15 de septiembre de 2009

LA MEMORIA HISTÓRICA: La “matanza” de Badajoz (1936)…


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La Batalla de Badajoz desarrollada en esta ciudad del oeste de España, en la frontera con Portugal, durante la jornada del 14 de agosto de 1936, resultó en una de las victorias que se consideran de mayor trascendencia durante la Guerra Civil Española del bando sublevado contra el Gobierno de la II República, conocido popularmente como bando «nacional», ya que permitió la comunicación entre las áreas de su control del norte y sur, a la vez que aisló definitivamente del país vecino, el territorio controlado por el Gobierno republicano.

Tras la batalla, se desencadenó uno de los episodios más controvertidos de represión y asesinatos de toda la guerra.

Situación estratégica
En el verano de 1936, unos 10.000 soldados de tropas regulares del Ejército de África fueron transportados en puentes aéreos alemanes e italianos al sur de España superando el Estrecho de Gibraltar. El bando sublevado se reunió en Sevilla y el 1 de agosto el general Franco ordenó dirigirse hacia el norte para enlazar con las fuerzas del general Mola.

Dirigidos por el coronel Asensio y el comandante Castejón, el bando nacional se dirigió hacia el norte con un destacamento motorizado, parándose para bombardear y capturar poblaciones fronterizas. El 10 de agosto, el teniente coronel Yagüe llegó para coger el mando cerca de Mérida, el bando sublevado había asegurado 300 km de la frontera con Portugal. Mérida cayó tras una dura lucha en las orillas del Guadiana, dejando a la vecina Badajoz la última posición de la República en la frontera y aislada. Yagüe marchó hacia Badajoz con 2.250 legionarios, 750 regulares marroquíes, y cinco baterías, dejando al comandante Tella atrás para mantener Mérida.

Dentro de la ciudad-fortaleza, el coronel Puigdendolas dirigía a unos 6.000 milicianos republicanos. Cuando el ejército sublevado se acercaba, un grupo de guardias civiles intentó desertar al bando sublevado. Puigdendolas aplastó la revuelta, pero minó la confianza de sus hombres.

La batalla
El avance desde el sur de tropas procedentes de África proporcionó a los militares rebeldes la posibilidad de dejar, en la primera quincena de agosto, sus huellas en Almendralejo, Mérida, Zafra y otras localidades; según el dirigente socialista Julián Zugazagoitia, los sublevados decían que con sus asesinatos “daban a los campesinos la reforma agraria, proporcionándoles un pedazo de tierra sin renta y para siempre”.

El bando sublevado lanzó su ataque en la tarde del 14 de agosto, tras bombardear la ciudad durante la mayor parte del día. Una unidad de la Legión, cantando y gritando, asaltó la Puerta de la Trinidad. Una resistencia resuelta de las ametralladoras y tiradores republicanos frenó el asalto, triturando varias oleadas de tropas nacionales.

Ignorando sus bajas, los legionarios continuaron avanzando. Una carga conducida por carros blindados ganó la puerta y los nacionales superaron a los defensores, corriendo hacia la brecha y llegando al combate cuerpo a cuerpo. Pese a que posteriores leyendas hablen de pérdidas entre los asaltantes de hasta 250 muertos, los historiadores franquistas redujeron esas pérdidas, sabiendo hoy día que el total de bajas entre los asaltantes fue de 44 muertos y 141 heridos

En la parte sur unidades sublevadas asaltaron las murallas con menos dificultad. Los regulares de Tetuán se abrieron paso a través de la Puerta de Carros y los legionarios y marroquíes barrieron a los republicanos de los cuarteles. Una vez dentro, persiguieron a la milicia republicana, acuchillándoles en su camino al centro de la ciudad. La lucha callejera aún duraba pasada la medianoche.

Puigdendolas, mientras tanto, salió de la ciudad y huyó a Portugal.



Consecuencias
La caída de Badajoz separó de la República la región de Extremadura del norte de Huelva, que fue posteriormente acallado por el emergente estado del bando sublevado. Tras la batalla, Yagüe se dirigió al norte hacia Madrid y llegó al Tajo. Allí se enfrentó a fuerzas republicanas en batallas campales en las semanas siguientes.

