16 de diciembre de 2009

"SE prohíbe la palabra agur por el adiós genuinamente español" .Así rezaba el bando que el comandante jefe de Estella , Ricardo Sanz en 1936










"SE prohíbe la palabra agur por el adiós genuinamente español". Éste es un fragmento del bando por el que el comandante jefe de Estella, Ricardo Sanz Iturria, clausuraba la denominada Escuela Vasca en 1936 y con el que pretendía acabar, iniciada la Guerra Civil, con esa parte de la cultura euskaldun emergente en la ciudad del Ega entre 1931 y 1936 con la creación de la primera ikastola. El bando también afirmaba que el txistu "es una planta exótica" e igualmente prohibía la vestimenta de los dantzaris entre otras afrentas a todo aquello considerado vasco.

Ahora, un vecino de Estella y ex alumno de la actual Lizarra Ikastola, Ricardo Galdeano, y un profesor de este centro escolar, Pello Etxaniz, sacarán a la luz en un documental lo que vivieron los alumnos de esa ikastola durante sus años escolares y cómo finalizó la historia de la Escuela Vasca, en el fatídico 36. Todo esto lo harán a través de los recuerdos de nueve ex alumnos de esta primera Escuela Vasca. El hilo histórico correrá a cargo de Josu Chueca y en la proyección no faltarán las fotografías y los archivos a los que han podido acceder.



Los autores de este documento inédito ya adelantan que la Escuela Vasca estaba situada en un piso de la plaza de Los Fueros, que anteriormente había sido "una escuela de señoritas". Este centro, privado según las facturas a las que han accedido, tuvo una gran aceptación entre los vecinos de Estella ya que comenzó con cuatro alumnos y en el momento de la clausura contaba con 40 estudiantes de edades comprendidas entre los 3 y los 14 años. Para ponerla en marcha el Ayuntamiento de Estella contó con alguna subvención de la Cátedra de Lengua Vasca.

SOLICITUD POPULAR También han averiguado que esta primera ikastola nació gracias a una solicitud popular cursada al Ayuntamiento en 1931 por vecinos de Estella argumentando que era necesaria la posibilidad de aprender euskera porque este idioma aparecía en apellidos y toponimias de la zona. "El Ayuntamiento atendió la solicitud y creó un euskaltegi que funcionó en 1931 y que estaba dirigido a niños y adultos. De cara al curso escolar 1932-1933 ya se abrió la Escuela Vasca al considerarse que era necesaria una educación reglada. Este centro funcionó hasta junio de 1936 cuando los alumnos cogieron vacaciones y en septiembre ya no volvieron a las que habían sido sus aulas porque todo había sido arrasado", explican.

Con la Guerra Civil los alumnos fueron reubicados en otros colegios y ese verano una pira en la plaza de Los Fueros acabó con libros y demás material utilizado en la Escuela Vasca. "Muchos de estos alumnos recuerdan aquella hoguera, pero también explican cómo escondieron algunos de los libros para que no acabasen en el fuego", explican Galdeano y Etxaniz que señalan que cada uno de los nueve alumnos entrevistados ha aportado detalles y vivencias personales "muy interesantes".

Una profesora de Leitza, Petra Azpíroz, fue la docente de esta ikastola. Con sólo 17 años asumió la responsabilidad de este proyecto educativo y una vez censurado ya no volvió a ejercer porque la inhabilitaron. Ella, junto al secretario, fueron los que dieron forma a una escuela que como explica Pello Etxaniz pedagógicamente era muy avanzada. "En primer lugar era mixta y con una metodología muy activa ya que utilizaban la música, por ejemplo, para aprender vocabulario".

Esta profesora, Petra Azpíroz, falleció en Pamplona en el último lustro de los años noventa, pero Lizarra Ikastola consiguió entrevistarla con motivo de su 25 aniversario, en 1995. Ahora, a través de la búsqueda de estos dos documentalistas, las hijas de Petra Azpíroz han ofrecido un testimonio que a modo de guión dejó escrito la andereño. "Probablemente ese guión lo escribió cuando fueron a entrevistarle para el libro que sacó Lizarra Ikastola por su 25 aniversario. Sin embargo, este documento no lo hizo público en ese momento", señalan.

