14 de septiembre de 2009

Evo Morales "convierte" a España en una República



El presidente boliviano dijo antes de su visita al rey: «En la cena con el canciller de la República de España, el señor Moratinos…»

Apenas tres horas antes de ser recibido por el rey Juan Carlos en su primera visita como presidente de Bolivia a España, Evo Morales sufrió un lapsus léxico en Madrid.

Ante un nutrido grupo de empresarios, políticos y periodistas, Evo Morales abrió su segunda jornada en España refiriéndose a nuestro país como "República".

«En la cena con el canciller de la República de España, el señor Moratinos…», dijo Morales en un foro económico para sorpresa de los presentes, al recordar una conversación mantenida el domingo con el jefe de la diplomacia española.

Ese "lapsus" se produjo tan sólo un par de horas antes del recibimiento oficial, poco después del mediodía, por parte de los reyes Juan Carlos y Sofía. Además, esta noche está previsto que el presidente del país andino comparta mesa con ellos en la cena.


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¡SALVAD A LOS NIÑOS REPUBLICANOS!







La guerra civil española, como cualquier otra contienda bélica, fue escenario de innumerables episodios crueles y dramáticos entre los que asoman historias de solidaridad que traspasan fronteras.

En el tramo final de la contienda, en la que el avance de los ejércitos de Franco era evidente, numerosas personas fueron evacuadas de las zonas republicanas hacia otros países, entre ellos Francia. En noviembre de 1938 finaliza la cruenta batalla del Ebro, en la que las tropas franquistas resultan vencedoras y comienzan el avance hacia Cataluña. El 15 de enero de 1939 toman Tarragona, el 26 de enero Barcelona, el 4 de febrero Girona y el 10 de febrero llegan a la frontera francesa de Port Bou. La toma de Barcelona supone el inicio del exilio para millares de familias republicanas. Unos 400.000 civiles ancianos mujeres y niños, así como militares se fueron concentrando en la frontera con Francia huyendo del ejército de Franco, ante la negativa de paso de las autoridades francesas. La noche del 27 de enero autorizaron el paso a mujeres y niños, 3 días más tarde a los heridos y finalmente a todos. Según el informe Lavalière, entre el 28 de enero y el 12 de febrero de 1939, 470.000 personas cruzaron las fronteras francesas de Cataluña.



Esta avalancha humana no había sido prevista por el gobierno francés, que no tiene preparado ningún dispositivo para atender a todas las personas desplazadas. Apresuradamente, puso en marcha el Plan de Barrage, que movilizó 79 batallones de la Garde Republicaine Mobile, 6 compañías de Gendarmes y 15 regimientos del ejército, muchos de ellos con tropas coloniales, para sellar la frontera controlar y agrupar a los recién llegados. Las tropas francesas hacían marchar en formación a los exiliados, sin distinciones ni consideraciones. “Allez! Allez! Vite!” (¡rápido! ¡rápido!) era la cantinela que dominaba la marcha. La opinión pública francesa y sus dirigentes políticos consideraban a los exiliados republicanos como indeseables, consintiendo la construcción de diferentes campos de concentración, eufemísticamente llamados “Centres d’Accueil” (Centros de Acogida), en Gurs, Rivesaltes, Argelers, Barcares, Sant Cebriá, etc. que inicialmente sólo contaban con la alambrada perimetral.

Especialmente duros eran los campos de Barcarés, en el que concentraron 80.000 personas y Argelers, 100.000 personas, por su carencia de servicio y el trato inhumano de las tropas coloniales francesas. El campo de concentración de Argelers situado en la playa, estaba constituido por una alambrada de 3 km. de largo por 500 metros de ancho en la misma orilla del mar. Cuando entró en funcionamiento, no había ningún edificio, ni servicio e incluso no había agua potable en todo el campo, y dónde el mar servía tanto de letrina como de punto de aseo. Donde un viento de tramontana azotaba sin piedad y llenaba todo de arena y obliga a desenterrar los parapetos hechos con ramas y mantas en los que tenían que dormir. Fueron los propios prisioneros, quienes tuvieron que construir sus barracones directamente sobre la arena, insultados, vejados y maltratados por los soldados franceses venidos de Somalia, mayoritariamente negros y musulmanes, que viéndose por primera vez en su vida en situación de superioridad ante personas de raza blanca realizaron todo tipo de abusos y tropelías.

