11 de octubre de 2009

Editorial de El País: “Izquierda en crisis”

Sobresaltado por el titular “Izquierda en crisis”, me dispongo a leer el editorial de El País (1), y en dos segundos alcanzo a reconocer que no es “la izquierda”, sino “Los partidos socialdemócratas europeos (los que) pierden aceleradamente su relevancia política de antaño”. Como de costumbre, se trata de una retórica tan alejada de la realidad cuando El País habla de ideología política como el gobierno de impuestos o desarrollo sostenible. Y aunque en el texto se reconoce que la política económica (neoliberal) causante de la crisis no fue cuestionada ni corregida por el PSOE en los sus años de gobierno -ni aún lo es- en los cuales mostró una actitud meramente continuista, se sigue aplicando a éste y otros partidos social-liberales (lo de demócrata debiera sobreentenderse) el apelativo “la izquierda” como si se tratase de una marca publicitaria o de un nombre propio que se conserva impoluto independientemente de la ideología o de la política económica que se practique;



“(...) La izquierda se muestra perpleja de que los ciudadanos no pasen factura a los partidos que inspiraron las políticas económicas causantes de la crisis. Se olvidan, así, de que mientras gobernó no trató de corregirlas ni de cuestionarlas. Más bien les ofreció un aval en la línea de la Tercera Vía de Tony Blair y se limitó a marcar sus diferencias con los conservadores en terrenos como los valores y las costumbres (...)”

Mientras el término “izquierda” se tuerce y retuerce para adaptarlo a las políticas liberales mediante su uso reiterado en los medios corporativos, el “vacío” que ésta deja es ocupado por lo que en el editorial se define como “(...) discursos y fuerzas populistas, contra las que los partidos democráticos, sea cual sea su ubicación ideológica, siempre han tenido serias dificultades para competir en el terreno electoral.

Y así, termina, rentabilizando el rechazo que origina el término “populista” porque se identifica erróneamente con la demagogia o porque se usa peyorativamente para definir a un gobierno que toma medidas populares a corto plazo con fines electoralistas.

Recordemos que “Populista” es utilizado a menudo por El País contra los gobiernos de izquierda en Latinoamérica, aunque vayan más allá de la oratoria y lleven a cabo profundas reformas estructurales como la nacionalización de los sectores estratégicos que incluyen la banca en muchos casos, el impulso de la sanidad y educación públicas u otras medidas que se traducen en una fuerte reducción de la pobreza. Es decir, justo lo contrario de esa definición.

“(…) Esta pérdida de peso no es una buena noticia para nadie, ni siquiera para los partidos conservadores. Entre otras razones porque el vacío que la izquierda deja está siendo ocupado en muchos casos por discursos y fuerzas populistas, contra las que los partidos democráticos, sea cual sea su ubicación ideológica, siempre han tenido serias dificultades para competir en el terreno electoral.

Leyendo el último párrafo completo, puede deducirse que las “fuerzas populistas” se deben identificar con una IU que progresa en intención de voto -según una reciente encuesta de Metroscopia- u otras fuerzas de izquierda nacionalista que ponen en “serias dificultades” a los “partidos democráticos”, como si esas “fuerzas populistas” no fuesen democráticas y donde “democrático” debiera (otra vez) sobreentenderse. Lo extraño de todo esto es que esos partidos democráticos, a pesar de todo, “compitan en el terreno electoral” con fuerzas populistas.

En conclusión, el aberrante uso del lenguaje del editorial convierte a los social-liberales en “izquierda” y a la izquierda en unas “fuerzas populistas” que vienen a ocupar el “vacío” que dejan los “partidos democráticos”, donde la coletilla “democrático” debiera obviarse, puesto que, tal y como se redacta en el editorial de El País, “compiten en el terreno electoral” con esas “fuerzas populistas”.

César Pérez Navarro

TerceraInformación 8 de Octubre de 2009


Monarquía, República y lucha de clases



Cuando en 1931 se proclamó la II República, y las capas populares la celebraban en las calles, el Partido la enfrentaba frontalmente: abajo la república burguesa. Esa era su consigna. El Partido, izquierdista, no era capaz de valorar el enorme avance democrático que suponía la caída de la monarquía y las expectativas que abría la República.

Era, aquella, una República burguesa, pero su llegada suponía un marco en el que poder desarrollar las luchas populares y elevar la conciencia de la clase trabajadora, que bajo la monarquía no podría desarrollar su proyecto para emanciparse.



