18 de agosto de 2009

"Suiza prestó millones al régimen de Franco"



El ministro Giuseppe Motta (centro) junto al mariscal francés Petain en un desfile militar.




Suiza se dispone a saldar una deuda pendiente
El 14 de febrero de 1939, Suiza se convertía en la primera democracia, después de Irlanda, en reconocer diplomáticamente a la España franquista. El historiador Ralph Hug desvela que seis meses antes del fin de la Guerra Civil un banco helvético concedía un cuantioso crédito a Franco.
Ralph Hug, figura clave en la rehabilitación de los voluntarios suizos que lucharon en España, repasa este tormentoso periodo de la Historia. Entrevista.

swissinfo: ¿Qué recordamos este sábado?
Ralph Hug: El 14 de febrero de 1939 Suiza era el primer país democrático en reconocer oficialmente al régimen del general Francisco Franco. Lo notable del caso es que en esa fecha la guerra no había terminado aún. Es evidente que puede decirse que fue un reconocimiento prematuro, pues el resto de democracias europeas se abstenían en ese momento de aceptar oficialmente a Franco.

swissinfo: Tengo entendido que Irlanda reconoció a Franco en esas mismas fechas.
Ralph Hug: Efectivamente, Irlanda reconoció al régimen franquista un día antes: el 13 de febrero. Sus motivaciones estaban basadas en el profundo catolicismo irlandés, pero no se puede comparar a la Irlanda de entonces con el peso que Suiza tenía en esos momentos. Puede decirse que Suiza fue la primera democracia de una cierta importancia en aceptar el hecho consumado de la victoria franquista




swissinfo: ¿En qué momento de la guerra llega este reconocimiento suizo?
Ralph Hug: El 26 de enero fue la caída de Barcelona y el 1 de abril la Guerra Civil terminaba oficialmente. El reconocimiento suizo llega entonces seis semanas antes del fin de los combates.

swissinfo: Hubo países que se alinearon con Franco desde antes aún...
Ralph Hug: Los primeros países en reconocer a Franco fueron, evidentemente, la Italia fascista y la Alemania nazi. A ellos se sumó el Vaticano y todos los países que formarían el EJE, la alianza de potencias fascistas. Estos eran Japón, Hungría, Bulgaria y varios otros. ¡Todos regímenes autoritarios y dictatoriales, a los que poco después se sumó Suiza, una de las más antiguas democracias del mundo!

swissinfo: ¿Y cómo se explica este fenómeno?
Ralph Hug: Un elemento central es la presencia de Giuseppe Motta como consejero federal (ministro) de Asuntos Exteriores. Motta era un nacionalista conservador originario del cantón Tesino, con unas fuertes simpatías por el fascismo de Mussolini y el régimen nacional-católico del general Franco.

Ralph Hug, historidador. (swissinfo.ch)
swissinfo: ¿Estas cuestiones son del dominio público o son revelaciones?
Ralph Hug: Sólo son conocidas entre especialistas en ciencias históricas y en círculos profesionales muy restringidos. Jamás se han tratado estos temas de manera abierta y en público. Es un tema que fue muy comentado en 1939 y que luego pasó al olvido, como tantos otros aspectos relacionados con la Guerra Civil. Es fascinante, porque se pueden leer los comunicados de la embajada suiza en Madrid de la época, y los memorandos que llevaron a la decisión del reconocimiento.

swissinfo: Informes que iban a las manos de Giuseppe Motta...
Ralph Hug: En efecto. En función de los informes que recibía de su embajador en España, Motta pudo tomar sus decisiones. Unos informes, todo sea dicho, terriblemente parciales y tendenciosos.

swissinfo: Pero la decisión final de reconocer al franquismo fue tomada por el Gobierno.
Ralph Hug: Sí. Pero el verdadero motor detrás de esa política fue el ministro de Exteriores Giuseppe Motta. Los informes que recibía de Madrid eran de una tendenciosidad increíble. Todas las iniciativas de la República eran demolidas y criticadas de forma sistemática, mientras que Franco era ensalzado. La República era esencialmente "mala" y los militares siempre vistos como "algo positivo". Se hablaba siempre de los fusilamientos de los grupos anarquistas y comunistas, pero jamás de los excesos de las tropas franquistas.