Los testimonios de las personas que estuvieron allí son desgarradores: “Al norte alambradas, al sur alambradas, al oeste alambradas. Aún nos queda el mar”; “Hace frío, hace viento ¡qué no llueva! Los techos hechos de manta dejan pasar el agua enseguida, y mientras la lluvia dure se temblará y castañetearán los dientes”. Las condiciones eran tan lamentables que enterraban a las personas enfermas y a los bebés en la arena con un vano intento de mantenerlos calientes.
La carencia de alimentos era tal que la desnutrición infantil y el raquitismo era lo habitual entre los menores “Mandaba el hambre y los gendarmes franceses traían pan y lo tiraban en la arena delimitada por los alambres. La gente se peleaba por un trozo de pan, mientras los senegaleses se reían de aquellas escenas tan sórdidas”; “No teníamos comida y cuando repartían algo era pan duro y bacalao seco que no se podía comer de tan salado. No teníamos agua potable y, cuando de vez en cuando venía un camión de agua no teníamos con qué recogerla. “Pasar hambre es horrible, pero tener sed es aún peor”. La tasa de mortalidad infantil que superaba el 95 %, propiciado por la falta de medidas higiénicas que facilitaban la propagación de la disentería. Por eso, en aquellas circunstancias, incluso la enfermedad más banal podía significar la muerte. La desesperación llegaba a límites insospechados. “En el campo había una madre que no tenía leche, y el niño lloraba de hambre día y noche. Cuando se agotaba de tanto llorar, se dormía, y ella le protegía con su cuerpo. Las mantas estaban todas mojadas de aquellos días tan duros de febrero. Cuando salía el sol, la madre enterraba al bebé en la arena para que ésta le sirviera de abrigo. Pero al cabo de unos días, el niño murió de hambre y frío. Yo estaba embarazada, y sólo de pensar que mi hijo nacería en aquel infierno, me desesperaba”; “el niño de dos meses se debilitaba poco a poco, la madre no tenia suficiente leche y la tramontana, la conjuntivitis, la sarna, los piojos, etc. se iban acumulando. Las autoridades del campo hacían oídos sordos ante las reclamaciones de la madre para conseguir agua potable con la que preparar biberones. Los padres se desesperaban al ser testigos de la muerte lenta de su bebé sin hacer nada. “En el último día de vida de aquel niño, la miliciana, consciente de las pocas horas que le quedaban a su hijo, lo bañó en el mar con todo el amor de una madre. Una ola más y el sufrimiento del bebé terminó”.

Ante este panorama desolador, y la total inoperancia de las autoridades francesas, sociedades de socorro extranjeras comenzaron a prestar auxilios dentro de los campos, especialmente a los niños. Para entender esto, conviene recordar que antes de que aparecieran los primeros sistemas de protección social, que tienen su primer antecedente en la Alemania de Bismarck, que en 1883 pone en funcionamiento el primer sistema de protección, especialmente en el siglo XIX, la atención de las necesidades sanitarias y sociales se organiza bajo diversas formas de beneficencia, se crean las “Juntas auxiliares de Damas de Barrio”, o se fundan las “Damas de los pobres”, para ejercer el auxilio domiciliario. También aparecen asociaciones entre cuyos fines estaba realizar labores de beneficencia, como “La Fraternal”, “El Pensamiento Humanitario” o la “La Protectora”. Es en esa fecha cuando comienza a aparecer las primeras “Sociedades de socorros mutuos” que se situaban entre el aseguramiento privado y la filantropía. Entre las mismas se pueden citar a la “Sociedad Humanitaria de Salvamento de Náufragos”, la “Sociedad de Socorros mutuos artesanos”. Con ese mismo espíritu nace en los Países Bajos, tras la primera guerra mundial la “Asociación de Ayuda a los Niños en Guerra”, con una clara vocación pacifista, cuyo objetivo era crear bases de solidaridad entre los pueblos que impidiera guerras futuras. Esta asociación llega a España durante la guerra civil, estableciendo inicialmente su cuartel general en Burjassot (Valencia), atendiendo a la población de Madrid, Valencia y Cataluña, tras el rechazo de Franco de la ayuda ofrecida. Esta asociación pone en marcha comedores infantiles, reparte alimentos, realiza evacuaciones de niños y pone en marcha un sistema de apadrinamiento para los niños atendidos, que resultó pionero. De esta forma llegan a España voluntarios noruegos, holandeses, suecos y suizos, que posteriormente se desplazarán a los campos de concentración para proseguir con su labor humanitaria.