La Batalla de Badajoz siguió patrones que continuaron el resto del verano: milicianos republicanos tomaban fortalezas medievales que salpicaban Castilla, sin poder parar ni retrasar el avance de las tropas profesionales de Franco. El ejército regular probó ser capaz de barrer defensas preparadas por fuerzas enemigas superiores, pero a menudo sufría asombrosas pérdidas de sus mejores tropas. A finales de año, una buena parte de la Legión moriría [cita requerida], a lo largo de una serie de ciudades amuralladas que se extendían desde Sevilla hasta las afueras de Madrid.


Plaza de Toros de Badajoz
La matanza de Badajoz
Tras la toma de la ciudad por las fuerzas sublevadas, estas llevaron a cabo una brutal represión entre los defensores de la ciudad, y perpetraron la masacre de Badajoz, asesinando a entre 1.800 y 4.000 personas (según versiones).

Estos asesinatos fueron llevados a cabo en distintos lugares de la ciudad, sobre todo en la plaza de toros en los días posteriores a la batalla, y tuvieron una gran trascendencia internacional debido a la presencia de periodistas de diversos medios en la ciudad.


Juan Yagüe Blanco, el carnicero de Badajoz.
Juan Yagüe Blanco, el carnicero de Badajoz. Antecedentes y consecuencias
No es de extrañar que los autores pro-franquistas, anti-republicanos o simplemente de derechas se hayan centrado en el “terror rojo” y hayan olvidado el “terror blanco” y de “fascismo agrario” que se decretó desde las alturas del mando. La simbiosis entre la mentalidad africanista y el odio acumulado de los latifundistas generó un clima absolutamente letal. De lo que se trataba era de dar un vuelco que permitiese volver a los tiempos felices anteriores a las malhadadas reformas republicanas. El golpe militar se reveló en Andalucía y en Extremadura en toda su crueldad y en su naturaleza más genuina. Se inició con baños de sangre tan pronto como explotó. Queipo de Llano y Juan Yagüe, en particular, promovieron acciones violentísimas. La documentación militar de la época dice que se trataba de “lograr no solamente el castigo de los culpables sino la ejemplaridad”, un didactismo por el terror que enterrase literalmente y de una vez por todas la aspiración de los campesinos sin tierras de colectivizar las grandes fincas improductivas: una auténtica contrarreforma agraria de espaldas al pueblo.

La Batalla de Badajoz tuvo cuatro consecuencias inmediatas: 1) promovió un pacto de sangre entre quienes perpetraron las atrocidades que la jalonaron: ya no había marcha atrás; 2) expandió el territorio que los sublevados controlaban, tras enlazar con el ocupado por Mola, y que ya cubría desde Galicia a Andalucía occidental; 3) afectó a la cohesión republicana; 4) estimuló la sed de venganza y muchos republicanos vieron en esto una legalización a sus propias acciones de represión.

Hay que referirse a la otra represión, la represión republicana, concretamente en el pueblo de Fuente de Cantos, entre los días 18 y 19 de julio de 1936, antes de que legionarios y moros hubieran llegado a Sevilla.

Tanto el historiador Francisco Espinosa (La columna de la muerte, 2001), como el ex alcalde socialista y hoy diputado provincial Cayetano Ibarra (La otra mitad de la historia que nos contaron, 2005), relatan estos hechos, especialmente Cayetano Ibarra, que escribe en el libro citado:

Localidades como Almendralejo, Azuaga, Burguillos del Cerro, Campanario, Campillo de Llerena, Quintana, etc., fueron escenarios de la represión republicana en los primeros momentos del alzamiento. Pero en ninguno de estos lugares, como en Fuente de Cantos, los hechos ocurridos como reacción de las izquierdas ante la sublevación militar, se producen de forma tan inmediata.

