20 de diciembre de 2010

Entrevista suscrita por Joseba Urrosolo Sistiaga, Kepa Pikabea, Carmen Gisasola, Jurgi Oteiza, Andoni Alza, Rafa Caride Simón, Ibon Etxezarreta




Ocho presos que cumplen condena en la prisión de Langraitz y que se muestran favorables a un proceso de resolución contestan a Diario de Noticias a través de un cuestionario en la antesala de que, según coinciden todos los analistas, ETA emita un nuevo comunicado

PAMPLONA. Los conceptos "cambio de ciclo" y "proceso irreversible de paz" se repiten como un mantra en la entrevista concedida a este periódico por un colectivo de reclusos que ha rechazado la violencia y se ha desmarcado de ETA. Al tiempo que reclaman un papel más activo en dicho proceso, apuntan que la clave es lograr hacer el mismo "definitivo e irreversible".

¿Cómo ven desde dentro de la prisión el proceso que se está dando dentro de la izquierda aber-tzale ilegalizada?

Como todos los anteriores debates y procesos, con muy poca información de lo que en realidad se está haciendo y llenos de dudas provocadas, entre otras razones, por la desilusión y pérdida de credibilidad que trajo consigo el fracaso del anterior proceso. En cualquier caso, vemos que, aunque lentamente, por fin se están dando pasos concretos de cara a un cambio de ciclo, pero, a nuestro entender, sin la claridad y contundencia necesarias en la escenificación del fin de una etapa.

¿Les parecen suficientes los pasos dados hasta ahora?

De puertas afuera podrían serlo, pero tenemos la impresión de que de puertas adentro algunos aún no han terminado de asumir que no solo hay que cerrar el ciclo de la lucha armada, sino que hay que plantear las cosas con otra mentalidad y no como se ha hecho hasta ahora. Se han llevado las cosas a un punto en el que, para poder recuperar en la sociedad la credibilidad y un clima favorable para el cambio de ciclo, se va a tener que hacer un gran esfuerzo, dar pasos en serio y dejar atrás una mentalidad y unos discursos que solo han traído problemas. De eso dependerá cómo se vaya a cerrar este ciclo, cómo se vayan a solucionar algunos de los problemas pendientes y cómo se abrirá el nuevo ciclo.

¿Cómo valoran el que la decisión de la antigua Batasuna sea unilateral, es decir, sin condiciones ni ninguna negociación?

Pues como una consecuencia de no haber hecho las cosas de otra manera en su momento. Gerry Adams ya decía en unas declaraciones a The Independent: "Llegamos a un punto en el que teníamos que elegir entre dos posibilidades. La primera era la vía fácil, continuar con la guerra hasta que ésta no se pudiese continuar para juntarnos entonces en los homenajes, en las barras de los bares y hablar de los viejos tiempos. O bien, tomar la vía más arriesgada que consiste en buscar activamente una solución política al conflicto". En Euskal Herria algunos se empeñaron en llevar las cosas hasta el final de la primera vía y ahora les toca a otros reconducir la situación tarde y mal por la segunda vía. Así y todo, ahora lo importante es que hasta Arnaldo Otegi asuma en las páginas de El País que la decisión tiene que ser unilateral e irreversible.

¿Se podían haber dado antes esos movimientos?

Siguiendo con el ejemplo irlandés, después de años de contactos, Alec Reid decía que cuando llegaron a un acuerdo tuvo el convencimiento de que eso mismo hubiera sido posible muchos años antes. En nuestro caso será aún más evidente. No es momento de pasar facturas por los errores cometidos, pero tampoco podemos olvidarlos y hacer como si no hubieran existido, cuando se corre el riesgo de repetirlos.

¿Qué ha obligado a dar ese paso? ¿Cuánto ha afectado en la decisión de la izquierda abertzale la presión del Estado español?¶ La presión ha existido siempre. No hay una única, sino diversas razones. El fracaso de otros procesos, la actitud de la sociedad y de la base social de la propia izquierda abertzale con respecto a la lucha armada... han llevado a Batasuna a abrir un periodo de reflexión y debate entre su militancia. A nuestro entender acertaron abriendo el debate a la militancia y haciéndolo público a pesar de la oposición de ETA.

¿Cómo debería responder ETA ante esta situación?