De ese modo, entre otras asociaciones, la Sección de Socorro a los Niños de la Cruz Roja Suiza seguía ayudando a los niños encerrados en los campos. Proporcionaba diariamente un litro de leche para cada lactante, y daba a los otros niños leche por la mañana y una merienda a base de mermelada o queso por la tarde. Estas meriendas se repartían también cada día a las madres lactantes. Cuando un niño caía enfermo, se le trasladaba al Hospital General del Campo. Si aún era lactante, se permitía a la madre quedarse junto a él. En caso contrario, la madre no podía verlo más que los días de visita, es decir, dos veces por semana, por la tarde. Por otra parte, cuando los niños estaban bien, las madres necesitaban un permiso para sacar a sus bebés a tomar el sol entre las alambradas. La Cruz Roja Suiza estaba perfectamente organizada: se proporcionaba diariamente a los lactantes de hasta un año un litro de leche; a los de uno a tres años, una buena ración para dos comidas de arroz o bledine; a los de tres a seis años, arroz solamente; y a los de seis a catorce años, leche y arroz o puré. El reparto se realizaba desde la sede Central de Auxilios a los Niños, sita en la calle de Tarn, número 71 (Toulouse).

En medio de este horror, aparecen Elisabeth Eidenbenz y la Maternidad de Elna, una de esas pequeñas historias que abren un pequeño hueco a la esperanza, y en la que se consiguieron salvar 597 niños.
Elisabeth Eidenbenz, nació en Zürich el 12 de junio de 1913, maestra de profesión, con 23 años formaba parte de los movimientos sociales suizos y entra a formar parte de la Asociación de Ayuda a los Niños en Guerra. Junto con otros voluntarios llega a Valencia en abril de 1937. Trabajaban con un modelo de apadrinamiento, mediante el que familias suizas aportaban dinero para el mantenimiento de sus ahijados en la zona republicana. En 1939, forma parte de la avalancha que cruza la frontera francesa y es internada en diferentes campos de refugiados: d'Argelès, de Rivesaltes, de Barcarès o de Saint Cyprien. Allí, en esos campos abarrotados, insalubres y sin medios comienza a buscar por los campos a los niños apadrinados. Como hemos visto, las condiciones eran pésimas El hospital más cercano estaba saturado y la administración priorizaba a heridos y enfermos en lugar de las mujeres embarazadas. El índice de mortalidad infantil se situaba en un 95% entre los recién nacidos, que llegaban al mundo en las caballerizas de Hares, cerca de Perpiñán. Los bebes introducidos en cajas de cartón eran devueltos junto a sus madres a los campos de concentración.

Ante tal situación y debido a la no intervención de la asistencia social francesa con los refugiados españoles, deciden abrir un edificio para atender tanto a las parturientas como a los niños recién nacidos y que Elisabeth Eidenbenz se haga cargo de la maternidad. Al principio, organizó el servicio en una casa en Brullá. Como ella misma refiere, era joven, era la primera vez que actuaba como responsable de un servicio, era maestra y nunca había visto un parto. En esa casa nacen 18 niños, y enseguida ve que es muy pequeña para el fin que se perseguía. Pide a la Central de Suiza 30.000 francos suizos para adquirir una residencia campestre abandonada, pero bien conservada, el Palacete de Bardou, en Elna (Perpiñan). La Central acepta, se repara y acondiciona mínimamente la casa, que consta de tres plantas, un amplio jardín, terreno con árboles frutales y un pequeño corral. Dan a cada habitación un nombre: Barcelona, Valencia, Zaragoza, Santander, Bilbao, Canigo. El paritorio es Marruecos y el nido en el que están los recién nacidos Madrid. Elisabeth gestiona con el Prefecto de Perpiñan todos los permisos y el 7 de diciembre de 1939 nace el primer niño, Pepito.
La atención en la Maternidad de Elna se basaba en los siguientes principios:
· recuperación psicológica
· higiene
· alimentación
· atención personalizada
· atención sanitaria profesional
· respeto a todas las creencias e ideologías
· ayuda a la reintegración social

