12 de septiembre de 2009

Espionaje y Guerra Civil en la frontera del Bidasoa (1936-1939)






Pedro Barruso Barés


La extensión del conflicto español de 1936 fuera de nuestras fronteras es algo que ha ocupado numerosas páginas en la historiografía dedicada al conflicto y que, todavía hoy, sigue siendo objeto de estudio. Buena prueba de ello son los libros recientemente publicados, entre los que destaca el del profesor Aceña, analizando la ayuda tanto alemana como soviética a los contendientes de la Guerra Civil. Sin embargo hay una parte de la Guerra, y más concretamente de su vertiente exterior, que nos es más desconocida. Nos referimos a las cuestiones relacionadas con la actividad de los servicios secretos de los contendientes. Este es un tema que he tratado ampliamente en mi estudio El Frente Silencioso (Alegía, 2001) y en diversos artículos publicados en revistas científicas. Sin embargo la propia naturaleza de los hechos estudiados (actividades clandestinas) y de los protagonistas de los mismos (agentes encubiertos) hace que el tema sea susceptible de análisis y revisión a la luz de nuevas fuentes que vayan siendo puestas a disposición de los investigadores. Me refiero, fundamentalmente, a los archivos de los servicios secretos franceses e italianos en primer lugar, aunque tampoco debemos descartar que en los archivos alemanes y de la antigua Unión Soviética puedan aparecer sorpresas, si bien el acceso a esta documentación se presenta como más complicado. Por tanto, en estas líneas, me voy a exponer las líneas maestras de los temas tratados en mi estudio sobre el espionaje durante la Guerra Civil en la frontera del Bidasoa y unas reflexiones sobre la actividad de los mismos a lo largo de conflicto.

Los servicios franquistas
Cronológicamente los primeros en aparecer en la costa vasco francesa fueron los agentes franquistas. Estos contaban con la colaboración de carlistas y monárquicos exiliados que residían, desde 1931, en localidades como San Juan de Luz o Biarritz desde las cuales conspiraban abiertamente contra la República. Fruto de esta actividad fue que a los pocos días de dar comienzo la guerra ya funcionada un servicio de información en la villa "Nacho Enea" de San Juan de Luz. Esta, inicialmente dirigida por elementos carlistas, pronto entró en contacto con monárquicos y miembros de la "Lliga" de Fransec Cambó, quien aportó gran parte del capital necesario para poner en marcha los servicios de información de los sublevados y a los que se unieron diplomáticos, como el ex embajador de España en Francia –Quiñones de León- o el consejero de la Embajada en Estados Unidos Luis Martínez de Irujo. Por su parte los militares, a instancias del general Mola, establecieron contacto con los anteriores y completaron la organización de espionaje que fue dirigida, desde la Comandancia de Irún, por el comandante Julián Troncoso.

Los servicios secretos de los rebeldes centraron su actuación en varios frentes. El primero de ellos fue interceptar el tráfico marítimo entre los puertos vascos y el Sudoeste de Francia. Fruto de esta actuación fue el apresamiento de buques como el "Galerna", en el que viajaba el sacerdote nacionalista "Aitzol" que fue fusilado en Hernani en octubre de 1936 al igual que ocurrió con la mayor parte del pasaje del citado barco. Un segundo objetivo fue el apoderarse, o sabotear, el mayor número de barcos al servicio de la República. Como consecuencia del fallido asalto a uno de ellos, el submarino C2 en el puerto de Brest, Troncoso fue destituido y reorganizado en servicio secreto al servicio de los Franquistas.

