3 de enero de 2010

La sombra de Ben Barka es alargada





En estos días en que “nuestro amigo” el monarca de Marruecos ha vuelto a mostrar que es digno hijo de su padre,no he podio por menos que recordar la figura de Mehdi Ben Barka
En estos días en que “nuestro amigo” el monarca de Marruecos ha vuelto a mostrar que es digno hijo de su padre, no he podio por menos que recordar la figura de Mehdi Ben Barka, representante otro Marruecos, este sí, amigo nuestro.

Como no es habitual que los medos lo evoquen, y como la memoria es un atributo frágil cuando no se cultiva, creo que valdrá la pena recordar que Ben Barka fuel asesinado allá por el lejano año de 1965. Había sido raptado el 29 de octubre del mismo año, el año en que la larga mano del fascismo exterior USA mostró sus garras con el golpe militar indonesio liderado por Suharto, un buen amigo de todos los presidentes norteamericanos, de Clinton y Al Gore, y al que Felipe González tuvo el honor de visitar sin que nadie le pidiera que hiciera una declaración a favor de los “Derechos Humanos”. Ben Barka jamás reapareció.

Según exigentes marroquíes fue secuestrado e interrogado en París por el mismísimo general Mohamed Ufkir, al que algunos recordaran con la cara oscurecida de Michel Piccoli en la película El atentado (Ives Boiset, Francia, 1972), y escrita por Jorge Semprún cuando todavía tenía corazón y no una buena cartera. Al fallecer la victima después de algún “hábil interrogatorio”, su cadáver fue enviado por vía diplomática a Marruecos, donde hicieron desaparecer su cuerpo sumergiéndolo en una cuba de un ácido corrosivo; luego, el principal testigo, el propio general Ufkir, fue encarcelado por nuestro amigo el rey, el padre, que lanzo las llaves de la cárcel al mar.





Para llevar a cabo esta conspiración crimina, los agentes marroquíes contaron con el apoyo de los cuerpos de seguridad del general De Gaulle, y claro está, de la misma CIA que tenia a Ben Barka como un hombre a liquidar, no en vano se había mostrado partidario de la Tricontinental, un proyecto internacionalista amado desde Cuba, y del que nadie parece acordarse. Editaba una revista, y tenía su sede más conocida en la librería Maspero, arruinada en buena medida por la funesta manía “gauchiste” de birlar los libros. El asunto naturalmente, nunca fue aclarado y el expediente judicial de Bern Barka ha permanecido abierto. Miterrand juró que lo reabriría ante una comisión de investigación presidida por nuestro amigo Daniel Guérin, pero ya sabemos donde fueron a parar las promesas del psocialista francés.

Según parece, ahora el asunto comienza a moverse. La presión ha hecho que finalmente el gobierno francés accediera el pasado octubre y ha cursado a la INTERPOL cuatro órdenes de extradición de agentes marroquíes acusados de participar en el asesinato. Las razones de esta nueva actuación después de numerosas tentativas, siguen siendo la lucha or la verdad, la justicia y la reparación, y aunque se vuelva a perder una vez más, la causa seguirá viva como lo sigue estando el pensamiento de Ben Barka, sobre el que es justo declarar que ha sido el personaje más importante de la resistencia marroquí a la dominación francesa primero, y el líder político que más resueltamente se opuso al neocolonialismo instalado como fórmula inherente a la independencia lograda en 1956: Su actuación no deja de resultar controvertida, sin su aval, la monarquía alaluita difícilmente habría encontrado acomodo, y Francia, que prefería una dominación indirecta a la vieja y radicalmente contestada fórmula colonial de los tiempos del mariscal Lyautey, el gran colonizador que se presentó en Marruecos con el slogan: «Béton plus répression», “cemento más represión”, le piden que sea la garantía para evitar cualquier incidente a la hora del regreso de Mohamed V. Guido Gerosa, autor de Marocco, un trono di sangue (Storia Ilustrata, juunio, 1972), escribe al respecto en su informe ¿Quién mató a Ben Barka? (Dopesa, Barcelona, 1973):

“Ben Barka actúa de pacificador, organiza el servicio de orden, escolta a Mohamed V hasta su subida al trono reconquistado. Al final de la jornada dice satisfecho: «He salvado al rey». Ningún marroquí ha realizado un acto de tanto lealismo como este revolucionario. Es como si Trotsky hubiese traído de la mano a Nicolás II desde Occidente. Ben Barka es merecedor de un eterno reconocimiento: ha conseguido la restauración del rey, y es al mismo tiempo el profesor de matemáticas del príncipe heredero, quien admitirá más tarde que «le enseñó el patriotismo». Y sin embargo los sucesos posteriores nos muestran las desgracias por las que tuvo que pasar Ben Barka (…). El país se puebla de nacionalistas de la hora undécima. También en Marruecos todo se transforma para que nada cambie. El rey gobierna más bien como un autócrata de una teocracia medieval, que corno un soberano de una joven nación revolucionaria. La política no se elabora en la sala del Parlamento, sino en la oscuridad de las intrigas palaciegas. La omnipotencia se halla en manos de la Corte, formada por un abanico de ricos feudales y de ávidos burgueses con recientes fortunas. La fórmula en política exterior es la misma que en la época de dominación francesa: «independencia dentro de la interdependencia». Lo cual significa que el colonialismo francés domina el país por entero (…) Los comercios están todos en manos de los franceses, las escuelas son regidas por profesores franceses, los nuevos dignatarios marroquíes, muestran con orgullo las antiguas con decoraciones del gobierno francés.