La recuperación psicológica de las madres tenía una importancia especial. A un trato especialmente cariñoso, se unía la participación en las tareas de la maternidad como medida para recuperar la autoestima y la autonomía, y el espíritu alegre que predominaba en la casa, en el que cualquier acontecimiento era una excusa para hacer una celebración: “¿Quién podía ser capaz de planear todo aquello, cada detalle, la comida, las guirnaldas, digno de unas reinas, para nosotras, que no teníamos nada que ofrecer a cambio?”.

También la música, ese maravilloso lenguaje universal que debería ser fuente de comunicación entre todas las personas como define Pau Casals, constituyó uno de los elementos utilizados para esa recuperación psicológica. Elisabeth decía que la música, discos de gramófono o al piano, de Bach, Mozart, Haynd, Schubert, etc. tranquilizaba a los niños, y como lenguaje universal facilitaba la comunicación y acercamiento a las mujeres embarazadas que acudían a la maternidad, destrozadas física y sobretodo psíquicamente. Elisabeth inundaba la casa de música y les cantaba a las madres y a sus hijos, muy de cerca, porque entendía que si alguien te canta todos los días, hay alguien que todos los días se preocupa por ti. “Si tienes alguien que te cante todos los días a la oreja tienes que reaccionar”. También promovía que se cantara, especialmente canciones típicas, porque se facilita la comunicación, la integración en el grupo, la externalización de sentimientos y se mantiene la identidad, tan importante para las mujeres del exilio: “A veces podemos aligerar el dolor, simplemente tarareando una canción”.
Es decir, utilizaba la musicoterapia, entendida como “el empleo de la música con fines terapéuticos, por lo general psicológicos. (Diccionario RAE) “, tanto pasiva (escuchar) como activa (cantar). Si consideramos que las primeras aplicaciones científicas de la musicoterapia no se producen hasta 1917, y no se extiende hasta 1940, se puede apreciar el carácter excepcional e innovador de Elisabeth.

Conocidos los problemas de salubridad de los campos, la higiene era un aspecto fundamental en la maternidad de Elna. “Era un paraíso. No había arena como en el campo, teníamos camas, agua abundante, jabón para lavarnos…”. El aseo y el baño era diario, toda la ropa se lavaba y planchaba frecuentemente, todo estaba organizado y ordenado, con horarios muy estrictos. “La casa era preciosa y estaba muy limpia. En la entrada había unas mesas, donde unas mujeres doblaban la ropita de los niños y las sábanas”.

La alimentación era uno de los pilares básicos, y se organizaba con una dieta personalizada que comenzaba unos dos meses antes de llegar a la maternidad en algunos barracones en los campos. Era una dieta rica en fruta, verdura, y sobre todo, leche, para paliar las deficiencias de alimentación previa. Si algún lactante lo necesitaba, disponían de suplementos de leche en polvo, procedente de Suiza. “¡Eso si que era una cena! Verduras, carne, fruta fresca y leche en abundancia”.
Cada una de las mujeres recibía una atención personalizada, especialmente para la salida de la maternidad: “Cada lunes, la Señorita Elisabeth distribuía los servicios de la semana entre las refugiadas que podían asumirlos”.