Otro detalle significativo que se deduce de la lectura de los documentos es que no se comprendió en absoluto la verdadera naturaleza de la Guerra Civil ni lo que realmente estaba en juego.

swissinfo: ¿Cómo vivió el pueblo suizo esta decisión en 1939?
Ralph Hug: Con cierta incomprensión. Pero, como decíamos antes, todos los temas relacionados con la Guerra Civil fueron silenciados durante décadas. Los medios de comunicación hablaron de "reconocimiento prematuro" y la izquierda suiza dijo que no había ninguna necesidad de reconocer a Franco antes que la guerra termine y, sobre todo, antes que las otras naciones democráticas.

swissinfo: Pero sus revelaciones van más allá. Habla usted de grandes sumas de dinero que fueron a sostener a Franco.
Ralph Hug: Así es. Estamos hablando de un crédito por valor de 12 millones de francos suizos de la época. ¡Una suma astronómica! El crédito fue concedido por el Schweizerischer Bankverein (Sociedad de Bancos Suizos) en octubre de 1938. Este banco es el 'abuelo' del actual UBS, tras fusionarse en 1998.

swissinfo: ¿Y por qué se concedieron estos créditos?
Ralph Hug: Se esperaban importantes ventajas económicas del hecho de establecer lazos tempranos con la España franquista. Obviamente, la principal motivación en la concesión de este crédito fue posicionarse de forma ventajosa con el nuevo régimen para poder hacer negocios en el futuro.

swissinfo: ¿Cómo se entera usted de esta historia?
Ralph Hug: Llevo años investigando en los Archivos Federales. Todos los documentos relativos al reconocimiento del régimen franquista están en Berna. Es un descubrimiento que me ha sorprendido y chocado. Y una anécdota final que es muy curiosa: Giuseppe Motta fue consejero federal durante nada menos que 29 años, desde 1911 hasta 1940. ¡Algo que sería inimaginable hoy en día!

swissinfo: ¿Piensa publicar estos datos en forma de libro?
Ralph Hug: Estoy preparando una serie de artículos de próxima aparición en la prensa de la Suiza de expresión alemana. Igualmente, esperamos publicar en marzo un libro que es una guía exhaustiva con todas las biografías de los voluntarios suizos que participaron en la Guerra Civil española.

swissinfo: ¿Qué conclusiones extrae usted de su trabajo?
Ralph Hug: Que si bien la política oficial de Suiza era la neutralidad, en los pasillos la realidad era muy distinta. En la contradicción evidente entre intereses económicos y valores democráticos, no es difícil ver cuáles pesaron más. En teoría, Suiza siempre ha defendido valores democráticos, pero en las sombras es evidente que se han ayudado a regímenes autoritarios y antidemocráticos.

Entrevista swissinfo: Rodrigo Carrizo Cout

Suiza, Richard Dindo y la Guerra de España












Ignacio Ramonet

Tiempo de Historia, número 43 de junio de 1978

En Perpignan acaba de celebrarse la primera gran confrontación crítica de películas sobre la guerra de España. Bajo el lema: la Guerra de España, vista por el Cine; Verdades y Mentiras, la cinemateca de Toulouse y -los amigos del cine- de Perpignan han conseguido reunir la mayor cantidad de cintas sobre ese tema que siempre interesó a los historiadores. Por primera vez algunas cinematecas han abierto sus cofres y han prestado algunas obras hasta ahora ignoradas del público; se ha podido así apreciar la versión diferente que la Unión Soviética proponía de nuestra guerra antes y después de la firma del pacto germano-soviético. También algunos coleccionistas privados prestaron apasionantes documentos rodados de manera militante durante la guerra, sacados clandestinamente en el éxodo y conservados en la oscuridad del exilio durante cuarenta años. La Filmoteca Nacional también prestó numerosas películas inéditas, y. se espera que después de su presentación en Perpignan esta confrontación (por el momento, al parecer, aún demasiado conflictiva...) pueda ser presentada en España. Entre las películas menos conocidas es menester destacar, por la calidad de la realización y el interés de los documentos, los Suizos en la Guerra Civil Española (1974) de Richard Dindo, Este realizador, nacido en Zurich, hijo de obreros inmigrados italianos, se ha hecho célebre en su país por los escándalos políticos revelados en sus películas, especialmente en la última: la Ejecución del Traidor a su Patria, Ernst S. (1976), donde, a través de una encuesta sobre el fusilamiento de un pretendido agente pro-nazi en 1942, Dindo demuestra la complicidad que existía, a nivel oficial, entre los sectores conservadores suizos y la Alemania de Hitler: complicidad que se materializaba mediante el envío gratuito de medicamentos y personal sanitario suizo, asi como de material técnico al frente alemán del Este, cosa que hasta ahora no se había divulgado para no poner en tela de juicio, aún a posteriori, la célebre neutralidad suiza.

En los Suizos en la Guerra Civil Española, Dindo subraya un dato hasta hoy poco conocido: Suiza fue el país del mundo que, en relación a su población, envió el mayor número de combatientes a las Brigadas Internacionales. Ochocientos suizos lucharon en todos los frentes de la República para defender la legalidad democrática española; más de doscientos viven aún, y muchos de ellos, de todas las tendencias, evocan en la película de Dindo su participación en el conflicto español. Resulta emocionante considerar que España para esos hombres ha sido la gran aventura política de su vida, tanto como para los exiliados españoles: como éstos, los ex-brigadistas suizos han mantenido durante cuarenta años (y siguen manteniendo) posiciones políticas irreconciliables y acusándose mutuamente de haber contribuido a acelerar la derrota.