LA MÚSICA Han sido los alumnos los que han ido aportando datos a la investigación llevada a cabo para crear este documental. Entre otros aspectos han descubierto que algunas de esas canciones que utilizaban en clase para aprender las compuso Hilario Olazarán y de hecho el grupo de txistularis que existe en Estella, Padre Hilario Olazarán, las toca. También han accedido a otras piezas. "Creemos que fueron compuestas para la ikastola puesto que no se sabe quién fue el autor ni el título de las letras". Algunos de los alumnos de aquella ikastola se acordaban de las canciones cuando estos dos documentalistas les entrevistaron. "Por ejemplo, Jesús Castejón, ya fallecido nos cantó una canción que es idéntica a la letra que conseguimos", explican Galdeano y Etxaniz.

En el documental también hay unos cinco minutos dedicados a la actual ikastola con imágenes de Santa Águeda en la década de los 70. Los antiguos alumnos de la Escuela Vasca recuerdan la inauguración del nuevo centro. "Ellos nos dicen que fueron a ver cómo se abrían las puertas de nuevo e incluso varios de ellos fueron los que tomaron la iniciativa de crear de nuevo la ikastola en 1970", señalan.

La proyección del documental, Se prohíbe la palabra, Errepublikako Lizarrako Ikastola, tendrá lugar este viernes a las 20 horas en los Golem Los Llanos y para ello ha colaborado el Ayuntamiento de Estella. La entrada es libre. Además, entre enero y febrero se editarán DVD con el documental, que dura 45 minutos, gracias a la colaboración de La Kutxa y la Fundación Manuel Irujo. A la hora de rodar han contado con la colaboración del grupo de txistularis y de la Coral Ereintza y con imágenes de la Filmoteca Vasca.

Diario de Noticias

La huella valenciana de la UMD


José Luis Pitarch, en 1978





Con Franco a punto de morir, nace en el seno del Ejército español la Unión Militar Democrática. Su objetivo era evitar un Franquismo después de Franco y mojar la pólvora a los golpistas. En Valencia, pocos militares se enrolaron en aquel movimiento que ahora es reconocido por el Gobierno democrático por el que lo arriesgaron todo

La clandestina UMD, nacida en 1974 al socaire de la revolución portuguesa, tardó un año en infiltrarse en los cuarteles valencianos. Fueron militares de Barcelona y Madrid los que desembarcaron en Valencia en otoño de 1975 con la oculta misión de captar a soldados comprometidos con una democracia que estaba a punto de nacer. Lo cierto es que aquellos emisarios úmedos no obtuvieron demasiado éxito en Valencia. Así lo cuenta José Luis Pitarch, el primer militar valenciano que se enroló en la UMD y uno de los pocos que, como dice él, "se mojaron en la causa". "Yo llamo 'mojarse' a ir a reuniones clandestinas para hablar de democracia porque, en esas reuniones, nos jugábamos la expulsión del Ejército y la pérdida de trabajo o, quién sabe, una pena de cárcel de 20 años", afirma Pitarch, comandante de caballería en la reserva desde 1986 y actual profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de València. Pitarch recuerda que a las reuniones de la UMD lejos de Valencia sólo le acompañaban Juan Esteve, otro capitán valenciano de la UMD destacado en infantería de Marines, y Ramón Álvarez Ballarín, capitán de infantería del Tetuán 14, en Castelló. Y aunque le duela reconocerlo, detalla que a los encuentros de la UMD celebrados en el cap i casal (en un piso de la avenida Primado Reig esquina con calle Alboraya), "acudieron algunos militares de Madrid, Castelló, Alicante o Murcia, pero nadie de Valencia y sus cantones de Bétera, Paterna o Marines".




Por su simbolismo, Pitarch rememora su participación y la de Juan Esteve en la reunión del Comité Ejecutivo de la UMD en Barcelona el 7 de marzo de 1976, la víspera del comienzo del consejo de guerra contra un comandante y ocho capitanes de la UMD, que fueron expulsados del Ejército.


Cumpliendo su objetivo, la Unión Democrática Militar se autodisolvió el 27 de junio de 1977, poco después de las primeras elecciones democráticas. Sin embargo, su estela pervivió algunos años más en forma de castigos y discriminaciones hacia los militares que la integraron. Pitarch, por ejemplo, fue expulsado de Valencia en 1978 por orden del capitán general Milans del Bosch por su fama de "peligroso". Además, le fue negada sistemáticamente la cruz militar de San Hermenegildo y, hasta 1981, le siguieron por la calle varios espías de Información Militar de la Capitanía General de Valencia, según comprobó él mismo tras arduas gestiones internas. Todo ello, dice, "por haber pertenecido a la UMD".