Hoy, la monarquía representa, simboliza, la unidad del Estado Español y, plasmada en la Constitución del 78, es garantía del capital. La monarquía aparece en la cúspide de un sistema en el que la burguesía es la clase dominante.

Por ello, la lucha por la República tiene una doble vertiente. Por un lado, la lucha republicana en sí, por otro, la lucha contra la monarquía. No basta, pues, con ser republicanos, en la medida en que somos revolucionarios y no es cuestión de cambiar al monarca por un jefe de estado con legitimidad democrática: es necesario enfrentar la monarquía y todo aquello que representa.

Es cierto, naturalmente, que la República será sólo un avance táctico de la clase trabajadora dentro de su marco estratégico en la lucha por el poder. Sabemos, claro, que la República no será el fin de la crisis, ni la llegada de medidas sociales: que la República, de por sí, no solucionará ni aliviará la situación de la clase trabajadora. Y no sólo por otras repúblicas que podemos observar hoy, sino porque así nos lo enseña nuestra propia experiencia histórica.

Apuntado esto, ¿por qué luchamos por la República? República, como hemos señalado, no sólo para enfrentar la institución monárquica, sino el sistema que sustenta. República para romper la impuesta unidad del Estado Español, para que los pueblos, libres, puedan elegir qué relaciones quieren mantener, si las quieren mantener, con el resto de pueblos con los que hoy comparten el Estado. República porque bajo la monarquía nunca podrán los pueblos decidir sobre su futuro.

República como avance hacia el socialismo, porque si los pueblos no serán libres bajo la monarquía, la clase trabajadora tampoco podrá emanciparse. República, entonces, para abrir un marco democrático que permita a la clase trabajadora disputar el poder a la burguesía.

Como en los años que precedieron a la II República, hoy la III República supone un elemento a conquistar por las capas populares. Sin izquierdismos: sabiendo de su importancia y el avance que supone aunque no sea la conquista del poder; y, también, sin elementos reformistas: utilizándola como un instrumento al servicio de las capas populares y no contentándonos con la lucha por la República de una forma abstracta.


Es por ello que la República es uno de los ejes fundamentales de la lucha de clases en el Estado Español. Naturalmente, con la consigna de socialismo y autodeterminación, como propuesta a la clase trabajadora y los pueblos del Estado Español, dándole de esta forma un contenido de clase y elevando la conciencia de las capas populares.


Diego Farpón en Kaos en la Red

El desastre de Afganistán por Edmundo Fayanas

Afganistán no es un país homogéneo, sino fruto del proceso de descolonización propiciado por el imperio británico a finales del siglo XIX. Los ingleses pretendieron aislar su imperio hindú de la Rusia de los zares y para ello crearon el Estado tapón de Afganistán.

Étnicamente Afganistán está formado por una mayoría de pashtunes que representa el 44º% de toda la población, pero hay otras étnias que están relacionadas con países limítrofes: los tayikos, que representan el 25%; los hazaríes, el 10% y los uzbecos, el 8%


La esperanza de vida es de 44 años de media y sólo el 39% de su población tiene acceso al agua, un 40% de su población infantil presenta rasgos de malnutrición y el 70 % de sus ciudadanos son analfabetos.

Occidente apoya al presidente Harmid Karzai y para ello se han celebrado unas elecciones para legitimar a éste y vender en Occidente que se está democratizando Afganistán. Las elecciones han sido un fracaso absoluto, pues no ha habido ninguna mínima garantía electoral y el pucherazo ha sido escandaloso, denunciado por numerosos organismos y con una participación de menos del 30% de la población.

La familia de Karzai se ha convertido en la más rica del país y saca beneficio del tráfico de armas y de la droga fundamentalmente opio. No ha dado ningún paso para mejorar la vida de los habitantes su país ya sea en economía como en derechos civiles y políticos.

Karzai está coaligado con religiosos fundamentalistas ultra reaccionarios de Irán. A los chiítas ha prometido cinco ministerios y la aprobación de una ley encaminada a legalizar la violación sexual en el seno del matrimonio. Se ha aliado con todos los señores de la guerra de su país ,ientras Obama, Clinton, Sarkozy, Zapatero y el resto del mundo occidental callan. Larga vida a la democracia afgana de Karzai la que defienden los soldados occidentales en nombre del progreso.