ETA deberá asumir que desde la propia base social de la izquierda abertzale se le está diciendo que no puede seguir con la lucha armada y deberá plantear el cese de su actividad de manera irreversible. A estas alturas sirve de muy poco hablar de una tregua permanente y verificable si no se ha tomado la decisión definitiva de dejarlo. Algunos pueden aceptar lo de la tregua permanente y verificable sabiendo que eso solo servirá para alargar tanto la indefinición como la supervivencia de la organización armada. Cuando en realidad, nos encontramos con una organización que ya ni puede tener actividad como tal, pues hasta desde Batasuna le están diciendo que si hacen algo se quedarán fuera de la izquierda abertzale. Y si se ha decidido dejar la lucha armada, desactivada ya de facto, tampoco sirve de nada adornarlo como tregua permanente o tregua verificable como si aún se dejara la puerta abierta a una ruptura de dicha tregua. Eso es absurdo. Por lo tanto, lo que está en juego es saber si se ha tomado la decisión de dejar definitivamente la lucha armada o no. Y hay que plantearlo así de claro, porque si no, si esta situación se alarga, cuando se quiera escenificar el fin de la lucha armada se pueden encontrar con una sociedad que diga: "¿Pero ahora de qué queréis hablar si la lucha armada ya la dimos por finalizada hace tiempo?".

¿ETA va por un camino y Batasuna por otro, o las dos van juntas?

Pues pensamos que ni lo uno ni lo otro. Hay que entender que la ruptura de Loiola fue especialmente traumática entre los que participaron por parte de ETA y Batasuna debido a las diferentes posturas que mantuvieron. A raíz de aquello unos se empeñaron en seguir con la lucha armada y otros, tanto en Batasuna como en las cárceles, han dejado de limitarse a aceptar "lo que viene de arriba" y se están dando pasos concretos para cerrar el ciclo de la lucha armada. Por eso se plantearon las asambleas en los pueblos, para tener legitimidad ante los que quieren seguir con la lucha armada. Legitimidad que necesitaban para dar pasos en un proceso que no deje espacio para la continuidad de la lucha armada.

¿Los ritmos de la izquierda abertzale ilegalizada y de la organización armada son los mismos?

Desgraciadamente, no. Batasuna quiere y necesita pasos más rápidos y más concretos, mientras que desde ETA se están adaptando tarde y de forma forzada a la situación que se les plantea.

¿Ven riesgo de escisión dentro de ETA?

Desde Batasuna se están planteando los pasos con excesiva cautela argumentando que hay que evitar escisiones. Nosotros pensamos que la mejor manera de evitar escisiones en ETA, o que algunos restos continúen, es precisamente que Batasuna plantee el cambio de ciclo como algo definitivo e irreversible. Con eso, no solamente se ganará en credibilidad para afrontar los problemas que quedan pendientes, sino que será la mejor manera de evitar que algunos continúen con la lucha armada.

Los Gobiernos de España y la CAV ofrecen dos posibilidades para la legalización: o la izquierda aber-tzale convence a ETA para que abandone, o condena de forma clara la violencia. ¿El camino es uno de estos dos o algún otro?

A estas alturas, más que convencer (ya que algunos no se quieren dejar convencer) o condenar, lo que Batasuna, en nuestra opinión, tendría que hacer es dar el paso decisivo para no dejar espacio a los que quieren seguir utilizando la lucha armada. Y cuanto antes, mejor, porque seguir dando largas solo sirve para alargar el sufrimiento y para difuminar la importancia del cambio de ciclo.

Podría ocurrir que la izquierda abertzale quedase fuera de todas las instituciones a partir del próximo mayo. ¿Eso dificultaría mucho la solución?

Aquí lo que está en cuestión es cerrar el ciclo de la lucha armada para poder avanzar por vías exclusivamente políticas. ¿Que eso permite a Batasuna estar en las próximas elecciones? Pues muy bien, pero el objetivo no es ni puede ser estar en las elecciones, porque, entonces, algunos seguirían planteando: "¿Cómo se va a dejar tantos años de lucha armada solo para poder participar en unas elecciones?". Y en eso tendrían razón. Por eso hay que plantearlo claramente: la lucha armada se tiene que terminar porque no tiene sentido y porque está fuera de lugar.

¿El no haber querido romper con la violencia ha llevado a la izquierda abertzale proscrita a esa situación?

