24 de diciembre de 2009

El último mensaje navideño del rey




A aquel monarca no se le conocían excesivos destellos de inteligencia. De hecho, ni siquiera se le conocían. Su vida había sido un inventario de regios dislates al que se entregara con generoso afán y en todas las escalas, y que, al margen de las incontables vidas descorchadas y vertidas por su ambiciosa y coronada necedad, poco más le habían dejado que unas surtidas cuentas y algunos ebrios cuentos.

Tampoco podía decirse de su alcurnia que fuera bendecida por la gracia. Nadie fue nunca capaz de detectar en su majestad algún perdido reflejo de humor o, acaso, una simple agudeza alguna vez.

Desde la cuna, tal vez antes, ciertas carencias con la dicción y la oratoria lo habían despojado del don de la palabra y, como su alteza tampoco andaba muy surtido de ideas, pronto acabó encontrando en los añejos grados del silencio, entre reales duermevelas y furtivos bostezos, su natural resaca y su mejor estado.

Cuentan sus biógrafos que, no obstante sus dificultades para sobrevivir ileso a un pensamiento, en algunas ocasiones, hasta llegó a construir una oración completa cuando en aristotélica sentencia mandó a callar a un presidente ajeno que censuró su reino, a un campo de fútbol que abucheó su rango y a un caducado yerno que se negaba a darse por discreto.

Dicen también, en su descargo, que eran tantas sus reales obligaciones en regatas baleares o en pistas de esquí alpinas que, con frecuencia, hasta debía alterar su propia agenda familiar trasladando la fecha de los nobles bautizos, postergando las puestas de largo, suspendiendo sus tradicionales cacerías de osos ebrios, sus públicos ánimos a las selecciones deportivas y las entregas de principescos premios.


A lo que nunca renunció su majestad fue al tradicional mensaje navideño que todas las nochebuenas lo sentaba en cada mesa de su reino para brindar junto a sus súbditos por un próspero año nuevo.

Y fue, precisamente, una inolvidable Nochebuena cuando el rey, como si de improviso se hubiera vuelto sobrio o cuerdo, como si la inteligencia no fuera un acertijo y el intelecto una deuda pendiente, se desentendió del guión que tenía escrito y, en un inusitado arrebato de lucidez, de proverbial sabiduría, anunció su irrevocable decisión de instaurar la república y abolir la monarquía.

Ante el estupor general, el rey quiso ir más lejos y, por si se arrepentía horas después, hasta decidió guillotinarse.

Lamentablemente, al día siguiente, la que pudo haber sido la noticia del año no tuvo su debido titular. Y es que, por más que todos los medios de comunicación habían retransmitido como público servicio el breve y real mensaje navideño, nadie, ni siquiera los medios, había prestado atención a su discurso. Menos el populacho entretenido en hacer sonar sus cacerolas en repudio a la figura del monarca.

El rey, en cualquier caso, tampoco llegó a guillotinarse dado que, a pesar de sus esfuerzos, no pudo encontrarse la cabeza. Ignoraba el infeliz que un rey no tiene porqué tener cabeza, que le basta con tener corona.

Koldo Campos Sagaseta

LA CAIDA DE MALAGA

Tropas alemanas desfilando por Málaga, con la bandera nazi









LOS PREPARATIVOS

La situación de Málaga

La toma de Málaga se sitúa dentro de un plan ofensivo, mucho más ambicioso, creado por Franco a instancia de los italianos y alemanes. Plan que incluía diferentes acciones en Andalucía y en el centro. Los italianos querían llevar en Málaga una ofensiva relámpago, que les sirvieran de modelo en futuras acciones. Telegrama del embajador alemán en Roma a su ministro, el 13 de enero de 1937: "Las fuerzas italianas, deben en el plazo de diez o quince días ejecutar una ofensiva relámpago contra Málaga, que servirá de base a Italia para sus operaciones futuras en todas direcciones". Otro telegrama del mismo embajador, del 8 de febrero de 1937 (día de la toma de Málaga), precisaba cuáles, a juicio de los italianos, deberían ser las primeras de esas "operaciones futuras en todas direcciones" en esta forma:
"Era preciso explotar el efecto moral producido por ese éxito marchando adelante, primero en dirección hacia Almería, para desencadenar en seguida, en cuanto fuera posible, la ofensiva al nordeste de Madrid, hacia Teruel y Valencia".

A principios de 1937, la línea del Frente Sur estaba localizada en un punto situado en la costa a treinta kilómetros de Gibraltar, se dirigía hacia el interior en la dirección de Ronda y después seguía las montañas hasta llegar a Granada, se extendía en un arco de unos 200 kilómetros de longitud sobre la costa mediterránea, desde la región de Estepona al oeste, hasta la de Orgiva-Motril al este, pasando por las alturas del sur de Granada, Loja, Antequera y Ronda. Lo abrupto del terreno en la retaguardia del frente facilitaba su defensa. La capital estaba siendo bombardeada constantemente, lo que le da un aspecto desolador. El 17 de enero, los nacionales lanzan una ofensiva bajo el mando de Queipo de Llano, aunque es el Coronel duque de Sevilla el que dirigía realmente al ejército del Sur sobre el terreno. El primer ataque tuvo lugar en la zona situada más al oeste del territorio republicano, incluida Marbella; después, las tropas de la guarnición de Granada, bajo las órdenes del Coronel Muñoz, ocuparon la localidad de Alhama y los territorios circundantes, situados al norte de Málaga. Estas dos acciones preliminares fueron llevadas a cabo casi sin encontrar resistencia.






Una vez iniciados los ataques numerosos refugiados empezaron a llegar a la ciudad. Las autoridades locales de Málaga pensaban que estas acciones no eran el preludio de un ataque más generalizado, por lo que Valencia no envió refuerzos. Por otra parte, era imposible llevar artillería, la única vía de acceso que estaba disponible para llegar hasta Málaga estaba cortada por una inundación en Motril, . Largo Caballero estaba valorando la idea de iniciar un ataque contra la ruta de Madrid a Valencia. Una semana pasó sin más novedad, pero al norte de Málaga se concentraban las tropas de los Camisas Negras del General Roatta, apoyadas por carros y vehículos blindados. Estas tropas italianas vestían sus uniformes italianos y no los de la Legión extranjera, como hicieron los aviadores italianos en los meses de julio y agosto de 1936. Los italianos estaban bajo un mando autónomo, e incluso habían propuesto que este ataque contra Málaga fuera un preludio de un avance contra Valencia, combinándolo con un desembarque.

