16 de octubre de 2010

Como una ola


Jean-Emmanuel Ducoin

¡Casi 3,5 millones de ciudadanos en las calles ! Antes de cualquier otra consideración, en primer lugar es necesario significar alto y fuerte la importancia de esta fecha : martes 12 de octubre de 2010 quedará, en efecto, como un momento especial en la historia social contemporánea de Francia, además de ser quizás un día decisivo en el conflicto contra el proyecto de ley de destrucción de nuestros derechos de acceso a la jubilación. La extensión de las movilizaciones se resume en una palabra : ¡enorme ! Más vale decirlo, los manoseos gubernamentales acerca del número de manifestantes (que un sindicato de policía denuncia públicamente) no va a cambiarlo. La jornada de acción unitaria, potente, diversificada, determinada, es la prueba manifiesta de que el movimiento social tiene la fuerza de obligar al gobierno a renunciar a su funesto proyecto : “¿Por qué vamos a ganar ?” preguntaban los manifestantes, “porque somos fuertes y estamos unidos” respondían a coro. Todo un símbolo.


Todos lo han constatado. Las manifestaciones han sido más masivas que durante las citas precedentes. De forma que el movimiento se amplifica. Se expande. Más alumnos de secundaria y estudiantes universitarios. Más asalariados del sector privado. Sin hablar de las huelgas, casi todas más importantes que las del 23 de septiembre, en la SNCF, en la RATP, entre los funcionarios, en La Poste, en EDF, en las refinerías, en los puertos, en la metalurgia, etc.… Hemos asistido a una nueva etapa de agitación social de la cual se desconoce, en el momento en que escribimos estas líneas, a dónde nos llevara y cuando se parará. En numerosos sectores de actividad, los trabajadores votaban masivamente en favor de la reconducción de las huelgas… “Nosotros vamos a continuar, no nos vamos a parar sólo porque los senadores hayan votado”, decía Bernard Thibault. “La responsabilidad de la radicalización recae en el gobierno, que está sordo”, analizaba François Chèrique. Por primera vez desde el inicio del proceso de movilización, las acciones duran y las iniciativas propias se multiplican para hacer “puente” con la cita del sábado 16 de octubre, fecha de la próxima jornada interprofesional.

Como una ola, la revuelta crece en el país.

Por consiguiente, el contraste entre la cólera de la calle y la intransigencia en la cima del Estado tenía un lado provocador. De tal manera que, en plena tarde, hacía falta pellizcarse muy fuerte al escuchar primero las palabras de François Fillon, seguido de Eric Woerth, es la Asamblea Nacional. “Lo digo muy solemnemente, estamos decididos a llevar a cabo esta reforma, se ha llegado al límite de lo posible”, declaró el primer ministro. “Vamos a ganar la batalla de las pensiones, no lo vamos a imponer” añadió el ministro del trabajo. El uno y el otro manifestaban la total irresponsabilidad de un poder más aislado que nunca.

Despreciativo, todo el sarkozismo había apostado por el agotamiento de las movilizaciones. ¡Pero es justo lo contrario lo que sucede ! Por una sencilla razón. Una inmensa mayoría de nuestros conciudadanos ha comprendido poco a poco la crueldad e ineficacia de este proyecto injusto, que hace reposar el grueso del esfuerzo en el mundo del trabajo y de los pensionistas mientras que las potencias industriales y financieras quedan prácticamente exentas. ¿Cómo el presidente de los ricos y de las clases dominantes iba a preocuparse por el bien común y el interés general ? Ahí está hoy al pie de un muro erigido por el pueblo. “¿Sarkozy, nos ves esta vez ?”, gritaban los manifestantes. Este martes 12 de octubre, el Palacio ha temblado. Y esto no ha terminado...

Traducción : Toni Chumillas