En cuanto a Richard Dindo, hay que saberlo desde ahora, es quizá con Jean-Marie Straub y Johan Van der Keuken uno de los mejores documentalistas de Europa, de un rigor técnico y de una seguridad de realización muy personales. Al servicio de un proyecto arqueológico y etnológico a la vez, Dindo trata de rescatar en las memorias de los últimos testigos, la historia del pueblo suizo, una historia tan llena de conflictos sociales y de contradicciones de clase como la de los demás países; para Dindo la pretendida neutralidad de Suiza es un pretexto confortable que usa la burguesía para anestesiar al pueblo y mantenerlo alejado de la historia.
Entrevista con Richard Dindo:

—¿De dónde le viene su interés por la guerra de España?

—La guerra civil española es un acontecimiento que yo he vivido como una herida profunda. Recuerdo haber leído mi primer libro sobre esa contienda a la edad de doce años, en casa de un tío mío, en donde pasaba mis vacaciones, y recuerdo que antes de llegar al final del libro detuve la lectura porque no soportaba la idea de ser un testigo impotente de la derrota republicana. Aunque he nacido mucho después de la guerra (en 1945), ese conflicto me ha marcado como una experiencia personal.

—¿Cómo vivió la Suiza de la época, la guerra española?

—La guerra civil española desgarró a toda Suiza; el país se partió en dos: los católicos, la gente religiosa y los burgueses tomaron partido por Franco, mientras que el movimiento obrero, los laicos y los liberales se pusieron a favor de la República. Se crearon odios irreconciliables. El partido comunista y el partido socialista organizaron de manera ininterrumpida, a partir de julio del 36, manifestaciones callejeras de solidaridad con la República hasta que el gobierno decidió prohibirlas. La prensa suiza se portó en general correcta-mente con el gobierno legal español: todos los periódicos liberales defendieron a la República, los conservadores tomaron una posición de moderada neutralidad; sólo los órganos de extrema derecha apoyaron francamente al bando franquista. La burguesía, como clase, no se puso a favor ni de Franco ni de la República, sino del vencedor fuese quien fuese.

—¿Cómo le vino a usted la idea de hacer una película sobre ese tema?

—Un día una amiga, en Zurich, me dijo que conocía a un antiguo combatiente de España, y que me encantaría hablar con él. Fui a verle y, en efecto, resultó ser una persona extraordinaria. El me relató la gesta de los suizos en la guerra civil. De ahí me vino la idea de hacer una película sobre esa generación de combatientes antifascistas. En Suiza ya nadie se acordaba de esos hombres; habían sido olvidados, borrados de la memoria del pueblo. Sentí la necesidad de hacer una película por sentido de la justicia histórica, y también por real simpatía hacia ellos; estimé que había que darles un lugar en nuestra historia, en la historia de nuestro movimiento obrero.

— ¿Cómo se podría explicar la presencia de tantos suizos en las Brigadas Internacionales?

—En 1936, Suiza vivía una situación social difícil; el país soportaba las consecuencias de la crisis del 29; había un gran número de parados y los conflictos de clase eran muy agudos. Las fronteras eran fuente de tensiones: por una parte, los fascismos italiano y alemán, por la otra, el Frente Popular francés; en el interior la derecha era muy germanófila, muy sensible a la atracción nazi. Ese es el contexto político y social que preside a la creación de las Brigadas. Cientos de suizos, más de ochocientos, se alistan para combatir al fascismo en España, para evitar que se extienda por Europa. La mayoría de ellos son comunistas, pero muchos son también anarquistas, troskistas o simplemente, pero apasionadamente, demócratas. En España no se formó una brigada propiamente suiza; los suizos se repartieron entre las demás brigadas, sobre todo, pasaron a integrar la brigada Thaélmann, constituida especialmente a base de militantes antifascistas alemanes, y la brigada Chapaiev, que llegó a mandar un suizo: el comandante Otto Brunner.

—¿Qué incidencia tuvo en la política interior suiza el hecho de que tantos suizos rompieran individualmente la neutralidad del Estado?

—Cuando se disolvieron las brigadas, en 1938, los brigadistas suizos regresaron a nuestro país, muchos de ellos casados con españolas, y fueron recibidos con entusiasmo, como héroes, por el movimiento obrero. Pero la burguesía empezó inmediatamente a denigrarlos, diciendo que eran unos traidores, unos colaboradores de los bolcheviques. Todos los brigadistas fueron juzgados por tribunales militares por no haber respetado la neutralidad pretendida de Suiza. El tribunal de Zurich sobre todo, compuesto exclusivamente por oficiales de extrema-derecha, les condenó muy duramente a penas de prisión. Se quiso dar un escarmiento, y se les castigó para indicar que los suizos no deben combatir a favor de una república roja.