Se ultiman los preparativos
El 2 de febrero, el General Franco llega a Sevilla con sus ayudantes del Estado Mayor para acercarse a las tropas y reconocer in situ el terreno. Es recibido por el General Quipo de Llano, con quien perfilar los últimos detalles de la conquista de Málaga. Aquí es donde se fragua el final de Málaga.

La defensa de Málaga:
Málaga cuenta con una defensa de índole revolucionaria, mal organizada y donde reina un ambiente caótico. En un principio en todo el sector de Málaga los distintos comités de defensa (Ronda, Málaga o Motril) formaron milicias, que normalmente tomaron la forma de "centurias" debido a la gran influencia de la CNT. En esta primera fase la CNT formó 5 centurias. Más tarde, tras la militarización de las milicias la CNT controló 4 batallones mientras que el PCE sólo 1. Además llegaron 2 batallones confedérales de refuerzo (Los batallones Ascaso). Sin embargo la penuria en armamento era trágica y el gobierno se negó a enviar refuerzos o material. Los combatientes se vieron obligados a hacer proezas de ingenio y de heroísmo para reparar las armas deterioradas y, aunque parezca increíble, a recuperar, bajo el fuego enemigo, las balas perdidas. El ejército del Sur se había constituido a finales del 36 al mando del General de Infantería Fernando Martínez Monje, este ante la inoperancia del Coronel Hernández Arteaga, por el fiasco de la ofensiva contra Cordoba, lo destituye por el Coronel José Villalba Rubio. Este nombramiento fue a instancias del subsecretario de guerra republicano, General José Asensio Torrado. Asensio, era el brazo derecho de Largo Caballero en el Ministerio de la Guerra y decidía en todas las cuestiones militares, incluso en las relativas a operaciones que no eran de la competencia de su cargo de subsecretario, sino de las del jefe del Estado Mayor Central, cargo que desempeñaba a la sazón el General Toribio Martínez Cabrera.
No desconocía Asensio las dificultades que iba a encontrar el Coronel Villalba en el mando de un sector como el de Málaga, que el general daba por perdido y al que no pensaba prestar la debida ayuda. Faltaban en Málaga medios de defensa y al Ministerio de la Guerra, en Valencia, llegaban apremiantes peticiones de armamento y munición. Pero Asensio les daba la callada por respuesta y aconsejaba al ministro que los armamentos, que en ese período llegaban de la Unión Soviética, fueran repartidos entre los diversos frentes, sin tener para nada en cuenta el de Málaga. La destitución de Hernandez Arteaga por Villalva, produce en la mayoría de las autoridades republicanas malagueñas un gran desconcierto y desolación. Agravando la situación, ya que estas se encuentran en el medio de una gran rivalidad que enfrentan a los anarquistas de la CNT, mayoría, y a los del Partido Comunista, en minoria.
El Coronel Villalba, llega a Málaga, desde Cataluña, para hacerse cargo de la defensa destituyendo al malogrado Coronel Hernández Arteaga. Se encuentra con los frentes y las retaguardias sin organizar, y unos 15.000 hombres hambrientos, alimentados casi exclusivamente con pescado frito. La mayoría son campesinos llegados a la ciudad con sus carros cargados de colchones, mantas y otros enseres, y voluntarios de la capital, muchos de los cuales no han sido militarizados, con escopetas de caza de un solo tiro y que aun no se habían registrado en el Ejército Popular. Cuenta el Coronel Villalva con 8.000 fusiles y 16 piezas de artillería prácticamente frenadas por el exceso de burocratización. A estas dificultades se añaden la falta de antiaéreos, cañones y munición, mandos subalternos y sobre todo, la poca disposición de los hombres a colaborar en los trabajos de fortificación y defensa.


Estas unidades republicanas que defendían el frente de Málaga, una serie de batallones y de pequeñas columnas milicianas, con un efectivo total de unos quince mil hombres, se hallaban a los siete meses de guerra casi en el mismo precario estado de organización que al comenzar la contienda..
Fue designado para Málaga el General ruso Emilio Kléber, pero nunca llegó. Al final tiene la ayuda del Coronel ruso Kremen, con quien tiene poca comunicación. Los soviéticos renegaban de los malagueños porque en mayoría, pertenecían a la CNT, FAI, JJSSUU, grupos anarquistas, contrarios al Partido Comunista. Por lo tanto la colaboración fue casi nula.
Mal se encuentra la situación para Málaga, desabastecía,el gobierno de la República mirando para otro lado; otros intereses. El caos y el miedo lo impregna todo.

Informe del Coronel Kremen al Ejercito Ruso. Al final indignado por la actuación de Largo Caballero, decide no trasladarse a Málaga por indicación del camarada Díaz, rechazando los consejos del Ayudante de Cabrera.
"... Ante la amenazante situación en el sector de Málaga, habían llegado al Comité Central camaradas de allí y habían hablado con el camarada José Díaz sobre mi envío a Málaga....logrando Díaz, de Caballero me nombrara oficialmente para mandar un sector del frente de Málaga. Fui convocado por el Jefe del EM, general Cabrera. Los camaradas Díaz y Grishin, me dijeron que debía pedir a Cabrera, estudiando la información disponible sobre la situación en el sur, que asignara al partido otros ocho mil fusiles y un destacamento de carros blindados para Málaga, que el camarada Grishin prometió apoyar esa petición... Supe por los miembros del partido que habían llegado de Málaga, que el cuartel general de aquel frente era poco fiable políticamente y que sería necesario solicitar el nombramiento de otros colaboradores para el cuartel general"
"...Acepté en principio el destino, pero después al leer los documentos, se decía en ellos ... el señor Kleber queda asignado al cuartel general del Sector de Málaga para ser adscrito a uno de los subsectores a su discreción. Eso significaba que yo no iba a estar al mando en el frente de Málaga como había acordado el camarada Díaz con Largo Caballero. En esas condiciones, por supuesto, no se podía ni hablar de la entrega de armas para Málaga".

