18 de diciembre de 2009

Muere uno de los ideólogos y ejecutores de la catástrofe capitalista en Rusia





El 16 de diciembre falleció a los 53 años, Egor Gaidar, mano derecha de Boris Yeltsin, se convirtió en el primer ministro de economía y finanzas de la nueva Rusia “democrática”, o como dicen los rusos “dermocrática” (dermó significa mierda). Gaidar, quien por cierto era nieto de dos famosos escritores soviéticos, fue el responsable directo de los primeros pasos de la nueva economía rusa, unos primeros pasos encaminados a vender a precio de ganga todas las empresas productivas y a sentar las bases de las privatizaciones que hicieron posible la aparición de los primeros oligarcas. Los rusos le deben también el quedarse sin sus ahorros de toda la vida, fruto de la salvaje depreciación del rublo y de la no menos salvaje inflación, producto de su liberalización de precios. También participó activamente en las conversaciones que terminaron con la disolución de la URSS, rubricada en el bosque de Bielovezh en Bielorrusia, de la que en estos días se cumplen 18 años.

En declaraciones a RIA Novosti, Iván Mielnikov (responsable de organización del PCFR) dijo:”Es difícil encontrar las palabras adecuadas, con algo de tacto, para comentar el fallecimiento de Egor Gaidar. (…) fue una persona compleja, pero en primer lugar es el símbolo de los problemas colosales, que tuvo que enfrentar el pueblo de nuestro país.”

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Los bandidos que saquean a los pueblos soviéticos






Según informaciones de newsru.com los “suizos soviéticos” ocupan los primeros puestos en la lista de ciudadanos más acaudalados de aquel país de acuerdo con la lista hecha pública por la revista “Bilan”.

La tercera posición de los más ricos la ocupa el conocido oligarca Viktor Vekselberg, al que,-pese haber perdido 3 mil millones- todavía le quedan entre 8 y 9 mil millones de francos suizos.

La decimocuarta posición, la ocupa Dmitri Rybolovlev, con 5-6 mil millones de francos suizos. Otro de los nombres que aparece en la lista entre los nuevos ricos es el de Gulnara Karimova, (hija del presidente de Uzbekistán Islam Karimov) que ocupa el cargo de representante permanente de su país en la delegación europea de la ONU en Ginebra. También se dedica al diseño de joyería, colaborando con la marca Chopard. Su fortuna asciende a 700 millones de francos suizos. Otro “habitante de Ginebra” famoso es Guennadi Timchenko, copropietario de la compañía petrolera Gunvor, al que se le calculan 3 mil millones.

En el apartado “constructores” aparecen Vasili Anisimov, natural de Alma- Ata con 1’5 mil millones. También vive en Suiza (para no alejarse mucho de sus 400 millones) el ex alcalde de Alma –Ata Viktor Jrapunov.

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Una película sigue la pista de la maleta de Capa…



El próximo mes de enero arranca el rodaje de La maleta mexicana, un documental dirigido por Trisha Ziff, la mujer que fue clave en el hallazgo de los 4.300 negativos hallados en el Distrito Federal.


Trisha Ziff lo llama “la tormenta perfecta”. En marzo de 2007, esta experta en fotografía nacida en Inglaterra y nacionalizada mexicana se reunía en un café de la avenida Insurgentes de la Ciudad de México con un hombre que traía una foto en un libro de bolsillo. Él era Benjamin Tarver y la foto, un retrato de Gerda Taro, realizado por Capa en 1936. Ziff debía certificar, por encargo del International Center of Photography de Nueva York, si Tarver tenía, como parecía, un material que llevaba 70 años perdido: la maleta de negativos de Capa perdida en Marsella en 1940.

Al mismo tiempo, en España se debatía a las bravas una ley que permitiría desenterrar los muertos del pasado. Traer de vuelta al presente aquello que se había silenciado durante cuarenta años de dictadura. La Ley de Memoria Histórica se aprobaba el 31 octubre de 2007, cuando Ziff cerraba con Tarver una larga negociación para trasladar aquellos 4.300 negativos, que recogen imágenes de la Guerra Civil disparadas por Capa, Gerda Taro y David Seymour. “Si el hallazgo se llega a producir diez años antes no hubiera tenido el mismo impacto. El pueblo español estaba conquistando el derecho de mirar a su pasado y estas fotos se lo mostrarían”, reflexiona Ziff.

“La maleta mexicana es sobre todo una metáfora”, mantiene Ziff

Esa tormenta, esa peculiar coincidencia es el punto de partida del documental que empezará a rodar en enero entre Nueva York, París y Barcelona, para luego continuar en abril por México, otra vez París, Marsella, Argèles, Salamanca y Madrid. “Desde luego que vamos a intentar desentrañar el viaje que hicieron los negativos de París a México, las incógnitas que siguen abiertas, que son muchas, pero la maleta es sobre todo una metáfora”, responde la directora en conversación telefónica desde México.