Los hechos a los que se refiere el texto fueron el encierro de 56 personas en una iglesia de Fuente de Cantos, y la quema posterior de ésta, entre el 18 y 19 de julio de 1936. Perecieron 12 personas, ocho de ellas quemadas. Según cuenta Cayetano Ibarra en este libro, las tropas franquistas, tras la toma del pueblo, matarían a unas 300 personas.

Esta operación se repitió en Almendralejo el 7 de agosto con los encerrados en la cárcel, de los que 28 fueron ejecutados, y en Badajoz, donde también se produjeron ejecuciones entre los partidarios del bando franquista.

fuente
Wikipedia

Escuela Republicana: "el saber nos hará libres"











Una de las puntas de lanza en la consolidación de la II Republica española fue la educación.

Hasta el advenimiento de la República la educación pública española estaba enormemente supeditada a los intereses de la escuela privada, en manos mayoritariamente de las órdenes religiosas, en definitiva, como legitimadora del poder y del orden social.

La enseñanza pública se limitaba a la enseñanza de "las cuatro reglas y leer y escribir y para inculcar en los alumnos las ideas de disciplina, jerarquía y autoridad, indispensables para hacerles aceptables su condición de individuos encuadrados en las clases subalternas".

La republica tenia claro que si la sociedad había sido injusta hasta ese momento era debido a una falta de cultura y de conocimientos en general de la mayor parte de la población.

Era necesario que la nueva sociedad que emergiera de la república tuviera sus cimientos en los conocimientos, la cultura, el saber. “El saber os hará libres” era el lema que mejor definía una educación, que basada en los métodos pedagógicos más modernos de la época, métodos como los impulsados por la pedagoga italiana Maria Montessori, tenían al alumno como protagonista de la escuela, la escuela mixta como medida para conseguir la emancipación y la igualdad de la mujer, un sistema educativo laico en el que se priorizaba, por encima de la adquisición de conocimientos, la formación de ciudadanos libres capaces de pensar por ellos mismos.




La República de los Maestros



La República emergía en un estado con unos recursos económicos muy limitados y con un índice de analfabetismo brutal.

Era imprescindible priorizar en que se invertían los escasos recursos económicos del estado, y la república lo tenía claro, la educación era prioritaria.

Había que aumentar el número de escuelas, claramente insuficiente en una sociedad que demográficamente aumentaba. Se proyecto un plan para la creación de 27.151 escuelas en 15 años a razón de 7.000 escuelas el primer año y 5.000 anuales a partir del segundo, estas escuelas se sumarían a las 30.000 existentes hasta el momento.

Una buena educación requería buenos profesionales, razón por la que se creó el Plan Profesional del Magisterio (1931) un plan de formación de profesores muy moderno que venía a sustituir al plan anterior de 1914, un sistema absolutamente obsoleto en que a los aspirantes a profesores no se les exigía ni tan siquiera el bachillerato.



La Nueva Escuela



La escuela se convirtió en centros donde se estimulaba a los alumnos a aprender desde la experimentación.

Había escuelas donde se ensayaban propuestas de autogestión entre el alumnado y colonias que funcionaban como repúblicas con constitución y todo.

Otro eslabón de la renovación pedagógica está en la democratización de le enseñanza y el aumento del número de inspectores dotándoles de una mayor independencia con la garantía de la inamovilidad y la reorientación de su misión para asesorar pedagógicamente a los maestros y eliminar su carácter meramente fiscalizador.





Guerra civil



El sistema educativo de la nueva escuela se mantuvo en la zona republicana, con todas las vicisitudes lógicas del contexto durante la guerra civil.

La llegada del Franquismo acabó, también con este sueño.

El sistema educativo pasó otra vez a regirse según los preceptos de la iglesia. Dónde se decía que los maestros debían ser más “santos que sabios”.

Se promulgó la normativa depuradora de los maestros. Según esta normativa todos los profesores quedaban excluidos del servicio. Eran estos los que debían pedir ser readmitidos en sus cargos y someterse para ellos a un expediente de depuración.

Fueron muchos los maestros que fueron apartados definitivamente de su vocación.