ETA con su estrategia ha ido agudizando su desconexión con la sociedad. En su día se optó por socializar el sufrimiento sin pensar en que esto podía caer en su propio tejado, como ha ocurrido. La estrategia de socializar el sufrimiento (cuanto peor, mejor), que con tanta ligereza plantearon algunos, se ha convertido en un boomerang contra la propia izquierda abertzale.

¿El Estado no pondrá en marcha ningún proceso de diálogo mientras ETA no declare una tregua indefinida?

Al margen de lo que plantee el Estado, a nosotros lo que nos importa es que ahora es ya la propia militancia de Batasuna la que ha dicho a ETA que tiene que cerrar el ciclo de la lucha armada para poder afrontar un nuevo proceso político. Y ese es el camino.

¿El Estado debería hacer algún gesto a la izquierda abertzale para facilitar el camino?

A nuestro entender, el Estado tendría que facilitar y no dificultar la legalización de Batasuna, que tiene que ser una formación legal y estar en las instituciones para desde allí, junto con las demás organizaciones políticas, abertzales y no abertzales, poder afrontar un final serio del ciclo de la lucha armada y de sus consecuencias

¿De qué deberían hablar ETA y el Estado español?

Deberían centrarse, de la manera más seria y más sensata posible, en el cierre del ciclo de la lucha armada, en su desaparición.

¿Cómo valoran la política penitenciaria del Estado en este momento?

Está claro que la política de dispersión que mantiene el Estado no ayuda en nada. Tal y como están las cosas, es decir, dispersados en decenas de cárceles y en cada cárcel repartidos en infinidad de módulos, se hace difícil sacar adelante un debate, y la actual situación necesita de debates serios y profundos en el interior de las cárceles. En nuestra opinión, el agrupar a los presos políticos ayudaría de manera importante a este proceso de cambio. La actual política penitenciaria sólo favorece a los que no quieren abrir un nuevo ciclo.

Y los presos, ¿qué papel han jugado en el proceso hasta ahora y qué papel deberían jugar?

Hasta ahora, en todos los procesos que hemos vivido, el papel de los presos ha sido el de mero espectador. Todos los procesos han empezado y han terminado sin tener en cuenta la opinión de los presos, lo cual, como se ha demostrado, ha sido un gran error. En Irlanda, por ejemplo, antes de firmar el acuerdo de Stormont, la aportación de los presos políticos fue la de participar en la reflexión política. Desde las cárceles impulsaron dinámicas para esa nueva fase, solicitaban permisos de salida para poder tomar parte en las asambleas a favor del cambio de ciclo. En nuestro caso, los presos tendríamos que dejar atrás el papel de mero espectador y dar pasos a favor del cambio de ciclo. En este sentido, hacemos nuestro el acuerdo firmado en Gernika. En nuestra opinión, los firmantes del acuerdo tendrían que ir de cárcel en cárcel buscando el apoyo de los presos. En las cárceles también una gran mayoría está por el cambio de ciclo.

¿Creen que el proceso será largo?

Cuando se dice que el proceso va a ser largo, que después de cincuenta años se necesita tiempo, pensamos que al hablar de esto no se pueden confundir los parámetros. Una cosa es cerrar el ciclo de la lucha armada y empezar a superar las consecuencias por él originadas. Eso hay que hacerlo cuanto antes, porque el conflicto de por sí ya se ha alargado y enredado demasiado. Y otra cosa es que se necesite tiempo para ir cerrando las heridas, para ir solucionando el problema de los presos y los refugiados, para ir avanzando políticamente.

Ustedes hace tiempo que se alejaron de la violencia y la organización armada. ¿Cómo tomaron este tipo de decisión?

Nosotros abandonamos la organización en épocas diferentes, aunque movidos por motivos muy similares (desacuerdos, puntos de vista enfrentados, intransigencia...). Factores humanos, políticos, estratégicos... Y, además, la experiencia nos ha enseñado que no se puede seguir en una dinámica en la que el objetivo principal ha sido el mantenimiento de la propia organización.

Como se suele decir en castellano, en lo que respecta a los presos críticos con ETA, son todos los que están, pero no están todos los que son. ¿Es así?