Ante la desmoralización casi general, Martínez Monje destituye por inepto al Coronel Hernández Arteaga y en estos términos informa a Valencia.
"... para contener la desmoralización de las tropas, es preciso tener una barrera dispuesta para contener por las armas a los que huyen abandonando su puesto; actuando enérgicamente y con unidades dispuestas al fin indicado, pues tal medida es indispensable en estos momentos, ya que de otra manera la desmoralización se propaga y el Sector corre gravísimo peligro".
Prosigue. "A mi llegada a Marbella aprecié presencia en aguas de San Pedro Alcántara de nueve barcos enemigos ... que hacían fuego sobre dicho pueblo y nuestras tropas en franca retirada lo habían abandonado y retrocedido a Marbella....Esta retirada obedece a mismos motivos que ayer, pues a la acción de dichos buques se une el vuelo continuo de tres aviones enemigos, efectos sobrados para que tropas como estas, sin ninguna moral y sin mandos, abandonen sus posiciones sin aguardar al asalto de la infantería enemiga.....Sobre el terreno indiqué a Coronel Hernández Arteaga nombrase jefe de todas aquellas fuerzas que recayó sobre Teniente Coronel Infantería Mejide Gurrea.... Se han reunido allí mil hombres que con cinco piezas de artillería considero pudieran hacer frente situación se presente mañana...aunque el complemento de todo tipo ha de ser la acción de nuestra Aviación...".
Continúa Monje: "Este Sector, en las horas que llevo, presenta una ausencia total de mando y de energía en quien lo ejerce, por lo que considero urgentísimo el relevo de Coronel Hernández Arteaga, proponiendo para sustituirle a Villaba, Arana y Verdú por el orden que indico. La falta de moral se advierte hasta en los mandos subordinados, pero creo se corregirá con un Jefe Sector adecuado con carácter y energía que obligue al cumplimiento del deber... Esta acción no puede tener eficacia ninguna ni levantar la moral de la tropa...no veo otra solución que el poner a mi disposición en el campo de Málaga una escuadrilla de diez aparatos (caza y bombardeo...por el tiempo estrictamente indispensables...".


Tropas nacionales:
Ejercito del Sur al mando del General Queipo de Llano estaba constituido por seis columnas, y nueve batallones italianos, apoyados por aviones de la Legión Condor, instalados en el aeródromo granadino de Armillas; y finalmente con el apoyo naval de la flota, los cruceros Canaria y Baleares. Las seis columnas nacionales estaban al mando del Coronel Francisco de Paula de Borbón, duque de Sevilla, y estaban compuestas por 10.000 marroquíes (moros) y 5.000 requetés. Las italianas constaban de unos 10.000 soldados del CTV (Corpo truppe volontarie), al mando del general Mario Roatta -llamado Mancini-, que anteriormente había sido el jefe del espionaje militar italiano.
Los italianos tenían un especial interés en probar nuevas estrategias ofensivas y armamento nuevo; lanza llamas, tanques, por lo que van en un frente separado de los nacionales con mando autónomo. A Queipo de Llano esto no le gusta nada.
Las fuerzas se organizaron de la siguiente manera. Las españolas: el duque de Sevilla, manda seis columnas que se distribuirán sobre el terreno las siguientes misiones: la Columna Algeciras, mandada personalmente por Borbón, seguirá la línea Marbella-Fuengirola-Málaga; la Columna Antequera, del Comandante Alfredo Esquicia, la de Antequera-Valle Adaljis-Alora; la Columna Ronda, con el Teniente Coronel Corrales Romero al mando, penetrará por El Burgos-Yunquera-Coín; la columna Peñarrubia, del Teniente Coronel Gómez Cobián, lo hará por Peñarrubia-Ardales-Alora; la Columna Archidona, dirigida por el Comandante Gallego se ocupará de Archidona-Villanueva de Cauche. Quedandose en Granada, la Columna Alhama mandada por el Coronel Muñoz, que se encargará de las tropas de guarnición.
Las fuerzas italianas constan de nueve batallones, que desembarcaron en Cádiz a finales del 36. Son los primeros batallones italianos del CTV mandados por el General Roatta, que funcionaba también como jefe de los Servicios Secretos de Espionaje de Italia. Sus colaboradores son el Coronel Emilio Faldella, jefe de su Estado Mayor, y el Coronel Rossi, jefe directo de las tropas. También cuentan con una fuerza aérea legionaria de 100 aviones y carros modernos Fiat, Lancia e Issota Fraschini. Estas tropas irán divididas en cuatro columnas. Por la derecha, la del Coronel Rivolta con la misión de seguir el itinerario Antequera-Almogía-Málaga. Por el centro, la del General Rossi con la orden de seguir el sentido Loja-Villanueva de Cauche-Colmenar. Y por la izquierda la del Coronel Guassardo destino Alhama-Ventas-Zafarraya-Vélez-Málaga. Una columna de reserva mandada por el Coronel Salvi actuará de forma desarticulada en la zona de Villanueva de Tapia.
Esta fuerza fue apoyada por la aviación, que tenía superioridad absoluta en el aire, y desde el mar por el Velasco y los modernos cruceros Baleares y Canarias, al mando del Almirante Francisco Bastarreche, que actuarían de forma coordinada con la aviación. El acorazado "de bolsillo" alemán Graf von Spee vigilaba para evitar cualquier ataque por sorpresa que pudiera haber intentado la escuadra republicana.