Otros fueron sometidos a un ostracismo brutal, con traslados a zonas apartadas de sus lugares de origen y de sus familias o sometidos a situaciones indignas, que en muchos casos acabaron en el abandono de la profesión e incluso en depresiones y suicidios.

Todo ello sin contar los que por su cargo o ideología fueron asesinados durante y después de la guerra civil.

En definitiva el sueño de una escuela moderna e innovadora que formara ciudadanos libres desapareció bajo el yugo franquista tras una vida breve, pero tan intensa, que dejó una importante huella en los alumnos que tuvieron la oportunidad de conocerla.
http://www.aperte.es/Monograficos/escuela.php

Spanien im Herzen (España en el corazón).







Memorias de un brigadista suizo

El Senado helvético se sumó el día 6 de Marzo de 2009 a la cámara baja y aprobó la rehabilitación de los voluntarios suizos que lucharon en el bando republicano durante la Guerra Civil española (1936-1939). Fueron cerca de 800 brigadistas, de los cuales cinco aún viven.
Para la mayoría de ellos la amnistía llega demasiado tarde. Por ejemplo para Hans Hutter, autor de uno de los relatos autobiográficos más detallados de este capítulo de la historia. Un retrato póstumo.
En septiembre de 1936, a los 23 años, el mecánico de coches Hans Hutter deja la villa de La Chaux-de-Fonds (cantón Neuchâtel) para trasladarse a Barcelona donde buscan mano de obra especializada. Su intención es trabajar para la renombrada empresa Hispano-Suiza, una de las más pujantes fábricas de automóviles.

Hablaba apenas castellano y lo poco que sabía de España lo había aprendido del novelista Vicente Blasco Ibáñez. Era un idealista antifascista que partió para "ofrecer su ayuda al gobierno democráticamente elegido" de la II República, escribe en su relato autobiográfico 'Spanien im Herzen' (España en el corazón).

Como el 85% de los brigadistas suizos, Hutter pertenecía a la clase obrera y era consciente de que en aquellos tiempos de paro masivo era difícil ascender socialmente.

"Sabía que no me quedaba otro remedio que vender mi fuerza laboral. No podía pedir mucho porque la armada de mano de obra barata era demasiado grande. Por eso quería ir a España. Esa República defendía la distribución justa de la riqueza, combatía los privilegios de la nobleza hereditaria y rural parasitaria, valoraba a las personas según su conducta, sus capacidades y sus valores intrínsecos, y luchaba por el humanitarismo y la igualdad." (Spanien im Herzen, 1996)

Idealismo humanitario


En dos decretos promulgados en agosto de 1936, el gobierno suizo había prohibido a sus ciudadanos ayudar a la II República española. Para no levantar sospechas, Hutter compró un billete de tren hasta Besançon (Francia) y consiguió entrar en España desde Portbou, con su pasaporte suizo, un carné de socio del Frente Antifascista y una carta de recomendación del Comité de Narbona. En Barcelona se alistó en la centuria de Thälmann.

"Ahora la vida tenía sentido. Veía claro por qué me había ido de mi patria. Por fin encontraría las palabras justas para explicar a mis allegados el motivo de mi ida. Era un esclavo y lo iba a ser el resto de mi vida. Sin un objetivo superior para el bien de la humanidad, mi futuro sólo consistiría en trabajar hasta la muerte. Quería luchar por un mundo justo, quería hacer algo mejor, algo bueno y útil para el progreso de toda la humanidad". (Spanien im Herzen, 1996)

Si la participación suiza en la Guerra Civil española está bien documentada es, en gran parte, gracias a la meticulosidad con la que Hutter anotó sus vivencias. Sus acotaciones y fotografías tienen un incalculable valor histórico .

Para salvar esos documentos, a su vuelta a Suiza en agosto de 1938, Hans Hutter bajó del tren en Morteau, última estación antes de la frontera franco-suiza, y facturó su maleta para que la expidieran a La Chaux-de-Fonds. "Sabía perfectamente que me iban a controlar en Suiza. Escondí el resguardo en el calcetín izquierdo." Dos policías le cachearon en Le Locle, pero Hutter consiguió volver a la capital relojera después de su condena y recuperar la maleta.

