado a hijos y nietos es, en muchas ocasiones, nauseabundo.

Abrí el domingo una página de un diario del grupo Vocento y descubrí que un catedrático de historia de la universidad vasca regentada por los jesuitas se daba un festín laudatorio a cuenta de José María Areilza. Mentía escandalosamente, tapaba sus crímenes, su estancia en el Consejo Nacional de Falange cuando los matarifes de Franco linchaban por limpieza étnica y reubicaba al personaje en las esferas “mundanas” de la historia. Un artículo para conservar. Bochornoso para la universidad vasca aunque sea privada.

Cambié de medio para encontrarme en otros dos diarios un mismo texto diferenciado únicamente por el idioma: miembros de una asociación dedicada a la recuperación de la llamada memoria histórica se quejaban amargamente del aumento de ataques contra los símbolos que recuerdan a las victimas del franquismo. En Artica había sido destrozada una placa que recordaba a los 17 fusilados en el pueblo. En las cercanías de Arritxulegi los disparos de una metralleta, o quizás de una pistola, habían segado, por segunda vez, el recuerdo de los ekintzales asesinados por el fascismo. La lista de canalladas continuaba y encogía el corazón. Cerré los periódicos y bajé al garaje.

Comenzábamos una nueva campaña en Amaiur, siguiendo la estela de los últimos años. Llegamos en un santiamén, gracias a la nueva carretera. No mereció la pena la velocidad. En el cartel de la entrada del añejo castillo desmochado por Cisneros y que defendieron los hermanos de san Francisco Javier, una inscripción, “Cristo rey”, y un símbolo pintado a grandes trazos, el de Orden Nuevo, el mismo que trajeron a Donostia los falangistas que reivindicaban a Hitler tras los escudos de la Policía Autónoma.

Me vino a la cabeza, de nuevo, el artículo del catedrático, y el descubrimiento de una vieja edición de La Vanguardia donde se relataban los últimos momentos del sacerdote Ariztimuño, Aitzol. Acababa de rescatar la crónica con motivo del homenaje de parte de la iglesia vasca a los curas fusilados por Franco. Y el diario catalán señalaba que Aitzol debió quedar malherido tras su fusilamiento por lo que un joven falangista de una conocida y rica familia de Bilbao fue el encargado de darle el tiro de gracia. ¿Por qué unos crímenes se airean y otros se ocultan bajo la alfombra?


Lo de Amaiur era denigrante. Intenté imaginar una pintada con algo así como “Gora Euskadi” en la puerta de la Basílica del Pilar de Zaragoza, en la Cibeles de Madrid o en la Giralda de Sevilla. Ya sé que la comparación no vale, porque la villanía de los criminales no tiene parangón. Y que el gora es inofensivo. Pero déjenme recrearme en el símil. El escándalo sería mayúsculo. El Parlamento de Gasteiz se pronunciaría de inmediato y pediría perdón a quien fuera. Se harían manifestaciones y comunicados de intelectuales, entre ellos Saramago y Boadella sin duda, y la Policía practicaría las pesquisas y detenciones pertinentes. Ni una más ni una menos.

Puesto a imaginar, me metí en un pozo sin fondo. Imaginé, sin la poesía de John Lennon, un escenario absolutamente radical al presente. Cientos de energúmenos llegados de todos los puntos de Europa, escupiendo y orinando en la plaza de Oriente, destrozando a martillazos el acueducto romano de Segovia y defecando en los símbolos de los defensores del Madrid pintado por Goya. No pude mantener la pesadilla por mucho tiempo. Los sueños son frágiles.

Volví a la realidad y recordé. Recordé las expediciones españolizantes, desde la del entonces príncipe cuando el Gobierno celebró en Gernika el día de la Raza (¿quién dijo bombardeo?) hasta el desfile de la Virgen del Rocío por las calles de Bilbao, para bajar los humos a la de Begoña que, por lo visto, después de tantos años había aprendido euskara.

Recordé el reciente atropello de la Plaza del Castillo. Las ruinas que se dejaron entrever hace poco, como quien dice, se remontaban a los dos mil años: un menhir, una necrópolis musulmana, unas termas romanas y una gran muralla. El Ayuntamiento de Pamplona, sin embargo, prefirió la especulación urbanística. En el vertedero de la localidad de Beriáin aparecieron según El País, “abundantes restos arqueológicos, datados entre los siglos I-II de nuestra era hasta el XVI”. Provenían de la Plaza del Castillo que el consistorio pamplonés entregó a los constructores del aparcamiento. Vergüenza ajena.

¿Recuerdan Praileiatz? Seguro que sí.

Almorcé precisamente en Pamplona y conocí, perplejo, la imposición de la alcaldesa del nombre de uno de los verdugos españoles del siglo XX para una de los centros culturales de la capital. Dice la burgalesa que lo del nombre, Tomás Domínguez Arévalo, es lo de menos y lo que importa de veras, es el título nobiliario, Conde de Rodezno. Un escarnio a los demócratas. Se imaginan que en Berlín o cualquier otras ciudad alemana Himmler, Goebbeles o Eichamn recibieran en 2009 semejantes honores. Yo tampoco. La alcaldesa de Pamplona, en cambio, recuerda el fascismo con cariño y se desternilla en la memoria de los más de 300 pamploneses fusilados cuando el tal Tomás éste era ministro de “Injusticia” de Franco.

Volví abrumado a casa y, de paso, recordé que entre nosotros, el desprecio por la historia no está muy alejado del que profesan los dirigentes navarros. En un espacio público como Urgull, pulmón de la ciudad, reposan con todos los honores los restos de la tropa inglesa que apoyó la causa liberal en 1835. Veinte años antes, villanos con el mismo uniforme habían quemado la ciudad y violado a sus mujeres y niñas. No conozco en ningún otro lugar del mundo, aunque probablemente exista, tantos honores a los hijos de asesinos y violadores. Todo ello porque Inglaterra apoyó la causa liberal en un medio en el que el carlismo era abrumadoramente mayoritario.

E imaginé nuevamente un escenario de sarcasmo. Graffitis en Atapuerca, demolición de la catedral de Burgos para edificar viviendas unifamiliares, desfiles provocadores de seguidores de Nelson y Napoleón en la Plaza Mayor de Madrid, venta al por mayor de los capiteles de la aljama de Córdoba, ametrallamiento de las placas que recuerdan a los defensores de Numancia… Y es eso lo que siento, salvando las distancias, que están haciendo en mi país. “I´am a dreamer”, soy un soñador, cantaba Lennon. Quizás radique ahí el problema.