El más emprendedor de todos ellos es un ex teniente del ejército francés, que sufrió ciertas quemaduras en los ojos ocasionadas por un lanzallamas alemán en Cassino, mientras combatía en la 2.a división de infantería marroquí, y que gracias a su arrojo recibió el privilegio de entrar el primero en Roma, el 4 de junio de 1944, portando la bandera de las fuerzas francesas del mariscal Juin. Este personaje es Mohamed Ufkir. La guerra mundial le concede la calidad de héroe, una osadía propia de león, doce cruces de guerra y la Legión de honor. Ufkir entró en la historia al igual que lo hizo en Roma, por la puerta principal (…) A caballo, desde el aeropuerto a la ciudad, rodeado de una multitud apoteósica, enmarcado por los portadores de flabelos y de parasoles como un monarca de las mil y una noches, Mohamed V vuelve del exilio. Ben Barka corre a su lado para protegerle, pero detrás del rey se encuentra ya un majestuoso oficial con uniforme blanco, la vista escondida detrás de unos lentes oscuros que disimulan la herida ocasionada por el lanzallamas. Se trata del comandante Ufkir, ayuda de campo del rey. La imagen de los dos hombres en aquel día es muy simbólica. El contraste entre ambos personajes sellará los años venideros. Ufkir representa al vasallo, que por su rey obligará a los montañeros del Rif al ciego acatamiento. Se dirigirá a París para hacer entrar a su país en el juego del neocolonialismo. Con respecto a Ben Barka, la monarquía está dispuesta a ofrecerle, oro, cargos ministeriales. , presidencias de entidades nacionales, con tal de que se mantenga tranquilo. Poro Ben Barka, incorruptible, no acepta el juego. Ha visto a los antiguos colaboracionistas del protectorado transformarse en ministros. Ha visto a los tabor (Cuerpo de tropas marroquíes) y a los goums (en Africa negra y en el Norte de Africa, formaciones militares suplentes proveídas por una tribu), y encargadas de la seguridad territorial, ejecutores de todo tipo de represión, convertirse en «Fuerzas Armadas Reales», al mismo tiempo que se licenciaban, como en todas las revoluciones fallidas, a los voluntarios del Ejército de Liberación. ¿Así era el Marruecos soñado en la prisión y en el exilio? Ben Barka asume la presidencia de la Consulta, un sucedáneo del parlamento, privada de todo poder efectivo, una especie de Duma de la época de los zares.

A pesar de ello Ben Barka aprovecha de tal tribuna, se sirve de ella para predicar' la democracia en oposición a la alianza del trono y de la espada, que impera en Marruecos. Cuando Mohamed V muere (1961), y Hassan deviene rey, Ben Barka, antiguo profesor del nuevo monarca, se halla a la expectativa. ¿Acaso no le ha enseñado el patriotismo? Sin embargo, Hassan es inaccesible. Su hombre de confianza es Ufkir. El rey teme el prestigio de Ben Barka, primer político marroquí recibido en audiencia personal por De Gaulle (…) Ben Barka se ve obligado, rápidamente, a exiliarse en el Cairo y en Ginebra. Es condenado a muerte en dos ocasiones: la primera, cuando denuncia la «guerra de los pobres» entre Marruecos y la vecina Argelia; la segunda, cuando es acusado de fomentar la revuelta desde el destierro y de reemplazar el cadáver del Istiqlal por una nueva formación de izquierda, creada por él el 6 de septiembre de 1959, la Unión Nacional de Fuerzas Populares, que reúne a los opositores intransigentes. Perseguido por el rey y convertido en símbolo de la subversión, deviene una de las voces más respetadas y amadas del Tercer Mundo. En 1965 el rey Hassan parece rendirse a la evidencia. Empieza a comprender que el régimen odioso impuesto por Ufkir, su Rasputin militar, le atrae las iras populares. En Casablanca explota una revuelta de estudiantes al grito de: “¡Basta de mezquitas, queremos escuelas!” (…) Las calles son anchas -comenta cínicamente un ministro-. Basta hacer ta-ta-ta-ta. (…) El ta-ta-ta-ta ocasiona dos mil víctimas en dos días. El general Ufkir ametrallea personalmente a la multitud de los « bidonvilles» desde su helicóptero, en tanto que sus lugartenientes hacen el recuento de las víctimas (…) Hassan II, que posee cierta fascinación personal y que fácilmente hubiera sido aceptado por el pueblo, llega a espantarse. Los franceses, que controlan la economía del país, se muestran disgustados por la carnicería humana realizada durante dichos sucesos. Entonces el rey considera la oportunidad de acercamiento a las izquierdas. Únicamente Ben Barka, líder de prestigio indiscutible, puede realizar la reconciliación de la oposición con la monarquía. «Decidle a mi profesor de matemáticas que le necesito, ya que debo resolver una ecuación dificilísima.» Este es el mensaje enviado por Hassan al más ilustre de los exiliados marroquíes. Ben Barka comprende y se muestra satisfecho. Sus amigos admiten que está dispuesto a volver pronto. Ufkir continúa reflexionando en su interior de manera siniestra: si el rival retorna, su reino sin corona se acaba. Es en este momento que empieza “l'affaire Ben Barka” (Obra citada, p. 9-15).
Pepe Gutiérrez Álvarez

"LAS HORAS DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA ESTÁN CONTADAS"





El coronel Amadeo Martínez Inglés afirma que el Rey Juan Carlos fue el ideólogo del "chapucero" golpe de Estado del 23 de febrero de 1981

En declaraciones a VMPress afirma que el ejército español "no está en condiciones de hacer casi nada"

Ningún hecho político trascendente ha tenido lugar en este país, durante los últimos treinta años, que no fuera previamente autorizado o decidido por el rey Juan Carlos I, afirma con rotundidad el coronel Amadeo Martínez Inglés. La defenestración de Arias Navarro, el nombramiento de Adolfo Suárez, las conversaciones con Santiago Carrillo, la legalización del PCE, el 23-F, el Juicio de Campamento, los GAL, las misiones de las Fuerzas Armadas en el exterior, el apoyo logístico a la Primera Guerra del Golfo, los nombramientos de la mayoría de los ministros y de todos los de Defensa, las conversaciones con ETA..., son quizá los más importantes, pero no los únicos, en los que el inefable inquilino de La Zarzuela ha intervenido directamente haciendo valer una autoridad y un poder personal que en absoluto contempla la Constitución, según el militar.

En esta entrevista concedida a VMPress, el polémico coronel, historiador militar, hace un análisis de la situación política de nuestro país y describe, con meridiana claridad, su versión de los hechos del "chapucero" golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, así como la figura del Rey Juan Carlos I, de quien asegura que no solo reina "sino que gobierna", y a quien hace responsable de muchos de los males del Estado Español. Ahora acaba de publicar "La Conspiración de Mayo" (Ed. Styria) , lo que él considera el libro definitivo sobre el 23-F.


Háganos un análisis de la actualidad política de hoy...

Yo ya he expresado clara y rotundamente en mi libro “Juan Carlos el último Borbón” que España se encuentra en la actualidad en los prolegómenos de un fin de ciclo histórico y que va a tener que enfrentarse en el medio plazo (incluso me he atrevido a señalar el fin de la presente legislatura como frontera para el cambio) a un enorme desafío, a una modificación casi total en su estructura política, territorial, social, institucional… También he escrito que “con la próxima desaparición o abdicación del actual rey de España comenzará en este país la verdadera transición”.

De estas declaraciones mías se desprende sin ninguna duda que estoy firmemente convencido de que los españoles nos encontramos en estos momentos ante una profunda crisis institucional, de identidad nacional, de supervivencia del Estado/Nación, centralista y autoritario, que hemos conformado política y socialmente durante siglos; y que esta crisis se va a sumar, potenciándola y agravándola, a la financiera y económica que padecemos y que, como todo el mundo sabe, ha adquirido una virulencia muy especial a lo largo del último año.

