22 de diciembre de 2010

La Guerra Civil española y el cine



Algunas películas de la época del franquimo en el siguiente enlace

http://miscartelesdecine.blogspot.com/2010/04/distintas-miradas-sobre-la-guerra-civil.html

Toda vez que el cine se consolidara como un fenómeno social sin precedentes, tanto en España como en el resto del mundo, se empezó a dotar de naturaleza jurídica. De este modo, podía responder legítimamente a los impulsos de las diversas formaciones políticas. Está demostrado que la guerra no sólo enfrentó a nacionales contra republicanos en el frente, sino también, en la sala de exhibición. Todas las películas de este período tienen un fuerte contenido ideológico. Compruébalo por ti mismo.

Una de las primeras dificultades a las que el Gobierno -integrado por una mayoría de miembros de la CEDA-, debe hacer frente, es el estallido de la revolución en Asturias el 5 de octubre de 1934. La UHP (Unión de Hermanos Proletarios), formada por la CNT y la UGT, se rebela contra el gobierno conservador, porque teme que se revoquen las medidas sociales promulgadas antes de la llegada de la derecha al poder. El general Franco será el responsable de sofocar la revuelta. El 16 de febrero de 1936, el Frente Popular gana las elecciones. La derecha percibe como una amenaza para sus intereses de clase la victoria de su rival político. Calvo Sotelo, fundador del Bloque Nacional, es asesinado por la Guardia de Asalto el 13 de julio, como venganza por el asesinato del teniente José Castillo el día anterior. Y el día 18, Franco y Mola se levantan en armas contra el régimen político vigente. Estalla la Guerra Civil española.

Con el desencadenamiento del conflicto fratricida, la industria cinematográfica nacional sufrió un duro revés [1]. No obstante, la rivalidad que ambos bandos se profesaron mutuamente, alentó la producción de películas con un fuerte contenido ideológico y una clara finalidad propagandística, sobre todo, a partir de 1937. Barrios bajos (Pedro Puche, 1937) retrata cómo las divisiones que evidenció la izquierda tras los hechos de mayo de aquel año en Barcelona ensombrecieron la lucha por un ideal común [2]. Pero no todo fue negativo, porque el "antifranquismo" militante se expresó a través de la defensa de los valores del proletariado, entre otras cosas, cuestionando las tradicionales estructuras sociales. El Sindicato de la Industria del Espectáculo de la CNT-FAI, -al que se hace alusión en la película Las bicicletas son para el verano (Jaime Chavarri, 1983) -, fue desde sus orígenes el máximo órgano de difusión del ideario anarquista. Castilla se liberta (Adolfo Aznar, 1938) es uno de tantos ejemplos del activismo propio de un ideal de inspiración popular. Este filme, en particular, demuestra que la colectivización de las tierras se podía haber llevado a cabo en su momento -de no haberlo impedido, evidentemente, intereses partidistas, de uno u otro color-. El comunismo, sin embargo, aun en su vertiente más revolucionaria se alejaba de los postulados del anarquismo más combativo, limitándose a criticar, como mucho, decisiones políticas de alcance internacional como la No-Intervención, a través de obras como Y cuando Líster llegó..., sin renunciar a la obediencia de Stalin.

Por otro lado, en la España franquista, se creaba el 18 de noviembre de 1937, la Junta Superior de Censura Cinematográfica (en adelante, Departamento Nacional de Cinematografía). Por Orden Ministerial, el 2 de noviembre de 1938, se establece en Sevilla el Gabinete de Censura Cinematográfica Más adelante, se crearán sucursales en La Coruña, Burgos y Barcelona, algunos de sus principios reguladores fueron:

La producción cinematográfica no es exclusiva del Estado, aunque sí debe, sin embargo, promover la iniciativa privada. El Estado está obligado a proteger la cinematografía nacional y a difundir los valores patrios. El Estado se preserva, además, la producción de Documentales y Noticiarios.
Como era de esperar, la censura fue el paso previo a la exaltación de la gesta militar del general Franco y de sus acólitos. Romancero marroquí (1938-39) es una alabanza de las costumbres y tradiciones de este pueblo magrebí, cuyas tropas regulares -no hay que olvidarlo- prestaron su apoyo al general insurgente para derrocar al gobierno de la República. Una vez que la Guerra Civil española se internacionalizó y Franco contó con la colaboración de Hitler y de Mussolini, el cine franquista desacreditó denodadamente al bando derrotado. A este respecto, el profesor Caparrós identifica el poder de seducción que la protagonista Carmen la de Triana (Florián Rey, 1939), una mujer libertina, ejerce sobre un ex-brigadier desposeído de su cargo, con la República como agente de todo tipo de desórdenes morales. La defensa que el franquismo hacía de la unidad de la patria escondía rencillas preexistentes entre la burguesía y el proletariado. De ahí que el anarquismo sedujera a los más desfavorecidos, que propugnaban, cómo no, un reparto equitativo del bien común. Filmes como Tierra española (Joris Ivens, 1937), Heart of Spain (Paul Strand y Leo Hurwitz, 1937) o Espoir / Sierra de Teruel (André Malraux, 1938-39), así lo demuestran.

A pesar de la oposición internacional que la Guerra Civil concitó entre la clase trabajadora mundial, Franco se alzó con la victoria y declaró el fin de las hostilidades el 1 de abril de 1939.

[1] En 1935, un año antes del estallido de la Guerra Civil, se produjeron 40 películas en España. Algunos de los títulos más destacados fueron: La verbena de la paloma (Benito Perojo), El malvado Carabel (Edgar Neville), La hija de Juan Simón (José Luis Sáenz de Heredia) o El niño de las monjas (José Buchs). Los perjuicios económicos que la guerra causó, excitaron el ánimo de ambos bandos por buscar otros medios de producción. El bando nacional encontró en sus aliados el apoyo necesario para rodar en estudios extranjeros, fundamentalmente, alemanes e italianos -regímenes ideológicamente afines-, mientras que el bando republicano recurrió al asociacionismo. La CNT creó, como se menciona más adelante, el Sindicato de la Industria del Espectáculo. Las películas que el Sindicato producía y distribuía, se exhibían en la zona ocupada por republicanos, muchos de cuyos principales destinatarios eran milicianos destinados a los distintos frentes, entre otros, al frente de Aragón.

[2] Se recomienda ver el filme Tierra y Libertad (Ken Loach, 1995). En él se debate el justo reparto de las tierras durante los intentos fallidos de colectivización agraria, y además, se reproducen los enfrentamientos entre comunistas y anarquistas durante los días 3 y 4 de mayo de 1937.
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