11 de agosto de 2009

El fotógrafo Capa volvió a España en 1944 con los maquis





Ernest Alós. El Periodico


Las biografías del fotógrafo Robert Capa dicen que, amargado por la derrota de la República, tras una guerra en la que murieron tanto su idealismo político como su compañera Gerda Taro, vio por última vez tierra española el 28 de enero de 1939. Cruzó la frontera con la marea de refugiados en Le Perthus, regresó poco después a los campos de refugiados y no volvió la vista atrás. Solo una vez se habría acercado a Toulouse. Pues bien, como otros tantos capítulos de su vida, este también debe ser revisado. Capa regresó para poner sus pies en la frontera franco-española en noviembre de 1944.

Allí tomó sus últimas nueve fotografías de suelo español: subió hasta el Portillon, el puerto que separa Francia y el Vall d’Aran, entre Bagnères-de-Luchon y Bossòst, días después de que lo atravesaran derrotadas las columnas de guerrilleros republicanos que habían invadido la España de Franco.

La revisión de la imagen que dio fama a Capa, el miliciano caído en circunstancias inverosímiles y en una zona sin combates en Espejo (Córdoba), que no en Cerro Muriano, cuestiona el comportamiento del fotógrafo los días en que se enfrentó a su bautismo de fuego. Las nuevas noticias sobre su despedida a España, en cambio, dan aún más fuerza a la sinceridad de su compromiso con la España republicana.

Quien se dio cuenta de que las confusas versiones de la biografía de Capa ocultaban un último adiós a España del que debía quedar registro fotográfico fue el experto en la obra del fotógrafo Carles Querol. Tras años documentando las imágenes de Capa en Catalunya, su trabajo (parte del cual, así como investigaciones posteriores en colaboración con EL PERIÓDICO y el ICP de Nueva York, publicará este diario en los próximos días) debía convertirse en una exposición en la Pedrera, cancelada en vista del impacto que iba a tener la muestra que se puede visitar hasta el 27 de septiembre en el MNAC. La exposición iba a tener como título Robert Capa i Catalunya: 1936-1944). ¿Por qué?


En su autobiografía novelada para servir como guión cinematográfico, Ligeramente desenfocado (La Fábrica), Capa narra una aventura fantástica: visita a los maquis, que cantan una jota catalana y flamenco, y beben con «una especie de botellas de dos cuellos». Un grupo de 150 recibe permiso para entrar 24 horas en el Vall d’Aran y la propaganda franquista lo hace pasar por una invasión. Los maquis, al final, atraviesan las montañas nevadas, derrotados.
El biógrafo de Capa, Richard Whelan, ajustó más el tiro: tras fotografiar una asamblea de la Unión Nacional Española en Toulouse del 3 al 6 de noviembre de 1944, Capa se habría acercado hasta la frontera para fotografiar a 150 guerrilleros derrotados. A Querol le pareció una pista más que firme de que la invasión del Pirineo por 4.000 guerrilleros en 1944 para forzar una intervención aliada contra Franco (nada de una escaramuza, sino la última oportunidad de la República) había atraído por última vez a Capa.


Pero ninguna prueba demostraba que se acercara a territorio español: en los archivos de Magnum solo figuraban fotos de heridos en un hospital supuestamente de Toulouse, a 150 kilómetros, aunque en realidad se trata de la localidad de Bagnères-de-Luchon. Y Whelan también aseguró que tras 1939, Capa «no volvió a España en su vida».


Las fotos no aparecían, pero un artículo de Capa en la revista Life citado en un pie de página por el biógrafo podía aclarar algo: en cuanto la comisaria de la exposición Esto es la guerra, Cynthia Young, envió una copia, todo encajó. El relato de los hechos que envió Capa para la revista resultó ser más fidedigno que sus biografías, e incluía una pequeña imagen en la que nadie había reparado; Capa fotografió el puesto fronterizo español, con las consignas franquistas de rigor: España una grande y libre. Arriba España. Viva Franco. En franciñol, alguién había escrito: Vive une Franco Morir. Tras volver a analizar sus archivos, el ICP ha identificado por primera vez nueve negativos de la frontera española.


En su artículo, el fotoperiodista es claro: viajó hasta Bagnères-de-Luchon, a 10 kilómetros de Catalunya, donde según relata estaban los heridos que semanas antes habían entrado en el Vall d’Aran. La foto demuestra que, además, ascendió hasta el Portillon para fotografiar por última vez, con los pies sobre la línea fronteriza, el país del que había salido en 1939. Capa recuerda que durante la guerra ha visto a combatientes republicanos en Túnez, Saint Malo, París... Todos con ganas de liberar después Madrid. En Bagnères pregunta a uno de los republicanos hasta dónde querían llegar por el Vall d’Aran. Le responde: «A Madrid».

El pasado franquista persigue a Juan Antonio Samaranch


Faltaba poco más de un año para la muerte de Franco pero Samaranch aún alzaba el brazo. EFE




El pasado franquista persigue a Juan Antonio Samaranch
Una campaña popular pide que abandone la presidencia honoraria del COI
Faltaba poco más de un año para la muerte de Franco pero Samaranch aún alzaba el brazo. EFE
Samaranch alza el brazo junto a un elenco de representantes del régimen franquista. Es el 18 de julio de 1974, y se celebra el 38º aniversario del golpe militar. La publicación de esta inequívoca instantánea en la revista Sàpiens ha motivado una campaña internacional para forzar la dimisión del presidente honorífico del COI, en defensa de "los valores democráticos y fraternales del deporte mundial".