El momento político actual en España es pues, a mi modesto juicio, apasionante (todos los períodos de cambio y renovación son muy importantes y peligrosos para las naciones que deben afrontarlos, sobre todo si ese cambio viene impuesto por el agotamiento del sistema anterior) y el éxito o el fracaso de la apuesta futura que elijamos los españoles dependerá lógicamente (ahora, afortunadamente, no estamos amenazados por ningún poder fáctico armado, aunque todavía quedan algunos tradicionales que pueden poner palos en las ruedas del proceso) de la valía, inteligencia, competencia, moderación y “savoir faire” de los políticos que rijan en esos momentos la frágil nave del Estado.

También he señalado en mis libros que, posiblemente, ese profundo cambio en el ser o no ser de la España actual podría haber comenzado hace ya algún tiempo, coincidiendo quizá con el momento de la llegada al poder de Zapatero el 14 de marzo de 2004. E, incluso, antes tras las masivas manifestaciones contra la guerra de Irak celebradas en Madrid y otras ciudades españolas los días 15 de febrero y 15 de marzo de 2003, en las que miles de banderas republicanas inundaron las calles y plazas de este país portadas y escoltadas por centenares de miles de ilusionados ciudadanos.

En esa dirección del “cambio tranquilo” auspiciado por ZP (que de momento sería solo la punta del iceberg de la profundísima renovación que España necesita para salir del atolladero político, social y económico en el que se encuentra) podrían ir apuestas legislativas tan llamativas y revolucionarias como la del nuevo Estatuto de Cataluña, del matrimonio homosexual, de la igualdad de género, de la memoria histórica… Sin contar con otras iniciativas recientes del Ejecutivo socialista, no menos importantes, como han sido el fracasado (pero no enterrado) proceso de paz con ETA, la nueva financiación de las Autonomías o la reivindicación pública de la II República española.

Pero todo esto, a mi modesto entender, no es suficiente. El tiempo apremia, el régimen político de la transición (el juancarlismo) heredado del franquismo, y con todos sus perversos genes dictatoriales intactos a pesar del lavado de cara democrático impulsado desde dentro, está agotado y debe ser reemplazado cuanto antes. Creo que el presidente Zapatero “se la juega” en lo que queda de legislatura (la “legislatura maldita de ZP” la he calificado repetidamente en mis escritos) si quiere de verdad ganar las próximas elecciones de 2012 y, lo que es mucho más importante para el país, si quiere poner los cimientos (el defendió en su campaña electoral la necesidad de un profundo cambio, aunque sin prisas) de un nuevo Estado español verdaderamente democrático, moderno, solidario, europeo, descentralizado al máximo, respetuoso con las minorías, pueblos y naciones que han conformado a la fuerza durante siglos la España tradicional y, por supuesto (estamos en el siglo XXI), republicano.

Debería, repito, antes de que acabe la actual legislatura, pero con la vista puesta en la siguiente, plantear sin ambages, con valentía y determinación, la modificación total y absoluta de la actual Constitución en lo que se refiere, entre otros, al Título Preliminar Art. 1º-3 y al Título II, promoviendo, según señala el citado texto legal en su Título X Art. 168, la correspondiente votación en ambas Cámaras legislativas y disolviendo las mismas sea cual fuere el resultado de ambas consultas. Y plasmando a continuación en su nuevo programa electoral la determinación absoluta de él y de su partido de continuar por el camino de la citada reforma, aunque el PP se enfrentara a tan importante reforma histórica, e ir a un referéndum para que el pueblo español pueda pronunciarse de una vez (lo debería haber hecho en 1975) sobre el modelo de Estado que prefiere: Monarquía o República.

La decisión de la ciudadanía al respecto (a este historiador no le cabe la menor duda de cual sería el resultado), que debería posibilitarse en todo caso sea cual fuere el resultado de las votaciones en las Cortes, podría substanciarse a lo largo del bienio 2012-2014 llevando al nuevo Gobierno a la apertura de un proceso constituyente que definitivamente abriera las puertas del siglo XXI al pueblo español y pusiera las bases de una futura República federal/confederal de nuevo cuño, en la que todos sus pueblos, regiones, nacionalidades y naciones estuvieran representados, cómodos, ilusionados y sin los contenciosos (algunos sangrientos) que han envilecido durante siglos la historia de los hombres y mujeres que hemos tenido la suerte (durante mucho tiempo, más bien la desgracia) de haber nacido en esta piel de toro llamada España.

Y querría aprovechar las últimas líneas de esta exhaustiva contestación a la primera pregunta planteada para permitirme advertirle al presidente Zapatero, apoyándome en mi experiencia y en los muchos años que llevo dedicado al estudio de la Historia, de lo peligroso que puede resultar, para él en particular pero sobre todo para el PSOE, el seguir mirando para otro lado en esta tan trascendental cuestión de la reforma urgente de este país; centrándose en el exterior y dejando que el tiempo discurra alegre y confiado pensando que el futuro de España se arreglará solo. La cosa no admite demoras: la monarquía juancarlista, repito, está acabada; el actual Estado de las Autonomías no funciona, nos está arruinando a todos y se ha convertido en un demencial campo de Agramante político en el que todos luchan contra todos por conseguir dinero, poder y competencias; la ciudadanía está desorientada, odia a los políticos y se encuentra harta de un sistema que ya no rinde, no le soluciona sus problemas y, además, es corrupto y nada representativo. Si él, el ZP del “cambio tranquilo”, no reacciona y coge el toro de la verdadera transición por los cuernos que no le quepa la menor duda de que esa bandera del “cambio profundo”, de la revolución pacífica y silenciosa en este desorientado país, la enarbolará echando mano de toda la parafernalia posible la derecha; o los propios ciudadanos, echando mano de sus actuales o futuras organizaciones más o menos políticamente incorrectas. No resulta en absoluto arriesgado pensar, para un historiador y estratega que conoce un poco, solo un poco, como ha actuado el pueblo español en otras encrucijadas de su atormentada historia cuando la depresión, la ruina material, la falta de horizontes y el abandono de sus dirigentes le ha colocado en el disparadero de actuar por su cuenta, que el funesto corolario a tanta desidia y falta de clase de sus políticos puede concretarse en el largo plazo en una explosión política, territorial y social de consecuencias nefastas para todos.

El nacionalismo separatista catalán, vasco y gallego, ¿Son un peligro para la unidad de España?

