14 de diciembre de 2010

Zapatero nos falló: sigamos el camino del 29-S





Año 2004, 14 de marzo, ante la sede del PSOE: Zapatero, no nos falles. La advertencia no iba en vano: 29 de septiembre de 2010, huelga general. Tras un saldo moderadamente positivo en 2004-2007, Zapatero liderá hoy políticas neothatcheristas. Sí, falló.

Los tertulianos pregonan el fracaso del 29-S. Mienten. Fue un éxito, en condiciones muy hostiles: desempleo masivo que fomenta el temor a represalias; guerra mediática antisindical; el 98% del Congreso contra las reivindicaciones sindicales y sociales. La huelga tuvo muy alta incidencia en la industria, los transportes, la limpieza, los puertos, la pesca..., aunque escasa en la función pública, sobre lo que habrá que reflexionar sin confundir las críticas de nuestra gente con las calumnias de la canalla. Muchos comercios abrieron, pero sin clientela y en un sector con mucha precariedad. Balance global: la huelga fue un éxito, refrendado por grandes manifestaciones y confirmado por los datos de consumo eléctrico.
Dicen que la huelga fue inútil porque el Gobierno no rectifica. ¿Quién pensaba que iba a hacerlo de inmediato? La huelga fue un comienzo, un excelente comienzo. Sondeo tras la huelga: un 76%, 81% entre votantes del PSOE, pide que el Gobierno negocie con los sindicatos una rectificación. La suma de conciencias es el primer gran triunfo del 29-S.

Tras la huelga, el Gobierno dijo que no cambiaría lo hecho, pero negociaría la jubilación... apostillando Zapatero que del burro de los 67 años no se bajaba, lo que revela sus intenciones: semanas de paripé sin que Gobierno ni CEOE muevan sus propuestas, luego decretazo. Pero eso no debe desanimarnos: los frutos de la huelga llegarán, si no nos rendimos.
Los sindicatos han dicho que, sin rectificación, no hay negociación. Así debe ser, sin demorar un plan de acción y de pedagogía social que mantenga la presión para que este Gobierno o los que le sigan rectifiquen lo hecho y para parar las agendas ocultas que Zapatero y la CEOE, el PP y CiU tienen en mente. Con nuevas movilizaciones, pero también con mensaje político: no olvidaremos lo que nos han hecho ni quién lo ha hecho.La huelga expresó malestar social y malestar político. El ecologismo se sumó a ella con razones y el feminismo denunció el impacto desigualitario de los recortes y la suspensión del aumento del permiso de paternidad. Salieron a la luz el chorreo de fondos públicos hacia los clérigos, la involución en cooperación y el aval dado a Sarkozy contra la comisaria Reding. El movimiento LGTB sumó banderas arcoiris a las rojas y rojinegras, caravanas ciclistas nos recordaron que se puede vivir de otra manera, pararon teatros, se postergaron conciertos, mucha gente del PSOE se sumó a la huelga y a las manifestaciones... La convocatoria fue sindical, el movimiento fue sindical y político, un movimiento que no se resigna a las políticas derechistas de este gobierno ni a que el próximo lo presida un Rajoy al que para lograrlo podría bastarle estar callado, gracias a la política que están haciendo Zapatero y los que le apoyan, tan de tierra quemada que han roto con su base electoral, han organizado meticulosamente la incineración del PSC catalán y han proclamado a los cuatro vientos que "su" actual candidato a la Comunidad de Madrid no puede ganar.

En índice de desconfianza social, empate baloncestístico entre Zapatero y Rajoy: 84% cada uno. Buena noticia, malo sería que se confiase en ellos pese a lo que hacen y proponen. Lo preocupante es que apenas un 2% de diputad@s han sintonizado con el sentimiento de rechazo social. El desfase entre sociedad y Parlamento es más grande aún que cuando Aznar nos metió en guerra. Nunca un parlamento o un gobierno "representa" a la sociedad, menos con nuestra ley electoral, pero una brecha de tal dimensión requiere una urgente reacción, a través de la movilización por la rectificación del actual rumbo pero también con una creatividad y una flexibilidad política que permita que en los próximos procesos electorales de 2011 y 2012 una opción (u opciones) plural, diversa, de muchas voces y matices, pueda contar con un 15% o más de los votos ciudadanos -condiciones hay para ello- y tener la llave para dificultar que el PSOE siga su actual rumbo, para impedir gobiernos del PP y para generar nuevas alternativas, nuevos proyectos, nuevas vías.

Hay condiciones, pero quizá ninguna fuerza política hecha o por hacer pueda lograrlo sin alianzas en torno a acuerdos mínimos sociales, ecológicos e igualitarios, convergencias, aunque sólo sean electorales, en las que puedan caber, sin sectarismos, proyectos de ecología política como el que podría fraguarse en torno a Equo, Izquierda Unida y las sensibilidades presentes o salidas de ella, Iniciativa per Catalunya, la izquierda anticapitalista, las y los socialistas que entiendan que hay momentos en que importa más de qué parte estás que de qué partido eres, movimientos asociativos y activismos sociales, junto a formas flexibles de colaboración con BNG, ERC o fuerzas similares en aquello que de común hay. Sabiendo que eso no resuelve la crisis y desorientación de las izquierdas, pero reconociendo la urgencia de unir fuerzas y esfuerzos en proyectos que sumen mucho y no anulen a nadie, que se basen en lo común sin bloquear lo diferente.

La movilización social y la formación de tales alianzas sería la mejor combinación para que, antes o después, alcancemos los objetivos del 29-S y para impedir la aplastante hegemonía política de la derecha que está siendo preparada por la derechización de los dirigentes del PSOE. En ese sentido, se equivocan profundamente quienes temen a la movilización y esquivan el enfrentamiento abierto con el actual Gobierno alegando que eso favorecería al PP. Muy por el contrario, la actitud del Gobierno y de quienes le apoyan es el mejor regalo que puede hacerse a los Rajoy, Aznar, Camps o Aguirre y lo que garantiza una catástrofe electoral del PSOE. Impidamos que tal catástrofe sea en beneficio de una derecha como la que aquí hay.
Consejo editorial de Trasversales