La plataforma impulsora, Democràcia i Dignitat a lEsport, deplora los largos años en los que Samaranch colaboró con Franco y juzga especialmente grave su ambiguo discurso entorno al régimen franquista, y que "nunca se haya retractado". La campaña, aseguran, no es personalista; trata, más bien, de "evitar que algo así vuelva a ocurrir" en lo más alto del deporte, señala uno de sus impulsores.

Toni Strubell, miembro de la plataforma, recuerda que el movimiento olímpico internacional ha difundido siempre unas "coordenadas éticas y morales" y que en los años 50 depuró a colaboradores de Hitler y Mussolini. Sin embargo, para Strubell, la transmisión de ideales por parte de las presidencias del COI "tienen hoy credibilidad cero", por la falta de atención sobre la responsabilidad histórica de Samaranch.

Todos los comités olímpicos nacionales, del deporte y todas las academias olímpicas han recibido el manifiesto, y la iniciativa cuenta ya tres respuestas en positivo, una de ellas de un comité olímpico nacional. Para la plataforma esto supone "un gran éxito".
Mil adhesiones

Y aunque sea una campaña de "perfil bajo", realizada sin publicidad ni actos públicos, ya cuenta con más de mil adhesiones personales y de entidades. Los profesores universitarios y ensayistas norteamericanos, James Petras y Howard Zinn, figuran entre los firmantes.

Por el momento Samaranch no se ha pronunciado al respecto, y nada hace prever que vaya a hacerlo, según Strubell. Pero la plataforma celebra el haber auspiciado un "juicio moral" hacia su persona. Y es que, retratado, Samaranch vuelve a hacer bueno el tópico de que una imagen vale más que mil palabras. Diario Publico

De calles y de nombres







MIGUEL Izu (DIARIO DE NOTICIAS, del 8 de agosto) publica un artículo de opinión titulado Calles neutras . El bautizar o rebautizar calles se ha convertido en polémico en esta tierra nuestra. Maniobras de la Alcaldía para no cumplir el acuerdo de suprimir la denominación de la plaza Conde de Rodezno que, como otras denominaciones, homenajea a quienes se sublevaron contra un gobierno legítimo y, ejerciendo de terroristas, llenaron las cunetas de cadáveres de demócratas.

Algunos de estos nombres permanecen todavía. Recientemente algunos se han sustituido en la Txantrea. Un grupo de vecinos de este barrio nos hizo una apostilla: "Hay nombres, como el de calle Beorlegui, que ya estaban muy asumidos". Eran calles dedicadas a hombres del Movimiento, militares y otros navarros de filiación falangista. Y pensaban estos vecinos que nombres como Beorlegui o Isturiz podrían conservarse como sinónimos de estos pueblos de la Baja Navarra, del territorio hermano de Iparralde.

Y es que aquella guerra del 36 fue en verdad civil entre vascos. Contaba el escritor Sarrionaindia: "Los requetés navarros que invadieron Guipúzcoa y Vizcaya tenían apellidos euskaldunes más largos que el mío y algunos eran euskaldunes monolingües".

El culto a estos símbolos tomó particular impulso en el siglo XIX con el Romanticismo. Nombres meramente descriptivos fueron sustituidos y las nuevas calles fueron distinguidas por nombres heroicos . En América, la independencia expandió las denominaciones de calles y avenidas. Bolívar, Sucre, San Marín, O'Higgins… Si el patriotismo en aquellos años inundó de estatuas parques y jardines, la Iglesia no se quedó atrás, hizo la competencia. A la estatua de Espartero, por ejemplo, se le colocó por contra la efigie del Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles, en la GranVía y hasta en la Bahía de Río de Janeiro.

No se ha privado la Iglesia española de dar nombres a avenidas con apelativos de pontífices. Ya que no pertenecemos a la grey apostólica, vamos a ser piadosos. Alguno de estos hombres vaticanos tuvo un comportamiento poco claro, por decir lo menos, durante la II Guerra Mundial, mirando hacia otro lado cuando los campos de concentración eran lugares de exterminio para judíos, gitanos, polacos, homosexuales y republicanos españoles.

Todo esto ha traído equívocos. Casi todo el mundo piensa que la plaza Roja de Moscú se llama así en homenaje a la revolución socialista. Pero la historia nos aclara que mucho antes de la toma del Palacio de Invierno, cuando se estaba construyendo el Moscú moderno, a la plaza principal el pueblo empezó a denominarla como la plaza bonita y se da la circunstancia de que en ruso la palabrabonita y roja se pronuncian de idéntica forma. Curiosidad histórica que hemos escuchado en su sitio, junto al Kremlin y la tumba de Lenin.

Así pues podemos asistir al disparate, por no decir otra cosa, de que se eliminen nombres de luchadores antifranquistas y se conserven nombres de opresores e, incluso, de criminales de guerra.

Iosu Osteriz Aranguren en Diario de Noticias

Ex concejal de Pamplona/Iruña y miembro de UCNR