EL ATAQUE

El 3 de febrero se inicia el avance. En el Frente del Sur, tres batallones bajo el mando del duque de Sevilla comienza el ataque a través de la Sierra Bermeja y la de Ronda. Se inicia la ofensiva con la climatología adversa, por lo que el apoyo de la aviación y la artillería se desarrolla con mucha dificultad. La resistencia republicana, en toda la sierra, fue mayor de lo prevista, lo que generó una mayor lentitud en el avance de las tropas. Manzini se instala en Antequera desde donde va a dirigir las operaciones de los suyos. La progresión de los nacionales por la costa es retenida en las cercanías de Ojén y por la noche, los italianos están listos para lanzarse al ataque. Sus tres columnas seguirán la ruta por las carreteras establecidas pero encuentran gran resistencia de los milicianos, aunque huyen despavoridos ante los tanques, nunca habían visto uno.

El día 4 se produce un ataque general. El Ejército, que ha roto el frente, ocupa Ojén y el avance también progresa por el sector de Alhama mientras los barcos nacionales cañonean con artillería el litoral de Fuengirola hasta la carretera de Málaga. Las columnas italianas, los Camisas Negras, se pusieron en marcha la noche del día 4, uniendose a las del duque de Sevilla y hacen frente a los tímidos contraataques republicanos, que se producen en varios puntos del frente.
En Málaga, este avance provocó rápidamente el pánico entre la población, por una parte debido a la aparición de los carros de combate italianos y por otra el miedo a quedar aislados del resto de la zona gubernamental.La capital se encuentra desbordada por la masa de campesinos que huyen de todas partes de la provincia. Conmocionada por el avance nacional y la guerra de Terror utilizada por Quipo de Llano, la población huye despavorida en masa de los pueblos y se refugian en la ciudad. La cual se encuentra inmersa en un gran desorden organizativo, hay escasez de víveres y suministros. El Coronel Villalva se ve desbordado por la situación y no consigue inculcar en sus fuerzas el necesario valor para luchar por la defensa de la Málaga.

El día 5 las operaciones se desencadenaron en dos direcciones: a lo largo de la costa desde Marbella, y desde la región Antequera-Loja-Alhama. Comienzan a las seis y media de la mañana cuando los cañones de la Legión extranjera italiana inician su actividad. Franco, por la mañana, habla por conferencia con Queipo y con los jefes de sus unidades. Entran en acción las tropas italianas dirigiéndose al puerto de Zafarraya donde los combates serán mas duros, e igualmente se encuentran núcleos de mucha resistencia en el puerto de Los Alozores. El Coronel Villalba, había enviado a este puerto un batallón de sus reservas y hasta las dos de la tarde no pueden los carros de combate italianos abrir una brecha. Toman el núcleo de Boca del Asno, llegando los carros hasta Villanueva de la Concepción, sin mucha resistencia.
Por la costa, el Coronel Borbón ocupa Fuengirola. Revienta las defensas republicanas. Seis columnas españolas y tres italianas avanzaban desde varias direcciones hacia Málaga comenzando una ofensiva con un intenso bombardeo.
En la capital cunde el pánico por los bombardeos desde el mar y por el anuncio del avance nacional. El caos se apodera de la ciudad. La situación en Málaga presenta las peores condiciones existentes en la zona republicana: alrededor de 600 rehenes se retienen en el buque-prisión Marqués de Chávarri, y grupos de ellos son ejecutados en represalia por los diversos ataques aéreos al puerto. Los comités de los marineros de la flota y la administración de la ciudad están divididos en una rivalidad mortal entre la C.N.T. y el Partido Comunista. Al igual que todas las ciudades republicanas, carece de defensa antiaérea. Sus milicianos, no reorganizados aún en el nuevo Ejército Popular, y de mayoría anarquista, no construyeron trincheras ni bloquearon las carreteras, porque lo consideraban de cobardes. El Coronel Villalba, sin cañones para colocar en las alturas, sin munición para dar a sus soldados, y sin la más ligera posibilidad de controlar las rivalidades dentro de la ciudad, no hay prácticamente nada que pueda hacer.

El día 6, los italianos llegan a las cumbres de Ventas de Zafarraya desde donde dominan la ruta de Almería. Se inicia el avance decisivo contra Málaga por el norte mediante una columna totalmente motorizada y precedida por carros de asalto exploradores (grupo central, elemento principal de penetración) que desde Loja entró en Alfarnate, mientras otras dos columnas de infantería, a sus flancos, avanzaban desde Antequera y Alhama. La columna central se encontró con un importante atrincheramiento al norte de Alfarnate, pero su fuego de artillería obligó a los republicanos a abandonarlo, aun antes de que la infantería, precedida por las unidades motorizadas, tuviese que intervenir. Después de reparada la carretera, que los rojos habían cortado, se procedió al ataque contra las posiciones de Alfarnate, densamente guarnecidas, obligando al enemigo a abandonarlas. La columna procedente de Antequera hizo notables progresos en dirección a Villanueva de la Concepción. La procedente de Alhama encontró una tenaz resistencia en Ventas de Zafarrayaen. Por el lado de los nacionales, una columna sale desde Coín y llega a un punto desde donde dominan Fuengirola, esta es abandonada. Mientras otras columnas nacionales se dirigen hacia Málaga dispuestas a aguardar a las restantes para entrar en la capital todas juntas. En Málaga empieza el éxodo, unas 60.000 personas inician la huída de la ciudad hacia Almería, de forma muy desorganizada