. Vocación de historiador


"Si hubiera tenido la oportunidad, sin duda hubiera estudiado historia", comenta André Hermann, coautor del libro 'Spanien im Herzen' y amigo de la familia. Conoció a Hutter en 1987 durante una ponencia sobre las relaciones culturales entre Suiza y España.

"Al día siguiente le llamé y esa misma tarde Hans empezó a enseñarme todo lo que había recopilado a lo largo de su vida". Hermann, lingüista y profesor de español oriundo de Glarus (Suiza central), tenía motivos personales que le llevaron a redactar las memorias de Hutter.

"Mi padre era alsaciano y fue reclutado por los alemanes a los 18 años. A los 20 estuvo ante las puertas de Moscú y desertó, pero a diferencia de Hans, mi padre nunca me contó nada de la guerra".

Hans Hutter viajó siempre que pudo a España para ver a sus amigos catalanes, visitar los lugares de combate y hacer pesquisas históricas. "A partir de los años 50, visitó las regiones de colonización helvética en Andalucía. Se fue de parroquia a parroquia, a los museos locales, y anotó toda la información sobre la antigua colonización suiza en la región", señala André Hermann.

La colonización helvética en España comenzó durante la Reconquista en el siglo XV y siguió en los siglos posteriores. Durante el reinado de Carlos III muchos confederados católicos de la Suiza Central emigraron a Andalucía, y en el siglo XIX cerca de mil suizos de Puschlav (cantón Grisones) se establecieron en España para fundar los famosos 'Cafés suizos'.

En Suiza... la condena


El 22 de junio de 1938, pocas semanas antes de su regreso a Suiza, el brigadista anota en su diario:

"La capital catalana sufría ahora más que Madrid en 1937... Mi partida es transitoria. Así como una bala fascista atravesó mi busto y una metralla nazi desgarró el pecho de mi hermano Max, así me abrió el corazón para siempre España y su maravilloso pueblo." (Spanien im Herzen, 1996)

Hutter fue condenado en Suiza por "alistamiento ilícito en un ejército extranjero" y por "inobservancia dolosa del servicio militar" a seis meses de prisión condicional, y privado durante dos años de sus derechos cívicos y políticos.

Los brigadistas sufrieron condenas mucho más duras que los suizos que se alistaron en la Legión Extranjera o los cerca de cuarenta compatriotas que lucharon en el bando franquista.

Proporcionalmente, la participación suiza en la Guerra Civil fue una de las más importantes. Los brigadistas helvéticos sufrieron las condena más severas, mientras que en Suecia, Bélgica, Holanda y Dinamarca los voluntarios recibieron apoyo del Estado para su reintegración social.

Junto con Irlanda, Suiza fue el primer país democrático en reconocer el régimen de Franco el 14 de febrero de 1939, antes de la capitulación de la República. Un hecho que Hutter critica contundentemente:

"Medio año después del golpe de los generales y dos años antes de la capitulación de la República, los embajadores suizos ya se arrastraron ante Franco. Mientras defendieron la mítica 'neutralidad' como argumento atávico para prohibir incluso a la Cruz Roja suiza ayudar a España, no les dio vergüenza a los ávidos buitres alpinos participar con fruición junto con Franco en el convite de funeral de la República. La Confederación ni siquiera se molestó en negociar el intercambio de prisioneros." (Spanien im Herzen, 1996)

"Tengo a España en el corazón"

Hans Hutter concluye su libro con una confesión entrañable:

"España es para mí la patria que dio sentido a mi vida y que me ayudó a conocer mejor a mi propio país. España y su gran pueblo me enseñaron que el respeto mutuo, la tolerancia y la solidaridad son los únicos métodos para que la humanidad sobreviva. Tengo a España en el corazón...". (Spanien im Herzen, 1996)

"España significaba mucho para Hans", comenta Nelly Hutter, su viuda. "La mitad de su corazón estaba allí. Me aflige que Hans no pudiera vivir este momento [la rehabilitación]. Pero luego pienso que a lo mejor lo ve desde el cielo".