En absoluto. El verdadero peligro para la unidad de España, por muy contradictorio que parezca, lo representa en estos momentos el nacionalismo español. La España de hoy, la del siglo XXI, la moderna, democrática, desarrollada, avanzada, una de las primeras potencias económicas del mundo (aunque sea muy débil en el plano militar, lo cual no deja de ser un obstáculo importante en el mundo teóricamente pacifista de hoy) e integrada en la Unión Europea, no puede seguir muchos años más con el patrón centralista, centrípeto, autoritario, uniforme, basado en la fuerza de unos ejércitos que ha venido utilizando a placer durante los últimos cinco siglos. Por una razón fundamental, entre otras asimismo muy importantes: la argamasa, el cemento, el pegamento institucional que la ha mantenido unida formando un Estado/nación de aluvión, definido únicamente por criterios geográficos (la península ibérica) pero constituido por pueblos y naciones muy diferentes cultural, social, religiosa e, incluso, étnicamente, el Ejército como digo, el poder de las armas, ya no existe como esa última ratio de fuerza institucional, manejada históricamente por reyes, validos o generales para mantener unido férreamente el conjunto nacional. Las Fuerzas Armadas españolas en la actualidad, desmantelado en los años ochenta el numeroso Ejército franquista, no tienen ya el poder, ni la fuerza, ni los medios, ni la organización, ni la moral (y, además, ni quieren ni se les podría ordenar) para ejercer esa antigua misión de gendarme nacional en beneficio, no de los ciudadanos, sino del jerifalte político de turno, sea este rey, presidente, general o dictador.

En consecuencia, la España del futuro, la España republicana del siglo XXI integrada en su día en la Federación Ibérica de naciones que indefectiblemente deberemos crear en el próximo futuro como parte muy importante y definitoria del flanco suroeste de la Unión Europea, no debe temer nada de ningún nacionalismo tradicional español como el vasco, el catalán o el gallego. Como tampoco del español, del portugués e, incluso, del gibraltareño, por minúsculo e ilegítimo que parezca este último a muchos españoles en estos momentos. Todos ellos, y llamo la atención del lector en el sentido de que lo único que estoy haciendo en las presentes líneas es mera prospectiva histórica y política aunque ciertamente arriesgada, como identidades políticas y sociales de sus respectivos pueblos deberán conformar en su día Estados plenamente soberanos (dentro de la ya escasa soberanía residual posible al pertenecer todos a una macrosociedad continental como la UE) que se unan al proyecto futuro ibérico común.

¿Cree que se debería reformar la ley electoral?

Desde luego. La presente ley electoral se redactó con criterios de seguridad nacional, de evitar saltos en el vacío, de dejar todo atado y bien atado en unos momentos históricos de suma preocupación por el futuro de la democracia recién sobrevenida y, en particular, del régimen de la dictadura. Fue, como la Constitución del 78 y todas las demás leyes y disposiciones políticas y sociales de los años setenta y ochenta, intervenida y autorizada por el Ejército franquista de la época, que en última instancia autorizó la transición y la vigiló férreamente durante todo ese tiempo. Hasta que, fracasado el golpe de Estado del 2-M de 1981 que prepararon los capitanes generales franquistas contra el rey Juan Carlos y que este frustró con su maniobra político-militar del 23-F, el nuevo poder socialista de Felipe González logró desactivar poco a poco el poder militar que se había mantenido intacto desde la muerte de Franco.

La actual ley electoral no se compadece en absoluto con los parámetros generalmente admitidos en una verdadera democracia. Se vota, sí, cada cuatro años, y tenemos unas Cortes más o menos representativas, pero aquí no puede ser elegido directamente por el pueblo “soberano” ni el jefe del Estado, ni el presidente del gobierno, ni los alcaldes, ni prácticamente ningún líder político o social. El ciudadano solo puede definirse por unas listas cerradas y bloqueadas redactadas por las cúpulas de unos partidos que comen en el pesebre del poder, con lo que estamos de facto en una partitocracia, en un oligarquía política de un par de organizaciones mayoritarias que se turnan en el Gobierno de la nación cada unos pocos años. Auxiliados por unos partidos regionales o periféricos que son fichados o “comprados” para que puntualmente ayuden al que gobierna sin la correspondiente holgura parlamentaria.

¿Una III República sería un nuevo fracaso nacional?

En absoluto. Los fracasos de las dos primeras fueron muy relativos. Eran tiempos muy difíciles, política, social y económicamente hablando, y no cayeron sólo por sus errores, que sin duda cometieron algunos de sus dirigentes más que nada por falta de rodaje democrático, sino por el ataque despiadado de sus enemigos, principalmente la Iglesia y el Ejército. Este último, como todos sabemos, incluso llegó a sublevarse y provocar una cruenta guerra civil en 1936, espoleado, todo hay que decirlo, por los monárquicos y las fuerzas más ultraconservadoras de la nación. Y con el apoyo económico y militar de fascistas y nazis.

Fueron, especialmente la Segunda República, puesto que la Primera apenas tuvo tiempo de nada, épocas de renovación, democratización, modernización, cambio, progreso social, consecución de derechos personales básicos, ilusión y quehacer colectivo. ¡Lástima que sus enemigos fueran tantos y con tanto poder y odio! La III República, que llegará más pronto que tarde pues la historia y el progreso de los hombres no hay quien los pare, no se va a encontrar con tantas dificultades, todo lo contrario, va a nacer en una Europa unida y demócrata, avanzada y rica. Su éxito está asegurado porque, entre otras cosas, los españoles no tenemos ante nosotros otro camino.

¿Cree en el futuro de la monarquía española?

En absoluto. La monarquía en España hace ya muchos años que está muerta. Los españoles, eufóricos, la enterramos el 14 de abril de 1931 echando a patadas al estúpido y cobarde rey Alfonso XIII. Lo que tenemos en este país desde el 22 de noviembre de 1975, enquistado eso sí en la jefatura del Estado, es un cadáver político, una momia histórica, un zombi social e institucional sacado de la tumba por el poder omnímodo y testicular de Franco, que se ha mantenido todos estos años por dos razones fundamentales: el miedo de la ciudadanía al Ejército y a una nueva guerra civil y el deseo de pervivencia del aparato del anterior régimen con su cohorte de poderes fácticos: banca, iglesia, nobleza latifundista…

Pero esa situación ha cambiado drásticamente, el pueblo empieza a darse cuenta del engaño y tomadura de pelo que representó la Constitución de 1978 metiéndole de matute otra vez a un Borbón y todo hace pensar que las horas de la monarquía en España están contadas.

¿Qué opinión tiene del Estado de las Autonomías?