El día 7, los defensores de Ventas fueron arrollados tras una dura lucha; las otra dos columnas, sin encontrar resistencia notable gracias a la sorpresa, alcanzaron, respectivamente, Almogía y Comares. La columna oriental, unidades motorizadas italianas, proseguía el avance desde Ventas en dirección a Vélez-Málaga. Merced a la intervención directa del diputado comunista por Málaga, doctor Bolívar, dos batallones comunistas fueron enviados rápidamente desde Motril a unas posiciones al norte de Málaga que ocuparon y defendieron. Diezmados y aplastados por la superioridad numérica y de fuego del adversario, los batallones tuvieron que batirse en retirada. Desde el mar, los tres cruceros y otros barcos menores bombardeaban Málaga y Vélez-Málaga; los navíos republicanos refugiados en el puerto de Cartagena, en vez de acudir, permanecieron inactivos. La columna que operaba a lo largo de las costa avanzó desde Fuengirola hasta el puente sobre el Guadalhorce, en Torremolinos, a ocho kilómetros escasos de Málaga. El Canarias, el Velasco y el Baleares bombardeaban la ciudad, mientras que el acorazado alemán Graf Spee no se hallaba muy lejos. Por la tarde, los italianos alcanzaron los suburbios de Málaga. El ejército ítalo-franquista estaba ya a pocos kilómetros de una ciudad a la que no habían llegado los refuerzos para su defensa. Villalba ordenó la evacuación general, pues consideraba que la ciudad estaba perdida, se decidió el traslado del Cuartel General a Nerja. Los rápidos progresos de toda la columna y especialmente la amenaza por parte de la columna oriental que operaba sobre Vélez-Málaga provocaron el pánico en la capital; ello explica por qué los jefes de las fuerzas republicanas se alejaron de la ciudad. La población que quedó huye en masa de la ciudad, quedando ésta desierta. Una larga columna de refugiados salió, por todos los medios posibles, en dirección este, hacia Almería.

Día 8, Málaga es tomada por las fuerzas franquistas. A las 7.30, las primeras columnas del Coronel Borbón penetran en el barrio de Huelin por la carretera de Torremolinos y cruzan el río Guadalmedina. A las 9.30, entran en el puerto los cañoneros Canovas del Castillo y Canalejas. El Canalejas se hace cargo del buque-prisión Marqués de Chávarri con 300 prisioneros. A las 12.30, la columna italiana mandada por el Coronel Rivolta entra en el barrio del El Perchel. A las 14.00, las fuerzas desfilan por el centro de la ciudad. Entran en una ciudad desierta y derruida por los bombardeos. Facilitó también la conquista de Málaga... la traición de dos oficiales profesionales, Romero y Conejo, que, encargados de las fortificaciones, se pasaron al enemigo.


Comienza el horror en la capiatal. Los fascistas empiezan inmediatamente a tomar enormes cantidades de prisioneros y a ejecutarlos. La represión que siguió a la ocupación de Málaga fue una de las más violentas que se llevaron a cabo además de la de Badajoz. De los millares de simpatizantes republicanos que quedaron en Málaga, los que no fueron fusilados fueron a parar a la prisión. Un testigo apunta la cifra de 4000 muertos en la semana que siguió a la ocupación de la ciudad. El primer grupo de personas fue ejecutado en la plaza sin juicio previo, y un segundo lo fue igualmente después de un somero consejo de guerra. Siguiendo el plan del General Roatta, las fuerzas italianas y franquistas continuaron su ofensiva el día 9 en dirección hacia Almería, llegando hasta Motril, donde estrangularon la huída de los refugiados. Llegaron, al fin, los primeros refuerzos republicanos: la 6º Brigada mandada por el comandante Gallo. Estas tropas fueron reforzadas con otra brigada y con algunos batallones de la 13 Brigada internacional. Con ellas contraatacaron los republicanos y fijaron definitivamente al enemigo al este de Motril, sin permitirle realizar su propósito de apoderarse de Almería.

En la zona republicana, la pérdida de Málaga provocó la indignación popular. Una grandiosa manifestación tuvo lugar en Valencia ante la presidencia del Consejo de ministros. La exigencia de responsabilidades fue tan general e intensa que Largo Caballero se vio obligado a pedir a Asensio que presentase su dimisión del cargo de subsecretario de Guerra. El Coronel Villava, al tomar la ciudad los franquistas huyo de ella dejando detrás su maleta donde los militares rebeldes encontrarán el brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús, reliquia que luego veneró Franco, con devoción y lo acompañó hasta su muerte. Fue procesado y condenado a una pena de reclusión temporal por negligencia. Por el mismo motivo, fueron encausados los generales Asensio y Martínez Cabrera. Asensio no volvió a ocupar puesto militar hasta el final de la guerra, Martínez Cabrera fue absuelto y Villalba puesto en libertad más tarde. Ambos desempeñaron posteriormente varios encargos militares.
http://ladesbanda.iespana.es/lacaida.html

La Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi (1936-39


Manuel Azkune



Al caer el frente Norte, la mayoría del personal de la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi consiguió llegar a puertos franceses. En Francia quedarían definitivamente algo más de la mitad de estos marinos, entre ellos los comandantes Manuel Galdós, Francisco Elortegi, José Antonio Sopelana, los capitanes y muchos de los patrones de los dragaminas y la mayoría de los responsables de los servicios de tierra de la Jefatura de Marina.

Manuel GALDOS comisario político del JOSE LUIS DIEZEl resto cruzó la frontera catalana y prosiguió la guerra en las filas republicanas. Un grupo de más de medio centenar ingresó en la Marina Republicana. Entre ellos figuraban el 1º oficial del Bizkaya, Rafael Menchaca, y el del Donostia, Amadeo Uribe, y personal que había servido en el José Luis Díez y en los buques republicanos refugiados en Francia. Un grupo algo menor, encabezado por el comandante del Iparreko-Izarra, Pedro Ruiz de Loizaga, y el jefe de máquinas del Bizkaya, José Martínez González, ingresó en las unidades de Carabineros de Mar. Los demás pasarían al Ejército de Tierra y a la DCA (Defensa Antiaérea).

Entre los profesionales de la Armada, el número de vascos no era especialmente significativo. Sin embargo sí lo fue en la Reserva Naval formada con el personal procedente de la Marina Mercante, donde los oficiales vascos eran quizá el núcleo más numeroso. El escalafón de la Reserva Naval incluía al menos 17 vascos entre los más de cincuenta capitanes de corbeta y comandantes maquinistas inscritos, 27 tenientes de navío y capitanes maquinistas de setenta y seis, 7 alféreces de navío y tenientes maquinistas de cincuenta y otros varios entre los auxiliares y categorías inferiores. Algunos pasarían después, mediante cursos abreviados, al Cuerpo General de la Armada, como los capitanes de corbeta Enrique Bilbao Bilbao y Pedro Marcos Bilbao que acabarían la guerra como tenientes de navío del Cuerpo General.