La facción más conservadora del Ejército también se acordó durante mucho tiempo de Ramón Álvarez Ballarín. Se adhirió a la UMD en el País Vasco y, a partir de 1977, fue un elemento úmedo muy activo entre la infantería de Castelló. Fallecido en 2007, su hijo Ramón -actual concejal del PSPV en Benicàssim- rememora el papel clandestino de su padre: "Él tenía unas convicciones muy democráticas. Frente a la parte del Ejército que prefería el anterior sistema unitario, por decirlo suave, mi padre tenía como referente la revolución de los claveles portuguesa y pensaba que el Ejército había de ser el garante de la democracia".


Todavía se ríe su hijo al contar una anécdota que refleja cómo marcaba haber pertenecido a la UMD. El 23-F, dos policías militares vigilaban el portal de la familia Álvarez, en ese momento destinada en Lanzarote. "Yo pensaba que nos protegían; pero luego supe que en realidad éramos víctimas de un arresto domiciliario porque mi padre se había declarado contrario al golpe militar", cuenta.

Reconocido su "patriotismo"


Hace diez días, después de tres décadas de silencio justificado por el ruido de sables, el Gobierno aprobó una declaración institucional en la que realza "los sacrificios asumidos por los miembros de la UMD, que arriesgaron su carrera y promoción profesional e incluso su libertad personal", en "prueba manifiesta de su patriotismo, su alta conciencia democrática y su inquietud por contribuir a mejorar las Fuerzas Armadas".


En opinión de Pitarch, el Gobierno "ha dado un pasito, pero es insuficiente. No se han atrevido a hacer lo que tienen que hacer: dar rango honorífico de generales a los altos cargos de la UMD". Ramón Álvarez, hijo, aparca la disciplina de partido y también le sabe a poco el reconocimiento. "No estoy de acuerdo con el trato que se les ha dado -afirma-, incluso por parte de mi partido. No les han tratado como se merecen".


"El militar valenciano se la juega menos"


Aunque simpatizantes hubo algunos más, muy pocos valencianos fueron miembros activos de la UMD. José Luis Pitarch, autor de "Memoria irredenta del Franquismo", lo atribuye al "propio carácter de los valencianos". "El militar valenciano se la juega menos que en otros sitios. Y la historia reciente lo demuestra", afirma este miembro de EU. Los soldados valencianos no salieron de sus cuarteles en las dos grandes conspiraciones contra Primo de Rivera, de 1926 y 1929; ni en la sublevación de julio de 1936. Y en el 23-F, precisa, no fue Valencia, sino un Milans del Bosch que se hubiera alzado allá donde hubiese estado. El "meninfotisme", viene a decir Pitarch, ha penetrado hasta en los cuarteles valencianos. p. c. valencia
Paco Cerda en UCR

Un ribero se ofrece a pagar parte de la multa de Jose Antonio Barroso por insultos al Rey




Justo Arrondo, natural de Fustiñana pero vecino de Fontellas, se puso en contacto el pasado lunes con el Ayuntamiento gaditano de Puerto Real para enviar 200 euros a su alcalde, José Antonio Barroso, que ha sido condenado a pagar 6.840 euros por llamar "crápula y corrupto" al Rey. Arrondocree que "ha llegado el momento de decir ya vale. Lo que ha dicho Barroso es cierto al 100%, no podemos estar manteniendo a un vago y que encima se le condene a una multa por criticarlo".

Este fustiñanero, que se declara anarquista, señala que, a su juicio, la condena contra el primer edil de Puerto Real se debe a las acusaciones que hace sobre su responsabilidad con respecto al 23-F ("está documentado que el Rey fue el inspirador intelectual del golpe del 23-F"). "No se movió hasta que no vio que se había acabado el golpe. Hay muchos que piensan lo que ha dicho Barroso, pero lo que pasa es que no se atreven a decirlo". Arrondo espera que su intento sincero de "ayudar a una causa que es justa" tenga un reflejo en más personas que paguen parte de esa multa. "Les ha sorprendido en el Ayuntamiento gaditano que les llamara de Navarra. Ojalá hubiera mil como él que salieran a la prensa a decir lo que muchos pensamos".

DOS MESES EN EL PARO Dentro de su argumentación, este fustiñanero, en paro desde hace dos meses, no piensa en sacar al Rey "por las buenas" del trono, sino que "es momento de que se vote". "Nunca nos han dado a elegir si queríamos república o monarquía. Deberíamos tener la libertad suficiente en esta democracia para elegir un sistema u otro. Este señor es italiano, pues nació en Roma, y su mujer es griega. Yo creo que somos muchos los que pensamos así, pero con sentencias como ésta hay mucho miedo. Por eso quiero ayudar a alguien que se ha atrevido a decirlo".