El Estado de las Autonomías actual fue una concesión del franquismo y el militarismo de los años setenta a los nacionalismos tradicionales en España. Los que pergeñaron la transición, y su derivada la Constitución de 1978 (en esencia Torcuato Fernández Miranda en el campo político y Armada y Mondéjar en el militar), quisieron desactivar desde el principio los nacionalismos vasco, catalán y gallego, que podían echarse al monte o, por lo menos, poner palos en la rueda del proceso democratizador”, con un federalismo vergonzante “made in Spain” que les solucionara el problema en el corto plazo (muy pocos políticos y militares creían en 1975 que el juancarlismo durara mucho más allá de unos pocos años) facilitando el arranque de un cambio pacífico del franquismo a la democracia que nadie sabía como podía acabar. Y desde luego habría acabado muy mal y muy pronto si la maniobra ilegal y anticonstitucional montada por La Zarzuela el 23-F no hubiera desactivado milagrosamente el golpe radical franquista del 2 de mayo de 1981.

Sin embargo, este sistema sui generis se les iría de las manos a los planificadores del post franquismo coronado instaurado en España a partir de 1975, no ha funcionado como previeron pues al socaire del “café para todos” al que se tuvo que agarrar la UCD para resolver los grandes problemas iniciales con los que se topó en el terreno social y económico, muchas regiones españolas militantes hasta entonces en el centrípeto nacionalismo español, desertaron de él y ahora son más papistas que el papa, dejando en mantillas en cuanto a deriva separatista se refiere a vascos, catalanes y gallegos. Esto no tiene ya vuelta de hoja y el horizonte político español pasa indefectiblemente por ir sin prisa pero sin pausa hacia un Estado federal/confederal. Republicano, naturalmente.

Como profesional, ¿Las Fuerzas Armadas españolas están en condiciones de afrontar un enfrentamiento, por ejemplo, con Marruecos?, u otro país vecino...

Las FAS españolas no están en condiciones de hacer casi nada. En el terreno militar se entiende. Como OSG (Organización sí gubernamental) humanitaria dedicada al reparto de medicinas, alimentos, agua y demás elementos vitales necesarios a pueblos en crisis o guerras, como empresa estatal uniformada para el levantamiento de escuelas y construcción de puentes y carreteras en zonas deprimidas del ancho mundo, como fuerza de interposición para evitar encontronazos entre belicosos pueblos inmersos en contenciosos seculares, como hermanitas de la caridad que tienen que obedecer autoritarias órdenes de hacer el bien sin mirar a quien e, incluso (aunque esto resulta un poco más peligroso), como escuderos del gran amo americano en sus demenciales guerras genocidas imperiales (Irak, Afganistán…) sí que pueden hacer algo, y de hecho llevan lustros haciéndolo.

Yo luché con toda mi alma a finales de los años ochenta (a costa de mi carrera y meses de prisión militar) para erradicar la mili obligatoria en España (que costaba doscientas vidas anuales entre accidentes y suicidios y no servía para tener un Ejército eficaz) y crear unas Fuerzas Armadas profesionales, modernas, reducidas, polivalentes, bien equipadas y respetuosas con los derechos fundamentales de todos sus miembros. En 1996 finalmente me dieron la razón (curiosamente el PP de Aznar) y profesionalizaron el Ejército. Pero no supieron hacer el cambio, marginaron a los que llevábamos más de veinte años estudiándolo. Ahora tenemos unas FAS tan malas como las anteriores pero mucho más pequeñas. Y encima a ZP se le ocurre la peregrina idea de inventarse su particular Brigada de bomberos rurales (la UME) por aquello de que como los militares obedecen sin rechistar sirven para todo… menos para las misiones que le encomienda la Constitución; por cierto, redactada casi en su totalidad con la autorización de los militares franquistas de los años setenta. ¡Que Dios y el sátrapa marroquí nos cojan confesados!

Su libro, "El Último Borbón" ha producido cierto escándalo entre los poderes fácticos. ¿No teme alguna acción jurídica contra usted?

En absoluto. No creo que a esos poderes fácticos, y en particular al Borbón que todavía ocupa la jefatura del Estado español por una pirueta testicular del dictador Franco, les interese lo más mínimo que mi humilde persona, de uniforme militar por supuesto que da muy bien en los juzgados y en las televisiones, coja por banda a un juez y durante horas y horas le cuente con pelos y señales las andanzas (muchas de ellas presuntos delitos) del “campechano de La Zarzuela”.

Yo soy un historiador militar que lleva casi treinta años estudiando a fondo la llamada modélica transición, algunos años más los entresijos del Ejército español y, desde luego, conozco a fondo, porque he trabajado en puestos muy importantes de la cúpula militar, el por qué, el como, el cuando, el lugar, las razones ocultas y, por supuesto, los protagonistas de las mayores chapuzas (incluidos crímenes de lesa humanidad) que han tenido lugar en este país durante los últimos seis lustros.

Muchas de estas barrabasadas del poder y de estos crímenes (de Estado y no de Estado) ya los he puesto en conocimiento de las Cortes españolas y del resto de instituciones del Estado, a través de prolijos Informes, alguno de ellos con más de cuarenta páginas de extensión. Y en estos momentos estoy a la espera de que el Congreso de los Diputados, que recientemente los ha admitido a trámite y estudio, se digne designar la Comisión de Investigación parlamentaria que he solicitado para que depure las presuntas responsabilidades del rey Juan Carlos I.

En su descripción del rey, lo tacha de mediocre, vividor, y franquista. ¿Qué es lo que nos han vendido entonces?

Y no solo lo he tachado de eso que usted dice. En mis escritos a las Cortes, al Gobierno de la nación y a otras instituciones del Estado, le he denunciado como homicida confeso (que lo es) y, también, en grado de presunción por el momento hasta que no digan lo contrario los representantes del pueblo soberano (los jueces no pueden hacerlo): como asesino (de su hermano, el infante D. Alfonso de Borbón), malversador de fondos públicos (pagos de chantajes sexuales), terrorista de Estado por omisión (GAL), golpista (23-F) y reo de alta traición, cobardía ante el enemigo y genocidio (en grado de colaboración necesaria) por el bochornoso pacto secreto que suscribió en 1975 con el Departamento de Estado norteamericano y el rey Hassan II, siendo jefe de Estado en funciones, para la entrega del Sahara Occidental español a Marruecos.

Usted asegura que no está de acuerdo con aquello de que "el rey reina, pero no gobierna", sino todo lo contrario...

Este rey, Juan Carlos I, y así lo he denunciado también en mis libros e informes, se ha valido todos estos años (sobre todo hasta la salida y posterior procesamiento del general Manglano, director del CESID) de la información privilegiada que ha recibido, y recibe, de los servicios secretos militares y de la cúpula militar, para ejercer un poder omnímodo, casi total, muy superior al que contempla la Constitución para su figura. Ha ejercido como un dictador en la sombra, entre bambalinas, presionando y pasando por encima (si hacía falta) de todos y de cada uno de los presidentes del Gobierno elegidos democráticamente por el pueblo español.

