2 de septiembre de 2009

El golpe de Casado y el final de la guerra


Fotografía de Cipriano Mera








Un grupo de anarquistas y socialistas se rebeló el 5 de marzo de 1939 contra el Gobierno de Negrín. Querían negociar la inminente derrota republicana. No les sirvió de nada, Franco no tuvo piedad con los vencidos

Hace 70 años se levantó el telón sobre el último acto de la Guerra Civil: el 5 de marzo de 1939 el coronel Segismundo Casado se rebeló en Madrid contra el Gobierno Negrín y creó un Consejo Nacional de Defensa (CND). Poco antes, también se había sublevado la base naval de Cartagena. La Flota huyó y cortó toda posibilidad de evacuación masiva. Casado, que llevaba semanas en estrecho contacto con los agentes de Franco, se había asegurado el concurso de numerosos mandos militares y de una variada gama de fuerzas políticas que iban desde los anarcosindicalistas a la Agrupación Socialista Madrileña, pasando por afiliados de los partidos de la izquierda burguesa. Madrid padecía hambre y privaciones. La victoria franquista, tras la caída de Cataluña, parecía inevitable. La resistencia, utópica. La consigna casadista, paz sin represalias, resultó irresistible. El Gobierno Negrín y la dirección del PCE tomaron el camino del exilio. En las tres semanas siguientes las negociaciones del CND no condujeron a nada. En el ínterin, una corta resistencia comunista en Madrid fue ahogada en sangre. La guerra terminó como había empezado: con la escisión del Ejército y la traición.



No había ninguna conspiración comunista. Negrín no actuaba al dictado del PCE

El triunfo franquista acabó con las conquistas de la clase obrera y la burguesía de izquierdas

Los acontecimientos de marzo de 1939 marcaron indeleblemente los debates del exilio. Dejaron en algunos una sensación de vergüenza, en otros, avivaron el rencor. Se generó una bibliografía testimonial de tono acusatorio o exculpatorio. Los constreñimientos ideológicos de la guerra fría aportaron lo suyo. Los mitos proliferaron. Sobresalieron cuatro, de los cuales tres los aprovechó al máximo la propaganda de los vencedores: Casado se había adelantado a un golpe comunista; éste contaba con la complicidad de Negrín para prolongar una resistencia estéril que sólo convenía a los dictados de una potencia extranjera (la Unión Soviética); fue una medida profiláctica y no una puñalada por la espalda. Habría que comprender, pues, a quienes se sacrificaron por la causa de la independencia de España: ante todo Casado, pero también el líder socialista moderado Julián Besteiro. Un cuarto mito pronto fue arrojado a la cuneta: el Gobierno Negrín no tenía respaldo constitucional tras la dimisión de Azaña de la Presidencia de la República y el reconocimiento del Gobierno de Franco, liderado por Francia y el Reino Unido. Esta construcción jurídico-política chocó en efecto con la creencia, muy enraizada entre los exiliados, de que las instituciones republicanas seguían subsistiendo.

La historiografía académica (Aróstegui, Bahamonde, Cervera, Graham, Preston) comenzó hace tiempo el derribo de los mitos que todavía alimentan cuidadosamente autores que pasan por autoridades. ¿Cabe hacer más? Sí. Hay que expandir la gama de fuentes primarias, coetáneas de los hechos y menos contaminadas ideológicamente que las reconstrucciones posteriores. Son las que permiten recuperar los entresijos de lo que sucedió y, por ende, apuntalar una historia que prescinde de mitos y, en lo posible, de prejuicios.

No hubo ninguna conspiración comunista. Las teleológicas interpretaciones de un amplio elenco de historiadores neo-franquistas deben echarse a la basura. Negrín no preparó nombramientos militares para poner lo que quedaba de Ejército Popular bajo control comunista. Tampoco actuaba al dictado del PCE. En contra de los muchos que siguen presentando al partido como una especie de Leviatán, más bien era un gigante con los pies de barro, autoencadenado de tiempo atrás a la batuta que manejaba Negrín. Su reacción ante el golpe casadista careció de la más mínima coordinación. En Madrid hubo un efímero contragolpe, mal diseñado y peor ejecutado. En Levante se mantuvo en un estado de movilización expectante. En el resto del territorio no se produjo la menor resistencia y el PCE se vino abajo como un castillo de naipes. En cuanto a influencias extranjeras, sí las hubo pero del lado francés y británico, en estrecha conexión con los agentes de Franco. Por su parte, ya antes del golpe casadista Stalin se había lavado las manos de la República, en parte porque no existían posibilidades de que resistiera y en parte, también, porque el Gobierno francés había entorpecido los flujos de suministro.