—En su película parece haber una mayor simpatía hacia los militantes anarquistas que hacia los demás.

—En la película participan ex-brigadistas pertenecientes a todas las tendencias políticas del bando republicano. Si doy más largamente la palabra a los anarquistas y a los poumistas es porque su versión política de la guerra es, en general, menos conocida que, por ejemplo, la de los comunistas. Pero quiero advertir que yo personalmente no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dicen. En la película se habla mucho del aspecto «revolución social» en la España republicana en guerra, pero mi apoyo personal, si yo hubiese vivido en aquella época, hubiese ido para los que consideraban que primero había que ganar la guerra antes de hacer la revolución. También me interesaba que el anarquista explicase lo que es el anarquismo, pues evidentemente, en Suiza es una teoría poco conocida; el anarquismo es probablemente lo más opuesto al espíritu suizo.

—¿Cómo acogieron los comunistas su película?

—La gente del aparato del partido, los estalinistas, se pusieron furiosos al ver que los poumistas intervenían en la película y daban su punto de vista sobre los acontecimientos de junio del 37 en Barcelona y, sobre la desaparición de Andrés Nin. La prensa del partido hizo campaña contra mi película sobre esa base, cosa que me pareció lamentable. En cambio, todos aquellos que a lo largo de los años han ido siendo expulsados del P.C. aceptaron que se evocase la liquidación arbitraria del POUM. En general, todo el mundo olvidó de hacer una crítica que hoy personalmente yo haría, y es que falta en la película el punto de vista global del Frente Popular; cosa importante, pues la solidaridad, a nivel popular, hacia la República, en Europa, iba más que a tal o cual partido, a lo que el Frente Popular representaba en su globalidad, un poco como respecto a Chile nuestra solidaridad fue hacia la Unidad Popular más que a tal partido en particular.

—¿Qué actividades políticas tienen hoy los ex-brigadistas suizos?

—Los ex-brigadistas han constituido una asociación, y se reúnen varias veces por año; organizan reuniones de conmemoración, pero todos no van; los menos aceptados son, como siempre, algunos anarquistas y, sobre todo, los poumistas, ninguno de éstos va.

Desde hacía años, su asociación solicitaba un permiso a la municipalidad de Zurich para colocar una placa grabada a la memoria de los compañeros caídos durante la guerra civil; siempre se lo habían negado. Después de que mi película fuese difundida por televisión, le concedieron el permiso sin ningún problema, porque una corriente de simpatía se había creado hacia ellos en el país. Para ellos, esa placa era importante, pues como habían sido condenados a penas de cárcel después de su regreso, eso tenía, como la película, un carácter de rehabilitación pública. Se consideran por fin reconocidos por la colectividad y eso es importante.

— ¿Qué interés político puede tener su película en la Suiza de hoy?

—Recientemente, uno de esos antiguos brigadistas, que ahora es anticuario, vino a visitar España, y estuvo en los alrededores de la Ciudad Universitaria y cerca del río Manzanares, donde había combatido durante meses. Allí se encontró con un estudiante madrileño que inmediatamente adivinó que se trataba de ex-brigadista y le dio un abrazo, hablaron un poco y luego el joven se despidió de él levantando el puño. Este encuentro, según me contaba, le emocionó mucho, porque le pareció que su lucha contra el fascismo no había sido inútil, y que los jóvenes españoles así lo consideraban. Ese reconocimiento mutuo es para mí ejemplar, y puedo decir que he realizado mi película con el deseo de establecer un lazo entre la juventud suiza de post-mayo 68 y los viejos militantes de la clase obrera. Pensé que era fundamental, para nuestra generación, saber que en los años treinta, había habido un grupo numeroso de suizos capaces de participar valerosamente a una guerra de resistencia en defensa de una idea del socialismo. He querido mostrar que en Suiza también hay una tradición de lucha, de combate contra el fascismo.
Archivo cinematográfico de la Guerra Civil Española

La «confrontation» de Perpignan que, con el título de «La guerre d'Espagne vue par le cinéma, vérités et mensonges», ha agrupado cerca de setenta obras. La necesidad de elaborar una documentación lo más completa posible sobre este tema, a partir de la filmo-bibliografía existente, se hace cada vez más precisa. Hemos clasificado los films en apartados específicos y en alguna ocasión hemos aclarado con una nota su identificación . Las abreviaturas corresponden: R, realización de. P. producción de. D. duración en minutos. FN. copia existente en la Filmoteca Nacional de Madrid. M. y B. Madrid o Barcelona y el año de producción.
http://www.sbhac.net/Republica/TextosIm/Suizos/Suizos.htm