En las cárceles del Estado español una mayoría de presos piensa como nosotros. El problema es cómo visualizar esa realidad. Una cosa es lo que dicen los comunicados oficiales que se emiten en nombre de todos los presos y otra la realidad de lo que se habla en los patios de las cárceles.

¿Han sentido la aceptación y entendimiento de su elección en algún sector de la izquierda aber-tzale o entre los presos?

Algunos compañeros nos han hecho llegar su comprensión y respeto por nuestra decisión. Los compañeros que han empezado a salir de permiso y a reencontrarse con los suyos y la realidad, han sido recibidos con total normalidad y los comentarios de la gran mayoría parecen sacados de un mismo molde: "Ongi etorri, ya me alegro. ¿De verdad crees que esta es la definitiva? Cuanto antes se acabe con esto, antes empezará la nueva etapa, que ya es hora". En las tres últimas décadas no han cambiado solo los edificios, las calles, la tecnología y todo lo referente a la estética; el verdadero cambio que hemos notado es sobre todo a nivel de mentalidad. Claro que también ha habido algunas malas caras, pero esos son una minoría, un penoso reflejo de la mentalidad que habrá que cambiar en algunos sectores de la izquierda abertzale. Es increíble que gente que lleva una vida de confortable radicalidad, que incluso nos han cerrado la puerta de sus casas cuando necesitábamos ayuda, ahora expresen su supuesta radicalidad rechazando nuestra postura. ¿Qué es lo que hace que la madre de un preso deje de saludar a la madre de otro cuando lo que les ha unido durante los últimos 20 o 30 años ha sido la preocupación por la situación de sus hijos y a menudo ninguna de las dos quería saber nada de política hasta la detención de sus hijos? Desde luego que las ideas y los valores por los que decimos luchar, seguro que no. Es el folklore que existe en torno a la lucha armada el que alimenta esas reacciones.

Sin ninguna duda, tendrían presiones entre los compañeros. ¿Qué reproches han utilizado con ustedes?

Entre los compañeros conocemos a muchos que piensan como nosotros, sobre todo los que conocieron desde dentro lo que fue ETA. Esos nos respetan. Otros nos criticarán como están criticando ahora a los dirigentes de Batasuna por decir que rechazan la violencia o por dar su opinión, estando presos, en la prensa española al margen de lo establecido en el Colectivo.

¿Cómo se podrán concretar los puntos del Acuerdo de Gernika referidos a los presos?

Habrá que empezar por preguntarse por qué el Colectivo de Presos no ha firmado aún el Acuerdo de Gernika y en cambio Etxerat y Batasuna sí. Nosotros tenemos claro que el día en que los presos se impliquen y se comprometan a favor del proceso irreversible de paz, se dará sin duda alguna el paso definitivo hacia la solución del conflicto. Está muy bien eso de hacer ruedas de prensa y manifestaciones para socializar el Acuerdo de Gernika y pedir la implicación de la gente, pero en lo referente a los presos habrá que empezar por pedir la implicación también de los propios presos. Sobre todo, teniendo en cuenta que tanto para obtener los beneficios penitenciarios y las libertades condicionales en los términos que marca la ley (como se dice en el Acuerdo de Gernika) hay que solicitarlos, hay que solicitar el cambio de grado, hay que solicitar el traslado a las cárceles de Euskal Herria, hay que cumplir una serie de requisitos legales, algo que es todavía tabú en el Colectivo. ¿Por qué no se habla de eso? ¿Por qué no se empiezan a dar pasos en ese sentido? ¿Cómo es posible que se vayan a aceptar los requisitos que marca la ley en el tema de la legalización como partido político para participar en las elecciones y los presos que llevan tantos años de cárcel no puedan hacer lo mismo para salir en libertad? ¿Hasta cuándo se va a seguir así?

¿Cómo valoran la presencia de dos mujeres viudas de ertzainas en el acto de homenaje a Brouard y Muguruza?

Como se suele decir, una imagen vale más que mil palabras. En este caso, la presencia de estas dos mujeres en el acto de recuerdo a Brouard y Muguruza escenifica en sí mismo la voluntad generalizada de querer ir cerrando heridas e ir abriendo nuevos espacios de convivencia. Habrá que ir pensando que también desde la izquierda abertzale tenemos que dar pasos en el mismo sentido, pero pasos concretos como los de estas dos mujeres, que nos parecen tan positivos.
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