Fuente:swissinfo.ch

Afganistán. La guerra y el opio






L´Humanite

Kabul. Se inyectan su dosis de heroína en un antiguo centro cultural soviético del barrio de Dehmazang, en Kabul. Sórdido. El edificio en ruinas albergaría hasta 500 enganchados. Es quizá unos de los aspectos menos mediáticos de la degradación de la situación en un Afganistán en guerra : el tráfico de droga explotó en 2001 pero también su consumo. Según un estudio de la Oficina de Naciones Unidas contra la droga y el crimen, sobre un millón de consumidores regulares de droga en el país de 25 millones de habitantes, se contarían 200.000 usuarios de opiáceos, de los que 50.000 serían de heroína. Siempre según la ONU, cerca del 93% del opio mundial se produce en Afganistán. El valor de la exportación ha sido estimado en 2.500 millones de euros en 2008, de los que una parte sirve para financiar a los talibanes. La provincia de Helmand, por ejemplo, la mayor del país, bastión de los insurgentes, produce ella sola cerca del 50% del opio. Pero el tráfico de droga nutre también la corrupción, incluidas las instituciones del Estado. La familia del presidente Hamid Karzai está desde hace tiempo señalada por acusaciones de tráfico de drogas. En julio, el semanario alemán “Stern” publicaba una información según la cual soldados británicos habrían decomisado, en territorio del hermanastro del presidente, varias toneladas de opio…

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Franco, sin misa en Los Caídos







El tradicional funeral en recuerdo de Franco que se viene celebrando en torno al 20-N en el Valle de los Caídos no volverá a celebrarse, según el abad de la basílica del Valle, el benedictino Anselmo Álvarez

Militares retirados rinden homenaje a Franco en el Valle de los Caídos en el 20º aniversario de su muerte.

ANSELMO Álvarez informa de la decisión de no celebrar más funerales en memoria de Franco en el Valle de los Caídos en un artículo publicado ayer en el diario ABC . En él, el monje benedictino explica que la abadía sólo oficiará exequias cada 3-N por los caídos en ambos bandos durante la Guerra Civil, y que "la memoria litúrgica" de los aniversarios de Franco y José Antonio, se efectuará durante la misa conventual del día 20 de noviembre.

El padre Anselmo, afirma en su artículo que "este lugar (el Valle) no parece pensado para apologías ni nostalgias: todas sus piedras hablan únicamente de la Cruz redentora y de Dios, juez de vivos y muertos. A Él oran los monjes cada día en cumplimiento de uno de los fines de la Asociación".

"Oran para que el sacrificio de esos caídos, unido al de Cristo, sirva para borrar las culpas de unos y otros. Oran por y con España entera para que la hostilidad de entonces se trueque en ansias de paz".

El abad dice también que "es en el Valle donde se viene reivindicando esa memoria de todos ante Dios desde mucho antes que se urgieran otros desagravios o reparaciones".

Y explica que "cada año (el día 20 de noviembre) los monjes celebran un funeral por todos los caídos, como culminación de esos sufragios diarios. Es un acto de exclusivo sentido religioso y abierto a todos".

"Nos proponemos -informa- que así siga siendo, aunque con alguna variación de fechas, que contribuya a preservar esa significación. Ya a partir de este año la fecha de dicho funeral se traslada al 3 de noviembre".

El abad se refiere también a la controversia en torno a la realidad actual del monumento y el uso de la basílica, y dice que "hasta estas alturas del Valle de Cuelgamuros ha estado llegando la resonancia de todos los acontecimientos vividos en estos años por nuestra nación, así como los juicios vertidos, en sentidos tan contrapuestos, sobre la significación de este lugar". "Precisamente, añade, es impresión general, entre los visitantes del Valle, la fuerte sensación de paz y sosiego que se experimenta en este rincón del Guadarrama... Si alguna vez llegara la hora de tener que lamentar decisiones irreparables, una de la más sensibles sería la liquidación de este entorno de cultura y humanismo espirituales".
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