¿Cree que el Rey conocía de antemano los preparativos del golpe de Estado del 23 F?

No solo conocía los preparativos, es que el golpe del 23-F (en realidad no fue un golpe sino una maniobra político-militar borbónica) fue planificado, preparado, organizado, coordinado y, finalmente ejecutado, con su autorización y beneplácito. Por los generales Armada y Milans. Todo lo relativo a este falso golpe de Estado, que he estudiado durante más de veinticinco años, está publicado en mis libros y, sobre todo, en el último y definitivo: “La Conspiración de mayo”, que acaba de salir a las librerías después de sortear algunos inconvenientes sembrados desde el poder.

También califica esta democracia como una nueva dictadura.

Al rey Juan Carlos le he calificado de “dictador en la sombra”, como jefe de un Estado en el que no “reina” precisamente una verdadera democracia sino una meramente formal, posibilista, descafeinada, de cara al exterior, sobre todo a una Europa que nos acogió en su seno democrático después de pensárselo dos veces. Me parece que ya lo he dicho con anterioridad, aquí se vota sí cada cuatro años pero estamos todavía muy lejos de que el pueblo español, como reza la actual Constitución en una especie de brindis al sol, sea verdaderamente soberano. Durante estos últimos treinta años de “modélica” transición han mandado los de siempre, los franquistas que se subieron a última hora, y tapándose sus vergüenzas, al carro de un franquismo coronado.

¿Ha perdido muchos amigos con estas afirmaciones?
En absoluto, todo lo contrario. Cada vez tengo más amigos y muchos, muchísimos ciudadanos, me saludan por la calle y me manifiestan su apoyo a todo lo que manifiesto y escribo. En la manifestación contra la guerra de Irak, el 15 de marzo de 2003, me abrazaron miles de personas entusiasmadas porque un militar de uniforme saliera a la calle a decir lo mismo que ellos decían. Siempre recordaré aquél día, igual que recordaré la marcha por la República a la que me sumé, también de uniforme, el 22 de abril de 2oo6.

Le diré, para acabar de contestar su pregunta, que en estos momentos tengo más de 30 invitaciones de Ateneos, Asociaciones, Centros culturales, organizaciones políticas…para visitarles e impartir una conferencia. ¡Lástima que no pueda complacerles!

Ahora acaba de publicar con Styria un nuevo libro...
A esta pregunta ya la he contestado en una respuesta anterior. Sí, en Ediciones Styria he publicado por fin mi último libro “La Conspiración de mayo”, un libro definitivo sobre el 23-F en el que cuento con pelos y señales la conjura que prepararon para el 2 de mayo de 1981 los capitanes generales franquistas, que tachaban al rey de traidor. Éste, para defenderse y salvar su corona montó el numerito ese de la “intentona involucionista” que no fue tal sino una maniobra subterránea suya. Eso sí, no tuvo ningún reparo en traicionar a sus fieles cortesanos (los generales Armada y Milans) y en mandarlos a galeras 30 años.

Quién es Amadeo Martínez Inglés
(Zaragoza, España, 1936) es un militar en la reserva y escritor español. Durante más de cuarenta años sirvió en el Ejército de Tierra español, llegando al rango de coronel del Estado Mayor en 1987. Fue expulsado del ejército en 1990, tras lo cual intentó una carrera política que no acabó de cuajar. Autor de libros que tratan asuntos polémicos con los cuales el ejército haya podido tener relación, como el intento de Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y el envío de tropas españolas a la Guerra en Afganistán de 2001.

En 1953 ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza. Es veterano de la Guerra de Ifni entre octubre de 1957 y abril de 1958, ya con el grado de teniente, dirigiendo la Sección de Asalto del Batallón Tetuán nº14 de Castellón. Por su labor en esta guerra fue propuesto para la concesión de la Medalla al Mérito Militar.

En 1969 se diplomó en Estado Mayor, siendo destinado durante varios años a la Brigada de Infantería Ligera Paracaidista y a las Tropas Nómadas del Sáhara. También obtuvo la diplomatura de Estado Mayor por la Escuela de Guerra de Argentina y las especialidades en Estados Mayores Conjuntos, carros de combate, paracaidismo militar, unidades motorizadas, operaciones aerotácticas y fotointerpretación aérea.

A lo largo de sus años al servicio del Ejército, sobre todo durante la Transición Española, ocupó varios cargos de importancia dentro del Ejército tales como el de Jefe de Movilización del Estado Mayor del Ejército y Jefe del Estado Mayor de la Brigada de Infantería de Zaragoza, a la vez que fue profesor de Historia Militar en la Escuela de Oficiales del Estado Mayor.

En abril de 1990 fue expulsado del ejército por el Ministerio de Defensa, tras haber pasado cinco meses en la prisión militar de Alcalá de Henares por sucesivas sanciones disciplinarias, iniciadas en noviembre de 1989 con un expediente por falta grave debido a sus declaraciones a diversos medios de comunicación, en las que se mostraba partidario de un ejército totalmente profesional. En su libro España indefensa, publicado ese mismo año, abogaba por la necesidad de un Ejército profesional y de suprimir el servicio militar obligatorio.

En octubre de 1993 abandonó Izquierda Republicana, partido de la coalición Izquierda Unida, acusando a su líder, Isabelo Herreros, de malversación de fondos públicos y desvío de dinero, y al presidente de la coalición, Julio Anguita, de "tratar de tapar todo el tinglado". Esto provocó, según el acusado, su retirada como portavoz de la coalición y la escisión en Izquierda Republicana. En septiembre de 1997 el Juzgado de lo Penal número 18 de Madrid absolvió a Herreros de los delitos de falsedad continuada y falsedad en documento público.

En 1995 se presentó a las elecciones municipales en Alcalá de Henares con el partido Acción Local, escribió artículos de opinión para El Mundo, y participaba en las tertulias de programas en la cadena COPE.

Durante los años 2000 fue protagonista de varios hechos polémicos. Muy crítico con la invasión de Iraq en 2003, protagonizó una polémica al unirse a una manifestación vestido con su antiguo uniforme militar el 15 de mayo de 2003 estando de hecho expulsado del ejército, por lo que fue llevado a juicio, en el cual fue absuelto. Otra polémica la protagonizó el 22 de mayo de 2004 cuando logró colarse con su traje militar y con un arma en la guerrera en la catedral de la Almudena de Madrid durante la boda de Felipe de Borbón y Grecia con Letizia Ortiz, arguyendo que con el fin de denunciar los fallos de seguridad del acto.