Hay que indagar en tres grupos de factores estructurales para explicar la gestación del golpe de Casado. Ante todo, en los conflictos intra-socialistas que se desarrollaron desde el comienzo de la guerra y durante la cual la última dirección (Ramón González Peña, Ramón Lamoneda) se superó para sostener el esfuerzo bélico y apoyar al Gobierno en pugna con la "izquierda socialista", de impronta caballerista. Después, en los celos e incompetencia del movimiento anarco-sindicalista, incapaz de subordinarse a la disciplina que imponía la contienda. Por último, en el sectarismo de la política comunista, imbuida -como ha dicho Graham- del deseo de defender un "republicanismo fundacional", pero de forma tal que condujo inevitablemente a su aislamiento.

A ello hay que añadir factores locales derivados de la evolución político-ideológica, relativamente autónoma, en Madrid tras el corte del territorio republicano en abril de 1938. Pocos meses después, anarquistas y socialistas "ensayaron la rebelión", por tomar prestada una expresión de Grass. Sin éxito. En marzo de 1939 pretendieron alcanzar un final de la guerra que les permitiese afrontar un futuro incierto en la mejor posición posible, preservar sus cuadros y ganar apoyos entre las potencias occidentales, en espera de que la configuración de un presunto y ensoñado orden europeo antibolchevique pusiera en valor sus esfuerzos por erradicar la influencia comunista en España. Mézclese todo ello con comportamientos personales, dilucidables sí, pero difíciles de contrastar. Casado en busca de gloria. Besteiro decidido a echar a la cuneta a Negrín. Mandos militares convencidos de que la resistencia era imposible pero que la rendición podría, quizá, salvarles. El pueblo llano, engañado.

El golpe casadista y el contragolpe que estalló en Madrid fueron, por lo demás, perfectamente evitables. Tras la tardía y un tanto egocéntrica dimisión de Azaña, el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, puso condiciones a Negrín para asumir interinamente la presidencia de la República con objeto de hacer la paz.

Ningún historiador neo-franquista ha demostrado que, tal y como ocurrió, Negrín y el Gobierno, incluido el vituperado PCE, las aceptaron. Casado, que interceptaba muchos de los radiogramas que emitía Negrín o que le llegaban, se enteró de la reacción el mismo 5 de marzo. Lo primero que hizo fue impedir que Martínez Barrio recibiera la respuesta. Tal y como había dicho a los agentes de Franco, Casado sabía perfectamente que los comunistas no representaban un peligro.

Los anarquistas y los socialistas antinegrinistas que apoyaron el golpe se equivocaron clamorosamente en el pronóstico de lo que iba a ocurrir. Pensaban en términos de la dictadura primorriverista y en un periodo de represión con posibilidad de posterior retorno a la superficie. Por el contrario, Negrín y los comunistas acertaron de pleno. El triunfo franquista no significaría una etapa breve de gobierno reaccionario ni una simple derrota parcial o pasajera. Sería el fin de todo lo que la clase obrera y la burguesía de izquierdas habían conquistado durante décadas así como el aplastamiento de las libertades. La errática reacción comunista demostró, sin embargo, que el PCE carecía de un plan para salir de la guerra.

