4 de diciembre de 2009

'Toulouse, capital del exilio republicano'





El Círculo de Bellas Artes de Madrid (CBA) y el Ayuntamiento de Toulouse presentan la exposición 'Toulouse, capital del exilio republicano', un homenaje que la ciudad francesa rinde a los millares de españoles que desde 1936 se instalaron en ella. La muestra se podrá visitar desde hoy hasta el 31 de enero en la Sala Minerva del CBA.

La exposición muestra la aportación de los exiliados a Toulouse, especialmente en el ámbito político, social y cultural, a través de documentos como fotografías, carteles, periódicos, publicaciones o pinturas. La concejala del Ayuntamiento de Toulouse, Olga González-Tricheaux, explicó que la idea del proyecto nació en marzo de 2008.

"Después de 37 años de alcaldías de derechas, la izquierda llegó al Ayuntamiento de Toulouse y la muestra fue una manera que el nuevo Consejo Municipal encontró para agradecer todo lo que han llevado estos republicanos a Toulouse", detalló González-Tricheaux, recordando los ideales de "igualdad, libertad y solidaridad" que llegaron junto a los exiliados.

La concejala del Ayuntamiento de Toulouse y François Bordes, conservador jefe de Patrimonio y director de los archivos municipales de Toulouse, recordaron que entre el 28 de enero y el 9 de febrero de 1939, durante la Retirada, unos 470.000 refugiados españoles entran en el territorio francés. En la primavera de ese año, cerca de 20.000 se concentran en Toulouse, un 10% de la población de la ciudad. "Los que siguen en Toulouse tienen España en el corazón", matizó Bordes.

CUATRO BLOQUES TEMÁTICOS

Cuatro bloques temáticos conforman 'Toulouse, capital del exilio republicano'. El primero, 'Del éxodo al exilio', demuestra que, desde 1936, la ciudad de Toulouse fue solidaria con la República española. La acogida de niños que huían de la guerra; la 'Ciudad Madrid' creada de Toulouse; el trabajo de los exiliados en las fábricas de aviones de la región; los médicos españoles trabajando en el Hospital Varsovia y la transformación del campo del Recebedou en una 'Villa Don Quijote' conforman el escenario de esa época.

El segundo apartado, 'La vida política', desvela la militancia de los españoles establecidos en Toulouse entre 1944 y 1945 y la creación de publicaciones militantes, sobre todo periódicos. Si el gobierno republicano se exilió a México y después a París, Toulouse se convirtió en una "capital de la lucha antifranquista", donde los principales partidos y sindicatos se restauraron desde la Liberación y, hasta 1975, organizaron sus principales reuniones. "Hubo doce congresos de partidos como el PSOE, la UGT, la CUT o el Partido Comunista", detalló Bordes.

'La vida cultural' protagoniza el tercer bloque de la muestra. En el terreno artístico destaca la organización de tres exposiciones importantes (1947, 1952 y 1958) que demostraron el número y calidad de los artistas exiliados que se asentaron definitivamente en la ciudad de Toulouse y sus alrededores. También figuran la actividad editorial del exilio (la Librería de Ediciones Españolas difundió allí obras clásicas y contemporáneas), las creación de compañías teatrales y la fundación del Ateneo Español en 1959.

Finalmente, 'Galería de retratos' cierra la muestra, proponiendo los retratos de 10 personalidades que han marcado la vida política del exilio español en Toulouse: Raymond Badiou, Germinal Esgleas, Dolores Ibarruri, Rodolfo Llopis, Federica Montseny, Jose Peirats, Gabriel Pradal, Indalecio Prieto, Andrés Saborit y Pascual Tomás.

OTROS ATRACTIVOS

Asimismo, se expondrán dos vitrinas con 'álbumes de familia' sobre la vida militante y la vida cotidiana de estos exiliados, realizados en gran parte a partir de las fotografías de Enrique Tapia Jiménez, nacido en Arganda del Rey (Madrid). La muestra ofrece también, por primera vez en Madrid, cuatro cuadros de Joan Jordá ("a los 80 años tiene una fuerza extraordinaria", reveló Bordes) y tres de Carlos Pradal, dos grandes artistas del exilio en Toulouse.