Los servicios secretos republicanos
Por su parte los republicanos se vieron sorprendidos por el comienzo de la Guerra Civil y obligados a improvisar un servicio de inteligencia que contrarrestase las actividades de los franquistas. A diferencia de éstos, que optaron por un servicio centralizado y dotado de una cadena de mando jerarquizada, los defensores de la legalidad republicana crearon una serie de redes de agentes en las que toman parte personas de la más diversas procedencia. La primera de ellas será la que dirigió el pintor Luis Quintanilla, amigo personal de Luis Araquistain, y que es quien le encargó que se hiciera cargo de los servicios secretos en el sur de Francia. Sin embargo la detención de una agente de la red, y las diferencias entre los integrantes de la misma, hacen que Quintanilla abandone y se exilie en Estados Unidos. Sin embargo la labor llevada a cabo por Quintanilla propició el mayor éxito de los servicios republicanos, al conseguir el desmantelamiento de "La Grande Frégate", sede del espionaje franquista en Biarritz. Sin embargo la escasa implicación de las autoridades francesas –y la filtración a la prensa del plan contra los agentes enemigos- limitó el éxito de la operación.

La reordenación de los servicios secretos republicanos, al frente de los cuales se sitúo el recientemente fallecido Anselmo Carretero, coincidió con la creación del Servicio Especial del Consulado de Hendaya dirigido por el irunés Anastasio Blanco. Este, en realidad agente encubierto del SIM de Prieto, logró reorganizar el servicio secreto republicano en el sudoeste a la vez que logró, en gran parte, neutralizar las actuaciones de los comandos de la Comandancia de Irún. Sin embargo, al igual que ocurrió en el caso de anterior, las diferencias internas de los republicanos limitaron en gran parte las posibilidades del Servicio Especial.

La guerra secreta en el Sudoeste: un balance
El balance que se puede ofrecer de la actividad de los servicios secretos en el Sudoeste es, como se puede suponer, desigual. A la mayor organización y preparación de los sublevados respondieron los republicanos con entusiasmo y un gran despliegue de personas, pero, el resultado no fue el mismo. Mientras los esfuerzos de los sublevados se centraban en el control de la frontera y del tráfico marítimo entre el norte republicano y los puertos franceses –algo que lograron- los republicanos se deben limitar a tratar de organizar actuaciones encaminadas a desarticular las redes de agentes franquistas que operaban en Francia. La escasez de medios y las vacilaciones a la hora de llevar a cabo acciones determinantes, muchas veces frenadas por las autoridades francesas, impide que los republicanos lograran más éxitos.

La actitud de Francia debe ser considerada de manera más detallada. El miedo a un posible golpe de corte comunista provoca en el país vecino una proliferación de organizaciones ultraderechistas como los "Croix de Feu", que colaboraron activamente con los sublevados. Las autoridades francesas, a su vez, tampoco ven con buenos ojos la actividad de los agentes republicanos, por lo que optan por infiltrar las redes establecidas en Francia por los defensores de la República. Sin embargo, el principal interés de los servicios secretos franceses era el control de los agentes alemanes e italianos que actuaban en Francia. Los primeros, con una sólida organización, colaboran abiertamente con los agentes franquistas pero su actuación se limita a la colaboración y el apoyo técnico. Por el contrario los agentes italianos de la OVRA se muestran más audaces y colaboran – o cometen ellos mismos- varios atentados en suelo francés. Los italianos centran su atención preferentemente en la frontera oriental, pero su implicación resulta decisiva a la hora del cambio de actitud de los agentes franquistas. Éstos pasan a llevar a cabo acciones más audaces (bomba en el tren de Hendaya, sabotajes a barcos mercantes que se dirigían a la España republicana...) dentro de un plan italiano de desestabilización de la República Francesa.

Los republicanos, por su parte, no son capaces de superar sus diferencias internas. Pese a que la creación del Servicio de Información Diplomática (SIDE) de Carretero y del Servicio Especial da un balón de oxígeno a éstos, cuando se descubre que Blanco es un agente del SIM todo el espionaje en el Sudoeste se derrumba. Las filtraciones de antiguos integrantes de la red de Quintanilla ponen al descubierto a toda la organización de Blanco que es prácticamente desmantelada. Los postreros esfuerzos, en la recta final de la contienda, para reorganizar los servicios de información desde los consulados que permanecen en manos de los republicanos se saldan con un fracaso y con el fin de la actuación de los agentes al servicio de la República en la frontera del Bidasoa.