La asistencia sanitaria era profesional, prestada por 3 enfermeras enviadas por la escuela suiza de enfermería que se cambiaban cada 6 meses y una matrona. También contaban con el apoyo del Pediatra de Perpignan y con los médicos de los campos. “Después de comer llegaron nuevas mujeres embarazadas y dos madres con hijitos que acababan de nacer. Uno de ellos sólo pesaba 1,7 kilos, y aún así logró sobrevivir sin incubadora”; “Todos lo niños se pusieron enfermos, con fiebres muy altas. Durante una semana tuvieron vómitos y empezaron a perder peso. Elisabeth trajo un pediatra de Perpiñan que visitó uno por uno a todos los bebés. Con los medicamentos adecuados, al cabo de unos días se curaron todos. En el campo no habrían superado aquella epidemia”.

También se respetaban todas las ideologías y creencias religiosas “La higiene era perfecta; la comida adecuada y abundante; el respeto a las creencias religiosas absoluto. Se bautizaba a los niños cuyas madres lo pedían expresamente; pero no existía ninguna presión a este respecto. Y por otra parte, nada de rezos colectivos ni de catequesis impertinentes” y se promovía la reintegración social por todos los medios posibles: “Elisabeth nos informó que había pactado con las autoridades del campo que nos instalarían en un barracón más confortable”; “La señorita Elisabeth me ayudó a conseguir papeles para mí y para el niño”; “La señorita Elisabeth pudo arreglarle la salida y conseguirle un visado para coger un barco hacia México”.
Tras un año de actividad quedó claro que se precisaban más fondos para subsistir. Se recupera entonces el sistema de apadrinamientos, se aceptan ayudas de particulares (como el del músico Pau Casals “…Los pequeños donativos que envío a sus asiladas no tienen otro objeto que el de demostrar mi simpatía y comprensión hacia ellas en momentos tan trascendentales de maternidad. Mis desconocidas compatriotas no dan la impresión de insuficiencia de atención, antes al contrario de profunda gratitud por todos los cuidados que perciben de su loable Institución. Estoy seguro que, como Usted dice muy bien, desde luego “se sabe aprovechar el dinero para una causa buena” y es por esto que continuaré, dentro de mis posibilidades, mis modestas aportaciones contando con su bondadosa comprensión…”), y finalmente la asociación se fusiona con la Cruz Roja en enero de 1942. En 1940 nacen 145 bebés en la maternidad; en 1941, 218. Se atienden, de media, 20 partos mensuales. “Y no, no había médicos; alguna vez contamos con algún doctor, pero no llegó a funcionar. Nuestras matronas eran muy experimentadas”, Todo lo hacían ellas, mujeres solas en un mundo en guerra, mujeres que luchaban hace décadas por la igualdad de género, por la no violencia, por la educación, por la libertad.

Para el avituallamiento del centro 4 utilizan los corredores sanitarios de la Cruz Roja Internacional. Así les llega la leche condensada y en polvo, el chocolate, los quesos, las conservas, la harina para lactantes, el azúcar, el arroz. Y los utensilios necesarios, de biberones a medicinas. El material textil procede de colectas. Una asociación noruega aporta una máquina de coser. La escuela de enfermería suiza manda dos o tres profesionales cada seis meses.
Pero las dificultades verdaderas estaban por llegar. Tras ser invadida Francia por Alemania en noviembre de 1942, Eidenbenz, fue muy hostigada por los nazis y detenida por la GESTAPO, por acoger en su maternidad a parturientas judías y gitanas. Elisabeth falsificaba el registro e inscribía a sus hijos con nombres españoles para ocultárselos al nazismo, con riesgo para su libertad y su vida. Ella no se rendía jamás, y cuando los gendarmes venían a por una madre, se cuadraba y les gritaba: ‘¡Esto es Suiza!”. Los nazis cerraron la maternidad de Elna en abril de 1944.
En ese oasis para la esperanza, en Elna, entre 1939 y 1944 nacieron un total de 597 niños, la mayoría hijos de exiliadas españolas. De esos 597 bebés 197 judíos y gitanos.
Su extraordinaria labor humanitaria fue reconocida el año 2002 con la máxima condecoración que entrega el Estado de Israel a quienes salvaron vidas de judíos arriesgando la propia, la “Medalla de los Justos Entre las Naciones”. En dicha condecoración está escrito el siguiente pasaje del Talmud: "Aquel que salva una vida, es como si hubiera salvado al mundo entero". Además, su nombre figura inscrito en piedra en el Muro de Honor del Museo Yad Vashem. Ese mismo año recibió también el reconocimiento del Gobierno Francés. En 2006 recibió la Orden Civil de Solidaridad Social y la Generalitat de Catalunya le otorgó la Creu de Sant Jordi.
Elizabeth Eidenbenz tiene ahora 96 años y vive junto a los bosques de Viena y recuerda que “todos, las enfermeras, las madres, los miembros de mi asociación y de otras, todos lo hicimos posible en ese tiempo tan difícil, entre una guerra reciente en España y una segunda aún más dura en Europa”. Asumpta Montellà con su libro “La maternitat de Elna. Bressol dels exiliats” tiene el mérito y el orgullo de haber sido quien ha recuperado esta ejemplar historia.
http://enfeps.blogspot.com/