El conservador jefe detalló que los documentos y fotos expuestos se originan de "instituciones públicas y archivos de familiares", además de contar con la contribución de artistas, fotógrafos y las Fundaciones Pablo Iglesias y Francisco Largo Caballero. "Cada día descubrimos nuevos documentos", añadió.

Según Bordes, setenta años después del inicio de este exilio, Toulouse propone una "evocación" ("no es toda la memoria de los republicanos", subrayó) de la vida cotidiana y de las luchas de estos hombres y mujeres. "Esta memoria debe ser bien conservada y divulgada", concluyó. Parte del material exhibido en Madrid se expuso en el patio del Ayuntamiento de Toulouse el pasado mayo y, después de la capital española, la muestra viaja a Zaragoza en julio.
EUROPA PRESS

Mensaje desde Cuba a los intelectuales y artistas afronorteamericanos






La Habana, 3 de diciembre de 2009

Un proverbio yoruba reza: "La mentira puede correr un año, la verdad la alcanza un día". Aunque por largo tiempo a la opinión pública norteamericana le han tratado de imponer, desde los círculos políticos más intolerantes y los medios de comunicación más poderosos, una imagen distorsionada de la sociedad cubana contemporánea, siempre, de un modo u otro, termina por abrirse paso la realidad.
Así sucederá, estamos seguros, cuando se conozcan los argumentos que nos llevan a refutar las falaces afirmaciones sobre nuestra sociedad contenidas en un documento circulado el pasado 1ro. de diciembre a nombre de un grupo de intelectuales y líderes afronorteamericanos.
Decir que entre nosotros existe un "insensible desprecio" por los cubanos negros, que se coartan las "libertades civiles por razones de raza", y exigir que se ponga fin "al innecesario y brutal acoso de los ciudadanos negros en Cuba que defienden sus derechos civiles", parecería una delirante elucubración si no fuera porque detrás de esas ficciones se evidencia la aviesa intención de sumar a respetables voces de la comunidad afronorteamericana a la campaña anticubana que pretende socavar nuestras soberanía e identidad.