Falleció el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque






Con profundo dolor, la Dirección del Partido y del Estado comunica a nuestro pueblo que el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, miembro del Buró Político y Vicepresidente del Consejo de Estado, falleció en esta capital a las 11:30 de la noche de ayer 11 de septiembre, como consecuencia de un paro cardio-respiratorio.

El compañero Almeida nació en la capital del país, el 17 de febrero de 1927. En medio de las privaciones de un hogar humilde y numeroso, con sus padres como guía se formó en los más altos valores patrióticos y aprendió en la misma vida que la lucha es el único camino de los pobres para conquistar sus derechos escamoteados.

Con profundo dolor, la Dirección del Partido y del Estado comunica a nuestro pueblo que el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, miembro del Buró Político y Vicepresidente del Consejo de Estado, falleció en esta capital a las 11:30 de la noche de ayer 11 de septiembre, como consecuencia de un paro cardio-respiratorio.

El compañero Almeida nació en la capital del país, el 17 de febrero de 1927. En medio de las privaciones de un hogar humilde y numeroso, con sus padres como guía se formó en los más altos valores patrióticos y aprendió en la misma vida que la lucha es el único camino de los pobres para conquistar sus derechos escamoteados.

Tan pronto se produjo el golpe de Estado en 1952, se sumó a la lucha contra la tiranía vinculándose con el compañero Fidel. Era un obrero albañil hasta el asalto al cuartel Moncada en 1953, y el segundo de doce hermanos que ayudó al padre a mantener a su numerosa familia.

En los 57 años transcurridos desde entonces, el Comandante Almeida estuvo siempre en la primera línea de combate junto al Jefe de la Revolución, valiente, decidido y fiel hasta las últimas consecuencias.

Fue la actitud invariable del asaltante del Moncada, del prisionero político en Isla de Pinos, del revolucionario exiliado en México, del expedicionario del Granma, donde fue uno de los tres jefes de pelotones; del oficial en los días fundadores del Ejército Rebelde, que recibió dos heridas en el combate de El Uvero; del Comandante del Tercer Frente Guerrillero, y del jefe militar y dirigente revolucionario con numerosas y elevadas responsabilidades, luego del triunfo del Primero de Enero de 1959.

Integró el Buró Político del Comité Central del Partido desde su fundación en 1965, responsabilidad en que fue ratificado en todos sus Congresos. Resultó electo Diputado a la Asamblea Nacional y Vicepresidente del Consejo de Estado, desde la primera legislatura de nuestro Parlamento.

Su especial sensibilidad humana y artística hizo posible el difícil reto de simultanear su intensa, responsable y fecunda labor como dirigente revolucionario, con una valiosa y prolija obra artística, la cual incluye más de 300 canciones y una docena de libros que constituyen un invaluable aporte al conocimiento de nuestra historia.

Asumió con particular amor y entrega la tarea de presidir la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. Consagró sus últimas energías a garantizar que la organización fuera un sólido y efectivo baluarte de la Patria.

El nombre del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque permanecerá por siempre en el corazón y la mente de sus compatriotas, como paradigma de firmeza revolucionaria, sólidas convicciones, valentía, patriotismo y compromiso con el pueblo.

Por sus muchos y relevantes méritos recibió múltiples condecoraciones y órdenes nacionales e internacionales, entre los que destaca el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Máximo Gómez de primer grado, otorgados el 27 de febrero de 1998, en ocasión del aniversario 40 de su ascenso a Comandante en la Sierra Maestra.

Atendiendo a su voluntad, los restos mortales del compañero Juan Almeida Bosque no serán expuestos. Serán inhumados con honores militares, en fecha que se anunciará posteriormente, en el Mausoleo del III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, del que fue fundador y su único jefe, donde reposan los restos de los heroicos combatientes de ese aguerrido Frente.