Asociación de Aviadores de la República( A.D.A.R.)








A.D.A.R.

Al finalizar la Guerra Civil, todos los miembros de la Aviación de la República comenzaron un largo calvario. Los que quedaron en España vieron incoados procesos "judiciales" que alargaron aún más su confinamiento en campos de concentración y cárceles, para encontrarse a su salida con la obligación, en muchos casos, de volver a realizar el servicio militar en compañías "disciplinarias o especiales". Además de eso, a muchos de ellos se les vetaban los puestos de la administración y no se les reconocían sus títulos académicos. Se encontraban desamparados en la dura posguerra, en unión de sus compañeras para mantener a sus familias. Valientes mujeres de la Gloriosa que compartieron y sufrieron también la prisión, el exilio, los trabajos forzados o simplemente su viudedad. Desde aquí nuestro respeto a las más grandes heroínas, nuestros apoyos, nuestros sustentos, nuestras amadas.....



La invasión Nazi de 1941 los sumerge de nuevo en la guerra, esta vez mundial, y los republicanos españoles se ofrecieron a Moscú para luchar contra los nazis. Llegaba la hora de hacer pagar a las infames fuerzas hitlerianas sus crímenes deleznables contra la República. Son incorporados a la NKVD en unidades especiales de guerrilleros y posteriormente en la VVS (Fuerza Aérea soviética) donde combaten hasta el final de Guerra.

La mayoría de los aviadores huidos de España buscan refugio con sus familias durante la Guerra en el norte de Africa, donde sufrieron distintas penalidades. Acabada la II Guerra Mundial, la mayoría de los supervivientes se agrupa en torno a París y Toulouse, arropando al Gobierno Republicano en el exilio, que trasladó ahí su sede desde México. En 1952 se crea la Liga de Antiguos Aviadores de la República Española (LAARE), que prestó su apoyo, al igual que otras asociaciones, para que nuestros compatriotas rehicieran su vida en el exilio. En 1974 comienza a publicar el boletín informativo Alas Plegadas.

Otro numeroso grupo de aviadores consiguió embarcarse desde el norte de Africa hacia América, en su mayor parte a México, cuyo presidente, Lázaro Cárdenas, abrió los brazos junto al pueblo mexicano, a los exiliados republicanos, que se integran perfectamente en todos los escalones de la sociedad azteca, lo que permite la pervivencia de la camaradería entre los aviadores españoles, que culmina con la creación en los años 50 de la potente Asociación de Aviadores Republicanos Españoles (AARE), que publicaba un boletín del mismo nombre. Desde México, la AARE se propuso entrar en contacto con todos los miembros de la aviación republicana desperdigados por Europa, Africa, la URSS y, fundamentalmente, España. Los socios de AARE establecen una amplia correspondencia con LARE y los residentes en Europa, Africa, el resto de América y la URSS, estos últimos volvían poco a poco a España y se adherían a las diferentes delegaciones nacionales.