Tripulantes vascos del Jose Luis Diez en FranciaEs más difícil precisar el número de vascos entre los maestres y marineros pero también debían ser bastantes pues su presencia se puede constatar en todos los buques de la Flota y también en algunos barcos menores y auxiliares y en la Infantería de Marina.

Desde el comienzo: el «Xauen» para la República

Marinos vascos estuvieron presentes en casi todas las acciones de importancia de la guerra desde el mismo estallido de la sublevación. Como ejemplo podría hablarse del caso del guardacostas Xauen (TN Eduardo Armada). La rebelión le sorprendió atracado en El Ferrol. Al iniciarse la lucha su comandante, que estaba decidido a incorporar el buque a los rebeldes y desconfiaba de su tripulación, salió con el buque hacia La Coruña en la medianoche del 20 de julio. Allí esperaba recibir auxilio para reducir a los que se le opusieran. Sin embargo, la noche del 21 al 22, cuando él y su segundo comandante esperaban el resultado de sus gestiones con los militares sublevados en La Coruña, la dotación les sorprendió, les encerró en sus camarotes y se hizo con el control del barco. Varios marineros vascos que cumplían el servicio militar a bordo del Xauen participaron en la acción y uno de ellos, Félix Iribar Ardanza, de Elanchove, que estudiaba entonces para piloto de la Marina Mercante asumió el gobierno del buque y lo condujo a Málaga, donde entró la noche del 24 al 25, después de bordear toda la Península.

Guardacostas XAUEN-e-94-2El Xauen fue el único de los buques de la Base Naval de El Ferrol que pudo incorporarse a la Flota Republicana. En agosto embarcó como capitán mercante Fernando Delicado Valle, de las Arenas. El guardacostas tomó parte en el desembarco en Mallorca y acabó bloqueado en Málaga a comienzos de 1937. Allí fue hundido el 8 de febrero para evitar su captura. Parte de la tripulación, entre ellos Félix Iribar y el grupo de vascos pasó al submarino C-4. Iribar llegaría luego a alférez de navío en el destructor Lepanto. Fernando Delicado, por su parte sería hecho prisionero a bordo del Galdames tras el combate de Cabo Machichaco.
En los submarinos

En el C-4 iba de comandante el teniente de navío de la Armada Jesús Lasheras Mercadal, donostiarra y simpatizante de los franquistas. Varios tripulantes más eran de origen vasco. El submarino fue enviado al Cantábrico en mayo de 1937 y operó desde Santander. Su actividad en el Norte fue nula por la acción saboteadora de su comandante que después de la evacuación de Santander, condujo su buque a La Verdon el 28 de agosto y allí desertó. El C-4 no regresaría al Mediterráneo hasta abril de 1938.

FIDEL EMPARANZA comandante del submarino-C-6Varios oficiales vascos de la Reserva Naval sirvieron en submarinos republicanos. Fue el caso de Ignacio Ibarzabal Egia, de Guecho, que llegó a mandar el C-1 durante el mes de agosto de 1936. Un guipuzcoano, de Deba, Fidel Emparanza Zabala embarcó en el C-6 como oficial de derrota en agosto de 1936 y actuó también como comandante del submarino durante el mes de enero de 1937. El C-6, como ya se ha visto en otras páginas, fue el más activo de los submarinos republicanos. Subió al Cantábrico en mayo de 1937 y actuó allí hasta su hundimiento el 20 de octubre. Además fue el único que embarcó tripulantes procedentes de la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi.

Fidel Emparanza, ascendido a capitán de corbeta, pasó luego un corto período como oficial del crucero Libertad. En 1938 fue nombrado 2º comandante del C-4 mientras estaba en Burdeos y regresó con él a Cartagena en abril de 1938. Más adelante ocupó el mismo cargo en el C-1, realizando cruceros de vigilancia por la costa mediterránea hasta que el barco fue hundido en un bombardeo aéreo en Barcelona la noche del 8 al 9 de octubre de 1938.

Submarino C-2 en Brest en 1937Otros oficiales vascos embarcados en submarinos fueron los capitanes de corbeta Victoriano Espinosa Echevarría, bilbaino, que estuvo de oficial de derrota en el C-2 durante la campaña del Norte, y Esteban Hernandorena, portugalujo, que también participó en las operaciones de traslado a Cartagena en 1938 del C-2 y del C-4, refugiados en Francia desde septiembre de 1937, y fue luego oficial de derrota del José Luis Díez.
En cruceros y destructores

La escasez de oficiales del Cuerpo General de la Armada hizo que fueran muy numerosos los oficiales mercantes de la Reserva Naval que ocuparan puestos relevantes en los principales buques de combate de la Armada Republicana. Embarcaron generalmente como ofíciales de derrota y algunos llegaron a 2º comandante e, incluso, a mandar algún buque.

Azkune oficial de derrota del JOSE LUIS DIEZEstaban entre ellos los capitanes de corbeta Francisco Amézaga (de Plencia, oficial del Almirante Miranda y 2º comandante del Libertad), Rafael Menchaca (de Plencia, oficial del Císcar, 2º comandante del Almirante Antequera, José Luis Díez y crucero Cervantes), Rafael Inda Ajuria (de Guecho, oficial del Almirante Ferrándiz y Méndez Núñez, 2º comandante del Jorge Juan), Pedro Marcos Bilbao (de Bilbao, 2º comandante del Escaño, comandante del Almirante Antequera), Lucio Acha Mota (de Bilbao, 2º comandante del Gravina y del Antequera), José Aguirre (de Vitoria, oficial del Sanchez Barcáiztegui, falleció en un bombardeo aéreo en Cartagena), Joaquín Palacios (de Elanchove, 2º comandante del Jorge Juan), los tenientes de navío Manuel Azkune (de Algorta, oficial del José Luis Díez y Almirante Valdés), Carmelo Larrasquitu Torre (de Erandio, oficial del Almirante Miranda), ...