Si la Cuba de estos tiempos fuera ese país racista que se quiere inventar, sus ciudadanos no hubieran contribuido masivamente a la liberación de los pueblos africanos. Más de 350 000 voluntarios cubanos combatieron junto a sus hermanos de África contra el colonialismo. Más de 2 000 combatientes de la Isla cayeron en tierras de aquel continente. Una personalidad de indiscutible relieve mundial, Nelson Mandela, ha reconocido el papel de esos voluntarios en la quiebra definitiva del infamante régimen del apartheid. De África solo trajimos los restos de nuestros muertos.
Si la Cuba de hoy sintiera ese desprecio por el negro, más de 35 000 jóvenes africanos no hubieran sido formados en nuestras escuelas durante los últimos 40 años, ni 2 800 jóvenes de una treintena de países de esa región estudiaran ahora mismo en nuestras universidades.
Un pueblo enfermo de racismo se negaría a colaborar en la formación de médicos y recursos humanos en el área de la Salud en Facultades de Ciencias Médicas fundadas en Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Gambia y Eritrea; daría la espalda a los programas de asistencia sanitaria que han salvado miles de vidas en varios territorios de América Latina y el Caribe donde resulta significativa la presencia de la diáspora africana, y se hubiera desentendido de los más de 20 000 haitianos y afrocaribeños de habla inglesa que han recuperado la vista mediante operaciones quirúrgicas practicadas gratuitamente en nuestro país.
Es muy probable que la mayoría de los firmantes del documento desconozca cómo a raíz de la devastación de Nueva Orleáns por el huracán Katrina, decenas de médicos y personal paramédico cubano se ofrecieron para asistir voluntariamente a las víctimas del meteoro en un gesto humanitario que no halló respuesta en las autoridades norteamericanas.
En otro orden, quizá también ignoren de qué modo, desde los primeros días que siguieron a la victoria popular de 1959, fueron desmanteladas aquí las bases institucionales y jurídicas de una sociedad racista. La Revolución Cubana encontró en 1959 una situación desesperada en la mayoría de la población. Los afrodescendientes cubanos, que estaban entre las más sufridas víctimas del modelo neocolonial imperante en la Isla, se beneficiaron de inmediato con la batalla que dio el gobierno revolucionario para erradicar toda forma de exclusión, incluido el feroz racismo que caracterizaba a la Cuba de entonces.
La política de Cuba contra cualquier tipo de discriminación y en favor de la igualdad tiene respaldo constitucional y se expresa en los capítulos de la Carta Magna que se refieren a los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado y a los derechos, deberes y garantías de sus ciudadanos. Los derechos constitucionales, así como los mecanismos y medios para hacerlos efectivos y restablecer la legalidad ante cualquier violación de estos, se garantizan mediante una muy precisa legislación complementaria.
Como nunca antes en la historia de nuestro país, los negros y mestizos han hallado, en el proceso de transformaciones emprendido en el último medio siglo, oportunidades de realización social y personal, sustentadas en políticas y programas que han propiciado el despegue de lo que llamó el antropólogo cubano Don Fernando Ortiz la impostergable fase integrativa de la sociedad cubana.
Se trata, lo sabemos, de un proceso no exento de conflictos y contradicciones, sobre los que gravitan tanto desventajas sociales heredadas como prejuicios secularmente enraizados.
Hace seis años, Fidel Castro, al dialogar en La Habana con pedagogos cubanos y extranjeros, comentó cómo "aún en sociedades como la de Cuba, surgida de una revolución social radical donde el pueblo alcanzó la plena y total igualdad legal y un nivel de educación revolucionaria que echó por tierra el componente subjetivo de la discriminación, ésta existe todavía de otra forma. La califico como discriminación objetiva, un fenómeno asociado a la pobreza y a un monopolio histórico de los conocimientos".
Quien observe la vida cotidiana en cualquier sitio del país, podrá advertir cómo se lleva a cabo un ingente esfuerzo por superar definitivamente los factores que condicionan tal situación mediante nuevos programas orientados a eliminar toda desventaja social.
Los intelectuales afronorteamericanos deben saber cómo sus colegas cubanos han abordado estos temas y promueven acciones desde el lugar prominente que ocupan en la sociedad civil. Algunos de los programas anteriormente aludidos surgieron a partir de los debates suscitados en 1998 durante el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en diálogo franco y abierto con las máximas autoridades del Estado y el entonces presidente Fidel Castro.
Debe recordarse que la organización que agrupa a la vanguardia del movimiento intelectual y artístico cubano tuvo como presidente fundador a un poeta negro, Nicolás Guillén, uno de los más notables poetas de la lengua castellana del siglo XX, activo luchador contra la discriminación racial, y amigo personal de Langston Hughes y Paul Robeson.
En el seno de la UNEAC, organización que nunca estuvo a espaldas de esta problemática se ha creado un Comité permanente para luchar, desde una perspectiva cultural, contra todo vestigio de discriminación y prejuicios raciales.
En un país racista sería impensable la fundación y el funcionamiento de instituciones como la Casa de África, la Fundación Fernando Ortiz, la Casa del Caribe de Santiago de Cuba, el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas y el Instituto Nacional de Antropología, que, entre otras, investigan a fondo el legado africano en nuestra cultura y las relaciones interraciales en nuestro país. Ni recibieran apoyo ni tendrían el más amplio reconocimiento social entidades artísticas de tanta jerarquía como el Conjunto Folclórico Nacional, el Ballet Folclórico de Camagüey, o el Conjunto Folclórico de Oriente. Ni existiera el Museo de La Ruta del Esclavo, primero de su clase en América Latina y el Caribe y uno de los principales resultados del compromiso de Cuba con el programa auspiciado por la UNESCO para vindicar el aporte de los africanos arrancados por la fuerza de sus tierras de origen a estas otras donde contribuyeron a la forja de nuevas identidades.
Si el odio racial fuera una tónica predominante en nuestra sociedad, no pasaría de ser un gesto retórico la conmemoración del centenario de la fundación del Partido Independiente de Color, sobre la base de recuperar la memoria histórica de una etapa de las luchas y afanes del pueblo cubano por sus derechos y su liberación de todas las dominaciones.
Genuinos portadores de la cultura musical tradicional, sumamente apreciados por públicos norteamericanos, como Los Muñequitos de Matanzas y los conjuntos Yoruba Andabo y Clave y Guaguancó tendrían que desempeñarse como braceros mal pagados en los puertos, parqueadores de autos, limpiabotas y empleados domésticos, de no haberse reconocido sus extraordinarios valores.
Una sociedad racista no se hubiera empeñado en traducir y publicar centenares de obras literarias de decenas de autores africanos y afrocaribeños. En una de sus visitas a Cuba, el Premio Nobel nigeriano, Wole Soyinka, declaró: "Es difícil encontrar otro lugar en el hemisferio occidental donde la avidez por conocer a los escritores africanos trascienda, como he visto aquí, el interés de las instituciones académicas".
Los intelectuales y artistas cubanos agradecemos la solidaridad, la comprensión y el respeto que muchas personalidades afronorteamericanas han mostrado hacia la realidad cubana a lo largo de medio siglo. Nunca les hemos pedido compartir nuestras ideas políticas ni hemos condicionado el diálogo a algún tipo de respaldo o adhesión. Por un elemental sentido de la ética respetamos sus puntos de vista.
Tal vez fuera oportuno que los firmantes de la declaración que comentamos escucharan desprejuiciadamente esos criterios. Estamos convencidos de que al hacerlo, como proclama el refrán yoruba, la verdad tenga su día.