“Creo que hay cosas que nunca vamos a saber y no importa. No importa tanto quién llevó las maletas a Marsella en 1940. La película tampoco tiene que ver con la polémica de si la foto de El miliciano caído, de Capa, fue preparada. Lo que es críticamente importante es el derecho de la gente a conocer su propio pasado”, defiende. “La foto del miliciano contribuye al mito, y nosotros no es que queramos desmitificar a Capa, pero sí colocarlo en su lugar, junto a sus compañeros Gerda Taro y David Seymour”, aclara Víctor Cavaller, de Mallerich Films, coproductora catalana del filme.
Todas las maletas

“Me pregunto cómo deciden los gobiernos qué memoria es mejor”

Para ambos, esta es la historia de una maleta, pero también la de muchas otras. Una valija que remite a los miles de equipajes que se hicieron con urgencia durante la Guerra Civil. La maleta mexicana, de Robert Capa, es el símbolo de la travesía de los españoles del exilio y un pretexto, según la cineasta, para mirar a la historia de la relación entre México y España, y preguntarse cómo toman los jóvenes de hoy partido, qué saben y qué les queda de aquella lucha.

En Nueva York, Cynthia Young y Kristin Llubben del ICP fundado por Cornell Capa, hermano del famoso fotoperiodista siguen clasificando los 127 rollos que contenían las tres cajas de la maleta mexicana. “Ahora mismo estamos identificando las fechas y a las personas, los edificios, los lugares que aparecen en las fotos”, cuenta Young desde el museo neoyorquino. Entre el valioso material están las fotos que Capa tomó en el duro invierno de Madrid de 1937 o diez rollos tomados en los campos de refugiados del sur de Francia, entre cuyos presos estuvo el fotógrafo Agustí Centelles. De Taro una obra que, según Ziff, ha sido eclipsada por la de Capa y que beneficia lo íntimo frente a lo épico,Young destaca las fotografías del bombardeo del hospital de Valencia y de Brunete, donde murió. “De Chim no teníamos apenas negativos, los de sus series en Montjuic o en el País Vasco son un gran hallazgo”, explica Young.

Mientras espera a que el material salga a la luz el próximo otoño en la exposición que prepara el ICP, y con la seguridad de que ella es la única que podrá mostrar el material de la maleta en formato audiovisual, Trisha Ziff ya ha empezado a abrir otras maletas. “He empezado a contactar con algunos de los niños del exilio que llegaron a México. Es sorprendente ver cómo esa gente aún guarda las valijas que trajeron en el viaje”, dice.

“No queremos desmitificar a Capa, pero sí colocarlo en su lugar”
El último Hermano Mayo

Aunque no tan niño, Julio Souza Fernández llegó a México en 1945. Él es uno de los Hermanos Mayo, el grupo de cinco fotorreporteros que retrató la contienda española y que luego se exilió a México. Allí se convertirían en fotógrafos legendarios. Julio Mayo, como se conoce a este hombre de 97 años, vive en Puebla y ha sido uno de los primeros entrevistados por Ziff. “El archivo de los Hermanos Mayo es accesible en México pero tiene muy poco dinero para su conservación. Me hizo preguntarme quién decide cuál es la memoria que hay que conservar, cómo deciden los gobiernos en qué invertir, si hay memorias mejores que otras y por qué”.

Un mes antes de su encuentro con Mayo, Ziff había viajado a Holanda para hablar con la única persona viva que conoció a Capa antes de que este se embarcara en la contienda española. “Ata Kando y Capa se conocían desde el instituto en Hungría”, cuenta Ziff. “Le enseñé las imágenes del maletín y se sorprendió. Me dijo que ellos nunca clasificaban así el material, que la manera en que estaban guardados los negativos respondía a la urgencia”. Y añade: “Kando me habló también de cuánto sufrió Capa con la muerte de Taro, de su desesperación, pero también me contó de su generosidad. La invitó a vivir con él en el atelier de París de donde salieron los negativos, y le regaló una de sus cámaras cuando ella perdió la suya en París”.

El filme quiere vincular el compromiso de los tres fotógrafos “tres jóvenes que tomaron partido y usaron sus armas, las cámaras, para participar en la lucha contra el fascismo” con el compromiso de los jóvenes de hoy. El equipo de la película, que es el mismo de los documentales de Isaki Lacuesta, ya ha empezado a trabajar en ello. Ziff visitó dos institutos para preguntar a los chavales qué saben de la Guerra Civil. “Es hora de preguntar si realmente importa la memoria”, remata Ziff.

Público.es

http://www.publico.es/278719/pelicula/sigue/pista/maleta/capa