Entre los oficiales profesionales estaba el guardiamarina tolosarra, ascendido durante la guerra a capitán de corbeta, Juan Antonio Castro (2º comandante del crucero Méndez Núñez, comandante del Císcar y del José Luis Díez) y los capitanes maquinistas Pedro de Loyola (de Bermeo, jefe de máquinas y 2º comandante del José Luis Díez), Rodolfo Babío (portugalujo, jefe de máquinas del Císcar y del Escaño),... En el Cuerpo de Auxiliares de Sanidad ingresó Anastasio Arbe Oleagoitia (de Bilbao, en el Císcar y Miguel de Cervantes) que antes había sido practicante del bou Araba.

Juan-Antonio Castro del Ciscar y Jose Luis Diez en uniforme de la Marina FrancesaAdemás había marineros vascos repartidos por todos los buques, con grupos superiores a treinta personas en el Méndez Núñez, Císcar y José Luis Díez; eso sin contar los más de 200 tripulantes que llegaron a embarcar en ambos destructores, procedentes de la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi. Los vascos participarían así en las principales operaciones de la Flota Republicana en el Cantábrico y Mediterráneo, en las escoltas deconvoyes, combate de Cherchel (7-9-37), hundimiento del Baleares (6-3-38), ...
En los barcos auxiliares

Moises Larrabeiti maquinista de la lancha antisubmarina ELLATambién en los guardacostas y buques auxiliares de la Marina de Guerra Republicana había un buen número de marinos vascos. En 1937, para proteger el tráfico mercante en aguas costeras, la Marina Republicana organizó varias Flotillas de Vigilancia y Defensa Antisubmarina agrupando a los guardacostas, dragaminas y lanchas antisubmarinas situados en las diferentes bases navales repartidas por el litoral levantino: la de Cartagena (2-1-37), Cataluña (7-6-37), Almería (26-6-37), Valencia (17-8-37) y la de Baleares (31-10-38). Desde octubre de 1937 estas flotillas se coordinaron a través de un organismo denominado Jefatura de la Defensa Móvil Marítima. Varios oficiales vascos sirvieron en estas unidades de defensa costera, como el teniente de navío Iñigo Renteria Aurrekoetxea, inspector del rastreo de minas de la Flotilla de Vigilancia de Almería o el capitán de corbeta Angel Chicot Badiola, de Bermeo, 2º comandante del cañonero Laya, buque insignia de la Flotilla de Vigilancia de Valencia hasta que fue hundido en un ataque aéreo (15-6-38). Varios más sirvieron en la Flotilla de Vigilancia de Cataluña, por ejemplo el teniente maquinista Pedro Etxaniz (ex 2º maquinista del Gipuzkoa), destinado a la Plana Mayor; el primer mecánico Moisés Larrabeiti Bilbao (antes en el D-8), embarcado en la lancha antisubmarina Ella; el auxiliar de artillería Francisco López Rico (cabo de cañón del Donostia); el patrón Guillermo Anduiza Goicoechea, comandante del dragaminas D-195, los subdelegados del rastreo de minas en La Selva y Guixols, Santiago Azcorra y José Mª Artategui, ...

También los había en los buques auxiliares. Más de una quincena tripulaba el buque tanque Elcano y bastantes más estaban repartidos por diversos transportes de guerra. En el SAC-2 (luego denominado Transporte T-C) estaban los tenientes de navío de la Reserva Naval Lucio Solaegi, de Guernica, y Mario Agirre Arretxe, de Lequeitio, como comandante y 2º comandante respectivamente; el capitán maquinista Francisco Llona Menchaca, de Urduliz, durante un tiempo jefe de máquinas del buque, y los alféreces de navío Luis Goicoechea Eguía, de Lequeitio, y Gerónimo Zabala Zarraga, de Bermeo. Lucio Solaegui había mandado antes el transporte Poeta Arolas (Transporte T-A), hundido en un bombardeo aéreo de Cartagena (12-7-38). Además de los ya citados, el capitán de corbeta Joaquín Palacios estuvo también embarcado en el transporte Almirante Lobo.

Cabo Santo Tome incendiado en Cabo Rosa 10-10-37.jpgVarios más estuvieron en mercantes armados dedicados al tráfico con la URSS o entre los puertos republicanos del Mediterráneo: los capitanes de corbeta Eugenio Montilla Escudero, de Corella, y Rafael Inda Ajuria se alternaron al mando de los mercantes armados Cabo San Agustín y Cabo Santo Tomé. Al efectuar un viaje éste último, bajo el mando de Rafael Inda y cargado de armas desde Odessa (URSS) para Valencia, fue atacado por buques franquistas cerca de la costa argelina el 10 de octubre de 1937. Venía camuflado con bandera inglesa y nombre falso de Korsu, cuando fue interceptado por los cañoneros Dato (CC Joaquín Bustamante) y Cánovas (CC Pascual Cervera) frente a Galita que le cañonearon e incendiaron. El mercante, con una artillería inferior a la de sus oponentes, no pudo hacerles frente y fue a embarrancar en la costa; entre sus tripulantes hubo 1 muerto y 7 heridos. El Cabo San Agustín quedaría internado en Feodosia (URSS) al finalizar la guerra y se incorporaría luego a la Marina Mercante soviética. Otro buque destinado a este mismo tráfico fue el Artea Mendi (Transporte T-M), que estuvo bajo el mando del teniente de navío Vicente Artolazaga, de Gatica, sustituido en los últimos meses de la guerra por Mario Agirre.
El «Tramontana» y el «Vita»

Bacaladero TRAMONTANA luego convertido en transporte armado de la Marina RepublicanaPero el buque con mayor proporción de vascos de toda la Marina Republicana fue el transporte armado Tramontana. Originalmente era un bacaladero de la compañía PYSBE, gemelo del Mistral, luego transformado en bou Gipuzkoa. No llegó a incorporarse a la Marina Auxiliar de Euzkadi porque en septiembre de 1936 fue reclamado por el ministro de Marina y Aire, Indalecio Prieto cuando estaba seleccionado para ser artillado. El Tramontana operó el resto de la guerra en el Mediterráneo convertido en un buque muy singular. Se le destinó a cometidos especiales, generalmente bajo dependencia directa del Estado Mayor de la Marina Durante toda la guerra mantuvo a la mayoría de su primitiva tripulación de PYSBE que encabezaba el capitán de corbeta de la Reserva Naval Mariano Manresa, santanderino; como lº oficial iba el lequeitiarra Isaac Echave, con categoría de teniente de navío; de jefe de máquinas, el capitán maquinista Alvaro Arechavaleta, de Erandio; de 2º, Manuel Aberasturi, de Arteaga, y de 3º Eduardo Echaniz, de Elgoibar. Más adelante se incorporarían los alféreces de navío de la Reserva Antón Brouard, de Lequeitio, y Amadeo Uribe, de Busturia. También la mayoría de los subalternos y marinería eran vascos y alguno cántabro.