A partir de los 70, en España se gesta, a raíz de una serie de comidas de confraternidad en Valencia, Madrid y Benidorm, en las que también participan algunos aviadores "mexicanos", la Asociación de Aviadores de la República (ADAR), que se organiza en cuatro delegaciones: Centro-Noroeste-Canarias, con sede en Madrid y que publica el Boletín Icaro; Catalana-Norte-Balear, de Barcelona, con su Boletín Alas Gloriosas; Levante (Valencia) y Delegación Sudeste (Murcia) que aportaban noticias a los boletines mensuales de las delegaciones anteriores.



Con la llegada de la democracia a España, ADAR centra sus esfuerzos en la rehabilitación profesional y la obtención de las correspondientes graduaciones militares de los aviadores republicanos, lo cual se consigue en 1984.

A partir de los 90, por ley de vida, las delegaciones comienzan a mermar. Tanto la AARE como la agrupación de aviadores de la URSS dejan de ser operativas ya que muchos de sus miembros habían fallecido o bien habían vuelto, por fin, a España, donde, al mismo tiempo, la Asamblea General de ADAR votaba a favor de la aceptación de personas que, sin ser aviadores o familiares directos de ellos, habían mostrado interés o clara simpatía por la historia aeronáutica nacional, aportando sangre nueva a las delegaciones. En 2003 se disuelven las delegaciones de Levante y Sudeste, cuyos socios se incorporan a la Catalana- Norte-Balear y Centro.

La refundición trae consigo la compilación de una ingente cantidad de material bibliográfico, gráfico y escrito que sirvió como base a la creación de un archivo con todas las fuentes documentales, orales y escritas, que nuestros socios quisieran aportar, siendo esta página web el destino público de este material, al alcance de quien lo desee.

Así se conserva para la posteridad, para las generaciones futuras, los historiadores y la aeronáutica nacional española la actuación de los Aviadores de la República, llena de honor y sufrimiento. La historia de unos hombres y mujeres que amaron su patria y a sus compatriotas, sus derechos y sus libertades mas allá de lo imaginable, hasta su último suspiro, hasta la última gota de su sangre.

Libro: Comunistas sin partido




Jesús Hernández Tomás (1907-1971) fue uno de los máximos dirigentes del Partido Comunista de España: militante de primera hora, hombre de acción en los turbulentos años 20,encarcelado varias veces por su militancia en las juventudes comunistas, miembro de los más altos órganos de dirección, ministro de Instrucción Pública en los gobiernos de guerra de Largo Caballero y Negrín, funcionario de la Internacional Comunista y miembro de su aparato secreto.

Exiliado en la Unión Soviética tras la Guerra Civil, intentó organizar el Partido para la lucha contra el franquismo. Fue enviado a México, bajo el control del KGB, para contactar con las organizaciones republicanas del exilio. Candidato para sustituir a José Díaz en la secretaría general del PCE, fue derrotado por Dolores Ibárruri; entre ellos surgieron diferencias personales y políticas insalvables, y Jesús Hernández acabó siendo expulsado del Partido en 1944. En 1953 publicó en México un libro donde sintetizaba sus diferencias con la cúpula del PCE –Yo fui un ministro de Stalin –, que fue utilizado por el franquismo para desprestigiar a los comunistas en la guerra de España.

Este libro analiza la figura de Jesús Hernández y describe por vez primera, utilizando documentos recientemente desclasificados, la pugna que se desarrolló dentro del Partido tras la Guerra Civil, primero en el escenario de la Segunda Guerra Mundial y, a continuación, en el de la llamada Guerra Fría.
Libreria El sueño igualitario

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LOS AMIGOS DE LA "RED COMÉTE" HOMENAJEAN A LA FAMILIA IRIARTE EN EL CASERIO SAROBE





Sonriente, Paco Iriarte, el actual propietario del caserío oiartzuarra situado en el barrio de Ergoien, recibió ayer el homenaje de la Asociación de Montaña Urdaburu y la Asociación de Amigos de la Red Comète . Ideada por la resistencia belga, esta estructura permitió evacuar a 800 aviadores abatidos por el ejército alemán entre 1941 y 1944.