El domingo 13, entre las 8 de la mañana y las 8 de la noche en que será decretado Duelo Oficial, nuestro pueblo podrá rendir homenaje de reconocimiento y cariño a su memoria en el Memorial José Martí de esta capital que fue su cuna, y en el Salón de los Vitrales, en la base del monumento a Antonio Maceo de Santiago de Cuba —ciudad heroica a la cual amó entrañablemente, donde combatió a las fuerzas de la tiranía y posteriormente trabajó al frente del Partido, como Delegado del Buró Político en la antigua provincia de Oriente—, así como en las capitales de todas las provincias, incluyendo la Isla de la Juventud donde guardó prisión, tras el asalto al cuartel Moncada.

BURÓ POLÍTICO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Arranca en un pueblo de Burgos la exhumación de un chico de 25 años fusilado en 1936







"Por esta hermosa cárcel, sigue todo tranquilo..."

Salomón Ortega tenía 24 años cuando fue fusilado y por su cabeza no pasaba la idea de la muerte. Al menos, eso es lo que se desprende de la última carta que escribió a su familia, desde la prisión de Burgos, el 12 de septiembre de 1936, tres días antes de ser ejecutado con otros dos compañeros. Su sobrino, del mismo nombre, lo busca desde hace mucho tiempo. Reunidos todos los permisos y un equipo de más de 15 voluntarios, espera poder encontrarlo hoy en una fosa común en el término de El Picón de Valdeabejas, en Rabaneda (Burgos).

Lo habían detenido el 31 de julio de 1936 con otros dos compañeros, que lo fueron hasta la muerte: Leopoldo Velasco y Victoriano Sanz. Ocurrió en Hontoria del Pinar, un municipio de Burgos que en aquellas fechas se comportó como los demás, con ejecuciones, paseos y vecinos que aprovechaban la coyuntura para resolver insignificantes rencillas con falsas denuncias que terminaban en ejecución. Salomón ni si quiera vivía en aquel pueblo. Estudiaba en Madrid, y el día en que fue detenido estaba de visita, ayudando a su padre, secretario del ayuntamiento de Hontoria del Pinar.



Su última carta no es la de un hombre con temor a morir asesinado. Quizá sí sean las últimas líneas de un joven valiente que no quiere que los suyos lloren antes de tiempo. Es una carta que habla de futuro en la que un hombre con todo el tiempo del mundo se detiene a hablar de las cosas más cotidianas, como pedirles a sus hermanos, que le guarden jamón para cuando vuelva.

Salomón les advierte de que en la última carta que le han escrito han cometido faltas de ortografía: "salud se escribe con d al final y a la Aurorita le dices que olvida se escribe con v, que está mejor, procura arreglar un poco la letra y serás un "tio" sabiendo escribir..."

Les informa de que no podrá llevarles regalos: "querido, te has pensado que estoy ahora en América o poco menos. No hijo no, ahora estoy en la cárcel y no sé si para cuando me suelten tendré alguna perra disponible para llevarte algo..."

Se preocupa por su madre: "¿está contenta?, que no llore y dile que ya será cosa de poco tiempo, que pronto la daré muchos besos..."

Y por el comportamiento de "Juanito": "que se porte bien, que me supongo será ya un hombre formal ¿no? Y sobre todo, que te enseñe a escribir a máquina..."

Intenta tranquilizarles: "Por esta hermosa cárcel todo sigue tranquilo y sin nada digno de mención, los compañeros de Hontoria y yo seguimos estupendamente y con una salud formidable; a sus familiares les dais recuerdos, como a todos los vecinos".

Y se despide con un deseo: "a ver si para San Cosme, nos podemos gastar juntos las 17 pts que me mandáis ahora" y "un fuerte abrazo de vuestro hermano que os quiere y no os olvida nunca".

A ese hombre buscan hoy en la tierra de Ramaneda su sobrino y un grupo de voluntarios coordinados por el experto forense Francisco Etxeberria.