Su obra publicada se compone de varios polémicos ensayos en los que critica los entresijos en los que han estado o están vinculadas las acciones del Ejército español, basándose según afirma en el conocimiento que ha adquirido después de tener acceso a los archivos secretos y a las informaciones reservadas del Ejército de Tierra.

En 2001 publicó 23-F. El golpe que nunca existió (Foca, 2001), un polémico libro sobre el intento de Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en el cual afirma la participación interesada del Rey y las principales fuerzas políticas y militares del momento en el intento de golpe.

En febrero de 2008 publicó otra polémica obra sobre la figura del Rey Juan Carlos, Juan Carlos I, el último Borbón (Styria, 2008),en la que critica profundamente su forma de llegar a la Jefatura de Estado, su poder fáctico real y su oculta vida privada. En abril del mismo año envió una carta al presidente del Congreso de los Diputados pidiendo la creación de una Comisión Parlamentaria que investigara supuestas responsabilidades del monarca en los distintos hechos y sucesos que le atribuye. También se dirigió al Fiscal General del Estado de Portugal para solicitar la investigación de la muerte en Estoril del hermano del Rey Juan Carlos, el infante Alfonso, fallecido cuando a aquél se le disparó un arma. No se tiene noticia de respuesta alguna a dichas acusaciones

http://www.vegamediapress.es/noticias/index.php?option=com_content&task=view&id=11703

¿Qué celebraron los fascistas- capitalistas con la caida del muro de Berlín?





A los 20 años de su derribo lo celebran: Se reúnen de nuevo los criminales de Iraq y cómplices, los farsantes e hipócritas de Europa y del mundo ¿Por qué se reúnen? Porque quieren remachar la muerte del comunismo, no las tienen todas consigo, aquello fracasó, piensan, pero quizá otra cosa no. Intensifican su presión porque saben, en su conciencia y lo hablan en sus reuniones alrededor del champagne, que ellos son el problema, no la solución, porque quieren continuar mangoneando el mundo. Hablan del comunismo y de la muerte, nunca del capitalismo, que es muerte. Por ejemplo el mercenario que escribió el editorial del “El Mundo” habla de millones de muertos por el comunismo.

Veamos las cifras, nosotros también tenemos cifras.

- Millones de personas fueron asesinadas en Vietnam por esta catedral de la libertad que es Estados Unidos. Otros millones de vietnamitas vivieron y viven los efectos de los gases lanzados, Muchos soldados norteamericanos se volvieron locos o cayeron en la total marginación después de volver de Vietnam.

- En el Muro entre México y EE.UU. mueren cada año más personas que las que murieron durante los 28 años del Muro.

- Israel ha construido un Muro, tres veces más alto que el de Berlín. Y más mortal, ya que mata a tiros y de hambre, roba tierras, quiere destruir un pueblo

- El socio marroquí de occidente ha levantado un muro contra el pueblo saharaui y nadie exige su derribo.

- Estados Unidos ha impulsado golpes sangrientos en Brasil, Chile, Nicaragua, Argentina….

- En Iraq han dido asesinadas por las bombas de EE.UU. y Reino Unido y por la complicidad criminal de Aznar y muchos/as otros/as, centenares de miles de personas. Una guerra hecha con las grandes mentiras que envuelven a los mismos farsantes que se reunieron en Berlín.

- Un niño muere cada 6 segundos de hambre, de inanición y enfermedad. Desde la caída del Muro, en Alemania y en mundo los/as trabajadores/as han perdido derechos y niveles de vida, la OTAN se ha expandido, hay guerras terroríficas, los EE.UU. trasladan a todo el mundo su fracaso económico y su corrupción y el mundo oficial, sumiso, lo acepta.

Y la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Van los farsantes europeos, norteamericanos y mundiales a derribar esos muros? ¿Se plantarán ante el de Palestina?

Finalmente, los medios de comunicación en su conjunto, desde el reaccionario “El Mundo ” hasta los “progres” “El Periódico”, “Público”, “El País ¿Van a desarrollar una campaña contra los muros parecida a la realizada con el Aniversario de un muro que no existe desde hace 20 años? ¿Van a hacer algo para solucionar el hambre, las enfermedades, el analfabetismo, la destrucción de la tierra, para acabar con las guerras?

Yo casi me sé las respuestas. Todos ellos comulgan con una nueva religión, dogmática, sectaria, y criminal cuando es necesario. Esta nueva religión se llama neoliberalismo en economía y en lo social, pensamiento único en lo ideológico y en lo político.

Ante esta nueva religión no valen las actitudes humildes, contemporizadoras y cobardes. Esta nueva religión, que es un desastre económico, social y humano para millones de personas, solo puede ser vencida por el convencimiento en las ideas que sitúen la vida, la dignidad, el bienestar y la libertad real de las personas en el primer plano, en el segundo y en el tercero. Lo demás, camaradas y amigos, es pura cháchara.

Paco Frutos

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Juán Negrín y los comunistas

Juán Negrín en el exilio en su casa de Londres




Mundo Obrero


El 24 de Octubre de este año el PSOE, a través de su Secretaría de Organización Leire Pajín y con la presencia activa de Alfonso Guerra, Presidente de la Fundación Pablo Iglesias, rehabilitó la figura y ejecutoria del que fuera militante del partido, Ministro de Hacienda desde el 4 de Septiembre de 1936 hasta el 5 de Abril de 1939, Presidente del Consejo de Ministros entre el 5 de Abril de 1938 y el 1 de Abril de 1939, cargo que simultaneó con el de Ministro de Defensa Nacional de la II República Española, el catedrático de Fisiología de la Universidad de Madrid Juan Negrín López. El doctor Negrín fue expulsado del PSOE en 1946 junto con otros 35 militantes más, entre ellos el escritor Max Aub, acusado de colaboración con los comunistas y supeditación a la URSS en los últimos meses de la guerra. Murió en el exilio en París en 1956.

Esta información podría parecer el relato de una muy justa rehabilitación si no conllevara, como consecuencia de lo que se silencia, un atentado contra la memoria histórica. El que el ayuntamiento de Gijón haya acordado poner el nombre de Juan Negrín al parque de Laviada o que el propio Alfonso Guerra dijera en el acto que comento que la dirección del PSOE cometió "una injusticia" con el ahora rehabilitado o que su nieta, receptora del carnet devuelto, subrayara que su abuelo no tuvo otro objetivo que la defensa a ultranza de la II República no aclaran precisamente los hechos de un triste episodio de los últimos meses de la guerra con sus traidores incluidos y que, como consecuencia y contraste con la rehabilitación de Negrín, han sido, siquiera simbólicamente, desalojados del panteón de mártires y patriotas.