El caserío Sarobe era el último refugio del recorrido a pie antes de llegar a Errenteria, tras atravesar la muga con Iparralde vigilada por la Guardia Civil. Iriarte era un niño cuando sus tíos Francisco y Manuel Iriarte ofrecían su hogar como lugar de descanso para los aviadores y los miembros de la red. Uno de ellos fue el mugalari hernaniarra Florentino Goikoetxea, enterrado en Ziburu (Lapurdi) junto a Kattalin Aguirre, otra pieza clave de la resistencia.

De ahí partió el viernes la tradicional marcha que recuerda los avatares de los miembros de esta red y sus rescatados aviadores. Alguno de ellos todavía sigue hoy con vida y no duda en participar en esta ruta. Más aún, las ikastolas Axular y Zurriola de Donostia recibirán hoy la visita de uno de ellos que les contará, de primera mano, las vivencias de entonces.
Después de dos días de marcha y tras atravesar el río Bidasoa, igual que lo hacían los mugalaris junto con los aviadores, los amigos de la red llegaron ayer al caserío Sarobe, donde este año, además de dar buena cuenta del tradicional ágape, quisieron homenajear a una de las familias que contribuyó a salvar a centenares de vidas con su apoyo, encarnada en la figura de Paco Iriarte y su mujer. Además de la placa, recibieron un cuadro con el logotipo de la red y el apoyo de todos los reunidos ante el hogar al que llegó Dedée, la joven belga de 24 años que fundó y coordinó la red.

(Noticias de Gipuzkoa. 14 / 09 / 09)

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Los laicos redoblan su batalla judicial contra el crucifijo











Las demandas contra los símbolos religiosos en la esfera pública llegan hasta el Constitucional

La batalla del laicismo contra los símbolos religiosos en la esfera pública se dirime ante la Justicia. El conflicto ha llegado ahora al Tribunal Constitucional, cuya Sala Segunda debatirá en los próximos meses si posee encaje en la Carta Magna que una asociación de afiliación obligatoria tenga una virgen como patrona.

El Constitucional admitió en junio la demanda del letrado José Antonio Bosch, que pretende que el Colegio de Abogados de Sevilla, como corporación pública de derecho, renuncie al patronazgo de la Inmaculada Concepción.

Este caso se suma a varios más que, desde 2007, han ido desembocando en los Tribunales Superiores de Justicia (TSJ) autonómicos. Los individuos o asociaciones laicas demandantes apelan al artículo 14.1 de la Constitución, que señala que no puede "prevalecer discriminación por razón de religión", y al 16.3, que establece que "ninguna confesión tendrá carácter estatal".

El camino judicial hasta los TSJ suele estar plagado de reveses para los demandantes. A falta de un criterio unificado, prevalece el argumento de que la tradición y la historia justifican una vinculación especial de las Administraciones Públicas con el catolicismo.

El caso del colegio público Macías Picavea, en Valladolid, constituye una excepción. Los crucifijos fueron retirados del centro en abril en aplicación de una sentencia del Juzgado Contencioso número 2. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCL) debe decidir ahora sobre el recurso presentado contra esta sentencia por la Junta, gobernada por el Partido Popular.



Hay más frentes abiertos a la espera de fallo. Los TSJ de Andalucía y Madrid estudian desde noviembre de 2007 las demandas presentadas por dos guardias civiles que reclaman la retirada de la imagen de la Virgen del Pilar, patrona del cuerpo, del cuartel de Almodóvar del Río (Córdoba).

Padres católicos ya han dicho que irán a los tribunales si se quitan crucifijos

La asociación Alternativa Laica también se topó con la inadmisión de los juzgados de su recurso contra la renovación del dogma de fe de la Inmaculada por parte del alcalde de Toledo, el socialista Emilio Pérez-Lage. La asociación acudió el mes pasado al TSJ de Castilla-La Mancha.

Nueva ley
Estos procesos judiciales se arbitran en paralelo a la elaboración, por parte del Ministerio de Justicia, de una ley que prevé la supresión de los símbolos religiosos de los edificios públicos.

Es seguro que la norma no liquidará el conflicto. La Federación Española de Centros Católicos y la Federación Andaluza de Enseñanza Privada ya han anunciado que acudirán a los tribunales si se retiran los crucifijos de las aulas.

Publico