El alcalde de Puerto Real estuvo la semana pasada en Pamplona dentro de las jornadas republicanas. Señaló que con sus declaraciones, en las que llegó a decir que "si una persona multiplica su patrimonio por 100 sin poderlo justificar, es un delicuente", sólo quería "forzar el debate".

Diario de Noticias

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El 'frente oriental' de la Guerra Civil. Un libro documenta por vez primera la existencia de brigadistas chinos





"Muchos camaradas del Ejército Rojo de China están dispuestos a ir a España para participar en vuestra lucha. [...] De no ser porque tenemos enfrente el enemigo japonés, iríamos con toda seguridad a integrarnos en vuestras tropas". Son palabras de Mao en una carta abierta al pueblo español del 15 de mayo de 1937. Unos 60 chipriotas, una docena de filipinos, tres vietnamitas y hasta un japonés formaron parte de los 40.000 hombres de 53 países que lucharon en España encuadrados en las Brigadas Internacionales. Pero no chinos. No podían, invadidos por Japón. Y con esa idea se quedó la historia.
Pues no: como mínimo, un centenar de chinos participaron en la contienda española. Así lo atestiguan Ni Hwei-ru y Len Y. Tsou, matrimonio taiwanés residente en Estados Unidos y sistemáticos doctores químicos que, tras ver en un libro conmemorativo de los 50 años de las brigadas una imagen de un soldado oriental, empezaron en 1996 a tirar de un hilo que, 13 años después, un montón de dinero personal y un sinfín de viajes a España, Rusia, Bulgaria, Alemania e Inglaterra, entre otros destinos de entrevistas con supervivientes y familiares, ha desembocado en el libro La llamada de España: los voluntarios chinos en la Guerra Civil española.

"Calculamos que fueron un centenar: la cifra la hemos sacado de algunas cartas y de una en concreto de Ling Ching Siu, que recogió el 26 de junio de 1939 un periódico en chino de Nueva York", afirma con detalle científico Tsou citando a uno de los 13 combatientes cuyas vidas han reconstruido al milímetro en el libro

El matrimonio empezó con pistas falsas: un voluntario chino frente al hospital de Benicàssim. "Ni las heridas, ni el nombre... Nada coincidía. Luego supimos que era normal: muchos chinos, especialmente los que provenían de Estados Unidos, se cambiaron los nombres de sus pasaportes y su destino para saltarse la prohibición de ir a luchar a España por la no intervención", apuntan.

"La mayoría procedían de Europa; eran huagong, obreros reclutados por compañías extranjeras en China en los años 20 para trabajar en Europa, sobre todo en Francia", apunta Laureano Ramírez, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, que ha traducido el volumen y que busca editor del estudio en España.

Sólo uno de los diseccionados provenía de China ("era un sindicalista y le perseguía el Kuomintang, que sostenía una feroz pugna con los comunistas") y apenas dos estaban ya en España: "Uno, Chang Chang Kuang, era un vendedor ambulante en Barcelona, donde vivía desde 1927; el otro era Chang Shusheng, del que sólo se sabe que se graduó en la Escuela de Tanques", aclara Ramírez.

"Identificaron la agresión fascista en España con el imperialismo japonés y se vinieron a luchar", argumenta la pareja para justificar su presencia en España. ¿Pero por qué no hacerlo, si acaso, en y por su propio país? "Ése era un dilema que se les planteaba; estaban ya en Europa con sus familias, su tierra natal estaba más lejos y la guerra era la misma; en sus cartas, lo debaten y muchos dicen: 'Cuando acabemos de aquí hemos de ir a casa' y así lo hicieron bastantes en 1938".

No pudieron crear una unidad propia, por lo que salpicaron las distintas brigadas según su segunda lengua. Tampoco su formación media les permitió grandes proezas militares, "pero estuvieron en las grandes batallas: Madrid, Brunete, la del Ebro...". Algunos pasaron por campos de concentración franceses. No corrieron mejor suerte los que fueron a luchar a China. Lo aclara Tsou: "No pudieron recibir el trato de héroes, sólo Ling Ching Siu acabó como viceministro del Ejército del Aire... Tras la Revolución Cultural de 1949 todos cayeron en desgracia por haber tratado y luchado con extranjeros". Ching Siu acabó en 1965 sepultado en su pueblo remoto natal... con las paredes de su casa decoradas con las fotos que hizo de la Guerra Civil española. El Gobierno chino tiene papeles y fotos, pero no las saca. Silencio y olvido.


CARLES GELI - Barcelona - 16/12/2009
http://www.elpais.com/articulo/cultura/frente/oriental/Guerra/Civil/elpepicul/20091216elpepicul_2/Tes