Prieto reclamó el buque para dedicarlo al traslado de oro del Banco de España desde Cartagena a Marsella con el fin de pagar compras de material militar hechas en Francia. El Tramontana realizó cuatro de estos viajes el 12 y 29 de octubre de 1936, el 9 de diciembre y el 10 de enero de 1937, transportando 1.688 cajas con más de 110 toneladas de oro sin sufrir ningún percance. Una vez finalizados los transportes de oro, se dedicó a labores de transporte de guerra, realizando un viaje mensual entre Cartagena y los puertos republicanos del Mediterráneo. En el verano de 1937 se le instaló a popa una ametralladora antiaérea y desembarcó Mariano Manresa, asumiendo el mando del buque el teniente de navío Isaac Echave.

Amadeo URIBE oficial del DONOSTIA y comandante del transporte armado TRAMONTANADespués del verano los viajes como transporte continuaron al mismo ritmo. En el transcurso de uno de ellos, el 14 de octubre, el Tramontana fue atacado por el submarino italiano Galileo Galilei (CC Alfredo Criscuolo) que, operando bajo bandera española como General Mola II, le lanzó tres torpedos. El ataque se produjo de madrugada cuando el barco cruzaba frente a Tarragona en dirección a Barcelona, a la altura del cabo de Salou. Dos torpedos pasaron por proa y popa sin alcanzar al barco y el tercero, bien centrado, pasó afortunadamente por debajo.

En febrero de 1938 trasladó a Rosas 250 minas que debían servir para establecer las defensas submarinas del puerto. Durante el mes de junio se le montó en Cartagena 1 cañón Vickers de 101’6 mm. a proa, conservando a popa la ametralladora antiaérea. Nunca llegaría a emplear el cañón en acción de guerra y la ametralladora sólo en una ocasión, durante un ataque aéreo contra Barcelona. En julio fue asignado a la Flotilla de Vigilancia y Defensa Antisubmarina de Valencia, muy mermada por varios ataques aéreos, aunque el Tramontana siguió prestando los mismos servicios de transporte entre Cartagena, Valencia y Almería.

Yate VITAEl 31 de agosto desembarcó el comandante Isaac Echave y varios tripulantes, reclamados por el ministro de Hacienda para que se presentaran en Barcelona. Más adelante se trasladarían a Francia con Mariano Manresa, el antiguo comandante del buque, para hacerse cargo del tesoro de la República. A ellos se les encomendó conducirlo a México, a bordo del yate Vita. La tripulación del yate estaba formada por oficiales y marineros vascos y cántabros, bajo el mando del capitán José Ordorika, de Lequeitio, y de Mariano Manresa como administrador responsable de la operación. El tesoro llegó a Veracruz en el Vita el 23 de marzo de 1939 y sirvió para auxiliar a los republicanos en el exilio después de la guerra. A Echave le sustituyó en el mando del Tramontana el teniente de navío Manuel Hoyos Amenabar de Santurce, que sólo estaría un mes, pues a finales de septiembre tomaría el mando el alférez de navío Amadeo Uribe, antiguo oficial del bou Donostia y permanecería en él hasta el fin de la guerra.
Rumbo a Bizerta

El episodio final de la Guerra Civil en el mar, el abandono de Cartagena por la Flota Republicana, tuvo también nombres vascos entre sus protagonistas. El 5 de marzo de 1939, la Flota se vio obligada a abandonar su base de Cartagena al estallar en la ciudad una rebelión de signo franquista, al tiempo que en Madrid triunfaba el golpe de Estado del coronel Casado. Otros buques también siguieron a la Flota en su salida, como el Tramontana y el Transporte T-C (ex SAC-2), cargados de personas que escapaban de la ciudad presintiendo el final.

Rafael MENCHACA oficial del Bizkaya Jose Luis Diez CervantesEn vista de que la situación no estaba clara, el Jefe de la Flota, decidió no regresar y puso rumbo a las costas de Argelia. Una de las pocas voces discordantes fue la del comandante del destructor Almirante Antequera, el ya teniente de navío del Cuerpo General Pedro Marcos Bilbao, que pretendió regresar a Cartagena para no abandonar a los republicanos que habían quedado allí, pero el Jefe de la Flota le obligó a reincorporarse a la formación. A bordo del buque insignia, el crucero Miguel de Cervantes, varios mandos socialistas y el Jefe del Estado Mayor detuvieron a una treintena de marinos, entre ellos al 2º comandante, capitán de corbeta Rafael Menchaca, por temor a que intentaran apoderarse del buque para regresar a Cartagena.

Destructor Almirante Antequera en Gijon en 1936Finalmente la Flota entró en el puerto tunecino de Bizerta el 7 de marzo, después de solicitar asilo para sus tripulaciones. El Tramontana, el T-C y otras embarcaciones lo hicieron en Orán el mismo día, iniciando un goteo de llegadas de buques sueltos que se prolongaría todo el mes. La guerra había concluido en el mar. Muchos marinos vascos fueron a parar a campos de concentración: Marcos Bilbao, Menchaca, Azkune, Uribe, Palacios, Iribar, Agirre, Acha, ... Para ellos empezó entonces el largo camino del exilio.
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