Más tarde, esta historia complicada, de dobles y triples juegos, de espías y traiciones, se embelleció con un estéril debate sobre las posibilidades de resistencia. Negrín sabía que no existían pero de ahí a tirar la toalla como hizo el CDN había un gran salto. Uno de sus errores estribó en no prestar mayor atención a la situación de la Flota, como se le había recomendado insistentemente. Tras el golpe de Casado vendría no el tiempo de las cerezas sino el de las represalias. Como nunca se habían conocido en la historia de España. ¡Ah! y la mitografía subsiguiente. Todavía subsiste, con alguno de sus representantes que vocea su posesión de la única verdad. Llega el tiempo de la desmitografía.
El País. Ángel Viñas y Fernando Hernández Sánchez

Monarquía, República y lucha de clases








Cuando en 1931 se proclamó la II República, y las capas populares la celebraban en las calles, el Partido la enfrentaba frontalmente: abajo la república burguesa. Esa era su consigna. El Partido, izquierdista, no era capaz de valorar el enorme avance democrático que suponía la caída de la monarquía y las expectativas que abría la República.

Era, aquella, una República burguesa, pero su llegada suponía un marco en el que poder desarrollar las luchas populares y elevar la conciencia de la clase trabajadora, que bajo la monarquía no podría desarrollar su proyecto para emanciparse.

Hoy, la monarquía representa, simboliza, la unidad del Estado Español y, plasmada en la Constitución del 78, es garantía del capital. La monarquía aparece en la cúspide de un sistema en el que la burguesía es la clase dominante.

Por ello, la lucha por la República tiene una doble vertiente. Por un lado, la lucha republicana en sí, por otro, la lucha contra la monarquía. No basta, pues, con ser republicanos, en la medida en que somos revolucionarios y no es cuestión de cambiar al monarca por un jefe de estado con legitimidad democrática: es necesario enfrentar la monarquía y todo aquello que representa.

Es cierto, naturalmente, que la República será sólo un avance táctico de la clase trabajadora dentro de su marco estratégico en la lucha por el poder. Sabemos, claro, que la República no será el fin de la crisis, ni la llegada de medidas sociales: que la República, de por sí, no solucionará ni aliviará la situación de la clase trabajadora. Y no sólo por otras repúblicas que podemos observar hoy, sino porque así nos lo enseña nuestra propia experiencia histórica.

Apuntado esto, ¿por qué luchamos por la República? República, como hemos señalado, no sólo para enfrentar la institución monárquica, sino el sistema que sustenta. República para romper la impuesta unidad del Estado Español, para que los pueblos, libres, puedan elegir qué relaciones quieren mantener, si las quieren mantener, con el resto de pueblos con los que hoy comparten el Estado. República porque bajo la monarquía nunca podrán los pueblos decidir sobre su futuro.

República como avance hacia el socialismo, porque si los pueblos no serán libres bajo la monarquía, la clase trabajadora tampoco podrá emanciparse. República, entonces, para abrir un marco democrático que permita a la clase trabajadora disputar el poder a la burguesía.

Como en los años que precedieron a la II República, hoy la III República supone un elemento a conquistar por las capas populares. Sin izquierdismos: sabiendo de su importancia y el avance que supone aunque no sea la conquista del poder; y, también, sin elementos reformistas: utilizándola como un instrumento al servicio de las capas populares y no contentándonos con la lucha por la República de una forma abstracta.
Es por ello que la República es uno de los ejes fundamentales de la lucha de clases en el Estado Español. Naturalmente, con la consigna de socialismo y autodeterminación, como propuesta a la clase trabajadora y los pueblos del Estado Español, dándole de esta forma un contenido de clase y elevando la conciencia de las capas populares.

Diego Farpón en Kaos en la Red

Hugo Chávez y los medios de comunicación privados













La Comisión Nacional de Telecomunicaciones de Venezuela emprendió la recuperación y redistribución de las frecuencias hertzianas ilegalmente utilizadas por los medios de prensa pertenecientes a un reducido grupo de familias adineradas. La oligarquía venezolana denunció inmediatamente esa decisión como una supuesta «violación de la libertad de prensa», acusación que contó con el apoyo de los oligarcas occidentales, expresado a través de los medios de su propiedad y –por supuesto– de Reporteros Sin Fronteras, perro guardián siempre dispuesto a actuar a favor de la sumisión de la prensa a los intereses de Washington.