Nancy Morejón, poetisa y ensayista
Miguel Barnet, poeta y antropólogo
Esteban Morales, politólogo y ensayista
Eduardo Roca (Choco), artista
Heriberto Feraudy, historiador y ensayista
Rogelio Martínez Furé, africanista
Pedro de la Hoz, periodista y ensayista
Fernando Martínez Heredia, sociólogo y ensayista

http://cambiosencuba.blogspot.com/

Un gran republicano nacido en Bilbao: Julian Zugazagoitia




(Bilbao, 1898 - Madrid, 1940) Periodista y político español. Fue diputado a Cortes por Badajoz en 1931 y por Bilbao en 1936, en ambas ocasiones por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y redactor del diario El Liberal de Bilbao, propiedad de Indalecio Prieto, con quien mantuvo una estrecha amistad; también dirigió el periódico El socialista de Madrid (1932-1937).

Fue Ministro de la Gobernación en el primer Gobierno de Juan Negrín, desde mayo de 1937 a abril de 1938. En 1937 asistió al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas celebrado en Valencia, Madrid y Barcelona. Tras cesar como ministro desempeñó el cargo de secretario general del Ministerio de Defensa. Terminada la contienda se exilió a Francia, donde fue detenido por la Gestapo cuando los alemanes ocuparon el país vecino. Trasladado a España, fue entregado a las autoridades franquistas, juzgado en Madrid por un consejo de guerra, condenado a muerte y ejecutado.

Fue autor de innumerables artículos de prensa y de varias obras entre las que destaca Guerra y vicisitudes de los españoles (Barcelona, 1977), titulada en su primera edición Historia de la Guerra de España (Buenos Aires, 1940), sin duda, su obra más cualificada, excepcionalmente objetiva a pesar de que la escribió meses después de finalizar el conflicto español. Otras obras destacadas son Una vida heroica: Pablo Iglesias (1926), Una vida humilde: Tomás Meabe (1927) y las novelas Una vida anónima: vida del obrero (1927) y El asalto (1930).
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/z/zugazagoitia.htm


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