Se entiende por qué muchos progresistas afganos piden y ruegan para que nuestros soldados abandonen Afganistán. Dudo que los inteligentes dirigentes políticos sean capaces de escuchar estas voces y sus argumentos.

En este país se están defendiendo unos intereses diferentes a los que nos cuentan. No es una casualidad la presencia de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán. El país no tiene un Estado que se precie ni grandes riquezas, pero sí un situación geoestratégica envidiable. Comparte frontera con China, las repúblicas centroasiáticas, con Pakistán e Irán. La presencia en el territorio afgano es fundamental para Occidente pues es el único camino de acceso a las incalculables reservas de petróleo y gas de Asia Central y el mar Caspio. En Kazajistán están las terceras reservas mundiales de uranio.

Es en Afganistán donde se está librando la batalla por la hegemonía mundial entre las superpotencias. La Organización de Cooperación de Shangai, fundada por China, Rusia, India y otros países de la zona, están exigiendo a la OTAN que abandone su zona de influencia tradicional.

La extensión del conflicto a Pakistán no es casual. Se intenta dominar el Baluchistán pakistaní, zona rica en gas natural y por cuyas aguas transitan el 30% del comercio del petróleo del mundo. Baluchistán hace frontera con Irán y si se consigue dominar este territorio por las potencias occidentales se impediría el funcionamiento del gaseoducto en construcción entre Irán-Pakistán-India y a cambio permitiría el funcionamiento del gaseoducto occidental que une el mar Caspio con Afganistán y Pakistán. De esto sabe mucho la multinacional petrolera norteamericana Unocal.

Cuando los ingleses participaron en Afganistán, su primer ministro el laborista Tony Blair para hacer más digerible esta guerra, argumentaba que mandaban tropas a Afganistán para acabar con el narcotráfico de la droga en las calles de las ciudades inglesas y así impedir que nuestros jóvenes fueran drogadictos.

Afganistán produce el 90% de la heroína que se consume en todo el mundo. El tráfico de opio es uno de los negocios más florecientes de Afganistán y se dedican a su cultivo 1,7 millones de afganos.

La realidad del opio en Afganistán desdicen las palabras de Blair y de todo el mundo occidental. Fueron los talibanes quienes consiguieron hacer desparecer los campos de opio, así bajo su mandato en el año 2001 se cultivaron 8.000 hectáreas, sin embargo en el año 2007 bajo presencia de la OTAN llegaron a las 193.000 hectáreas, según datos de la ONU. Nos deberían explicar la OTAN y Estados Unidos estos datos y porque lo están permitiendo.

Nos deberían explicar como la mayor coalición de la historia formada por más de cuarenta países, equipados con las armas más destructivas y avanzada jamás fabricadas, con más de 100.000 soldados y 40.000 mercenarios pagados por los norteamericanos no pueden con algunos miles de desarrapados talibanes sin tanques, ni aviones ni armamento sofistificado.

Obama describe a Afganistán como una guerra de necesidad contra el terrorismo internacional. La realidad es que los talibanes son un conjunto de corrientes de tipo local y para nada una yihad internacional.

Pretenden los norteamericanos desarrollar una táctica que denominan "una guerra asimétrica contra guerrillas" y piensan que pueden ganar conquistando los corazones y las mentes de las gentes. Propuesta ya desarrollada en Vietnam y ya sabemos como termino la historia. Está claro que están tropezando en la misma piedra y que no han aprendido nada de la historia.

Sería bueno que Obama nos explique quién fundó Al Quaeda y para qué, cuánto tiempo permaneció Bin Laden en la CIA, desde cuando no es financiado por la CIA o si sigue siéndolo. Así podríamos entender el término terrorismo afgano.

El desastre afgano es mayúsculo y lo mejor que se puede hacer es la búsqueda de una solución política, con la participación de los países de la zona y dejen de poner la política y al ejército al servicio de empresas petroleras privadas.

Obama se va a jugar su presidencia en Afganistán. Es el caramelo envenenado que le dejó Bush, y con la estrategia que está planteando todo ira de mal en peor. El mundo occidental lo único que debe hacer es salir de la mejor manera posible y aprender que los Estados no están para defender los intereses privados como están haciendo a pesar de las milongas que nos cuentan. Los Estados deben defender los intereses colectivos y nunca debe provocarse guerras que solo hacen destrucción y no construyen nada positivo
EDMUNDO FAYANAS DIARIO DE NOTICIAS