El 2 de agosto de 2009, Reporteros Sin Fronteras (RSF) publicó un comunicado denunciando el cierre de «treinta y cuatro medios audiovisuales sacrificados por capricho gubernamental» en Venezuela. La organización parisina «protesta con vigor contra el cierre masivo de medios audiovisuales privados» y pregunta: « ¿Acaso todavía está prohibido emitir públicamente la menor crítica hacia el gobierno bolivariano? Este cierre masivo de medios de oposición, peligrosa para el porvenir de debate democrático, sólo obedece a la voluntad gubernamental de callar las voces discrepantes, y sólo agravará las divisiones en el seno de la sociedad venezolana»

RSF se refiere a la decisión que tomó la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) el 1 de agosto de retirar la frecuencia a treinta y cuatro emisoras de radio y televisión. Según RSF, sólo el hecho de que estos medios se hayan mostrado críticos con el gobierno de Hugo Chávez motivaría la decisión. En una palabra, se trataría de un acto político para acallar la prensa de oposición. La gran mayoría de los medios occidentales ha transmitido esta versión



Ahora bien, la realidad es otra que RSF y las multinacionales de la información han ocultado cuidadosamente con el objetivo de engañar a la opinión pública y presentar al gobierno más democrático de América Latina (Hugo Chávez se ha sometido a quince procesos electorales desde que accedió al poder en 1998 y ha salido victorioso de catorce en escrutinios celebrados por el conjunto de la comunidad internacional por su transparencia) como un régimen que atenta gravemente contra la libertad de expresión.

En efecto, la decisión de la Conatel se habría tomado en cualquier país del mundo en una situación similar. Varias radios ignoraron deliberadamente una citación de la Comisión destinada a averiguar el estado de la concesión y a actualizar su situación. Después de una investigación, la Conatel descubrió numerosas irregularidades, tales como la existencia de concesionarios fallecidos cuya licencia era utilizada por una tercera persona, la no renovación de los trámites administrativos obligatorios, o simplemente la ausencia de autorización para emitir. Ahora bien, la ley venezolana, similar a las del resto del mundo, estipula que los medios que no renueven su concesión en el plazo legal o emitan sin autorización perderán su frecuencia y ésta volverá al ámbito público. Así, treinta y cuatro emisoras que emitían ilegalmente perdieron su concesión

En realidad, la decisión de la Conatel, lejos de limitar la libertad de expresión, ha puesto fin a una situación ilegal y ha abierto una política de democratización del espectro radioeléctrico venezolano con el fin de entregarlo al servicio de la colectividad. En efecto, en Venezuela, el 80% de las radios y televisiones pertenecen al ámbito privado, mientras que sólo el 9% de ellas son públicas, siendo el resto para los sectores asociativo y comunitario. Además, el conjunto de los medios privados venezolanos está concentrado en manos de 32 familias

Así, RSF y los medios occidentales han manipulado totalmente una medida de rutina de la Conatel para poner fin a una situación ilegal.

RSF ha elegido su campo defendiendo a ultranza a la oposición venezolana, responsable de un golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002, golpe que la organización parisina avaló inmediatamente. RSF defiende particularmente al canal golpista Globovisión , al que considera como el símbolo de la libertad de expresión en Venezuela [5]. No obstante, omite señalar que además de su participación activa en el golpe de 2002, Globovisión apoyó el sabotaje petrolero ese año, lanzó un llamado a los contribuyentes para que no pagaran sus impuestos y llamó a la insurrección y al asesinato del Presidente Chávez

Últimamente, Globovisión brindó su apoyo a la junta golpista de Honduras que derrocó al Presidente democráticamente elegido José Manuel Zelaya, unánimemente condenada por la comunidad internacional. El propietario del canal, Guillermo Zuloaga Núñez, reconoció al gobierno ilegal de Micheletti, lanzando al mismo tiempo un llamado al golpe de Estado en Venezuela: « El gobierno usurpador de Micheletti está ajustado a la Constitución, y nosotros quisiéramos, nos encantaría que aquí en Venezuela se respetara la Constitución como se está respetando en Honduras»

RSF no defiende la libertad de expresión en Venezuela. Prefiere ponerse al lado de los enemigos de la democracia.

Salim Lamrani en Voltaire.org