El pais

Memoria del teniente Ignacio Alonso








Su nieta Beatriz Alonso López reivindica las circunstancias de su muerte trágica cuando defendía el edificio de la Telefónica, el 18 de julio de 1936, frente a las tropas del general Queipo de LlanoMÁS de 70 años después del alzamiento militar del 18 de julio de 1936 en Sevilla, ciudad en la que se consagró el Golpe de Estado contra la II República el 15 de agosto siguiente con el cambio de banderas en el balcón principal del Ayuntamiento, siguen surgiendo documentos que modifican parte de las circunstancias vividas en aquella jornada trágica. A veces son sensibles matices humanos dignos de valorarse, como en el caso del teniente de la Guardia de Asalto Ignacio Alonso Alonso. Para su nieta, Beatriz Alonso López, muy sensibilizada, y otros familiares, ha sido de capital trascendencia conocer y aclarar que su abuelo no murió como relatan las crónicas del 18 de julio de 1936, y ha dedicado muchas horas a lograr, primero, encontrar un certificado médico y, después, que los autores aceptemos modificar la versión primitiva. Son los casos de Francisco Espinosa Maestre (Sevilla, 1936, sublevación…, 1990), Juan Ortiz Villalba (Sevilla, 1936, del golpe militar a la guerra civil, 1998), José María García Márquez (Obra en preparación) y nosotros (Morir en Sevilla, 1986).

Ignacio Alonso Alonso (Merindad de Río Ubierna, Burgos, 30 de julio de 1891-Sevilla, 18 de julio de 1936), ingresó en la Guardia de Asalto creada por la II República procedente del Cuerpo de Caballería, y en Sevilla, durante los meses del Frente Popular, fue muy conocido por su protagonismo pro republicano, junto a su jefe, el comandante José Loureiro Sellés, procedente del Cuerpo de Artillería, y otros compañeros de la Guardia de Asalto, como los capitanes Manuel Patiño, Justo Pérez y José Álvarez, todos ellos fusilados poco después del 18 de julio.

Todos los testimonios escritos y orales sobre lo ocurrido en la Telefónica indicaban que el defensor del edificio que manejaba una ametralladora, el teniente Alonso, murió descabezado por una lasca del dintel del balcón principal, por efectos del primer cañonazo de la guerra civil. Pero su nieta Beatriz encontró entre los papeles familiares un documento que descarta tan horrible muerte. Un certificado fechado el 15 de septiembre de 1939, firmado por Luis Iglesias Ruiz, comandante médico jefe de los Servicios del Grupo Hospitales Militares de Sevilla, dice que la muerte se produjo por herida de arma de fuego en el ojo izquierdo.

En las fotografías vemos al teniente Alonso y su mujer, Francisca Herrera Simón, con la que contrajo matrimonio en Burgos en 1918, y con la que tuvo cuatro hijos, Aurelio, Alonso, Bernardo e Ignacio, el menor, que no está en la imagen. La viuda sufrió las circunstancias adversas de los vencidos y jamás transmitió a sus hijos resentimientos, manteniendo un doloroso silencio en su abnegada lucha por sacar adelante su familia.

Una circunstancia curiosa se produjo poco después del asalto a la Telefónica en el asalto al Hotel Inglaterra. También un disparo de cañón hizo impacto en el dintel de la puerta principal, como puede apreciarse en la fotografía captada por Gelán (Fototeca Municipal), y una de las lascas producidas por la bala mató a un mozo calefactor del hotel, José Costa Domínguez. En este caso la lasca cortó la garganta del empleado.

La imagen del edificio de la Telefónica muestra la fachada principal, escenario de la “batalla de la Plaza Nueva”. En el balcón central de la primera planta es donde se encontraban el teniente Alonso y dos guardias de Asalto más, uno de los cuales pudo ser el que murió descabezado, pues su cuerpo fue así recogido al anochecer junto al de otras víctimas del enfrentamiento.
Diario de Sevilla