20 de octubre de 2010

PLAN MODERNA

Artículo firmado por GREGORIO OJER BUENO (afiliado al PCE/EPK y Miembro de la Ejecutiva de IUN/NEB), y publicado en el “Diario de Noticias” (19/10/2010)
El pasado marca y el presente subraya los instintos devastadores de personajillos que, retirados a puestos de: a dedo creo un cargo para ti, o arrímate a mí que no vas a pegar un palo en toda tu vida, pretenden, con sus gestos políticos, justificar una línea de fuga en los derroteros progres de unas prebendas que son incompatibles con las propuestas directas y sinceras de una parte de la izquierda que tiene por referente la idea de clase y la transformación de la sociedad, que en primer lugar pasa por proponer un nuevo modelo productivo que nos sitúe fuera de este desarrollismo depredador y un nuevo sistema democrático que pase por la participación directa de la ciudadanía.

La velocidad de este tren regresivo no para en los andenes de la ciudadanía sin registro y sin posibilidad de enmienda, como tampoco los planes desarrollistas que en su filosofía quedan deslegitimados por los referentes a una época franquista en la que la línea azul pasaba por situar el progresismo de esta sociedad navarra en marcos ideológicos atomizados en torno a tecnócratas del Opus y a gente bien avenida.

El Plan Moderna, como el plan desarrollista del TAV se sitúan en la pragmática franquista. Una pragmática que, a día de hoy, intentan ofrecérnosla como una propuesta que embarque a la sociedad navarra en un devenir social y económico donde la participación ciudadana quede maniatada, obviada e hipotecada a quince años vista.

Contra un sistema democrático vale todo. Vale un plan que empeñando la decisión política y ciudadana, mandándola al ostracismo ideológico, genera recursos públicos para que pasen a gestionarlo entidades privadas. Vale la imposición de unas infraestructuras que, por encima de las necesidades reales de la gente de a pie, repique al unísono la cantinela de la necesidad de unos pocos por el bien de los demás. Vale, por último, todo lo que las instituciones de su democracia tengan a bien dictar. Mientras, como dice Ferlosio, nada huele, non olet.

Pisemos el felpudo de los trabajadores y apostemos por una generación suicida que, al dictamen del santo santorun del Fondo Monetario Internacional nos obligue a posicionarnos en una lucha final de nosotros o ellos.