La historiografía franquista primero y los intereses políticos ligados a una lectura conspirativa de los últimos acontecimientos de la guerra civil han ido creando un estado de opinión volcado en libros de texto, acerca de la necesaria actuación del coronel Segismundo Casado, el anarquista Cipriano Mera y el socialista Julián Besteiro al dar el golpe de estado que acabó en la rendición incondicional de la II República a Franco. Tal versión presentaba la acción de los citados personajes como una salida necesaria ante la inminencia de la derrota republicana y el deseo generalizado de poner fin a una sangría inútil e innecesaria. Los villanos de esta versión han sido Negrín y los comunistas porque siempre mantuvieron que si la guerra se hubiese mantenido hasta su coincidencia con la ya inminente II Guerra Mundial Franco no hubiese instalado su régimen de terror.

La aparición reciente del libro de los historiadores Ángel Viñas y Fernando Hernández titulado El desplome de la República y editado por Crítica 12, desmonta la especie interesada sobre la docilidad de Negrín a Stalin y a los comunistas por defender hasta su muerte en París la posición de resistir a las tropas franquistas. De esta manera el libro de Viñas y Hernández no sólo recupera la verdad histórica sino que sitúa en su lugar a quienes se levantaron en armas contra el Gobierno legítimo de la II República. Este libro además de una joya del análisis histórico rigurosamente documentado constituye un texto de obligada lectura no sólo por su rigor sino también por la aportación a la actualidad española tan envuelta en propagandas, silencios y montajes interesados.

¿Eran desconocidos estos hechos? ¿Sólo hasta hoy se ha sabido la realidad de lo ocurrido en el Madrid de los últimos días de la República? ¿No ha habido nadie más allá de los protagonistas que aún viven, que haya expuesto la intrahistoria de aquellos meses previos a la traición de Casado y demás secuaces?. Entremos en materia de la mano del historiador y militante del PSOE Antonio Ramos Oliveira ( Zalamea la Real 1907- Méjico 1975). Recojo los testimonios y comentarios publicados en su Historia de España; 3 volúmenes; editada en Méjico en1974 por la Compañía General de Ediciones.

Podemos leer en el tomo III, pagina 361, que tras la pérdida de Cataluña, el 1 de febrero de 1939 las Cortes, reunidas en Figueras, facultaron al gobierno para que la negociara (la paz), si ello era posible, en las siguientes condiciones:


1. Evacuación de los extranjeros al servicio de los insurgentes.
2. Libertad para que el pueblo español eligiera su propio régimen político sin injerencia exterior.
3. Ausencia de represalias.


Sobre esta base, jornadas después, el gobierno de la República celebró conversaciones con el encargado de Negocios británico y el embajador francés, M. Jules Henry

El 6 de Febrero Negrín se entrevistó con los representantes citados y sincerándose les aclaró que la única condición innegociable era sólo la relativa a las represalias y que la misma sería mantenida a todo trance por los representantes de la República. Negrín aclaraba que para dejar de combatir, el gobierno republicano necesitaba garantías de que los republicanos no perderían la vida, ni la libertad por haber defendido a un régimen legítimo contra una rebelión.

En la página 364 leemos: Sin embargo, en las alturas de la República la unanimidad, aquella unanimidad en la apreciación de que la República no podía rendirse sin condiciones se había quebrado.

Los efectivos militares de la República eran por entonces y siguiendo a Ramos Oliveira 800.000 hombres distribuidos en cuatro ejércitos: Centro con cuatro cuerpos de ejército bajo el mando del coronel Segismundo Casado, Levante mandado por el general Menéndez, Andalucía dirigido por el coronel Moriones, Extremadura a las órdenes del general Escobar.

Por otra parte la flota republicana contaba aún con tres cruceros, trece destructores, dos cañoneros, cuatro submarinos, tres torpederos y barcos auxiliares. Y al servicio de los mismos los puertos de Valencia, Alicante, Sagunto, Gandía, Denia, Torrevieja, Cartagena y Almería. Negrín calculaba que con los efectivos existentes y la moral del pueblo podían resistirse seis meses. Era justamente el tiempo calculado para hacer coincidir la contienda con la II Guerra Mundial que en efecto comenzó el 1 de Septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte de le Alemania. El cálculo era arriesgado pero ¿había esperanza o señales mínimas de que Franco no se condujese con los vencidos como se condujo después?

En la página 368 Ramos Oliveira señala que Negrín recibió en Madrid a los directivos del Frente Popular y examinó con ellos la situación. Les llamó la atención sobre el indudable peligro de hacerse de que sería posible la paz sin que antes comprobaran Franco y sus aliados extranjeros que la República poseía medios para resistir por más tiempo del que a ellos les conviniera, y que estaba dispuesta a emplearlos.

Con un partido no precisaba el jefe del gobierno de arengas ni consejos de este linaje: el comunista. Ni el derrumbamiento de Cataluña ni la propaganda fascista habían hecho la menor impresión a los comunistas. No más concluir aquella campaña regresaron de Francia a la zona central republicana los jefes comunistas del Ejército y los líderes de este partido, decididos a batirse mientras fuera menester.

En las demás organizaciones políticas y sindicales había hombres que preveían los desastres morales y cívicos de considerar única salida posible la rendición incondicional y rechazaban de plano esta "solución". Pero pocos eran los que se atrevían a enfrentarse con la corriente pacifista; por manera que en este instante crítico de la República, el gobierno no contaba para su política con más apoyo que el de individualidades aisladas de diversa filiación política, trozos de partidos y de los comunistas en bloque.

El pueblo, en cuanto entidad difusa, se hallaba preparado por los sucesos recientes y por las privaciones de treinta y tres meses para creer todo aquello que halagara su justificadísimo anhelo de paz. Las masas, en general, se irían detrás de quien les prometiera una paz inmediata con garantías de pan y libertad. Pero sólo un gobierno demagógico e irresponsable le habría dicho que esta paz era posible.

La historia restante es conocida. Tras el golpe de Casado con los consiguientes combates entre unidades leales a la República y los sediciosos de última hora, Ramos Oliveira sentencia en la página 402:

Y cuando el pueblo republicano supo que tenía que rendirse incondicionalmente se sintió, naturalmente, perdido y angustiado. Las gentes como tantas veces hemos dicho, ansiaban la paz, pero nadie concebía la entrega al enemigo de ocho millones de de habitantes, diez provincias y un ejército glorioso de 800.000 hombres sin alguna concesión o garantía compensadora.

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Fuente: http://www.pce.es/mundoobrero/mopl.php?id=1295